Maurice Ravel fue un exponente extraordinario del llamado Impresionismo Musical.
Wikipedia en Español: Ravel nació el 7 de marzo de 1875, en el 12 del Quai de la Nivelle en Ciboure, departamento de los Pirineos Atlánticos, parte del País Vasco francés. Su padre, Joseph Ravel (1832-1908), era un renombrado ingeniero civil, de ascendencia suiza y saboyarda (Ravex). Su madre, Marie Delouart-Ravel (1840-1917), era de origen vasco, descendiente de una vieja familia española (Deluarte o Eluarte).
Fue tal raíz española un factor determinante en su vasta obra, que se manifiesta abiertamente en composiciones como La hora española, Alborada del gracioso, Rapsodia española, Bolero y Pavana para una infanta difunta. Esa herencia fue la influencia principal en la inclinación hispánica de su música; los más antiguos recuerdos de Ravel eran de las canciones folclóricas que su madre le cantaba desde que era muy pequeño.
Entre 1904 y 1905, Ravel compuso Miroirs (Espejos), título que es apropiadamente impresionista, hay que admitir. La cuarta y penúltima de las piezas incluidas en el grupo lleva por título Alborada del gracioso. (En el original está escrito en español, y nos informa el Diccionario de la Lengua Española: alborada Composición poética o musical destinada a cantar la mañana. gracioso Actor de teatro que representa papeles cómicos. En el teatro clásico español, personaje típico, generalmente un criado, que se caracteriza por su ingenio y comicidad).
Oigamos La alborada del gracioso a cargo de los músicos de la Orquesta Sinfónica de Chicago bajo la dirección del francés Pierre Boulez, quien fuera hasta su muerte en 2016 Director Invitado Principal de esa magnífica agrupación:
Música chispeante ¿no? Hasta castañuelas suenan.
A la muerte de Claude Debussy en 1918, el mundo musical tuvo a Ravel por el líder heredero de la música impresionista. (Esta nueva forma de componer influyó, por ejemplo, en más de uno entre los compositores venezolanos de la primera mitad del siglo XX). LEA
Alguna extraña afinidad entre San Juan de Luz y los músicos de principios de siglo era aparente. Maurice Ravel, por un lado, había nacido en Ciboure, justo frente a San Juan, y Karol Szymanowski eligió también a la villa [Ithurlide] para componer allí, en 1925, su Canción de cuna para violín. El año de 1917 parecía igualmente avenirse a una sincronicidad junguiana: ése fue el año en el que Ravel fue dado de baja del ejército francés, al que había servido como conductor de camiones en el frente, a causa de su frágil salud. Mientras eso ocurría Maurice Brianchon iniciaba sus estudios formales de artes plásticas, sin sospechar que décadas más tarde haría un pequeño pero hermoso grabado de la playa de San Juan de Luz.
La diguede Saint-Jean-de-Luz
En el texto mismo anotó:
Pero en general las conversaciones de los veraneantes no versaban sobre las noticias de esa guerra eterna, sino de la actividad artística, que con el arribo del calor había revivido. Interesaba esto mucho a Pedro*, quien estuvo pendiente de las labores de Claude Debussy. El compositor había completado en marzo, a pocas calles de donde vivían los Larrazábal-Eduardo, la sonata para violín y piano que dedicara a Gastón Poulet y estrenaría en la Sala Gaveau de París, el 5 de mayo. Sería un gran acontecimiento para los pobladores que en septiembre se presentaran Debussy y Poulet a tocar juntos esa sonata, en una ejecución inolvidable para los que tuvieron la inmensa suerte de escucharla. Esta fue la última vez que Debussy tocó el piano en público. En octubre su salud ya no le permitió trabajar más, y en marzo de 1918 fallecería en París, en su casa de la calle del Bosque de Boloña.
Pedro Larrazábal era el esposo de la tía abuela mayor de mi señora, cuya abuela vivía con sus hermanas en la Villa Ithurlide (mencionada en la primera cita) durante la Primera Guerra Mundial, en París a su comienzo.¶
Me despertó el teléfono celular (que jamás apago) con este correo electrónico de aviso:
The New York TimesNOTICIAS DE ÚLTIMA HORAShinzo Abe, ex primer ministro de Japón, colapsó después de que se escuchara un disparo mientras pronunciaba un discurso, dijo la emisora pública del país.
Jueves, 7 de julio de 2022 11:22 p. m. ETAbe, de 67 años, parecía estar sangrando, según un reportero de NHK en la ciudad de Nara, en el oeste de Japón.Se creía que un hombre estaba bajo custodia en el sitio, informó la emisora.
Luego constataría en Google News que la dolorosa noticia se ha desparramado por todas partes. Antes de esta búsqueda, había emergido en mi cabeza la famosa frase de Teodoro Petkoff cuando fuera Ministro de Planificación del segundo gobierno de Rafael Caldera: «Estamos mal pero vamos bien». Menos de un segundo después, pensé que lo aplicable en el presente de la humanidad es «Estamos mal pero vamos peor».
Falta todavía mucho para que la crisis de la política, mucho más grave que una mera crisis política, dé paso a otra forma de hacerla, a un modo de entenderla que no la tenga por combate para aniquilar adversarios. Falta adquirir ese punto de vista, para que cesen simétricos chauvinismos que alientan un “choque de civilizaciones”.
Los asesinatos, sean ellos dirigidos contra alguien específico o con el fin de matar indiscriminadamente o, finalmente, consecuencia de la guerra son en este tiempo pan de cada día.
¿Estaremos dirigiéndonos al suicidio colectivo de la humanidad? En el artículo de Wikipedia en Español sobre El último hombre*, novela (¿profética?) de 1826 de Mary Shelley, autora de Frankenstein (1818), se reproduce su último párrafo:
Los exiliados viajan a Suiza, esperando poder pasar el verano en un clima más frío, menos favorable para la plaga. Para la época en que llegan a Suiza, sin embargo, todos excepto cuatro de ellos (Lionel, Adrian, Clara, y Evelyn) habían muerto. Los cuatro pasan un tiempo relativamente feliz en Suiza, Milán y Como, antes del fallecimiento de Evelyn por tifus. Los sobrevivientes tratan de cruzar el mar Adriático hacia Grecia, pero una tormenta repentina causa la muerte de Clara y Adrian, quienes se ahogan. Lionel, el último hombre, nada hacia la costa de Ravenna. Vive en Roma hasta el año 2100 escribiendo su historia, luego de lo cual planea navegar por las costas del mar Mediterráneo buscando a otros sobrevivientes.
LEA
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* Un mundo del siglo XXI asolado por una pandemia mortal, según descripción de Maria Popova.
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Actualización (CNN):
El ex primer ministro japonés Shinzo Abe murió a los 67 años de edad tras recibir un disparo durante un discurso este viernes en Nara, según confirmaron los médicos que le atendían. Abe murió por una hemorragia excesiva y la bala que lo mató era «lo suficientemente profunda como para alcanzar su corazón», dijeron los médicos. La policía detuvo a un hombre de unos 40 años en relación con el tiroteo y ha recuperado lo que parece ser un arma casera, informó la cadena pública NHK.
Hace diez años y un trimestre de la publicación de mi segundo libro (Las élites culposas – Memorias imprudentes). En la actualidad, lidio con la escritura de un tercero que imagino como destinado a cada ciudadano del mundo, pues vivimos tiempos de conciencia mundial, exacerbada con las crisis de salud a escala del planeta y las crisis políticas en casi cada nación del mismo. (Crisis International Group nos informa periódicamente acerca de serios problemas en al menos setenta y cinco países). Por esto he creído de interés reproducir ahora la sección final de esa obra, cuyo texto en cursiva está tomado a su vez de la Carta Semanal N˚ 285 de doctorpolítico, del 8 de mayo de 2008.
Imagen tomada de New Scientist
El mundo va, entre dolores increíbles e injusticias horrorosas, hacia la esperanzadora construcción de una civilización planetaria. La época que viene será post-ideológica, trans-ideológica. Es una mutación gigantesca de la humanidad a lo que asistimos. Su ámbito es ancho, mundial:
Todavía falta tiempo bastante para que una conciencia irreversible se apodere de los seres humanos: que la suprema condición política es la de ciudadano del planeta, que la polis que finalmente tiene sentido es la planetaria. (…)
Pero… no tenemos gobierno mundial. Hay una asociación de estados-nación, más bien tenue, en la Organización de las Naciones Unidas, y ciertamente han ido añadiéndose instituciones planetarias con autoridades hasta hace poco inexistentes. (La Corte Penal Internacional es el caso más destacado y significativo). Por otra parte, hay megaprocesos cuya presión va llevándonos a conformar, en algún momento no tan lejano, una polis del mundo. Hay un calentamiento global que todos causamos, desde una vaca en Abisinia hasta un fumador en Estocolmo, desde un tractorista en Wisconsin hasta un talador en la Selva Amazónica. El clima no reconoce fronteras. Hay, desde hace tiempo ya, corporaciones transnacionales, pero también crimen transnacionalizado, desde el más vulgar hasta el terrorista, incontenible por policías locales. Hay, también, un cerebro del mundo en construcción. Google procesa ya alrededor de mil millones de búsquedas por día, y todavía la Internet está en pañales. Nos preocupa Chávez, pero también Putin y Bush, y se nos engurruña el corazón con un volcán chileno o un ciclón birmano. El mundo es plano, argumenta Thomas Friedman.
Es necesario un pacto federal que transfiera a una autoridad central planetaria ciertas atribuciones. ¿Cuáles serían? ¿Quiénes serían las autoridades de ese Estado global? ¿Cómo se les elegiría? Debe haber una legislatura planetaria, tal vez construible sobre una reforma de la Asamblea de las Naciones Unidas, pero probablemente haya que sustituir el Consejo de Seguridad por un Senado Planetario, compuesto por miembros elegidos por los bloques de la “geotectónica política”. Hay ya grandes bloques en el planeta bajo autoridad única: EEUU, Rusia, China, India, Europa, Australia. Hay protobloques en América del Sur y África, así como sub-bloques en Centroamérica. Hay entidades que tienen más bien base religiosa, como el Islam, que agrupa a más de 1.200 millones de almas. ¿Cómo sería y cómo pudiera establecerse un gobierno mundial viable y beneficioso? ¿Cómo se pagará?
En la base de todo tendría que estar la conciencia apuntada al principio: la de que en verdad somos, por encima de cualquier otra cosa, ciudadanos del planeta; la de que es una nueva soberanía planetaria, emanada del único pueblo del mundo, lo que dará base a un gobierno del mundo.
(…)
Pero, en verdad, pensarnos como ciudadanos del planeta nos sirve doblemente. Por un lado, coloca en sus exactas proporciones de teatro bufo la gestión del gobierno nacional. Si sé que soy un ciudadano del mundo me percato más claramente de las pequeñeces intrascendentes de nuestra política, y veo con mayor nitidez la escasez de los discursos habituales.
Y también, por supuesto, se adquiere con esa conciencia el nivel correcto para el acceso a la modernidad y la superación de un proceso político generalmente mediocre. La solidaridad necesaria, la sintonía con el prójimo y sus necesidades, no puede agotarse en Evo Morales y sus tribulaciones, no debe ser formulada en términos guerreros y excluyentes.
Falta todavía mucho para que la crisis de la política, mucho más grave que una mera crisis política, dé paso a otra forma de hacerla, a un modo de entenderla que no la tenga por combate para aniquilar adversarios. Falta adquirir ese punto de vista, para que cesen simétricos chauvinismos que alientan un “choque de civilizaciones”.
Cuando Toynbee paseaba su mirada ancha por la historia del mundo, veía innumerables guerras de todo género y escala. Así como hacemos antropomorfismo de Dios—decir que somos creados a su imagen y semejanza es, en realidad, suponer presuntuosa y conmovedoramente que se nos parece—también lo hacemos de los animales, y hablamos del león como “el rey de la selva” o de todo el zoológico terrestre porque identificamos líder y combate, porque creemos consustancial a la política la lucha.
Pero vienen tiempos de acomodo y convergencia. Viene una nueva política.
El tiempo de esta anunciada visita sólo depende de nosotros.¶
A la memoria de Argenis Martínez, quien dijera en 1997:
La característica general de la política venezolana hasta ahora es que si usted está mejor preparado en el campo de las ideas, es más inteligente a la hora de buscar soluciones y tiene las ideas claras sobre lo que hay que hacer para sacar adelante el país, entonces usted ya perdió las elecciones.
¿Es la hora de un candidato ‘outsider’ para las presidenciales de 2024 en Venezuela?
El gran líder de Venezuela es “ninguno”, apunta el analista Luis Vicente León. No hay dirigentes políticos con más del 20% de valoración positiva, ni en el gobierno de Maduro ni entre sus opositores, advierten especialistas en sondeos.
El divorcio de los partidos políticos con millones de venezolanos ha generado un vacío de liderazgo que pudiera dar pie a la aparición de un candidato alternativo para las elecciones presidenciales de 2024 en esa nación, si bien hoy esa opción no tiene rostro ni nombre, según los expertos. (…) Una encuesta realizada el pasado fin de semana por la firma Datincorp revela que 63 % de los venezolanos considera que su presidente ideal para 2024 debe ser alguien sin alineación con la oposición ni con el chavismo. (…) “Hace 10 años, el 80 % de los venezolanos se dividía entre chavistas y opositores. Hoy, ambos bloques son una minoría. Sumados los dos, llegan a 29 %. Es un tercio de la población”. (…) El responsable de Datincorp insiste en que tanto el gobierno como la oposición “perdieron la calle” y que están “abiertas las puertas para un nuevo liderazgo”. (Gustavo Ocando Alex – Voz de América).
«Hace 10 años», en 2012, pero apenas tres años después—en mayo de 2015—la misma Datincorp había registrado lo siguiente:
Registro de opinión de hace siete años
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He aquí algunas anticipaciones de ese fenómeno:
Hace dieciséis años:
¿Será lo adecuado presentar una oferta que, entendiéndose a sí misma como trascendente de la vieja dicotomía izquierda-derecha, pueda ser comprendida por los electores como de centro? ¿Y será el candidato correcto ese caballero desconocido que responde al maracaibero nombre de Ninguno Nosabe Nocontesta?
Hay un segundo sentido, más específico, en el que el candidato que pueda resultar la sorpresa debe ser un outsider. Debe serlo también en términos de estar afuera o por encima del eje tradicional del «espacio» político. Tal eje viene determinado por un continuum más o menos lineal, que va desde las posiciones de «izquierda» hasta las posiciones de «derecha». Esta es una división tradicional del campo político, pues responde al criterio de que el principal «problema social» (o político), consiste en distribuir la renta social: si se acomete este asunto con preferencia para «los pobres» entonces se es izquierdista; si esto se hace con preferencia por «los ricos», entonces se es derechista.
No es éste el sitio para describir otra noción política más moderna que considera obsoleto el planteamiento anterior, definitorio de «derechas» e «izquierdas». Pero el candidato que pretenda tener éxito en 1988 deberá ser outsider también en el sentido de no situarse en alguna posición del eje referido, sino en un plano diferente.
La segunda característica importante (a nuestro juicio más importante que la condición de outsider) que debe ostentar un candidato con posibilidades de «dar la sorpresa», es la posesión de tratamientos suficientes y convincentes para la crisis.
La base de esta condición consiste en poder partir de una concepción de lo político que comprenda importantes y hasta radicales diferencias con las concepciones convencionales. En la raíz de tal concepción está la necesidad de una sustitución de paradigmas políticos, en el sentido que Tomás Kuhn da al término paradigma. Es decir, nos hallamos ante una realidad social y política que ya no puede ser comprendida por los planteamientos y enfoques convencionales, lo que es la causa de fondo de la crisis de gobernabilidad. No es el caso que los políticos tradicionales tengan las recetas adecuadas y por «maldad» se resistan a aplicarlas. El punto es que no las saben.
El espacio intelectual de los actores políticos tradicionales ya no puede incluir ni siquiera referencia a lo que son los verdaderos problemas de fondo, mucho menos resolverlos. Así lo revela el análisis de las proposiciones que surgen de los actores políticos tradicionales como supuestas soluciones a la crítica situación nacional, situación a la vez penosa y peligrosa.
Pero junto con esa insuficiencia en la conceptualización de lo político debe anotarse un total divorcio entre lo que es el adiestramiento típico de los líderes políticos y lo que serían las capacidades necesarias para el manejo de los asuntos públicos. Por esto, no solamente se trata de entender la política de modo diferente, sino de permitir la emergencia de nuevos actores políticos que posean experiencias y conocimientos distintos.
Las organizaciones políticas que operan en el país no son canales que permitan la emergencia de los nuevos actores que se requiere. Por lo contrario, su dinámica ejerce un efecto deformante sobre la persona política, hasta el punto de imponerle una inercia conceptual, técnica y actitudinal que le hacen incompetente políticamente.
Nihil sub sole novum. El fenómeno, el problema, ya había sido diagnosticado y explicado con anticipación más que suficiente y Alexis de Tocqueville postulaba, en L’Ancien Régime et la Révolution (1856), que «el verdadero arte del Estado» consistía en «…una clara percepción de la forma como la sociedad evoluciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas yuna capacidad para predecir el futuro…»LEA
Ricardo Zuloaga no era de estirpe felina. Su corazón no era de león arrebatador, sino de noble caballo libre, como el del escudo de Venezuela. Se entendía muy bien con los corceles, con los aviones que volaban como sus ideas. Se entendía muy bien con la gente o, más bien, nosotros le entendíamos perfectamente. Su vida entera fue una larga y límpida lección de nobleza y libertad. (…) Dios lo bendijo con el carisma de la bondad y, como decía Pedro Grases, «La bondad nunca se equivoca».
Aumenta mi agradecimiento a CINESA; después de los documentales biográficos que dedicara a Juancho Otaola y Tomás Sanabria, he podido ver en YouTube el que realizara sobre el grandísimo venezolano que fuera Ricardo Zuloaga Pérez Matos*, con quien tuve el honor de mantener una cálida amistad fundada en su generosa apertura.
El extraordinario documento fílmico es uno más de la estupenda serie Constructores de un País. Éste es el equipo que lo hizo posible:
Guión y Dirección: Óscar Lucien Asesoría Cinematográfica: Carlos Oteyza Producción Ejecutiva: José Ignacio Oteyza, Daniela Nieves Producción General: Oriana Petit Dirección de Fotografía: Gustavo Poleo Edición y Postproducción: Carlos Guerrero Música Original: Luis Contreras, Eleventh Studios Locución: Claudia Nieto Mezcla de Sonido: Luis Lara, Bolívar Films
Gracias, muchísimas gracias. LEA
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* En una nota al pie del primer libro—Alicia Eduardo – Una parte de la vida—de Cecilia Ignacia Sucre Anderson, mi esposa, se refiere esta anécdota sobre su abuelo: «El Dr. Ricardo Zuloaga cuenta que entró en pánico cuando supo que había sido nombrado, en la década de los cincuenta, junto con Juan Bernardo Arismendi en la comisión para la expropiación de los inmuebles de la futura avenida Urdaneta. Creyó que su juventud no le permitiría equilibrar al telúrico y apabullante empresario inmobiliario que era Arismendi, así que solicitó apoyo de alguien más experimentado. Se nombró entonces a Andrés Sucre Sucre, ya dueño de significativo prestigio. Andrés pudo fácilmente, para alivio de Zuloaga, lidiar al gigante y moderarlo. Zuloaga y otros de los jóvenes que trabajaban con él decían que, como aquella avenida estaba planificada desde la Andrés Bello hasta la Sucre, debería llamarse avenida Andrés Sucre en lugar de Urdaneta».
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