por Luis Enrique Alcalá | Oct 20, 2009 | Fichas, Política |

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Esta Ficha Semanal #264 de doctorpolítico es debida a la gentileza del Ing. Aurelio Useche, que prestó a quien escribe un estimulante libro de Jorge Olavarría: La revolución olvidada. (Fundación Olavarría, 2008). Con el préstamo vino una instrucción específica: buscar la glosa que hace Olavarría, junto con numerosos fragmentos del mismo, del discurso del Dr. Ángel Biaggini, abogado y ministro, con ocasión de presentar al país lo que habría sido su programa de gobierno el 1º de octubre de 1945. La ficha se construye con casi todos los trozos del discurso reproducidos por Olavarría; a pesar de haber prescindido de cuatro que abundan sobre el tema agrario—tema predilecto de Biaggini, quien era entonces Ministro de Agricultura y Cría y el diseñador de la reforma agraria del gobierno de Medina Angarita—esta entrega es atípicamente larga. De todas formas, el discurso merece un espacio que no puede negársele sin atentar contra la comprensión de la visión integral que tenía entonces el frustrado candidato.
Diecisiete días después de la lectura del discurso en el Teatro Municipal, se desataba un golpe de Estado contra el presidente Medina, en trágica decisión que alteró un cauce de indudable progreso material y político de nuestro país. Como es sabido, el partido Acción Democrática, aliado con militares de las nuevas promociones, insurgió contra Medina para dar lugar a lo que nuestra historiografía política conoce como el Trienio Adeco. Los mismos militares le darían fin en 1948.
La evaluación histórica de aquel hecho es cuestión que divide las opiniones, pero Olavarría hace una consideración muy pertinente acerca del programa de Biaggini, candidato de emergencia al manifestarse la insania de Diógenes Escalante, a quien Acción Democrática había acordado apoyar: “Leído cincuenta años después, este documento se revela, a quien lo lea con ánimo desprejuiciado, como un notable proyecto de gobierno: progresista, serio, realista, posible, bien razonado y fundamentado, con una innegable estructura de ideas y propósitos auténticamente democráticos, lo cual lleva a pensar que, de haberse puesto en práctica en sus aspectos esenciales, habría significado para Venezuela un notable avance económico, político y social”.
Los cuatro fragmentos finales expuestos por Olavarría indican, por una parte, el conocimiento que Biaggini tenía de la objeción principal a su apresurada candidatura, a la par que su inocencia respecto de la conspiración que estaba en marcha mientras hablaba. El Dr. Biaggini, que tenía entonces veinte años de carrera política—desde que presidiera la Asamblea Legislativa del estado Táchira en 1925—se retiró de la vida pública a raíz del golpe que le impidió presidir nuestro Poder Ejecutivo. Murió en San Cristóbal en 1975.
LEA
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Programa de Ángel
[S]i en otra época de la vida venezolana, el ejercicio se consideró arbitraria regalía, las nuevas generaciones han insurgido contra aquella concepción y gobernar significa hoy ante todo servir; salir al encuentro de las necesidades del pueblo y usar sin vacilaciones los recursos todos del Estado para satisfacerlas en la mayor medida posible. El gobernante de hoy no puede ser orgulloso dispensador de bienes y de males porque la democracia reclama que sea el intérprete diligente de los anhelos colectivos. El pueblo está en la obligación de velar para que la labor del mandatario se discipline en tarea de rendimiento, no extralimite sus funciones y las someta siempre al canon regulador de la ley. De una democracia efectiva, el gobernante acata no sólo el ordenamiento legal positivo que define sus atribuciones y fija el límite de su mandato, sino también ese criterio imponderable que se llama la opinión pública.
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No concibo al gobierno como cenáculo estrecho y cerrado, sino como foro amplio y abierto a toda idea alta y a toda insinuación útil; y ya que mi partido no representa en la vida nacional un bloque exclusivista, en mi administración han de tener cabida holgada los hombres honestos y capaces, cualesquiera que sean sus compromisos políticos, a condición de estar identificados con los principios democráticos y asistidos de una voluntad inquebrantable de trabajar por el bien de la República.
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Juzgo que la buena política debe de ser amplitud nacional y de franca convivencia: el partido que personifica el gobierno, atento a que éste cumpla su programa; los de oposición, actuando de reguladores mediante una crítica incitante; pero tanto el uno como los otros, desposeídos de las estériles pasiones personalistas, animados sólo de una gran pasión: el amor a la Patria. Por eso, yo gobernaría con firmeza, pero sin rencor ni desconfianza; con permeabilidad mental suficiente para acoger lo viable y provechoso que señale la opinión, pero desdeñando sí, la voz confusa de la demagogia.
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El gobierno del presidente Medina se ha desenvuelto en un ambiente de completas libertades públicas: durante su administración los venezolanos han hablado y escrito sin trabas ni temores, y aún excedida en muchos casos esta garantía individual, tan ecuánime magistrado ha sabido ser tolerante. Pues bien, yo he de seguir tal línea de conducta porque conceptúo que es más útil y fecundo extremar la tolerancia que contener el vuelo de las ideas, dado que la libre expresión del pensamiento, bajo cualquiera de sus formas, constituye sólido baluarte de la democracia.
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En la vida actual de Venezuela se ha puesto en evidencia una gran verdad: la de que somos ya un pueblo apto para afianzar y practicar con mayor amplitud el sistema democrático. De allí que me afirme en la creencia de que ha llegado la hora de satisfacer la principal aspiración de los venezolanos: la intervención directa del pueblo en la elección de su Primer Magistrado. Por eso declaro, en forma solemne, que traicionaría a mi partido y al país si, en caso de ser llamado a regir los destinos de la nación, no interpretase aquel anhelo como un mandato expreso de propiciar cálidamente una reforma constitucional que establezca la elección de Presidente de la República por medio del voto directo y secreto.
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La elección directa de los diputados, medida harto progresista, ha de ser robustecida con el establecimiento de la incompatibilidad entre la función legislativa y otras de carácter público, y también se impone reorganizar la forma de trabajo del Congreso Nacional a fin de que resulte más eficaz la labor de este Alto Cuerpo.
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El municipio debe ser fortalecido en su aspecto económico, pues su autonomía no será efectiva mientras los ingresos no sean suficientes para atender a las necesidades locales. Este fortalecimiento lo capacitará para cumplir muchas labores de fomento urbano que hoy corren por fuerza de las circunstancias a cargo de los gobiernos nacional y estatales, y hará del municipio la verdadera célula de nuestra democracia.
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La principal garantía de los ciudadanos en sus bienes y en sus personas estriba en un poder judicial organizado, constituido por magistrados de insospechable honestidad, preparados suficientemente y libres de toda presión oficial y de cualquier indebido halago. De allí que el próximo gobierno deberá completar la reforma de la judicatura con este paso fundamental: el establecimiento de la carrera judicial, basada en el principio de la inamovilidad de los jueces y del ascenso por riguroso escalafón. La intervención del Estado en la vida económica del país hace necesario crear tribunales para lo contencioso administrativo, a fin de dar máximas garantías a los intereses de los particulares frente a las actividades de los organismos de la administración pública.
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La evolución cívica del país, que ha superado plenamente la época en que las peculiaridades del momento dieron motivo a una larga sucesión de ductores surgidos del Ejército, y que reclama hoy, por su indiscutible avance, igualdad de circunstancias para los civiles; las reformas hasta hoy realizadas y las que esbozo en este discurso, muy en particular la de elección directa del Presidente de la República, no serían posibles, ni se podrían mantener, si al presente no montase guardia, en la vela de nuestra soberanía y del orden interno, una fuerza armada que ya no es instrumento de un jefe ni de una casta, sino institución moderna al servicio de la República y de la Ley.
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La dirección de los destinos nacionales por un civil, lo que no acontece hace más de medio siglo, pondría aún más de relieve cómo es de absolutamente sincero el sentimiento apolítico del Ejército. La acción del gobierno respecto a los organismos militares tiene que estar inspirada en el reconocimiento y en la gratitud que nacen de esos hechos, y así, la nación es deudora de las fuerzas de tierra, mar y aire, de la permanente atención que ellas requieren para cumplir a cabalidad su gran misión en la vida del país.
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En la presidencia de la República me sentiría obligado, de manera especial, para con nuestra noble institución armada; me esmeraría en sostener el ritmo en el progreso de las armas, en conservar el constante ascenso de la cultura y moral de los servidores militares, y en procurar a éstos seguridad social y económica, pues comprendo que su elevada actitud de respeto a la Ley y de fuerza al servicio del derecho es inquebrantable soporte para la paz y el orden, y la mejor garantía para el éxito de la profunda transformación social que a paso firme nos conduce al triunfo definitivo de la democracia en Venezuela.
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…si proyectamos dar seguridad e independencia al empleado público es porque consideramos que nuestro partido no necesita acudir a recursos desacreditados para discutir con sus adversarios, en limpio juego democrático, la posesión legítima del poder.
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Sin perder la discreta noción acerca de las fuerzas nacionales, pienso que debemos hacer cuanto esté a nuestro alcance para que las cuatro libertades rooseveltianas imperen sin excepción en la vida de todas las naciones y para que las normas de la vida humana asciendan incesantemente en el seno de la comunidad internacional.
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Esta transformación impone a las nuevas generaciones la ineludible empresa de restaurar el campo, ya que no debemos olvidar que Venezuela, país semicapitalista, hoy fuerte productor de materias primas procedentes del subsuelo, es por tradición nacida de la adaptabilidad de su pueblo al medio físico, un país agrícola y pecuario.
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[La industria venezolana requiere] la creación de un instituto que estudie las posibilidades industriales del país en sus aspectos más importantes: materia prima, capital y mercado y que, sin pretender absorberlas, inicie la instalación de nuevas empresas y proteja las existentes.
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Enfocado desde el ángulo que demanda el problema, éste debe ser considerado en sus grandes necesidades: vías de comunicación troncales, de penetración e interestatales; aprovechamiento de sus ríos en el triple aspecto del transporte, riego y fuentes de energía; mejoramiento de los puertos y construcción de aeródromos. Realizar este plan de conjunto simultáneamente con el desarrollo intensivo de determinadas zonas, en orden a su importancia, es la única manera de salvar en cortos años el espacio que nos separa de los grandes pueblos modernos, pujantes y absorbentes por la energía de sus hombres y la extensión de su cultura.
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Las grandes causas de enfermedad y muerte en Venezuela son flagelos de carácter social, cuyo origen debe buscarse en las malas condiciones de vida, y todo programa de sanidad y asistencia social debe tener en cuenta esta noción fundamental, si se quiere lograr resultados perdurables, y por ello la acción de los despachos ejecutivos tiene que coordinarse en una lucha cerrada por elevar el tipo de vida hasta lograr que sus principales índices; alimentación, vivienda y educación acusen el punto deseado, ya que los tres son factores básicos en la campaña sanitaria. El saneamiento del medio físico es elemento de primer orden en esta campaña, y contribuirá por sí solo a disminuir considerablemente la mortalidad general en el país, pues una cuarta parte de esa mortalidad se debe a la falta de acueductos, cloacas y drenajes. El actual gobierno desarrolla una intensa labor en este sentido, pero el problema es de grandes dimensiones, y requiere de considerables recursos.
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Un plan de educación vasto y audaz que corresponda a los problemas nacionales y que atienda unitariamente y con igual predilección a todas las fases del proceso educativo, escuela liceo y universidad, integrándolos con invariable sentido de nuestra realidad en la vida y anhelo progresista de los venezolanos constituiría una de mis grandes preocupaciones de Magistrado. El afianzamiento de lo bueno hasta ahora realizado; el continuo adelanto de las formas de progreso en la enseñanza; la revisión de ciertas disposiciones que no han ofrecido los resultados que se esperaban y la realización integral de la reforma universitaria pueden considerarse como la síntesis del más conveniente programa educativo.
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[La universidad] debe ser una entidad autónoma, una unidad diferenciada, con escuelas cuyas especialidades respondan en general a las necesidades de desarrollo del país, y en particular a las características de determinadas regiones. Debe ser una universidad que a través de las diferentes escuelas se ubique científica y tecnológicamente en zonas de influencia sobre la geografía política del país; una universidad que forme profesionales de la ciencia al servicio de la dirección de la Patria y dé conciencia que eleve y fortalezca el espíritu nacional; una universidad que reciba las influencias exteriores de lo que la República necesite a la vez que ayude a enrumbar en todos los órdenes el proceso de la evolución nacional.
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[L]o que interesa como razón de gobierno es construir una nación moderna, vigorosa, capaz de redimirse con sus propias fuerzas.
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[El deporte] da vigor a la raza, genera contagiosa alegría, torna útiles los ratos de ocio, y afirma el sentimiento colectivo y cuanto se haga para difundirlo y protegerlo tiene el apoyo popular y está justificado plenamente, y de allí que tanto la construcción de estadios y demás locales especiales, con la ayuda moral y económica a las actividades deportivas debe figurar en todo plan de trabajo que en verdad consulte la conveniencia de la Nación.
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Ella [la Ley de Arancel de Aduanas] no ha de seguir siendo un simple medio de proporcionar recursos al erario gravando indebidamente aquellos artículos de primera necesidad que no estamos en capacidad de producir, sino un precioso instrumento para estimular y proteger el desarrollo económico.
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[S]in perjuicio del respeto que del orden económico debe guardarse a la iniciativa privada y a la igualdad de comercio, el Estado habrá de intervenir cuando se trata de prestar apoyo al constructivo esfuerzo particular y de amparar, a la vez, el derecho de los consumidores.
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Desde cualquier punto que se contemple el panorama económico de la República, es difícil concebir un rápido y grande incremento de la agricultura, la ganadería, y las industrias fabriles o mineras, sin el concurso del capital extranjero. Por tanto, es evidente que sólo una amplia garantía para este capital, como la que goza el venezolano, es la política que puede acelerar el progreso económico de la Nación.
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El gobierno debe contemplar con igual devoción el interés de los patronos y del obrero; sus relaciones han de estar presididas por el mutuo deseo de hacer cada vez más firmes las condiciones de trabajo y por el ánimo de solucionar, siempre por vías justas y legales, las posibles diferencias que surjan en la vida industrial de la Nación. Ha de garantizarse la más libre y segura inversión de capitales, al mismo tiempo del más cabal y pleno ejercicio de los derechos obreros, pues sin tal garantía la acción del gobierno no puede ser fecunda porque no podría haber fe ni confianza ni justificación. De una vez quiero sintetizar mi pensamiento en relación con la política obrera: mejores condiciones de trabajo, seguridad social, cultura y una amplia libertad sindical.
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Las observaciones que he recogido en el medio rural venezolano, el estudio que he realizado acerca de sus complejos y variados problemas con ocasión de mis gestiones administrativas, y el hecho de que la población campesina constituye el 66% de la totalidad del país, me afirman y ratifican en el concepto que sobre la industria agropecuaria, fundamento de la economía nacional, ha de erigirse, de modo estable y consistente, el edificio de nuestro propio bienestar y prosperidad. Por consiguiente, pienso que, sin perjuicio de atender y ampliar todos los servicios públicos, por fuerza, la acción oficial—en máxima proporción—ha de enderezarse a eliminar las causas que retardan e impiden el progreso del campo.
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Si nuestra escasa producción agropecuaria y la ingente necesidad de incrementarla hasta darle el carácter de industria autóctona más próspera, no fuese motivo suficiente para emprender con sostenido esfuerzo la obra del resurgimiento económico-social del agro venezolano, la protección que en justicia merece nuestro campesino, quien ha sido en la historia del país el elemento sobre el cual han gravitado las mayores penalidades y que con insólita paciencia de la vida rural, justifica por sí sola el planteamiento de una política que quiera estructurar sobre nuevas bases la economía del campo.
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El cumplimiento de esta importante finalidad constituiría la actividad central de la administración que me tocara presidir, ya que comparto el concepto de quienes hacen descansar el engrandecimiento del país—por todos ambicionado—en la vitalización y mejora efectiva de los diversos factores que integran su medio rural. Muchos y variados aspectos comprende la conveniente realización de esta labor, y, para no extenderme en demasía, eludo detallar ahora los puntos que conducen a su adecuada solución, mas sí quiero esbozar las dos cuestiones esenciales que, a mi juicio,están íntimamente ligadas con el problema económico del campo: consiste la primera en el arraigo del hombre a la tierra; y estriba la segunda en el mejoramiento de las tres fases que integran el proceso de la explotación agropecuaria: producción, transporte y distribución.
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Es un hecho evidente que no obstante la vasta extensión territorial del país, existe en Venezuela un problema de tierras que ha motivado, en buena parte, el éxodo de la población campesina hacia la ciudad, y las constantes migraciones de grupos de labradores y criadores con el fin de reanudar en otros sitios sus interrumpidas faenas, como consecuencia de la inestabilidad que para ellos ofrece el cultivo del suelo ajeno. Las graves repercusiones económicas que se originan de tan lamentable estado de cosas, han puesto de manifiesto la inaplazable necesidad de procurar el remedio eficaz a ese peligroso mal que, aunado a las otras condiciones desfavorables dentro de las cuales se desenvuelve la vida campesina, influye notablemente en el decaimiento de nuestra agricultura y nuestra cría. Con miras a encontrar la adecuada solución al problema de la carencia de tierras confrontada por muchos de los hombres del campo, fue que el actual gobierno tomó la iniciativa de la Reforma Agraria, cuyo principal objetivo es transformar, en sentido progresista, la fisonomía y las características de la actividad rural integralmente considerada; obra renovadora que persigue la estabilidad del campesino en la tierra, por ser éste el punto que sirve de soporte a la tarea de mejoramiento en los otros órdenes.
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La política de puertas abiertas a la inmigración, instaurada por el gobierno del presidente Medina, debe ser mantenida para contribuir con ese movimiento espontáneo de hombres de buena voluntad a la solución de nuestro problema demográfico. Sería un error confiar únicamente una tan gran tarea a la inmigración dirigida. La historia de otros países nos enseña que los grandes núcleos pobladores llegaron a sus playas por propia inclinación, contando sólo con su esfuerzo personal para abrirse paso y fundar sus hogares en la patria adoptiva. No significa esto, como es natural, que el Estado ha de ser indiferente ante los inmigrantes. Al contrario, en el caso de Venezuela, y ante iguales intereses de naciones mejor dotadas desde los puntos de vista geográfico o climático, no podemos omitir sacrificio para ofrecer al inmigrante protección y ayuda en el período de adaptación a nuestro medio. Creo que debe darse en materia de inmigración dirigida preferencia al elemento rural, mas para ello se requiere de una labor previa de acondicionamiento del campo que haga en verdad productiva la explotación de la tierra. La aplicación de la Ley Agraria por una parte, y el programa de tierras públicas por la otra, serán magníficos estimulantes para la labor que en tal sentido toca desarrollar. Junto con la inmigración de agricultores, también será necesario intensificar la de artesanos y trabajadores especializados que vengan a crear nuevas fuentes de riqueza y a perfeccionar la mano de obra existente.
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Es indispensable y hoy inaplazable para Venezuela el aumentar y mejorar su elemento humano, para que alcance el sitio que le corresponde como fuerza moral y económica entre los pueblos de América.
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Hay una cuestión de ética pública que no puedo eludir en este momento y la voy a exponer con toda franqueza. Me refiero a esa tesis de los miembros menos autorizados de la oposición, tan deprimente para Venezuela y que repugna a nuestro sentimiento patriótico, según la cual toda solución del problema presidencial que no sea la suya, constituye un vulgar afán de perpetuarse en el mando a través de un testaferro. Yo quiero rechazar aquí ante la máxima representación de mi partido y ante Venezuela entera esa injusticia de que se hace objeto con precipitación a la viril dignidad de nuestro pueblo, y esa ofensa que se irroga al presidente Medina Angarita.
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Como ya lo afirmó con irrebatibles razones uno de nuestros más altos valores intelectuales [Arturo Úslar Pietri] la colectividad venezolana ha demostrado estar hoy capacitada para la vida cívica, tener conciencia de sus derechos y una inquebrantable resolución de no volver atrás. Un pueblo, en estas condiciones, y en el cual además subsisten el valor y el sentido heroico que lo llevaron a la emancipación de un continente, no permite ni ha de permitir jamás que se burlen así sus ideales y se desconozca impunemente sus más caras conquistas.
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Si el general Medina se ha ganado limpiamente un nombre de gobernante democrático al procurar con una reforma constitucional y una nueva ley de elecciones una real intervención del pueblo en la orientación de su destino, y al buscar con la organización de un partido la eliminación de la preponderancia personal del Jefe del Estado, fuerza es pensar y sostener, y yo lo afirmo sin asomos de equivocare, que no será ese hombre, en quien por la honestidad de sus principios republicanos puede confiar Venezuela entera, quien pretenda violentar nuestra vida constitucional.
Además, y pese a mi natural temperamento pacífico y conciliador, a esta ingénita modestia de mi vida, que algunos—los que no me conocen—estiman como debilidad o falta de carácter, puedo asegurar que me siento con energías suficientes para gobernar con propia autoridad. Si mis copartidarios me llevan a la Primera Magistratura, esas energías, fortalecidas por el apoyo de mi partido, y por el que habré de encontrar en todos los sectores que con sinceridad anhelan el progreso de nuestro país, y los cuales constituyen la gran mayoría, y por el sólido respaldo que han de ofrecer al gobernante legítimamente elegido las instituciones encargadas de ello por la Ley, esas energías estarán enteras al servicio de la Patria.
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En síntesis, pues, si llego al poder, habrá continuidad en la gestión administrativa del gobierno, porque la del actual se ha caracterizado por su claro propósito de darle progreso y seguridad económica al país; y habrá continuidad en la orientación política, porque este régimen se ha distinguido por el absoluto respeto a las libertades públicas, por su tendencia a que la vida política progrese y se afirme en su sentido popular y porque sus ideas de gobierno no perderán su vigencia al fin de su mandato sino que subsistirán en la plataforma de nuestro partido, pero nadie podrá, con buenas razones, tachar de continuismo a mi administración, ni negar personalidad a mi gobierno.
Ángel Biaggini
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 15, 2009 | LEA, Política |

Probablemente sea el más controversial Premio Nóbel de la historia el de la Paz concedido hace días al Presidente de los Estados Unidos, Barack Hussein Obama. Principalmente sus enemigos políticos, los republicanos de allá—y los de aquí también—han hecho su agosto en octubre, criticando la decisión noruega, con escasas excepciones como la de John McCain.
La evaluación general de la asignación parece ser negativa. Se ha reportado que casi 70% de los usuarios de Twitter—no menos de tres millones de personas—no entiende el sentido de la premiación a un presidente que ni siquiera ha cumplido un año en el cargo, y cuyos logros en pro de la paz mundial se sitúan hasta ahora en el plano de la retórica.
Pero otros creen entender que el premio ofrecido a Obama—quien se sumó él mismo a los incrédulos—es un espaldarazo a su explícita agenda, la que ciertamente ha podido crear un clima de distensión y esperanza. Uno entre quienes aprueban la concesión es, interesantemente, Fidel Castro, que escribió: “Muchos opinarán que no se ha ganado todavía el derecho a recibir tal distinción. Deseamos ver en la decisión, más que un premio al presidente de Estados Unidos, una crítica a la política genocida que han seguido no pocos presidentes de ese país, los cuales condujeron al mundo a la encrucijada donde hoy se encuentra”. El anciano dictador cubano calificó la distinción conferida a Obama como “positiva”.
Su “hijo” putativo, en cambio, pareciera estar ardido con el asunto, a juzgar por los días que lleva hablando críticamente del tema. Ayer anunció al mundo, para que no se le tilde de envidioso, que él rechazaría el Premio Nóbel de la Paz si algún día el comité de Oslo se lo concediera. En lenguaje que los noruegos entenderían fácilmente comentó: “El Premio Nóbel para Obama es algo así como si llegase Diosdado y, como él es pitcher, convoca una rueda de prensa y dice este año voy a pichar y voy a ponchar a diez por juego y no me van a sacar ni una sola carrera. Efectividad cero-cero. Y resulta que al día siguiente le dan el Cy Young”.
Hugo Chávez no corre el más mínimo riesgo de recibir algún día el Premio Nóbel de la Paz, porque si Obama sólo habla de paz, él sólo habla de guerra. Al ya vetusto método de gerenciar por objetivos, él ha sabido sumar el de gerencia por rabietas. La última: la estatización del Hotel Margarita Hilton. También ayer justificó la intempestiva medida con el resentimiento, al decir que el Estado venezolano era un accionista minoritario del negocio, y que para alojar en el hotel la cumbre África-Sudamérica había tenido que pedir permiso.
Cuídese, pues, todo venezolano de exigir la petición presidencial de permiso, así sea para entrar a su casa. El riesgo de semejante pretensión es ser expropiado. (“En Venezuela no hay tierras privadas. Así lo digo”, Hugo Chávez dixit). No hace falta otro justificativo que haber irritado el humor del Presidente.
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 15, 2009 | Cartas, Política |

Beluga es un nombre familiar a los gourmets amantes del caviar, pues designa al esturión europeo, cuyas huevas constituyen la delicia más cara del mundo: 5.000 dólares el kilo en el mercado estadounidense. Al tema de hoy, sin embargo, la connotación que importa es la de un grupo naviero con sede en Bremen, ciudad hanseática alemana. Dos cargueros pesados del Grupo Beluga—el Fraternidad y el Previsión—completaron el 23 del pasado mes de septiembre una travesía comercial desde Ulsan, Corea del Sur, hasta Rotterdam, el señero puerto holandés. Pero los buques no siguieron esta vez la ruta convencional, que lleva del Pacífico al Atlántico por el paso del Canal de Suez; ahorrándose 4.000 millas náuticas (7.400 kilómetros) llegaron a su destino por la Ruta Marítima del Norte, o Paso Noreste. Es decir, bordeando el Océano Ártico a todo lo largo de la inmensa costa norteña de Rusia.
Nadie antes había atravesado el Paso Noreste para fines comerciales. Ese sendero extremo había estado cerrado a la navegación durante la mayor parte de cada año por el hielo. (Sólo seis puertos de la gélida costa rusa están abiertos todo el año). Los viajes por la Ruta del Norte siempre habían requerido el arduo servicio de los rompehielos, últimamente nucleares. En esta ocasión, sin embargo, actuaron únicamente como escolta en algunos tramos del recorrido; el Paso Noreste, que fue completado muy pocas veces antes—la primera vez en 1878 y una vez llamativa por un crucero alemán a comienzos de la Segunda Guerra Mundial para escapar de la persecución inglesa—es ahora transitable.
El secreto de esta travesía no era náutico, sino climático. El calentamiento global la hizo posible. Cada buque del grupo de Bremen ahorró 300.000 dólares en el relativamente más cálido océano, lo que de repente hace al Paso Noreste extraordinariamente atractivo desde el punto de vista económico. Ya el gobierno ruso se prepara para beneficiarse de la explotación de la ruta, aligerando las autorizaciones burocráticas y abaratando el alquiler de sus modernos rompehielos. Las gigantescas reservas árticas de Rusia en petróleo, gas y otros recursos naturales, esperaban por una forma práctica de transporte.
Que no se diga, pues, que calentar al planeta más de la cuenta carece de ventajas.
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El problema, sin embargo, es que el calentamiento global puede cambiar súbitamente todo. Un deshielo polar masivo, nada improbable a las tasas actuales de calentamiento, elevaría el nivel de los mares y desataría una descomunal inundación de las ciudades costeras. Los navegantes del Paso Noreste no conseguirían puertos para atracar.
Un fenómeno de magnitud tan impensable, pues, no ocurrirá gradualmente. Si algo tiene la capacidad de cambiar abrupta y repentinamente es un sistema complejo, y el clima de la tierra es ciertamente uno de esa clase. Ya ha ocurrido antes. Lo que fueron praderas se convirtió bruscamente en tundras durante las glaciaciones, de las que la tierra ha conocido varias. La dinámica de la complejidad incluye bifurcaciones, puntos críticos, tipping points a partir de los cuales la adición de algo minúsculo desencadena una transformación desproporcionada.
El concepto que corresponde a este tipo de fenómenos es perfecta y antiguamente conocido, y más de una figura del habla lo expresa. La gota que derrama el vaso o la última paja que quiebra el espinazo del camello. La dialéctica del materialismo marxista incluye la conversión del cambio cuantitativo en cambio cualitativo, y la moderna teoría del caos ha generado la metáfora del aleteo de una mariposa que desata un temporal. La precipitación es un proceso físico-químico que ha servido de parábola, incluso, para ilustrar lo que puede pasar en política:
En química, puede uno disolver más y más sólidos en una mezcla hasta que se alcanza el estado de saturación. Un solo cristal adicional puede entonces precipitar a todos los sólidos fuera de la solución. La historia reciente muestra que los eventos pueden ser precipitados en una forma análoga en sociedades en las que se acumulan demasiadas tensiones. Lo que se requiere entonces es sólo un catalizador. En Portugal puede haber sido un libro publicado por un general. En Irán, que también tenía un ejército fuerte y una implacable organización de seguridad interna, fue la voz de Khomeini, oída directamente (como del cielo) en cassettes de audio. En Polonia, el Papa, durante su reciente visita, pudo haber desencadenado casi cualquier conjunto de eventos según su escogencia”. (Bohdan Hawrylyshyn, Road Maps to the Future, Pergamon Press, 1980).
Pero la búsqueda humana de la estabilidad y el equilibrio prefiere una comprensión gradualista de las cosas. Son mayoría quienes acumulan, con mayor o menor habilidad, argumentos y teorías—muchos de los neoconservadores sobre el tema del calentamiento global, por ejemplo—que razonan persuasivamente para proponer que aquí no va a pasar nada grave. Es una estrategia muy peligrosa. Nassim Nicholas Taleb advierte:
Más allá de nuestras distorsiones de percepción, hay un problema con la lógica misma. ¿Cómo puede alguien que no tiene la menor idea ser capaz, sin embargo, de sostener un conjunto de puntos de vista perfectamente razonable y coherente, que se adapta a las observaciones y se rige por toda regla lógica? Considérese que dos personas pueden sostener creencias incompatibles a partir de exactamente los mismos datos. ¿Significa esto que que existen posibles familias de explicaciones y que cada una de ellas puede ser igualmente sólida y perfecta? Por supuesto que no. Uno puede tener un millón de formas para explicar las cosas, pero la explicación verdadera es única, esté o no esté a nuestro alcance… En argumento famoso, el lógico W. V. Quine mostró, en efecto, que existen familias de interpretaciones y teorías lógicamente consistentes que pueden corresponder a una serie dada de hechos. Ese hallazgo debiera advertirnos que la mera ausencia de sinsentido puede no ser suficiente para hacer a algo verdadero. (The Black Swan: The Impact of the Highly Improbable, Random House, 2007).
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¿Hay nuevos datos sobre el problema del calentamiento global? En la edición del pasado 24 de septiembre de la revista Nature, escribe Johan Rockstrom, Director Ejecutivo del Instituto Ambiental de Estocolmo, acerca de nueve límites que, transgredidos por la actividad humana, pudieran causar verdaderos cataclismos ambientales. Uno de ellos es el de la concentración de carbono atmosférico. Rockstrom y sus colaboradores estiman que el límite seguro es de 350 partes por millón; por debajo de esta proporción la tierra debiera poder continuar en el “verano prolongado”—término empleado por los climatólogos para referirse al Holoceno, nuestro período geológico—que permitió la expansión de la humanidad desde unos pocos millones de miembros al comienzo del período (hace 10.000 años), mediante la estabilidad climática que sucedió a la última glaciación, hasta los 6.791 millones estimados por la Oficina del Censo de los Estados Unidos para el mismísimo día de hoy, 15 de octubre de 2009.
La concentración de carbono en la atmósfera terrestre era de unas 280 partes por millón al inicio de la Revolución Industrial; en la actualidad el índice va por 387 partes por millón, en exceso del límite propuesto por Rockstrom, y sigue en aumento. El límite de Rockstrom predice que por debajo de él la temperatura global no rebasaría un incremento de 2º C sobre la prevaleciente antes de la industrialización, pero que superarlo prolongadamente aumenta grandemente el riesgo de un cambio climático irreversible. En esta materia, así como en lo tocante al ciclo del nitrógeno y la pérdida de especies biológicas, Rockstrom estima que la humanidad ya se las ha arreglado para traspasar los umbrales de seguridad.
El estudio publicado por Nature tiene la ventaja de ofrecer guías para la toma de decisiones planetarias y nacionales de altísimo nivel. Éstas, por otra parte, se complican con el paso de los días, o el de los nacimientos. Si hoy somos 6.791 millones de habitantes del planeta, se estima que a la vuelta de cuarenta años más habremos alcanzado la pasmosa cifra de 9.000 millones, y eso suponiendo que el crecimiento poblacional se desacelere significativamente en los países en vías de desarrollo. Y ya 1.000 millones de los habitantes actuales padecen malnutrición crónica o hambruna pura y simple. El fantasma de Thomas Malthus ha reaparecido. (“El poder de la población es indefinidamente mayor que el poder de la tierra de producir subsistencia para el hombre. La población, cuando no se controla, aumenta en una razón geométrica. La subsistencia sólo aumenta en proporción aritmética. Una ligera familiaridad con los números mostrará la inmensidad del primer poder en comparación con el segundo”. An Essay on the Principle of Population, 1798).
La Universidad de Columbia administra el Programa de Agricultura Tropical y Ambiente Rural; allí su director, Pedro Sánchez, estima que sólo para mantener igual aquel número de desnutridos hasta 2050 se requeriría deforestar 900 millones de hectáreas adicionales para dedicarlas a la producción agrícola. No es una meta que parece asequible según el juicio de los expertos, que admiten la posibilidad de añadir no más de 100 millones de hectáreas a los actuales 4.300 millones de hectáreas bajo cultivo agrícola.
Pero la agricultura, por más natural y benigna que parezca, es de suyo la actividad del hombre que causa más impacto ecológico. Ella sola es responsable de una tercera parte de las emisiones de gases de invernadero—por la deforestación, por el metano producido por las deyecciones del ganado y los cultivos de arroz, por el óxido nitroso derivado de los fertilizantes—y consume al menos 85% de los recursos hídricos que hoy usamos en época de disminución de acuíferos.
Cuando un ganador verdaderamente meritorio del Premio Nóbel de la Paz (Norman Borlaug, el padre de la “Revolución Verde”) recibió su galardón en 1970, dijo en su discurso de aceptación: “No puede haber progreso permanente en la batalla contra el hambre hasta que las agencias que luchan por aumentar la producción de alimentos y las que luchan por el control de la población se unan en un esfuerzo común… El hombre está usando sus poderes para aumentar la tasa y el volumen de la producción de alimentos. Pero todavía no está usando adecuadamente su potencial para disminuir la tasa de reproducción humana. El resultado es que la tasa del aumento de población excede la tasa de incremento de la producción de alimentos en ciertas áreas”. Puro Malthus.
luis enrique ALCALÁ
por Luis Enrique Alcalá | Oct 13, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
En 1928, Jóvito Villalba cumpliría veinte años (el 23 de marzo), pero antes, el 6 de febrero de ese mismo año bisiesto, pronunció un discurso que le haría famoso. Desde entonces se le tendría como eximio orador.
La ocasión era el día de una ofrenda al Libertador en el Panteón Nacional de los estudiantes universitarios de Caracas, presididos por su flamante reina de carnaval: Beatriz (Peña) Primera. Se celebraba la Semana del Estudiante, y cada uno de los actos de este festejo se convirtió en protesta no demasiado velada contra la dictadura del general Juan Vicente Gómez. (Además del discurso de Villalba, debe anotarse uno de Rómulo Betancourt y otro de Joaquín Gabaldón Márquez, amén de versos con intención subversiva de Pío Tamayo en el acto de coronación de la reina estudiantil). Gómez ordenó la captura y prisión de los protagonistas.
Esta Ficha Semanal #263 de doctorpolítico reproduce la pieza oratoria del joven Villalba. Su estilo es el de la época: hiperbólico, repetitivo, poético, épico. Apartando su empatía con la raíz española de los venezolanos—Villalba hablaba de “esta América española nuestra”—que el actual Presidente de la República rechazaría, otros rasgos del discurso se encuentran en la retórica oficialista de estos tiempos. Por una parte, la denuncia y rechazo del imperialismo estadounidense: “la absurda pretensión imperialista de otra raza”. Luego, el tono épico que decreta grandes momentos históricos: “el milagro bíblico de una nueva creación”. También, la superstición etnocéntrica: «el destino altísimo de nuestra raza sudamericana».
Por último, la fijación sobre la figura de Simón Bolívar. En la Carta Semanal #230 de doctorpolítico, del 22 de marzo de 2007, se opinaba así: “Nuestro derecho civil designa por emancipación al momento cuando el adolescente se hace adulto y ya no necesita de la guía moral de los padres. Él es ahora capaz de su propia determinación ética. Necesitamos pues, una segunda emancipación. La primera nos habrá liberado del yugo español; la segunda debe librarnos de la patológica fijación en la figura del ‘Padre de la Patria’. Hasta que no terminemos de enterrar a Bolívar y permitirle descanso, no seremos una república adulta. Es ley de vida, y signo ineludible de madurez, la emancipación del padre”.
Nuestra política debe dejar de ver hacia el pasado, por más heroico o meritorio que haya sido el nuestro.
Por supuesto, el celebrado discurso de Villalba era una oración juvenil: ampulosa, críptica (por necesidad política), hasta pedante. Pero fue, sin duda, un discurso galvanizador, y la dictadura leyó correctamente su potencialidad revolucionaria. El orador había anunciado una nueva época y descrito la hora como oscura. Era una declaración de guerra al régimen, y Juan Vicente Gómez la entendió como tal.
LEA
…
En el Panteón
¡Majestad! ¡Compañeros!:
Desde la atalaya altísima de una tribuna, donde se forjó la redención todavía no cumplida de un pueblo, José Martí dijo cierta vez, como trompetazo de orgullo vidente, que al Libertador le faltaba mucho por hacer en América.
Hoy, compañeros, en este día de la ofrenda, venimos ante el Libertador, porque ha llegado para él, precisamente, inminentemente, la hora de volver a ser.
Ante la conciencia libre de América, surge íntegro, encendido de fuerza, el grito de una protesta unánime, el mismo ideal de fraternidad latinoamericano, que cien años antes cupo holgado en la mirada visionaria del Libertador, y en todos los espíritus de esta América española nuestra, ese ideal es lo bastante generoso, para servir de causa, donde se sostiene y donde se llena de horizonte, frente a la absurda pretensión imperialista de otra raza el destino altísimo de nuestra raza sudamericana.
Al propio tiempo, en tierras de Venezuela, reduciéndole al límite de la patria, la afirmación de que ha vuelto a sonar el momento del héroe se revela también, como nueva campanada para esta tumba gloriosa en la inquietud de nosotros, que es la inquietud del gesto que ha de venir.
Por eso lo buscamos aquí donde se halla incontaminado el ambiente, como soterráneo hontanar de idealismo para las generaciones de la patria, a fin de incorporarle en la recia cruzada de que es lírica y juvenil anunciación esta fiesta; y a fin de que volviéndose luminoso su recuerdo, en la oscuridad de esta hora les alimente la pupila a todos los que en la patria venezolana la conserven intacta, diáfana, transparente, después de haber estado de cara al sol durante veinte años.
Incorporándola a nosotros, su obra, que es de todos. Él se difundirá en nuestras almas como un soplo siempre nuevo de juventud eterna, “divino tesoro” que a través de cien años se nos guarda incólume, sin que la extinga en el eslabón de las generaciones patrias el brusco vacío de quienes renunciaron dolorosamente en la claudicación. Virtualidad de él es precisamente esa de poder renacer, sin resentirse de anacronismo, aquí, entre nosotros, en la Universidad como un súbdito más de Beatriz I. Porque en el fondo de su obra se encuentra como título de nacionalidad para nuestro venezolanísimo reinado universitario, el mismo comprensivo amor hacia la patria, que todos los días diafaniza de ideal el alma lírica del estudiante, porque él no fue sólo el Libertador, el hombre que condujo invicto un ejército ante el asombro inédito de un Continente. Todo eso, y sobre todo eso algo más: un hijo de América, que forjó ese ideal que fue hasta ayer demasiado alto para contarse, como un número más, junto a doctrinas oportunistas en el programa teatral de conferencias panamericanas.
Como tal, como verdadero hijo de América, supo comprender y sentir en honda belleza de sacrificio y de promesa, la angustia de esta raza americana nuestra, que había de buscar en la explicación de un siglo, el sentido total de su destino para el porvenir.
¡Libertador!: Ha llegado de nuevo la hora de tu acción, que coincide para nosotros con este momento de definirnos ante el destino y ante nosotros mismos. Sentado estás, como te vio Martí, en la roca de crear, con la Federación de Estudiantes, con esta fiesta de la Primavera Universitaria, con el reinado de esta reina integral. ¡Oh! Samaritana de la siembra, de cuya belleza trasciende hacia ti como en una parábola de lirismo, el viejo dolor de tu pueblo: con todo eso, arraigo del futuro. Y propiciado el surco, pedimos a tu serenidad, con esta ofrenda, la palabra que ha de gestar el milagro bíblico de una nueva creación.
Habla, ¡oh, Padre! ante la Universidad donde se forjó la patria hace años. Pueda oírse otra vez tu voz rebelde de San Jacinto. En este sitio, cuando Beatriz Primera de Venezuela te haya ofrendado la nueva ternura de estas flores, dinos el secreto de tu orgullo, que es el mismo secreto de trescientos años, revelado ayer por el Ávila, por el viejo monte caraqueño, a María de 1783.
Padre nuestro, Simón Bolívar,
Padre nuestro, Libertador,
Cómo han puesto los esbirros
Tu Santiago de León.
Jóvito Villalba
por Luis Enrique Alcalá | Oct 9, 2009 | Cartas, Política |

Estimada suscritora, estimado suscritor: en el #352 de la Carta Semanal de doctorpolítico se hizo relación y comentario de una presentación a cuatro manos a la que asistí. En ella no se mencionaba a los protagonistas, pero por elemental deber de caballero, la hice llegar al encuestólogo-asesor que fue aludido, a fin de que conociera por mi iniciativa lo que había opinado.
Esta persona acusó recibo y me envió su respuesta, al final de la cual dice: «Con tu venia, quisiera enviarle esta respuesta a la lista de tus lectores…»
Complaciendo, pues, su deseo, remito a usted esa contestación del politólogo John Magdaleno, al cabo de la cual, muy naturalmente, transcribo mi propia contestación.
Con un cordial saludo
Luis Enrique Alcalá
……………………………..
Estimado Luis Enrique, gracias por tu gentil envío.
Con todo respeto, considero muy distorsionada tu interpretación de mi análisis sobre la situación del país -desarrollado en casa del amable Luis Ugueto el lunes pasado con limitaciones de tiempo, una laptop que se apagó y un video-beam que nunca llegó-, para lo cual me ofrezco a explicártelo con detalle en persona, y así poder iniciar un debate más fructífero.
No tengo problema alguno en que estés en desacuerdo y lo digas públicamente, pero sabes que para criticar con fundamento, estimado amigo, hay que asegurarse, primero, de comprender bien los planteamientos de tu interlocutor. De lo contrario, a lo que asistimos -como suele suceder en Venezuela- es a un diálogo de sordos. Te puede estar pasando, a mi modo de ver, como quien lee por primera la «Crítica de la Razón Pura» de Kant, y arranca a criticarlo sin asegurarse primero de comprender bien la naturaleza y significación de sus planteamientos.
Sin pretender compararme con la talla intelectual de semejante figura, quisiera invitarte a que iniciáramos una reflexión conjunta, más profunda, sobre los temas que nos preocupan. Pero para ello, creo imprescindible exponerte algunas de las que, en mi opinión, son las inexactitudes o incomprensiones más graves contenidas en tu «carta»:
1. Sabes bien que no se ha dado, en estricto sentido, un debate público franco, abierto y de envergadura sobre los temas de coyuntura, entre otras cosas porque hay una hipersensibilidad tal en algunos círculos políticos que decir unas cuantas verdades es percibido como una herejía. Un análisis frío y objetivo, que examine con crudeza la actuación de la oposición durante estos 10 años, incluyendo el desempeño de actores sociales y políticos, ha quedado reservado para círculos privados y hasta íntimos. Entonces no me digas que nadie ha impedido el debate. Un debate serio y racional todavía no ha comenzado a una escala significativa, Luis Enrique. Lo que hay hasta ahora son, a mi modo de ver, aproximaciones menores, en audiencias reducidas o en medios de comunicación de poco alcance, y no un debate público de relevancia. Dimensionemos bien lo que es un debate público de altura. A esto me refería en mi intervención.
2. Cuando Petkoff abre el debate, concediéndote la razón en que ha fijado posición, lo ha hecho descalificando visiones distintas a la suya, como en efecto lo hizo al calificar de bizantina la propuesta de la tarjeta única. Quien te escribe, que conceptualmente ve como imprescindible a la alianza perfecta y valora en este momento como políticamente inviable la propuesta de la tarjeta única, no se aferra a esta última. De hecho, pienso que pueden convivir perfectamente la tarjeta de los partidos y una tarjeta que agrupe a diversas organizaciones políticas y sociales, siempre y cuando haya unidad perfecta. Lo que sí reclamo, como ciudadano y -digámoslo sin complejo- opinador, es un tratamiento más cauteloso de las diferentes posiciones. ¿Qué clase de debate es ese al que se ingresa descalificando a una de las opciones posibles?; ¿o es que crees que Teodoro ha sido, en este tema, un interlocutor meticulosamente respetuoso de las diferentes opciones estratégicas disponibles?
3. Sabes bien a qué me refiero cuando señalo que el principal soporte de la imagen del gobierno ha sido concentrarse en la agenda de lo social, por la vía de las Misiones y la publicidad oficial que las mercadea eficazmente, y que ello ha tenido un importantísimo impacto en los estratos bajos, que representan el 81% del país. Negar esto hoy en día, Luis Enrique, es resistirse a creer que el planeta tierra no es cuadrado. El discurso y la praxis política que se concentra, así se perciba superficial y efectistamente, en temas como salud, educación, vivienda y alimentación, le habla directamente a ese 81% porque versa sobre sus necesidades cotidianas y urgentes. Te pregunto si crees que la oposición lo ha hecho con la misma eficacia comunicacional y política que el gobierno y si, en tu opinión, ha llegado a plantear -ya sea como bloque o, al menos, individualmente algunos de sus actores- propuestas serias y atractivas para los más pobres, que hayan sido conocidas y digeridas por la mayor parte de la opinión pública. En este punto me temo que tenemos serias diferencias y, si te he entendido bien, creo que confundes las comunicaciones de la oposición con la existencia de propuestas reales y factibles.
Al margen de la «tarjeta Mi Negra» y el «Cesta Ticket Petrolero» propuestos por Rosales y Petkoff en la campaña de 2006, que en realidad eran propuestas de política social más desarrolladas en el terreno del mercadeo político que en el de la viabilidad técnica y presupuestaria, ¿crees que, por ejemplo, la oposición ha volcado sus esfuerzos a diseñar y proponer un sistema de protección social de avanzada?; ¿percibes como agotada y resuelta la necesidad de alterar la ecuación Estado-petróleo-pueblo en Venezuela?; ¿crees agotado y resuelto el debate alrededor de las propuestas de democratización de la renta petrolera (como la propuesta del Fondo de Regalías Petroleras que ha puesto sobre la mesa La Causa R)?; ¿ves, acaso, algún consenso mínimo en esta materia?; ¿o más aún, puede decirse, en este caso, que se ha dado un auténtico debate público de envergadura?; ¿crees que hay una propuesta novedosa y atractiva en materia de salud, para enfrentar el drama de los hospitales públicos del país y la deficiente atención de la red de atención primaria, que el gobierno ha intentado revitalizar con «Barrio Adentro», infructuosamente desde la perspectiva de la calidad del servicio?; ¿ha desarrollado y comunicado públicamente la oposición una propuesta seria para mejorar «agresivamente» el acceso y la calidad de la educación venezolana?
4. Claro que en alimentación no se puede competir con el Estado, amigo. Nadie desconoce eso. Pero si existieran propuestas serias, bien pensadas y masivamente comunicadas en materias como salud y educación, por señalar solo dos ejemplos, es mucho lo que la oposición hubiera podido avanzar durante estos años, pese al gigantesco impacto de Mercal. ¿Te das por satisfecho con lo que la oposición ha hecho en estas materias o crees que es hora de un examen profundo y desapasionado, que tome distancia de los afectos políticos, y que reconozca que se han invertido más horas, en los partidos de oposición, en designar candidaturas para elecciones que en proponerle cosas serias al país?
5. Es obvio que la oposición ha concentrado la mayor parte de sus esfuerzos en la defensa de las libertades democráticas. Y para que no se confunda mi posición, no veo en ello algo «ontológicamente» perjudicial. La pregunta de relevancia estratégica es, como la expresé ese día, si concentrarse en la agenda de la defensa de la democracia le facilita a la oposición la comunicación con los estratos D y E (que, repito, representan 81% de la población) y, más aún, la adhesión de estos a su causa.
Permíteme comunicarlo de otro modo, Luis Enrique: ¿no crees que la lucha por las libertades consustanciales a la democracia ha podido ser acompañada, profundizada y más eficazmente justificada para los estratos bajos haciendo esfuerzos por plantearles propuestas en la agenda social, e incluso, impulsando reivindicaciones en este terreno?; ¿o no ves, acaso, el impacto de las actuales luchas sindicales en la reconfiguración de la correlación de fuerzas políticas y sociales en Guayana?
Insisto: nadie discute la legitimidad de la defensa de las libertades públicas y las instituciones de la democracia. Mi análisis lo que sugiere es que, si el 50% percibe al gobierno interesado o preocupado por los temas de la agenda social y un 40% percibe a la oposición interesada en la defensa de las libertades y el Estado de Derecho, la oposición se está comunicando ineficazmente con los más pobres.
6. No desconozco que al hablar de opciones de política social estamos hablando, al final de cuentas, de política también. No olvides que soy Politólogo de pre-grado y post-grado, lo que trasciende la etiqueta de «encuestólogo». La distinción reproduce sencillamente la percepción existente en la opinión pública, amigo. Aquí confundes cuando hablo en mi nombre y cuando lo hago para facilitar la comprensión de la opinión pública venezolana. Es al 50% del país a quien tienes que reclamarle que perciba al gobierno concentrado en los temas de la agenda social (salud, educación, alimentación y vivienda), y no a mi, estimado amigo. Es a la opinión pública, de vuelta, a quien tienes que voltear a mirar para comprender por qué 40% la percibe concentrada en temas asociados a la defensa de los valores de la democracia y no en los temas de la agenda social.
Seguramente sabes, Luis Enrique, sobre todo en virtud de tu formación intelectual, que las distancias entre las percepciones de la población sobre lo público y las de los dirigentes o los intelectuales son enormes. Pues bien, ocurre que pese a que «lo social» es ciertamente un abordaje más de lo político, lo político a secas tiende a tener otras significaciones en la población. Y a eso es a lo que me refería en mi exposición del lunes.
7. Sabes bien la importancia de señalar «nunca hemos sido mayoría, salvo en el referéndum de 2007», en una audiencia de connotados opositores, porque ello busca, con base en la evidencia irrefutable de los estudios de opinión de las cuatro encuestadoras más prestigiosas del país, que se asuma de una vez por todas lo que no se asumió públicamente antes de 2006: que la oposición ha sido minoría. Y si señalo la expresión en el plural de la primera persona («nosotros») es para que esa audiencia entienda que lo dice alguien cuya opinión y comprensión del mundo y el país lo ubica «espitirualmente» cerca de ellos, al margen de los matices ciertamente existentes. Es un viejo recurso para generar rapport, que no debería escandalizar a nadie que conozca mis opiniones personales, legítimas por demás. Me extrañan las líneas que le dedicas a este asunto menor en tu carta, porque ello pudiese ser interpretado, por alguna mente neurotizada, como el deseo de que mi discurso sea portador de la neutralidad valorativa que se exige en los totalitarismos de cualquier signo, incluso los de orden metafísico.
8. Finalmente, Luis Enrique, pienso que he podido recibir un tratamiento más cortés en tu «carta», como corresponde a alguien con don de gentes e intelectualmente bien formado como tú. Lo que hice el lunes fue compartir con ustedes un análisis que he venido haciendo con motivo del examen de muchos estudios nacionales de opinión pública y la revisión de los acontecimientos políticos de estos 10 años a la luz de varios documentos de interés.
Ciertamente he compartido ese análisis con actores políticos y sociales, entre ellos Leopoldo López, pero no veo por qué ello debería escandalizar a nadie. Tu insistencia, en la «carta», en que mi análisis tuvo el propósito de «hacerle la cama» al discurso posterior de Leopoldo López, desconoce lo más elemental y que no se puede ocultar: que él comparte mi análisis y que está operando en la dirección de intentar colaborar en la reparación de algunas de las monumentales fallas de la oposición durante estos 10 años, de las que él no se excluye en su totalidad, como lo ha dicho públicamente al referirse a las elecciones parlamentarias de 2005.
Pero debes saber que López no es el único que comparte ese análisis. Que otros líderes políticos y sociales, formadores de opinión, empresarios, sindicalistas y estudiantes también, y que ya son miles de ojos y oídos los que han podido ver y escuchar la presentación entera, directamente, y que desafortunadamente no pude mostrarles con exhaustividad ese día, en virtud de los problemas técnicos ocurridos. ¿Piensas, aún así, que mi análisis es una caricatura reduccionista de la realidad, tal y como la dibujaste en tu «carta»?
¿Será, amigo, que abrimos un espacio para que veas la presentación, comprendas el análisis de fondo y lo asimiles con más calma?; ¿será que mi análisis exige «oídos más atentos»?; ¿será que merece más respeto…?
Con tu venia, quisiera enviarle esta respuesta a la lista de tus lectores y a los asistentes a la peña de Luis Ugueto, a quienes seguramente les enviaste tu «carta».
Saludos.
JM
……
Hola, John. Primero que nada, debo aclararte que supones mal: no me he ocupado de enviar mi carta #352 a los asistentes a la Peña de Ugueto. Algunos entre ellos son suscritores de la misma y por eso la reciben, pero si es tu voluntad no tengo inconveniente en remitir a mi lista el correo que me has hecho llegar; por supuesto, junto con esta respuesta que ahora compongo para que el asunto pueda ser entendido. Hay estimaciones que colocan el número de destinatarios finales en 170.000, no porque mi lista tenga ese tamaño, sino porque una buena cantidad de quienes reciben mi publicación directamente de mí la reparten viralmente y la cosa se riega. Avísame, pues, si ése es tu deseo.
Estoy seguro, por otra parte, de que en tu pensamiento y análisis hay mucho más que lo que expusiste, pero mis comentarios se limitaron a concentrarse sobre esto último: lo que dijiste y cómo lo dijiste. Tomé notas. No estoy, pues, interpretando tu análisis y tampoco distorsionándolo; estoy comentando exactamente lo que te escuché, dicho por ti con énfasis y vehemencia suficientes como para que se entendiera con toda claridad. Para que hubiera habido distorsión habría tenido que reportar cosas distintas de las que dijiste, y esto no lo he hecho; cada una de las afirmaciones comentadas por mí las dijiste tú. En cuanto a las limitaciones de tiempo, tú conoces bien las reglas de la Peña de Ugueto: dos horas en total para toda ella, de las que ustedes, López y tú, ocuparon una hora y cuarenta minutos. Si hubo limitación temporal fue para quienes hubiéramos querido debatir lo que oímos; en cuanto el anfitrión indicó que las intervenciones posteriores sólo serían para hacerle preguntas a López, pedí me retirara de la lista en la que me había anotado, pues no era mi intención preguntarle nada. Según se nos explicó, no podríamos debatir sobre lo escuchado hasta, quizás, el próximo 19 de octubre, siempre y cuando no se atraviese una sesión diferente que está en preparación, lo que rodaría todo hasta tres semanas después. Las fallas técnicas y logísticas las tengo por poco importantes, aunque sí me parece significativo que el origen de la sesión y su coordinación vinieran, como anunció Montero, desde la Alcaldía de Chacao; tenía entendido que López ya no es alcalde de ese municipio. No veo qué razón justifica que un funcionario del mismo, que además se hizo presente en la exposición, deba promover disertaciones de López sobre cuestiones extrañas a los asuntos municipales. ¿Peculado de uso?
………
En tu reacción a lo que expuse, se expresa una preocupación por haber sido descrito como encuestólogo y exhibes tus títulos de politólogo de pregrado y postgrado. También usé los términos «trabajador de la opinión pública» y «asesor»; creo que son las ocupaciones a las que te has dedicado últimamente. De hecho, en tu exposición del lunes también emergió esta preocupación: sin que nadie te lo preguntara o te cuestionara en absoluto, quisiste decir: «No les está hablando un académico; yo he interactuado mucho con los partidos; he trabajado mucho con COPEI; asesoré a Petkoff en 2006 y le bajé quince puntos a su rechazo, que era lo único que se podía hacer; yo hice mi trabajo. Yo sé de lo que estoy hablando. No es un académico el que les habla». Es decir, te preocupaste mucho por establecer lo que pueda ser tu autoridad en estas cosas lo que, por otro lado, no creo fuera tema pertinente a esa sesión de la Peña. Como debes saber, la autoridad de alguien no convierte automáticamente lo que diga en verdadero, como tampoco el hecho de que alguien sea un contrabandista hace falsa por ese mismo hecho ninguna de sus posibles afirmaciones. La ciencia de la lógica conoce estas cosas, precisamente, como la falacia de autoridad y la falacia ad hominem, y las tiene por modos inválidos de razonar. Dejaré sin comentar tu analogía con Immanuel Kant y la pretensión de que no he comprendido bien lo que expusiste. Te oímos todos y hablaste muy claramente, así que, si no se te entendió bien, revisa tu propio discurso y su delivery. Digo, por aquello del locus externo (muy de moda) como explicación conveniente de errores propios.
El orden que escogiste para reaccionar, distinto del que empleé, es en sí mismo sintomático; de nuevo es el tema de la posición de Petkoff ante la discusión sobre la tarjeta única lo que parece desvelarte. Reitero, y puedo haber leído mal yo mismo, que creo que Petkoff no ha rechazado la tarjeta única, ni ha declarado, como pones, bizantina su propuesta. Lo que ha calificado de bizantino es la discusión acerca de la tarjeta única antes de que existan candidaturas únicas. Es decir, él estima que hay cosas previas que tienen que ser dilucidadas; si hubiera estado hablando en una asamblea habría pedido la palabra anunciando: «Punto previo». Por lo demás, su postura es una opinión más, igual a la tuya o la mía, y tiene todo el derecho de decir que considera el asunto, esto es, la discusión, como bizantina. (DRAE: 3. adj. Dicho de una discusión: Baldía, intempestiva o demasiado sutil). El sentido que emplea es el de algo intempestivo. (DRAE: 1. adj. Que es o está fuera de tiempo y sazón).
¿Es esto una prohibición de discutir la cosa? ¿Tiene Petkoff tal poder que su declaración de que algo es intempestivo interrumpe cualquier ventilación del tema? No lo creo, y por esto me pareció que sacabas el asunto fuera de proporciones; en tres ocasiones preguntaste, de manera efectista (DRAE: 1. adj. Que busca ante todo producir fuerte efecto o impresión en el ánimo) y en tono indignado: «¿Por qué no se puede discutir esto públicamente?» Nadie te lo impide; nadie se los impide, y al reiterar el punto repetidamente dabas a entender que alguien atentaba contra el democrático derecho a la libre opinión de diligentes y meritorios opositores.
Aclaro, por cierto, que no está en mi ánimo o interés defender a Petkoff; ya él es un hombre crecido, y sabe defenderse muy bien. Lo que sí creo es que has escogido centrar tu reclamo en su opinión al respecto, lo que sazonaste con el no tan velado ataque a su persona política, al hacer referencia a tu presunto logro profesional de «bajarle quince puntos a su rechazo». En vez de argumentar, si es que quieres disentir de su opinión, a favor de la oportunidad de la discusión que él estima bizantina, intempestiva, inoportuna, fuera de tiempo y sazón, optaste por quejarte de que él, por sí solo, impedía la discusión del punto.
Veo que concurrimos en un asunto distinto, aunque relacionado: la conveniencia de contar con un espacio adecuado al debate importante, sean éstos los «temas de coyuntura» que sugieres u otros más profundos aún, menos coyunturales. Tanto es que coincidimos que en mi Carta #351—redactada en ignorancia de que López y tú, a petición de un funcionario de la Alcaldía de Chacao, expondrían en la Peña—toco justamente ese tema. (La copio abajo para tu conocimiento). Y no es la primera vez que lo hago; el 7 de mayo de 1985 (hace más de veinticuatro años) ya especificaba la siguiente idea en el esbozo de una nueva organización política: «Una función organizadora del debate político, que le prescriba un formato o método científico: La Sociedad Política de Venezuela deberá instrumentar el ambiente necesario para dar alojamiento a la invención política y para que las proposiciones que por ella surjan puedan ser adoptadas luego del más estricto análisis y la consulta más amplia posible… Para esto se instrumentará una normativa que permita la comparación crítica de proposiciones alternas o competidoras y que asegure un máximo de objetividad política”.
………
Respecto de la agenda social vs. la agenda política (así fue como lo expusiste), no veo en cuál punto de mi artículo niego la importancia política de la acción «social» del gobierno; dirige, pues, a alguien más esta afirmación: «Negar esto hoy en día es resistirse a creer que el planeta tierra no es cuadrado». No se me aplica. Lo que escribí estuvo referido exclusivamente a tu planteamiento, a la forma en que introdujiste la cosa, que bastante simplista me pareció. De nuevo, no hago hipótesis acerca de qué otras cosas puedas pensar sobre el complejo tema; me atengo, simplemente, a lo que expusiste, y esto ya lo referí y comenté en mi carta. Dije, en síntesis, que el fenómeno del apoyo a Chávez es bastante más complejo que la satisfacción con unas misiones gubernamentales y que, curiosamente, luego de que hubieras postulado que ésa era la razón fundamental del fracaso de una oposición que se concentraría en una agenda política, ella había desaparecido de tu juicio sobre los resultados del referéndum de 2004. Apunté, además, que el gobierno tenía, muy especial y explícitamente, una clara agenda política. Añado ahora que ella era claramente visible bastante antes de noviembre de 2004, cuando se expuso en reunión de gobernadores y alcaldes oficialistas electos el 30 de octubre de ese año. También pareció desprenderse de tu manera de exponer—no necesariamente de lo que sea tu comprensión—que hasta entonces la agenda política de Chávez era desconocida. Mucho antes de los apuntes de Martha Harnecker se conocía la orientación marxista y militarista de Chávez, contraria a la libre empresa, antagónica de la Iglesia y la educación privada (Decreto 1.011, 18 de diciembre de 2000); la fritanga de cabezas adecas y copeyanas la había anunciado en la campaña de 1998, y dos años después anticipaba que gobernaría hasta el 2021; sus primeras agresiones a los medios se manifiestan en 2001 (cerco de Lina Ron a El Nacional siguiendo pauta de un Aló Presidente) y en diciembre de 2002 las huestes chavistas arremetieron contra un buen número de televisoras y estaciones de radio en ataque coordinado de una sola noche; en 1999, en carta temprana (abril) a la Corte Suprema de Justicia declaró abiertamente su concepto autoritario, en línea final que postulaba «el Principio de la exclusividad presidencial en la conducción del Estado». Etcétera. Quienquiera que hubiera necesitado la lección en Fuerte Tiuna de noviembre de 2004 para enterarse de la agenda política de Chávez no venía poniendo mucha atención a las advertencias de Alberto Garrido o los consejos de Norberto Ceresole, que hablaron mucho antes que Harnecker.
Tampoco se encuentra en mi artículo absolución alguna de los partidos que hacen oposición formal en Venezuela; soy crítico de ellos, y bastante antes que tú; de modo explícito (por escrito) desde febrero de 1985 (hace más de veinticuatro años) aunque, por supuesto, según razones bastante diferentes de las tuyas («por sus errores» y el «salto al vacío» del referéndum revocatorio de 2004). De hecho, con ocasión de comentar una primera vez alguna presentación tuya en casa de Ugueto—lo que me reclamaste en su momento, sin que pudieras luego ofrecer un motivo concreto de queja—fui muy claro. Te refresco:
Briceño y Magdaleno, luego de expresar su convicción de que la inminente consulta ofrece una oportunidad para «reposicionar» a la oposición, argumentaron que era de la suprema importancia la elección de quienes debieran hacer ostensiblemente frente—fronting—al proyecto de enmienda. Hablaron de una disyuntiva—falsa, a mi manera de ver—entre estudiantes y líderes convencionales, dando a entender que no había otras voces posibles. (En intento pedagógico hablaron, debe reconocerse, de encontrar los «badueles» o «marisabeles» de 2009). Esto es, la recomendación de Briceño y Magdaleno es la de constituir un coro de tres voces: la de aquellos que aún no están listos (estudiantes), la de los rechazados (líderes convencionales), la de los saltadores de talanquera («badueles» y «marisabeles»). ¿Es que no hay otras voces en Venezuela? Llama la atención que, después de haber expuesto que la participación de los electores no alineados—el estudio combinado mide su tamaño a la par de quienes apoyan a Chávez y mayor que el de sus opositores, como lo han hecho desde hace al menos seis años todas las encuestadoras, en proporciones cambiantes que oscilan entre 35% y 50%—sería decisiva, que no se saque la conclusión obvia. Antes que «badueles» o «marisabeles», urge conseguir voces no alineadas, con discurso no alineado y argumentos no alineados para asestar el golpe definitivo a las pretensiones continuistas de Hugo Chávez.» (Carta Semanal #316 de doctorpolítico, 22 de enero de 2009).
Añado, como otra muestra, un botón más. El 8 de diciembre de 2005 escribía:
Igualmente, por supuesto, se requerirá la emergencia de organizaciones políticas con un «código genético» bastante diferente de las actuales. Los partidos que se niegan a desaparecer, renuentes a la regeneración, refractarios contumaces, negados a la metamorfosis, se quejan de que una cierta «antipolítica» sería la culpable de la neoplasia política que hoy nos domina. Que la «sociedad civil» ha pretendido, erradamente, suplantarles, que serían instituciones insustituibles. La verdad es que no puede haber política sin organización, pero ciertamente ya no sirven los modelos arcaicos, ni siquiera cuando son replicados en moldes que se presentan como odres nuevos. (Carta Semanal #167).
De modo, pues, que haberme referido críticamente a tu presentación del pasado lunes no es, en modo alguno, una opción a favor de los partidos que, sumados, concitan sólo 10% de las preferencias públicas.
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Es astuto intento el recurso que haces de formularme una buena cantidad de preguntas, con el efecto retórico de sugerir que las contestaría todas negativamente. Se parece a la tramposa y famosa pregunta: «¿Ha dejado usted de pegarle a su mujer?», que contestada afirmativa o negativamente admitiría la premisa acusatoria. Enumero las que has planteado:
«¿Qué clase de debate es ese al que se ingresa descalificando a una de las opciones posibles?; ¿o es que crees que Teodoro ha sido, en este tema, un interlocutor meticulosamente respetuoso de las diferentes opciones estratégicas disponibles?»; «¿crees que, por ejemplo, la oposición ha volcado sus esfuerzos a diseñar y proponer un sistema de protección social de avanzada?; ¿percibes como agotada y resuelta la necesidad de alterar la ecuación Estado-petróleo-pueblo en Venezuela?; ¿crees agotado y resuelto el debate alrededor de las propuestas de democratización de la renta petrolera (como la propuesta del Fondo de Regalías Petroleras que ha puesto sobre la mesa La Causa R)?; ¿ves, acaso, algún consenso mínimo en esta materia?; ¿o más aún, puede decirse, en este caso, que se ha dado un auténtico debate público de envergadura?; ¿crees que hay una propuesta novedosa y atractiva en materia de salud, para enfrentar el drama de los hospitales públicos del país y la deficiente atención de la red de atención primaria, que el gobierno ha intentado revitalizar con ‘Barrio Adentro’, infructuosamente desde la perspectiva de la calidad del servicio?; ¿ha desarrollado y comunicado públicamente la oposición una propuesta seria para mejorar ‘agresivamente’ el acceso y la calidad de la educación venezolana?»; «¿Te das por satisfecho con lo que la oposición ha hecho en estas materias o crees que es hora de un examen profundo y desapasionado, que tome distancia de los afectos políticos, y que reconozca que se han invertido más horas, en los partidos de oposición, en designar candidaturas para elecciones que en proponerle cosas serias al país?»; «no crees que la lucha por las libertades consustanciales a la democracia ha podido ser acompañada, profundizada y más eficazmente justificada para los estratos bajos haciendo esfuerzos por plantearles propuestas en la agenda social, e incluso, impulsando reivindicaciones en este terreno?; ¿o no ves, acaso, el impacto de las actuales luchas sindicales en la reconfiguración de la correlación de fuerzas políticas y sociales en Guayana?»
Ninguna de esas preguntas es pertinente a nuestra discusión: qué fue exactamente lo que dijiste el lunes pasado y cuál opinión me mereció. El intento de desplazar mi atención hacia tan numerosos temas no va a funcionarte.
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Tampoco me he escandalizado en lo más mínimo porque hayas hablado de «nosotros» al exponer que «apartando el dos de diciembre de 2007, nunca hemos sido mayoría», ni siquiera porque ahora confieses que esta construcción no era otra cosa que el «viejo recurso para generar rapport». Aunque visto así, entonces se trata de una manipulación de la audiencia, que es cosa contra mi natura. Creo que el político, o el politólogo que habla de política deben respetar a quienes los oyen diciendo exactamente lo que piensan y prescindir de trucos intencionales para provocar empatía. Había tomado literalmente tus palabras y las tuve por un signo más de equivocación conceptual y estratégica. Esto dije: «He allí la falla de origen de la inmensa mayoría de los planteamientos políticos distintos del chavismo: que sólo atinan a definirse como antichavistas. Desaparecido Chávez, dejarían también, entonces, de tener sentido sus existencias. Ésa es la misma falla de origen de la iniciativa que acá se discute». Creo que te leí bien; creo que tú piensas desde la perspectiva de la oposición a Chávez; nunca te he oído formulaciones diferentes y, naturalmente, tienes todo el derecho de pensar así. Habiendo leído la defensa que opones ahora a mi apreciación, entiendo que lo que dices puede depender de quiénes te escuchan, y en este caso admites que habrías estado «toreando para los tendidos», como más de un torero que ha sido criticado por aficionados que se sientan al sol.
Pero disiento de tu estimación que considera a eso un «asunto menor». Por lo contrario, creo que se trata de un punto central de la necesidad política de la hora, tal vez el más importante de todos. Y tampoco creo esto desde hace quince días. Ya en 1999 dije a la Peña de Ugueto que la superación de Chávez no vendría por oposición sino por superposición. Así lo recordaba en mi Carta #100 (19 de agosto de 2004, cuatro días después del infructuoso referéndum revocatorio):
Pero también decíamos en 1999 que esa contención no sería suficiente, y que más que una oposición habría que ejecutar una superposición, una elaboración discursiva desde un nivel superior de lenguaje político, que flotara sobre sus agendas [las de Chávez], sobre su nomenclatura, sobre sus concepciones, sobre los terrenos que siempre escogió astutamente para la batalla y a los que llevó, casi sin esfuerzo, a un generalato opositor incompetente, y que pudiera, esa interpretación alterna, ese discurso fresco, ser convincente para el Pueblo. Este discurso es perfectamente posible. Ese discurso existe, y entre él y unos Electores hambrientos de liderazgo eficaz, sólo hay que interponer los medios que hasta ahora sólo han estado disponibles para actores ineficaces.
Por esto viene ahora una nueva etapa, preñada de posibilidades, más aprendida. Venezuela, herida, desconcertada, desilusionada y nihilista, tiene que recuperarse de la desazón y el fracaso. Y al cabo de un tiempo más bien corto, encontrará el camino correcto y verá sus tribulaciones de ahora como el principio de su metamorfosis creadora. No nos avergonzamos de nuestras tribulaciones, decía San Pablo, porque a la postre transmutan en esperanza, y no nos avergonzamos de nuestra esperanza.
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Por último, veo que has prescindido de un todo de comentar mi evaluación de lo dicho por López. Supongo que concurres enteramente con él, puesto que eres su asesor, en todo lo que explicó de su «movimiento social» (que tú llamaste «organización social»), y que tu silencio al respecto obedece a que crees que sería él quien está llamado a defender su planteamiento. Pero no quiero olvidar que insertaste otras preguntas, las finales, con aparente duda. Éstas fueron: «¿Piensas, aún así, que mi análisis es una caricatura reduccionista de la realidad, tal y como la dibujaste en tu ‘carta’? ¿Será, amigo, que abrimos un espacio para que veas la presentación, comprendas el análisis de fondo y lo asimiles con más calma?; ¿será que mi análisis exige ‘oídos más atentos’?; ¿será que merece más respeto…?»
Cuando quieras me presentas lo que supones cambiará mi evaluación. El Viernes de Concilio de este año fui a tu casa a visitarte y conversar contigo de política. Esta vez pudieras venir tú a la mía, que te recibirá con un amistoso café.
Saludos para ti
Luis Enrique Alcalá
P. S. Después de comenzar esta contestación supe que habías enviado la correspondencia que me dirigiste a Luis Ugueto, expresando tu interés en que la distribuyera a discreción. Entonces hice lo propio con mi Carta #352. Ahora le remitiré esta contestación. Te dejo con mi Carta #351, que te ofrecí al comienzo porque trata el punto de un espacio para el debate. LEA
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(Nota: acá no se incluye la Carta #351, que usted ha debido recibir la semana pasada).
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