¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y no hay nada nuevo bajo el sol.
Eclesiastés – Capítulo 1, versículo 9
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El siguiente video apareció en YouTube siete meses antes del conflicto ruso-ucraniano que mantiene al mundo en vilo. (Dedique 14 minutos a verlo antes de seguir leyendo; le garantizo que se sorprenderá y aprenderá, como el suscrito. Como siempre, puede verlo a pantalla completa presionando el cuadrado de la esquina inferior derecha de la imagen).
Rusia siempre fue expansionista; en el Océano Pacífico se disputaba territorios asiáticos con Japón a comienzos del siglo XX. La derrota de una flota rusa por buques de guerra japoneses en 1905 constituyó mundialmente una sorpresa mayúscula. Doce años después, durante el penúltimo año de la Primera Guerra Mundial, se desplomaba el régimen zarista, sucedido por el comunista que entraría en «Guerra Fría» con «Occidente», reunido en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN, 1949), organización que sería enfrentada por los países del Pacto de Varsovia (1955), liderados por los rusos. (La cruenta Guerra de Corea no llegó a mayores. Rusia y China apoyaron a Corea del Norte mientras los Estados Unidos pelearon por Corea del Sur, a la que los EEUU y la Unión Soviética acordaron separar de la norteña a partir del famoso Paralelo 38).
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Ahora se opone la mayor parte de Occidente a la infame invasión de Ucrania por los rusos. ¿Cuál es la autoridad moral de los países occidentales, específicamente la de los Estados Unidos? Ya en el siglo XIX hubo un conflicto coreano-estadounidense,* y tan temprano como en 1853 los Estados Unidos hicieron llegar una flota de guerra a la Bahía de Tokío, al mando del Comodoro Perry, con el fin de «invitar» a los japoneses a abrirse al comercio de Occidente. La nación a la que Donald Trump incitaba a recuperar su «grandeza» (MAGA: Make America** Great Again) arrancó a México buena parte de su territorio con la guerra, invadió a Cuba (aún preserva Guantánamo), se hizo dueña de la «Zona del Canal» en Panamá, se apoderó de Hawai y las Islas Fiilpinas, compró a Rusia en 1867el territorio de Alaska (que convirtió en su cuadragésimo noveno estado), y ha hecho de Puerto Rico un «Estado Libre Asociado». (Tales posesiones dejan de mencionar su constante intervención en favor de regímenes dictatoriales en nuestro continente).*** Esto sin tomar en cuenta a su «madre patria», Inglaterra, cuyo imperio «británico»—de Bretaña, región francesa—tomó la mayor parte de América del Norte, posesiones en la del Sur—Trinidad, Guayana Inglesa—buena parte de África, toda India (su virreinato), así como otros enclaves en Asia—Hong Kong, por ejemplo—y prácticamente todo el continente de Oceanía.
Pero no cejemos, ciudadanos del planeta. Para esto deberemos mandar, como corresponde a los pueblos más que a los gobernantes. Autoridad moral tenemos:
Quizás la causa de nuestro pesimismo contemporáneo es nuestra tendencia a ver la historia como una turbulenta corriente de conflictos—entre individuos en la vida económica, entre grupos en política, entre credos en la religión, entre estados en la guerra. Éste es el lado más dramático de la historia, que captura el ojo del historiador y el interés del lector. Pero si nos alejamos de ese Mississippi de lucha, caliente de odio y oscurecido con sangre, para ver hacia las riberas de la corriente, encontramos escenas más tranquilas pero más inspiradoras: mujeres que crían niños, hombres que construyen hogares, campesinos que extraen alimento del suelo, artesanos que hacen las comodidades de la vida, estadistas que a veces organizan la paz en lugar de la guerra, maestros que forman ciudadanos de salvajes, músicos que doman nuestros corazones con armonía y ritmo, científicos que acumulan conocimiento pacientemente, filósofos que buscan asir la verdad, santos que sugieren la sabiduría del amor. La historia ha sido demasiado frecuentemente una imagen de la sangrienta corriente. La historia de la civilización es un registro de lo que ha ocurrido en las riberas. (Will Durant, en Los placeres de la Filosofía).
Consideremos esto otro:
Es necesario un pacto federal que transfiera a una autoridad central planetaria ciertas atribuciones. ¿Cuáles serían? ¿Quiénes serían las autoridades de ese Estado global? ¿Cómo se les elegiría? Debe haber una legislatura planetaria, tal vez construible sobre una reforma de la Asamblea de las Naciones Unidas, pero probablemente haya que sustituir el Consejo de Seguridad por un Senado Planetario, compuesto por miembros elegidos por los bloques de la “geotectónica política”. Hay ya grandes bloques en el planeta bajo autoridad única: EEUU, Rusia, China, India, Europa, Australia. Hay protobloques en América del Sur y África, así como subbloques en Centroamérica. Hay entidades que tienen más bien base religiosa, como el Islam, que agrupa a más de 1.200 millones de almas. ¿Cómo sería y cómo pudiera establecerse un gobierno mundial viable y beneficioso? ¿Cómo se pagará?
En la base de todo tendría que estar la conciencia apuntada al principio: la de que en verdad somos, por encima de cualquier otra cosa, ciudadanos del planeta; la de que es una nueva soberanía planetaria, emanada del único pueblo del mundo, lo que dará base a un gobierno del mundo. (Ciudadanía mundial, 8 de mayo de 2008).
Por supuesto que hay mucho de nuevo bajo el sol. Las armas actuales, que los políticos y militares han desarrollado, no podían soñarse siquiera en la época de Boris Godunov (1598-1605). Pero los ciudadanos del planeta también tenemos recursos nuevos**** para la paz. LEA
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* La expedición estadounidense a Corea, la Shinmiyangyo (para los coreanos) o simplemente la Korean Expedition (para los estadounidenses) en 1871, fue la primera acción militar de Estados Unidos en Corea. Esta tuvo lugar sobre todo alrededor de la isla Ganghwa. La razón para la presencia de una fuerza naval estadounidense en Corea era dar apoyo a una delegación diplomática enviada para establecer relaciones comerciales y políticas con la nación coreana, además de investigarse el destino del navío mercante General Sherman y establecer un tratado que asegurase la asistencia mutua en caso de naufragio. Cuando las baterías coreanas del río Selee atacaron a los dos buques de guerra estadounidenses el 1 de junio de 1871 se le exigió a Corea una disculpa oficial. Al no recibirla, los estadounidenses decidieron mandar una expedición de castigo que alcanzó Corea 10 días después. La respuesta aislacionista de la Dinastía Joseon y la obstinación de los estadounidenses en malentender el conflicto convirtió una expedición diplomática pacífica en un conflicto armado. El 10 de junio, aproximadamente 650 estadounidenses desembarcaron y capturaron varios fuertes, matando a más de 200 soldados coreanos con sólo 3 bajas. Corea continuó rechazando negociar con Estados Unidos hasta 1882. (Expedición de Estados Unidos a Corea).
** El solo hecho de la costumbre estadounidense de hacerse llamar «América» es una apropiación indebida. Nuestro continente americano se extiende desde Canadá hasta la Patagonia, y deriva su nombre de Américo Vespucio, el navegante italiano (latino), que lo navegó de norte a sur.
*** La Operación Cóndor o Plan Cóndor es el nombre con que se conoce al plan de coordinación de acciones y mutuo apoyo entre las cúpulas de los regímenes dictatoriales del Cono Sur de América del Sur—Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y esporádicamente, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela,—con participación de los Estados Unidos, siendo Henry Kissinger señalado como su ideólogo. Fue llevado a cabo entre las décadas de 1970 y 1980, con el fin de instalar en la región un plan económico neoliberal, con el desmantelamiento de los Estados como articuladores de la vida pública y el desarrollo económico, más un fuerte endeudamiento externo. Esta coordinación implicó, oficial y directamente, el seguimiento, vigilancia, detención, interrogatorios con tortura, traslados entre países, y desaparición o asesinato de personas consideradas por dichos regímenes como «subversivas del orden instaurado, o contrarias a su política o ideología». El Plan Cóndor se constituyó en una organización clandestina internacional para la estrategia del terrorismo de Estado que instrumentó el asesinato y desaparición de decenas de miles de opositores a las mencionadas dictaduras, la mayoría de ellos pertenecientes a movimientos de la izquierda política. Los llamados «Archivos del Terror» hallados en Paraguay en 1992 dan la cifra de 50.000 personas asesinadas, 30.000 «desaparecidas» y 400.000 encarceladas. (Plan Cóndor).
**** Yehezkel Dror transcribe otra enumeración de nuevos factores que toma del McKinsey Global Institute: la de tecnologías emergentes disruptivas. (…). Es decir, tecnologías que cambiarán la vida de los humanos en modo imprevisto, con efectos positivos y también perniciosos: 1. la Internet móvil; 2. la automatización del trabajo del conocimiento; 3. la Internet de las cosas; 4. la tecnología de nubes; 5. la robótica avanzada; 6. los vehículos autónomos y cuasi-autónomos; 7, la genómica de nueva generación; 8. el almacenamiento de energía; 9. la impresión 3D; 10. los nuevos materiales; 11. la exploración y recuperación avanzadas de petróleo y gas; 12. la energía renovable. A continuación añade: «Asimismo se menciona en el documento [de McKinsey], aunque no las discute en detalle, la fisión nuclear de próxima generación, la energía de fusión, lacaptura de carbono, la purificación avanzada del agua y la computación cuántica». (En Cuestión de época, 19 de junio de 2019).
Los ciudadanos rusos han comenzado a usar el poco eufónico pero muy práctico término “desputinización”. Obviamente, esto quiere decir la cesación del poder e influencia de Vladimir Putin en su país, la desintoxicación de Rusia.
Simon Shuster ha escrito sobre el tema desde Moscú para TIME Magazine, y registra un cambio cualitativo que es desfavorable para Putin. De acuerdo con observación que obtuviera de Boris Nemtsov—el equivalente ruso de Julio Borges o Henry Ramos Allup—, hasta ahora la oposición a Putin no había logrado más que dejar caer “gotas de agua sobre un lingote incandescente”. Pero, últimamente, son ahora múltiples protestas de miles de ciudadanos contra el régimen las que exigen la renuncia del primer ministro ruso en localidades de provincia.
El punto de quiebre, arguye Shuster, ocurrió el 30 de enero, con una manifestación en Kaliningrado de 10.000 asistentes, nada para los estándares venezolanos pero desusadamente grande para “la dócil cultura política rusa”. Los habitantes de esta ciudad báltica se han visto grandemente afectados en lo económico, a consecuencia de medidas impositivas que han traído desempleo y el cierre de unos 20.000 negocios. Tampoco les agrada el gobernador impuesto por Moscú, y menos todavía que en medio de la crisis éste pase costosas vacaciones europeas. (O sea, un putinburgués cualquiera).
Nemtsov, como otros líderes de la oposición, fue hasta Kaliningrado para hablar a las concentraciones protestantes. Allá dijo: “Moscú está chupando los recursos de las regiones como si fueran sus colonias. Mientras no salgamos de este estado policial corrupto no habremos logrado nada”.
Pero lo interesante es que las protestas afloran en varios sitios, cada vez con mayor asistencia, y que simultáneamente la popularidad de Vladimir disminuye significativamente. A la semana siguiente de los eventos de Kaliningrado, la encuestadora estatal VTsIOM midió el más bajo nivel de aprobación de Putin de los últimos cuatro años.
A pesar de esto, Shuster advierte que Putin es, de lejos, el político ruso más popular y el más poderoso. El putinismo controla todas las instituciones políticas de Rusia, a su burocracia y los principales canales de televisión. (¿Suena conocido?) Y la oposición está profundamente dividida: “Los egos a veces sobrepasan su pragmatismo, y una alianza real pareciera imposible. Desde Kaliningrado, los líderes opositores han vuelto a las andadas de denunciarse los unos a los otros”. (Acá no estamos tan mal, a pesar de las recientes demostraciones en Carabobo).
Pareciera recomendable, entonces, que tanto el gobierno venezolano como su leal oposición adquieran espejos rusos.LEA
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Complemento
El 28 de junio de 2007, la Deutsche Welle decía en Chávez y Putin: ¿aliados naturales?: …la visita de Chávez le viene bien a Putin, según el director del equipo de investigaciones sobre Rusia de la Fundación Ciencia y Política (SWP), Prof. Dr. Hans-Henning Schröder. En conversación con DW-WORLD, el politólogo hizo notar que Putin está en gran medida aislado y sólo le queda la posibilidad de llevar a cabo una política de obstrucción. Y cualquiera que lo secunde en ello es bienvenido. Por otra parte, su estructura económica se asemeja más bien a la de un país emergente, ya que se basa en alto grado en la exportación de materias primas. Ahora, sin embargo, los cambios en el mercado energético han mejorado su situación. Y Moscú quiere aprovechar el momento para consolidar su posición en el plano internacional, dice el politólogo. En este contexto hay similitudes con lo que ocurre en Venezuela, que tampoco tiene fuerza para desarrollar más que una política de obstrucción a ese nivel. En este contexto Chávez es un socio oportuno para Putin, opina Schröder, calificándolos como «socios naturales». Pero de ahí no se colige que sean aliados estratégicos, sino más bien circunstanciales. Por otra parte, no cabe esperar que la cúpula rusa pueda llegar a dar un giro en dirección a la cruzada ideológica de Chávez porque, según puntualiza Schröder, «las elites rusas se han enriquecido hasta la saciedad con el modelo, de modo que no tienen inclinación alguna al socialismo».
Antes he reconocido que aprecio a PRODAVINCI y sus publicaciones. Por ejemplo, he escrito: «Prodavinci, un sitio web que visito con frecuencia pues usualmente trae trabajos de calidad». (En La conspiración de los holgazanes, 1º de marzo de 2018). Por cierto, ayer anunció que el sitio había ganado el Premio Rey de España 2022 por la investigación «La promesa rota».
Hoy ha llamado mi atención un trabajo publicado allí y firmado por Ricardo Tavares Lourenço, que titulara «Se buscan* filósofos para la era cibernética». Al presentar su contenido, declara que se trata de la reseña de «un libro de reciente aparición y editado por la Fundación Centro Gumilla y la editorial ucabista abediciones (diciembre de 2021): Pensar comunicaciones hoy. Tendencias y atributos». Así declara al inicio:
Los historiadores tradicionalmente han denominado a nuestra era como contemporánea, la cual abarca desde la Revolución francesa hasta nuestros días. Es hora de considerar que estamos ante otra era de la historia del hombre, que proponemos aquí denominar cibernética, puesto que desde la aparición de la computación, y con ella internet, nuestras relaciones humanas, la construcción y difusión del conocimiento, los conflictos bélicos, el entretenimiento, el comercio y la economía, las telecomunicaciones, la educación, los deportes, la infraestructura, la salud, el turismo, la diplomacia, los lenguajes, las artes, la exploración espacial, la política, la ecología, la religión, entre otros tantísimos campos, han cambiado radicalmente.
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Bueno, en mayo de 1994, hace casi veintiocho años, dije lo siguiente:
Cuando aprendíamos Historia Universal en la escuela primaria nos enseñaban a dividirla en dos eras, la Prehistórica y la Histórica, y a dividir a la vez a ésta en cuatro edades: Antigua, Media, Moderna, Contemporánea. Pues bien, es tiempo de que tomemos conciencia de que estamos, no ya cerrando un siglo, no ya cerrando un milenio y abriendo otro, sino en el mismo comienzo de una nueva edad de la historia, la que me atreveré, en este auditorio de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad del Zulia, a bautizar con un nombre: la Edad Compleja.**
Este último párrafo pertenece a la disertación inaugural del coloquio El comunicador necesario, evento organizado en Maracaibo para conmemorar los primeros treinta y cinco años de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad del Zulia. Se me había pedido que disertara sobre esta disyuntiva: La formación del comunicador – ¿Generalista o especialista?
También señalé:
En el espacio del que dispongo destacaré solamente dos de los múltiples rasgos de la época actual, de este cierre y esta apertura de siglo y de milenio, que en particular me parecen pertinentes al dilema que se me ha encomendado comentar.
El primero de estos rasgos tiene una relación muy directa y esencial con los objetivos de una escuela de Comunicación Social, y es que estamos asistiendo a una brusca expansión del tejido nervioso societal, que no es otro que el tejido comunicacional: satélites, computadoras, módems y telefacsímiles, sensores remotos, fibras ópticas, telefonía celular, medios de almacenamiento compactos y compresión de la información.
Así como la embriología comparada muestra cómo es que el desarrollo de un sistema nervioso progresivamente cefalizado es el signo del crecimiento y humanización de la conciencia, así el desarrollo de la esfera comunicacional, a escalas inéditas de planetización, introduce toda una mutación histórica cualitativa y cuantitativamente insólita, por lo que no sé qué mosca ha llevado a Fukuyama a declarar el fin de la historia. Ahora es cuando la historia verdaderamente comienza.
Por un lado, pues, este desarrollo de las redes de comunicación a escalas imprevistas—salvo para algunos observadores privilegiados como Pierre Teilhard de Chardin—determina una situación radicalmente nueva y exige la presencia de un comunicador que se entienda a sí mismo como miembro de una función planetaria.
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Al año siguiente de esa conferencia, redactaba y juraba públicamente—el 24 de septiembre de 1995 a través de los micrófonos de Unión Radio—el Codigo de Conducta que desde entonces y hasta el día de hoy ha regido mi comportamiento político. Su séptima estipulación reza:
7. Reconoceré según mi conocimiento y en todo momento la precedencia de aquellos que hayan interpretado antes que yo o hayan recomendado antes que yo aquello que yo ofrezca como interpretación o recomendación, y estaré agradecido a aquellos que me enseñen del arte de la Política y procuraré corresponderles del mismo modo. (Código de Ética, 24 de septiembre de 1995)
Esto es, no soy un plagiario, no gano indulgencias con escapulario ajeno. LEA
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* En castellano, el verbo concuerda en número (singular o plural) con el sujeto, no con los complementos de la oración. Así, es incorrecto decir o escribir «Se ponen inyecciones» o «Se hacen viajes y mudanzas»; debe usarse «Se pone inyecciones» y «Se hace viajes y mudanzas». A tales oraciones se las conoce como cuasirreflejas, oraciones impersonales (que carecen de sujeto) con apariencia de reflejas. Una oración refleja es una en la que la acción del sujeto recae sobre sí mismo; por ejemplo, «Yo me peino», «Ella se baña». (Las inyecciones no se ponen a sí mismas). En cambio, «Hubo manifestaciones» es una oración impersonal, cuyo sujeto no existe o no está especificado, como en «Llueve». Nadie es el sujeto de esta oración, y la regla es que en las oraciones impersonales el sujeto se presuma en singular: «Llueve a cántaros» o, más claramente, «Llueve sapos y culebras», no «Llueven sapos y culebras». Uno escribe «Él comió tres arepas», con el verbo en singular aunque su complemento esté en plural, y «Ellos comieron un mango cada uno», con el complemento directo en singular y el verbo en plural para concordar en número con el sujeto. (Crimen y Castilla, 30 de enero de 2020).
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** Esta afirmación de Tavares es incorrecta: «Los historiadores tradicionalmente han denominado a nuestra era como contemporánea». No es lo mismo era que edad. Todavía vivimos en la Era Histórica, puesto que la historia es registrada y preservada desde la invención de la escritura. Lo que llamamos «contemporánea» es una «edad de la historia», el período que comenzara con la Revolución Francesa en 1789. Y el inventario que enumera deja de reconocer procesos que no son «cibernéticos»:
Ya no vivimos la Revolución Industrial, cuando toda ideología se inventara; ahora vivimos la de la Internet, la telefonía móvil, las tabletas, las interacciones instantáneas, las enciclopedias democráticas, las apps. La de la biogenética, la cirugía mínimamente invasiva, la posibilidad de introducir al planeta especies vegetales o animales nuevas. La de una sonda espacial posada sobre un cometa, la comprobación experimental de la partícula de Dios o Bosón de Higgs, la fotografía cada vez más extensa y detallada de los componentes del cosmos, la materia oscura, la geometría fractal y las ciencias de la complejidad. La de la explosión de la diversidad cultural, la del referendo, del escrutinio inmisericorde de la privacidad de los políticos y el espionaje universal. La del hiperterrorismo, las agitaciones políticas a escala subcontinental, el cambio climático. Nada de esta incompleta enumeración cabe en una ideología, en la cabeza de Stuart Mill, Marx, Bernstein o León XIII. Cualquier ideología—la pretensión de que se conoce cuál debe ser la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que aún no lo sea—es un envoltorio conceptual enteramente incapaz de contener ese enorme despliegue de factores novísimos y revolucionarios. Ésta es una revolución de revoluciones. (El medio es el medio, 24 de abril de 2015).
Se considera la Edad Antigua como la primera edad de la Era Histórica:
La Edad Antigua o Antigüedad es un periodo tradicional, muy utilizado en la periodización de la historia humana, definido por el surgimiento y desarrollo de las primeras civilizaciones que tuvieron escritura, llamadas por ello «civilizaciones antiguas». Tradicionalmente ha sido el período inicial de la historia propiamente dicha, iniciada con la invención de la escritura, precedida de la prehistoria. Algunos esquemas periódicos consideran que existe una etapa denominada «protohistoria», entre la prehistoria y la Edad Antigua, definida por el surgimiento de las primeras civilizaciones sin escritura. (Wikipedia en Español).
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No he podido avisar a PRODAVINCI de esta entrada. (Twitter me informa que no se puede enviarle mensajes). Por supuesto, ni el sitio como tal ni el articulista estaban obligados a conocerme como precursosr.
Lo que sigue es la presentación, traducida al español, de una edición especial de The Economisten correo de ayer que lleva por título
Cómo Volodymyr Zelensky encontró su rugido
Volodymir Zelenski
En la mañana del 26 de febrero, Volodymyr Zelensky publicó un video de sí mismo en Twitter. Después de una noche de los peores combates que se hubieran visto en Kiev desde la Segunda Guerra Mundial, y de la propaganda de Moscú que afirmaba que había huido de la capital por miedo, el Presidente de Ucrania salió de su oficina con los ojos rojos y sin afeitar. Sostenía un teléfono inteligente en su mano derecha mientras se filmaba caminando frente a la Casa con Quimeras, un famoso punto de referencia de Kiev que sirve como residencia presidencial. Sonrió a la cámara y declaró: “¡Buenos días a todos los ucranianos! Hay por ahí muchos bulos*… pero aquí estoy”.
Zelensky parecía exhausto pero feliz: feliz de estar vivo, feliz de que Kiev no hubiera caído y feliz de desempeñar el papel de líder nacional, manteniendo su calma y su país juntos en la hora más oscura de sus 30 años de historia como estado independiente. Ése no era el papel que había elegido, sino el que se le impuso cuando Rusia invadió a Ucrania el 24 de febrero. Lo ha desempeñado con dignidad, fuerza y una pizca de humor. Cuando Estados Unidos se ofreció a llevarlo por aire a un lugar seguro, él respondió: “La lucha está aquí; Necesito munición antitanque, no un aventón”.
La noche anterior, en un discurso en Moscú, Vladimir Putin, el presidente de Rusia, se había comprometido a eliminar a Zelensky. El presidente de Ucrania es un hablante nativo de ruso con ascendencia judía. No obstante, hirviendo de odio, Putin lo había calificado a él y a su gobierno como “nazis consumidores de drogas”.
Si la fortuna favorece a Zelensky, es porque tiene la virtud que le falta a Putin: dice la verdad por su pueblo.¶
La discusión pública sobre Ucrania tiene que ver con la confrontación. Pero ¿sabemos adónde vamos? He visto En mi vida cuatro guerras comenzadas con gran entusiasmo y apoyo público, todas las cuales no supimos terminar y de tres de las cuales nos retiramos unilateralmente. La prueba de la política es cómo termina, no cómo comienza.
Con demasiada frecuencia, la cuestión de Ucrania se plantea como un enfrentamiento: si Ucrania se une al Este o al Oeste. Pero para que Ucrania sobreviva y prospere, no debe ser un puesto de avanzada de ninguno de los lados contra el otro; debe funcionar como un puente entre ellos.
Rusia debe aceptar que tratar de forzar a Ucrania a convertirse en un satélite y, por lo tanto, una nueva modificación de las fronteras de Rusia condenaría a Moscú a repetir su historia de ciclos autocumplidos de presiones recíprocas con Europa y Estados Unidos.
Occidente debe entender que, para Rusia, Ucrania nunca puede ser simplemente un país extranjero. La historia rusa comenzó en lo que se llamó la Rus de Kiev. La religión rusa se extendió desde allí. Ucrania ha sido parte de Rusia durante siglos, y sus historias ya estaban entrelazadas antes de esa fecha. Algunas de las batallas más importantes por la libertad rusa, comenzando con la Batalla de Poltava en 1709, se libraron en suelo ucraniano. La Flota del Mar Negro, el medio de Rusia para proyectar su poder en el Mediterráneo, tiene su base en arrendamiento a largo plazo en Sebastopol, en Crimea. Incluso disidentes tan famosos como Aleksandr Solzhenitsyn y Joseph Brodsky insistieron en que Ucrania era una parte integral de la historia rusa y, de hecho, de Rusia.
La Unión Europea debe reconocer que su burocrática morosidad, y la subordinación del elemento estratégico a la política interna en la negociación de la relación de Ucrania con Europa, contribuyeron a convertir una negociación en una crisis. La política exterior es el arte de establecer prioridades.
Los ucranianos son el elemento decisivo. Viven en un país con una historia compleja y una composición políglota. La parte occidental se incorporó a la Unión Soviética en 1939, cuando Stalin y Hitler se repartieron el botín. Crimea, el 60 por ciento de cuya población es rusa, pasó a formar parte de Ucrania recién en 1954, cuando Nikita Jruschov, ucraniano de nacimiento, la otorgó como parte de la celebración del tricentenario de un acuerdo ruso con los cosacos. Occidente es mayoritariamente católico; el este es en gran parte ortodoxo ruso. En el oeste se habla ucraniano; en el este habla principalmente ruso. Cualquier intento de un ala de Ucrania de dominar a la otra, como ha sido el patrón, conduciría eventualmente a una guerra civil o una ruptura. Tratar a Ucrania como parte de una confrontación Este-Oeste hundiría durante décadas cualquier posibilidad de llevar a Rusia y Occidente, especialmente Rusia y Europa, a un sistema internacional cooperativo.
Ucrania ha sido independiente por solo 23 años; anteriormente había estado bajo algún tipo de dominio extranjero desde el siglo XIV. No es sorprendente que sus líderes no hayan aprendido el arte del compromiso, y menos aún el de la perspectiva histórica. La política de Ucrania posterior a la independencia demuestra claramente que la raíz del problema radica en los esfuerzos de los políticos ucranianos por imponer su voluntad en partes recalcitrantes del país, primero por una facción, luego por la otra. Ésa es la esencia del conflicto entre Viktor Yanukovich y su principal rival política, Yulia Tymoshenko. Representan las dos alas de Ucrania y no han estado dispuestos a compartir el poder. Una política sabia de EE. UU. hacia Ucrania buscaría una manera de que las dos partes del país cooperen entre sí. Debemos buscar la reconciliación, no el predominio de una facción.
Rusia y Occidente, y mucho menos las diversas facciones de Ucrania, no han actuado según este principio. Cada uno de estos actores ha empeorado la situación. Rusia no sería capaz de imponer una solución militar sin aislarse, en un momento en que muchas de sus fronteras ya son precarias. Para Occidente, la satanización de Vladimir Putin no es una política; es una coartada para la ausencia de una.
Putin debiera percatarse de que, cualesquiera que sean sus quejas, una política de imposiciones militares produciría otra Guerra Fría. Por su parte, los Estados Unidos necesitan evitar el tratamiento de Rusia como un aberrante al que debe enseñársele pacientemente las reglas de conducta establecidas por Washington. Putin es un estratega serio, montado sobre premisas de la historia rusa. La comprensión de los valores y la psicología de los EE. UU. no es sus punto fuerte. La comprensión de la historia y la psicología rusas tampoco ha sido un punto fuerte de los legisladores estadounidenses.
Los líderes de todos los bandos deben volver a examinar los resultados, no competir en posturas. Ésta es mi noción de un resultado compatible con los valores y los intereses de seguridad de todas las partes:
Ucrania debiera tener derecho a elegir libremente sus asociaciones económicas y políticas, incluso con Europa.
Ucrania no debiera unirse a la OTAN, una posición que asumí hace siete años, cuando se trató el punto por última vez.
Ucrania debe tener la libertad de crear cualquier gobierno compatible con la voluntad expresa de su pueblo. Los sabios líderes ucranianos optarían entonces por una política de reconciliación entre las diversas partes de su país. A nivel internacional, debieran adoptar una postura comparable a la de Finlandia. Esta nación no deja dudas sobre su fiera independencia y coopera con Occidente en la mayoría de los campos, pero evita cuidadosamente la hostilidad institucional hacia Rusia.
Es incompatible con las reglas del orden mundial existente que Rusia se anexe Crimea. Pero debiera ser posible poner la relación de Crimea con Ucrania sobre una base menos tensa. Con ese fin, Rusia reconocería la soberanía de Ucrania sobre Crimea. Ucrania debiera reforzar la autonomía de Crimea en elecciones celebradas en presencia de observadores internacionales. El proceso incluiría eliminar cualquier ambigüedad sobre el estado de la Flota del Mar Negro en Sebastopol.
Éstos son principios, no prescripciones. Las personas familiarizadas con la región saben que no todos son aceptables para todas las partes. La prueba no es la satisfacción absoluta sino la insatisfacción equilibrada. Si no se logra alguna solución basada en estos u otros elementos comparables, se acelerará la deriva hacia la confrontación. El tiempo para eso llegará muy pronto.
Kissinger fue Secretario de Estado de 1973 a 1977. Este artículo se publicó por primera vez en The Washington Post en 2014.
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