Anne Akiko Meyers, violinista estadounidense de conciertos y la instrumentista clásica más vendida de 2014 en las listas clásicas tradicionales de Billboard, ha lanzado una grabación de Canción de cuna estoniana para violín y piano de Arvo Pärt, dedicada a ella por el maestro. Su actuación va acompañada de un hermoso video animado.
La pieza fue compuesta especialmente para Meyers* a fines de 2019 por Arvo Pärt y el video fue producido en colaboración con Skazka Studios, con sede en Estados Unidos.
«Una partitura escrita a mano llegó para la Navidad de 2019», dijo Meyers a Classic FM, la radio clásica con sede en el Reino Unido. “Me conmoví hasta las lágrimas de felicidad porque Arvo también me dedicó el trabajo. Esta música es verdaderamente única en su clase».
Meyers grabó la pieza el 24 de enero en el DiMenna Center for Classical Music (Nueva York).
Meyers es una de los violinistas más famosos del mundo. Ha mantenido activamente una extensa agenda de giras durante más de treinta años, y se presenta regularmente en recitales y como solista invitada con muchas de las mejores orquestas del mundo. Fue la solista instrumental clásica tradicional más vendida en las listas de Billboard en 2014. Arvo Pärt, nacido en Paide, Estonia, en 1935, fue el segundo compositor vivo más interpretado del mundo en 2019,** según la base de datos de eventos de música clásica, Bachtrack.
Meyers está acompañada al piano por Reiko Uchida.
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Incluyamos un encore: Anne Akiko Meyers fue invitada por Arvo Pärt para realizar los conciertos de apertura en el Centro Arvo Pärt en Laulasmaa, Estonia. Acá interpreta Fratres, del mismo Pärt, con la Orquesta de Cámara de Tallinn, dirigida por Tõnu Kaljuste. Meyers se presenta exclusivamente con su violín Ex-Vieuxtemps Guarneri del Gesu, fechado en 1741 y considerado el mejor violín que existe. Pärt puede ser visto sentado entre la audiencia, con cara de felicidad, a la hora de aplaudir a los ejecutantes.
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* Nacida en 1970, Anne Akiko Meyers «fue descrita como una niña prodigio después de su debut con una orquesta de su comunidad local a la edad de 7 años; posteriormente actuó con la Filarmónica de Los Ángeles, dos veces en The Tonight Show con Johnny Carson, a los 11 años, y en el Emmy Award Show con la Filarmónica de Nueva York a los 12″. (Wikipedia).
** Para 2017, Pärt era, por sexta vez consecutiva, el compositor viviente más interpretado del mundo.
Por estos días se tropieza uno con noticiascomo ésta (destacado en cursivas de este blog):
Los científicos están revisando un modelo peculiar que intenta cuantificar y medir la conciencia. El modelo, conocido como Teoría Integrada de la Información (IIT), ha sido controvertido durante mucho tiempo porque viene con una peculiaridad inusual. Cuando se aplica a cosas no vivas como máquinas, partículas subatómicas e incluso el universo, afirma que ellos también experimentan conciencia, informa New Scientist. «Este podría ser el comienzo de una revolución científica», dijo el matemático del Centro de Filosofía Matemática de Munich, Johannes Kleiner, a la revista.
Bueno, en El Fenómeno Humano, la obra fundamental del jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin—escrita entre 1938 y 1940 y publicada póstumamente en 1955 *—, se sostiene que aun la materia más elemental tiene una «hoja de conciencia». Fue por nociones como ésa que Teilhard fuera criticado por científicos y su obra proscrita en seminarios y colegios católicos como rayana en la herejía. (Para no mencionar opiniones como la que escribiera a Emile Licent, un colega jesuita: “El siglo XX fue probablemente más religioso que cualquier otro. ¿Cómo pudiera no serlo, con tantos asuntos por resolver? El único problema es que todavía no ha encontrado un Dios que pueda adorar”). ** A partir del papa Juan Pablo II, el formidable sacerdote y paleontólogo comenzó a ser reivindicado, y fuera de la Iglesia Católica se reconoce cada vez más su penetrante visión, que adelantó cosas tales como una conciencia universal, una «conciencia del mundo» expresada ahora en la creación y desarrollo de Internet.
Teilhard trabajó más de veinte años en Asia, principalmente en China. Su presencia en esta nación le permitió ser co-descubridor del “Hombre de Pekín” (Sinanthropus pekinensis), al que determinó, junto con Henri Breuil, como un verdadero Homo faber, constructor de herramientas y conocedor del fuego. Subsiguientes viajes lo llevarían a India, Java y África. También escribió textos místicos, como El Medio Divino o el Himno al Universo, del que se reproduce a continuación su primera parte: La Misa sobre el Mundo. Es un texto poderoso, luminoso; es una palo’e misa, como corresponde al sacerdote que afirmara: «No somos seres humanos que tienen una experiencia espiritual. Somos seres espirituales que tienen una experiencia humana». LEA
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La Misa sobre el Mundo
Puesto que, una vez más, Señor, ya no en los bosques del Aisne sino en las estepas de Asia, no tengo ni pan, ni vino, ni altar, me elevaré sobre los símbolos hasta la pura majestad de lo Real, y te ofreceré, yo tu sacerdote, sobre el altar de la Tierra entera, el trabajo y la pena del Mundo.
El sol viene de iluminar, allí abajo, las explosiones extremas del primer Oriente. Una vez más, bajo la hoja móvil de sus fuegos, la superficie viva de la Tierra se despierta, tiembla y comienza nuevamente su tremenda labor. Colocaré en mi patena, oh Dios mío, la cosecha esperada de este nuevo esfuerzo. Verteré en mi cáliz la savia de todas las frutas que serán trituradas hoy.
Mi cáliz y mi patena son las profundidades de un alma ampliamente abierta a todas las fuerzas que, en un instante, se elevarán desde todos los puntos del Globo y convergerán hacia el Espíritu. ¡Que vengan a mí el recuerdo y la presencia mística de aquellos a quienes la luz despierta para un nuevo día!
Uno por uno, Señor, los veo y los amo, aquellos que me has dado como apoyo natural y encanto de mi existencia. Uno por uno, también, los cuento, los miembros de esta otra familia tan querida que gradualmente se han reunido a mi alrededor, desde los elementos más dispares, las afinidades del corazón, de la investigación científica y del pensamiento. Más confusamente, pero a todos sin excepción, los evoco, aquellos cuya tropa anónima forma la innumerable masa de los vivos: los que me rodean y me apoyan sin que yo lo sepa; los que vienen y los que se van; especialmente aquellos que, en verdad o por error, en su escritorio, en su laboratorio o en la fábrica, creen en el progreso de las cosas y hoy perseguirán la luz apasionadamente.
Esta multitud agitada, inquieta o distinta, cuya inmensidad nos aterroriza; este océano humano, cuyas oscilaciones lentas y monótonas causan problemas en los corazones más creyentes… quiero que mi ser resuene en este momento con su profundo murmullo.
Todo lo que aumentará en el mundo, en el curso de este día, todo lo que disminuirá—también todo lo que morirá—, he allí, Señor, lo que trato de reunir en mí para ofrecértelo; es ése el material de mi sacrificio, el único que quieres.
En el pasado, los primeros frutos de la cosecha y la flor de los rebaños fueron arrastrados a través de tu templo. La ofrenda que realmente esperas, la que misteriosamente necesitas cada día para saciar tu hambre, para saciar tu sed, es nada menos que el crecimiento del Mundo que carga el devenir universal.
Recibe, Señor, esta Hostia total que la Creación, movida por tu atracción, te presenta al amanecer del día. Este pan, nuestro esfuerzo, es en sí mismo, lo sé, sólo una inmensa desintegración. Este vino, nuestro dolor, aún no es, ¡ay!, más que un brebaje disolvente. Pero, en el fondo de esta masa informe, tú has puesto, estoy seguro de ello porque lo siento, un deseo irresistible y santificador que nos hace gritar a todos, desde los impíos hasta los fieles: «Señor ¡haznos uno!»
Porque, en ausencia del celo espiritual y la sublime pureza de tus Santos, me has dado, Dios mío, una simpatía irresistible por todo lo que se mueve en la materia oscura—porque, irremediablemente, reconozco en mí, más que un hijo del Cielo, un hijo de la Tierra—esta mañana subiré, pensativo, a los lugares altos, cargado de las esperanzas y miserias de mi madre; y allí, fortificado por un sacerdocio que sólo tú, creo, me has dado, sobre todo lo que, en carne humana, está por nacer o perecer bajo el sol que sale, convocaré al Fuego.¶
Pierre Teilhard de Chardin
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*Con escasos ocho días de diferencia, y muy cercanos el uno del otro, morían en 1955 dos titanes del pensamiento occidental. El 18 de abril, en el Hospital de Princeton, Nueva Jersey, expiraba Albert Einstein, de quien es difícil decir algo original que al mismo tiempo sea justo. El primero en despedirse, el 10 del mismo mes—Domingo de Resurrección—en Nueva York, fue Pierre Teilhard de Chardin. Dejaba tras de sí una poderosa y persuasiva visión acerca del sentido del mundo y su evolución, que tenía por eje fundamental la aparición del fenómeno humano. Einstein era el escenógrafo, Teilhard el dramaturgo. Alberto había revelado la estructura y comportamiento del teatro; Pedro narró el drama. (Lecciones disponibles, 25 de octubre de 2007).
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** Puede que sea un importantísimo subproducto de la actividad científica moderna el de proporcionar imágenes para la meditación sobre un Dios al que ya resulta difícil imaginar bajo la forma de un anciano, ataviado con antigua túnica mientras descansa en una nube; un Dios informático para una Era de la Información. (…) Necesitamos, para la Edad Compleja que se ha iniciado, un Dios que pueda comportarse como un ingeniero fractal. La geometría fractal es el territorio de los modelos matemáticos del caos y la complejidad. Como enseñara Benoît Mandelbrot, las estructuras más complejas, como el conjunto que lleva su nombre, pueden ser generadas a partir de ecuaciones simplísimas. (Ver en este blog El dios de Mandelbrot era el de Borges). Bastaría a la superinteligencia de Fredkin desatar el Big Bang con instrucciones de un programa fractal que desplegara la descomunal complejidad del universo. No tendría necesidad de venir al sexto día para hacer una creación especial de la especie humana. Luego, en su colosal memoria, nos preservaría en la condición descrita por Hick: con todas nuestras vivencias, sufrimientos y alegrías, odios y amores. Entonces existiríamos por siempre en alguna de sus divinas neuronas. (Proyecto Fénix: Teología conjetural, 22 de febrero de 2012).
Angela Gheorghiu, soprano extraordinaria (en más de un sentido)
La Musique est plus belle encore que la beautè.
François Couperin (1668-1733)
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Roberto Benigni nos enseñó en lección inolvidable que La vita è bella, como la que construyó para su hijo en el encierro de un campo de concentración. No nos quejemos ahora del nuestro, muy distinto y no tan atroz, parecido al tiempo que Jorge Luis Borges describe en uno de sus dos sonetos a Spinoza: «Las tardes a las tardes son iguales».
Con la belleza no se discute, menos con la de la voz o la estampa de Angela Gheorghiu. Oigamos su hermosa rendición del Ave Maria de la más conocida ópera de Pietro Mascagni, Cavalleria Rusticana, sobre la misma melodía de su famoso Intermezzo:
Ave Maria
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Si algo podemos hacer en estos días de cuarentena es oír música bella, como la que acabamos de escuchar y las que siguen; las llevaría a una isla desierta, donde no hay encierro pero sí soledad.
Como Couperin, Alessandro Marcello (1673-1747) fue compositor del período Barroco, sólo que italiano. (¿Cómo no con ese nombre?). Una de mis piezas favoritas es su Concierto para oboe en Re menor, que tiene un bellísimo movimiento Lento. Acá suena con guitarra en lugar del solista de ese instrumento «de madera»—así sonó en la importante película de 1970, Las fresas de la amargura—, y creo que esa instrumentación es muy preferible. (Federico Chopin dijo famosamente: «Sólo hay algo más hermoso que una guitarra: dos guitarras»). El arreglo es de Ian Freebairn-Smith:
Lento
La mención de Chopin, en el mero centro del Romanticismo, es pretexto para escuchar su precioso Nocturno #19 (op. 72) en Mi menor. Claudio Arrau, gran pianista chileno que hiciera muchos amigos en Venezuela, está a cargo de la ejecución:
Nocturno en Mi menor
Un paso de varias décadas nos lleva un poco más allá, al Romanticismo maduro de Pyotr Illych Tchaikovsky, compositor de inolvidables melodías. El Adagio de la rosa de su ballet La bella durmiente es ciertamente una de las más entrañables, capaz de superar una observación irreverente: el compositor mexicano Gonzalo Curiel plagió al ruso para su famosísimo bolero Vereda tropical. (Pruebe Ud. a cantar en su memoria «es la brisa que viene del mar» para constatar el robo melódico del nacido en Guadalajara). Anatole Fistoulari se hace cargo de la Orquesta Sinfónica de Londres en esta presentación del maravilloso tema:
Adagio de la rosa
El cuarto movimiento de la Suite al estilo antiguo En tiempos de Holberg (Andante religioso), del noruego Edvard Grieg es no sólo bellísimo sino muy tranquilizante; propio, pues, para tiempos angustiados. Si puede haber hermosura como ésa, no hemos perdido todo. (O, alternativamente, puede considerarse esto, venezolanos, en Rayuela de Julio Cortázar: «Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo»). Alfred Gehardt dirige aquí a los músicos de la Orquesta Royal Promenade:
Andante religioso
Herbert von Karajan al frente de su orquesta, la Filarmónica de Berlín, nos entrega ahora la Danza deslizante de las doncellas, la más dulce de las Danzas Polovetsianas que compuso Alexander Borodin para su ópera El Príncipe Igor. (El tema fue adaptado por Robert Wright y George Forrest en el musical Kismet—estrenado en Broadway en 1953 y llevado al cine dos años más tarde—para la canción Stranger in Paradise, con explícito reconocimiento de la autoría del compositor ruso).
Danza deslizante de las doncellas
Es de gran nobleza estética el segundo movimiento, Largo, del Concierto para Violonchelo y Orquesta en Sol menor de Dmitri Kabalevsky, su opus 49. El estupendo solista Yo-Yo Ma es acompañado en esta versión por la sedosa Orquesta de Filadelfia, con la conducción de su más longevo director: Eugene Ormandy.
Largo
El compositor impresionista Ottorino Respighi orquestó estupendamente un tema original para piano de Gioachino Rossini para montar el Nocturno del ballet La boutique fantasque (La juguetería mágica). Esa hermosura nos la entregan ahora Andrew Davis y la Orquesta Sinfónica de Toronto.
Nocturno
Prontos a cerrar esta Musikalisches Opfer, convoquemos de nuevo a Yo-Yo Ma para que interprete una de las piezas más hermosas de toda la música europea: Canciones que me enseñó mi madre, la cuarta de las siete Canciones gitanas del compositor checo Antonín Leopold Dvořák. Lo acompaña Patricia Zander al piano:
Canciones que me enseñó mi madre
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¿Cómo sonaba la música del autor del epígrafe, François Couperin? Seguramente fue el más importante de los músicos franceses del Barroco y muy destacado intérprete del clavecín. Poco dado a la correcta escritura, escribía sin embargo Música con inicial mayúscula, lo que es apropiado para un arte al que calificó atinadamente de más bello que la belleza. Las barricadasmisteriosas para su instrumento de elección, informa Wikipedia, son «un doble sentido que se refiere simultáneamente a la virginidad femenina y las suspensiones armónicas (progresiones) de la música, cuyas figuraciones de laúd son imitadas para producir un enigmático estancamiento». (Llegó a sostenerse, incluso, que aludían a los cinturones de castidad). Bueno, acá está esa misteriosa obra en un rarísimo instrumento, la tiorba, derivada del laúd barroco y con ¡catorce cuerdas! Lo pulsa estupendamente el especialista Francisco López.
Les barricades mysterieuses
Cerremos con un homenaje de Maurice Ravel al compositor que acabamos de escuchar. Comenzando la Primera Guerra Mundial, inició la composición de la suite Le tombeau de Couperin—La tumba de Couperin—, la que concluyó en 1917 (un año antes del comienzo de la Gripe «Española»),* y aquí está Sir Simon Rattle para dirigir a músicos de la Filarmónica de Berlín en este fragmento de la obra de Ravel.
Hasta la próxima. En verdad, nada está perdido hasta que todo esté perdido.LEA
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* La pandemia de gripe de 1918, también conocida como la gripe española, fue una pandemia de gravedad, causada por un brote del virus Influenza A del subtipo H1N1. A diferencia de otras epidemias de gripe que afectan principalmente a niños y ancianos, sus víctimas fueron también jóvenes y adultos saludables, y animales, entre ellos perros y gatos. Se considera la pandemia más devastadora de la historia humana, ya que en solo un año mató entre 20 y 40 millones de personas. (…) Recibió el nombre de gripe española porque la pandemia ocupó una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa, ya que no estaba involucrada en la guerra y por tanto no se censuró la información sobre la enfermedad. Aunque el origen del virus se acepta que fue Estados Unidos—fue el 4 de marzo de 1918 en Camp Funston, uno de los campamentos militares establecidos en Kansas tras el comienzo de la I Guerra Mundial donde se registró el primer caso—, un estudio de 2014 plantea la hipótesis de que el origen de una de las cepas letales del virus pudo estar en Madrid, aunque sin pruebas científicas de que esto fuera así. (Wikipedia en Español).
No estamos para contagios virales pero sí para losmusicales, hechos posibles por la magia conectiva de Internet. Tres ejemplos bastan para ilustrar lo benéficos que son estos últimos, precisamente en tiempos de pandemia y aislamiento. El primero—O Canada—lo provee un coro virtual de la Escuela Inglesa—canadiense—del Distrito de Terranova y Labrador, las provincias más norteñas (¡qué frío!) de la costa este de Canadá.
El segundo lo proporciona el CorpsdeBallet de la Ópera Nacional de París, distanciado socialmente aunque no emocionalmente. Sus miembros danzan para todos nosotros Montescos y Capuletos—del ballet Romeo y Julieta con música de Sergio Prokofiev—, uno de sus números más estimulantes.
Finalmente, el joven violinista venezolano (merideño) Igor García corona esta oferta con una increíble versión de Pajarillo,* pieza que todos conocemos pero que nunca habíamos oído ejecutada de tan virtuosa, tan asombrosa manera.
La pandemia está sacando a la superficie lo mejor de la humanidad. LEA
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* Un pajarillo es una pieza para joropo, el baile típico venezolano, construida sobre una escala menor. Nuestra arpa llanera, a diferencia de la clásica, sólo puede afinarse para que suenen notas de una determinada escala mayor o una menor. Una pieza con notas de una escala mayor recibe el nombre de seis. (Seis por derecho, por ejemplo).
La primera ópera que escuché por completo en mi vida fue Cavalleria rusticana, de Pietro Mascagni. Mi tío materno, Edgar Corothie Chenel, era más cultor de ópera que de música sinfónica, y una tarde de 1958 preparó una doble tanda que empezó por la nombrada y concluyó con Pagliacci, de Ruggiero Leoncavallo. Ambas óperas, más bien breves, habían sido grabadas por RCA Victor, convenientemente, en un solo álbum, así que mi tío presentó la doble audición como algo natural. Ambas, por otra parte, confiaban el papel de tenor principal a Jussi Bjoerling, la voz de titanio que era la favorita de mi tío y pronto sería la mía. Si bien creo que Payasos es mejor ópera que Caballerosidad rústica, me sobrecogió esa tarde tempranera un particular número de ésta: el coro de Pascua Innegiamo, il Signor é risorto. (La acción de la obra de Mascagni transcurre en Domingo de Resurrección). Éstos son sus versos:
Inneggiamo, il Signor non è morto! Ei fulgente ha dischiuso l’avel, inneggiamo al Signore risorto oggi asceso alla gloria del Ciel! (Cantemos himnos, ¡el Señor no ha muerto! Radiante ha abierto la tumba, cantemos himnos al Señor resucitado, ascendido este día a la gloria del Cielo).
Y acá está precisamente ese hermosísimo trozo en las voces que oí aquella tarde, acompañadas de la Orquesta RCA Victor y la Coral Robert Shaw bajo la dirección general de Renato Cellini. (La voz de mezzosoprano que se escucha sobre el coro es la de Margaret Roggero, quien cantó la parte de Mamma Lucia).
Franco Zeffirelli llevó Cavalleria rusticana al cine en 1982. He aquí la escena del Himno de Pascua, gracias a YouTube, con un sonido muchísimo mejor que el de RCA Victor hace casi setenta años, y un realismo y amplitud visual como es imposible lograr en el más grande de los teatros:
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Mi tío Edgar estuvo entre los invitados a mi casamiento con Cecilia Ignacia Sucre Anderson, a quien preguntó con su proverbial imprudencia: «¿A ti te gusta la ópera?» Nacha reaccionó monosilábicamente: «No», y su tío político, a quien acababa de conocer, sentenció más imprudentemente aún: «Le doy seis meses a este matrimonio». * Dentro de dieciséis días cumpliremos 41 años de casados, y Edgar Corothie, químico y melómano, quien me abriera las puertas operísticas, ha fallecido hace tiempo. Ojalá, como il Signor, resucite el Día del Juicio Final. LEA
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* Una invitada especialísima, madrina del matrimonio de mi señora y yo, Gisela Marrero Santana, y por razones distintas a las de Edgar, apostó una caja de champaña a que la duración de la pareja de casados no pasaría de seis meses. Aún no ha pagado ni un botellón de Coca-Cola.
Acá apuesto a que los lectores disponen de tiempo para disfrutar una nutrida ofrenda musical. Las piezas son todas del maravilloso compositor armenio (Tiflis 1903) Aram Khachaturian (pronunciado Jachaturián), que falleciera en Moscú en 1978. Para que sepamos de quién hablamos, pongamos de una vez la pieza que hemos oído todos, la vigorosa y vivaz Danza de los sables del ballet Gayané, a cargo de Simon Rattle y la Orquesta Filarmónica de Berlín:
Danza de los sables
Ese ballet tiene más de un número venerable; su Adagio, por caso, que Stanley Kubrick utilizara en la musicalización de su magistral película 2001: Odisea del espacio, cuando logró que Gennadi Rozhdestvensky se pusiera al frente de la Orquesta Filarmónica de Leningrado, una conjunción perfecta que lo interpreta a continuación:
Adagio
De Gayané es asimismo esta hermosa Canción de cuna, llena de los giros armónico-melódicos característicos de la música de Khachaturian, obviamente cercano-orientales, evidentemente armenios. Nos la regalan la Orquesta Sinfónica de Londres y nadie menos que Antal Dorati como director:
Canción de cuna
Hablando de esos giros, acá son evidentes en las Danzas armenias I y II de nuestro compositor de hoy, tocadas por el Conjunto de Vientos Eastman que conduce Frederick Fennell:
Danzas armenias (I & II)
Mascarada es música incidental para una obra de teatro del mismo nombre, escrita por Mikhail Lermontov. De aquélla extrajo Khachaturian una suite sinfónica de cinco movimientos, de los que ponemos acá dos: su Vals—a juicio de quien escribe, el vals más sabroso del mundo, que parece al inicio no decidirse a arrancar—y su vibrante Mazurca, igualmente sabrosa. (¿Qué tiene de malo la sabrosura?) El primero es interpretado aquí por Kiril Kondrashin al frente de la Orquesta de la RCA Victor; la segunda por la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la conducción de Stanley Black:
Vals
Mazurca
Khachaturian no sólo compuso para ballet o para acompañamiento de obras de teatro; su producción incluye también sinfonías (tres) y conciertos (de piano, de violín y de violonchelo), obras para voces y orquesta, una colección de piezas para piano y varias de musicalización de películas. La segunda de sus sinfonías, en Mi menor, lleva por nombre Sinfonía de la Campana, de la que ofrezco su cuarto y último movimiento: Andante mosso – Allegro sostenuto, maestoso, cuyo cierre explica la designación indicada. El propio compositor manda a los virtuosos ejecutantes de la Orquesta Filarmónica de Viena:
Andante mosso – Allegro sostenuto, maestoso
Y de su Concierto para violín y orquesta en Re menor—hay una versión en la que la flauta toma el lugar del violín—escuchemos su hermosísimo segundo movimiento (Andante sostenuto), el que incluye un espectacular e inesperado clímax—acá irrumpe el sobrecogedor tutti orquestal a los 10′ 13″—, en la lujosa ejecución de Leonid Kogan con el acompañamiento de la muy fina Orquesta Sinfónica de Boston bajo la batuta del gran maestro Pierre Monteux:
Andante sostenuto
Volvamos a su música para ballet, especialísima. Espartaco es una composición de 1955, y de ahí traigo dos de sus números; primeramente, la Variación de Aegina y bacanal, con el autor de nuevo como director de la Orquesta Filarmónica de Viena (la misma combinación en el número que sigue, la pièce de résistance).
Variación de Aegina y bacanal
El cierre (con bis, advierto a tiempo): el Adagio de Espartaco y Frigia, seguramente el más hermoso de sus excepcionales temas, cuya belleza exigía el clímax que se construye a partir de los 6 minutos con 34 segundos de esta versión inigualable de la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida por Aram Khachaturian:
Bis, encore, advertí. El mismo Adagio por la Orquesta Filarmónica de Berlín dirigida por el rumano Ion Marin. Algo, no mucho, más lenta que la conducción del propio compositor, pero en una extraordinaria experiencia audiovisual registrada en 2010 en el escenario del descomunal Waldbühne (Escenario del bosque), el anfiteatro construido en 1936 en las afueras de Berlín con capacidad para 22.000 asistentes. Recomendación: es para ver el video a pantalla completa.
Valía la pena escuchar esa belleza por segunda vez. ¿No es así? Nadie como el inconfundible Khachaturian ha pintado musicalmente el amor de hombre y mujer. LEA
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¡Actualización de emergencia!Una turba fuera de control optó por ignorar el distanciamiento social e hizo airada presencia en la calle frente a mi casa, para protestar porque no hubiera incluido en esta entrega el Concierto para piano y orquesta en Re bemol mayor de Khachaturian. He decidido, por mi seguridad y la de los míos y a diferencia de Nicolás Maduro, oír al Pueblo, que en elocuente cabildo abierto expresó su inconformidad. No pienso arriesgarme poniendo, como en el caso de la Sinfonía de la Campana y el Concierto de Violín, sólo un movimiento, de modo que acá está entero. La versión acá colocada es la muy extraordinaria ejecución de Alicia De Larrocha—por aquello del «amor de hombre y mujer»—, acompañada por la Orquesta Filarmónica de Londres, conducida por el también español Rafael Frühbeck de Burgos. (Oí este concierto por primera vez en el Teatro Municipal, con el competente venezolano Humberto Castillo al piano y Pedro Antonio Ríos Reyna como director de la Orquesta Sinfónica Venezuela).
No es común escuchar la presencia de una «sierra musical—especificada por el compositor en el segundo movimiento—, de modo que esta versión es enteramente fiel a la orquestación original. («La sierra musical u hoja sonora es una lámina de acero que, frotada con un arco, produce un sonido que puede ser modulado por la tensión y la curvatura de la sierra a partir de la presión de la mano».Wikipedia en Español). Puede escuchársela desde los 2 minutos y 41 segundos del inicio del movimiento hasta los 4 minutos y 22 segundos.
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