James Bond ha muerto hoy mientras dormía en Nassau, Islas Bahamas. Tenía 90 años de edad y su hijo ha informado que últimamente se sentía mal. Es ahora un gentío distribuido por todo el planeta el que se se siente mal con su partida.
Thomas Sean Connery (Edimburgo, Escocia; 25 de agosto de 1930-Nasáu, Bahamas; 30 de octubre de 2020), conocido artísticamente como Sean Connery, fue un actor y productor de cine británico, que ganó, entre otros premios, un premio Óscar, dos premios BAFTA (uno de ellos un BAFTA Academy Fellowship Award) y tres premios Globo de Oro (uno de ellos un premio Cecil B. DeMille a la trayectoria). Gran parte de su fama fue gracias a su personaje de James Bond, que interpretó en siete películas entre 1962 y 1983 (seis películas producidas por Eon Productions, así como Nunca digas nunca jamás, una nueva versión de Operación Trueno producida por Warner Bros.). En 1988, Connery ganó el premio Óscar al Mejor Actor de Reparto por su papel en The Untouchables. Su carrera en el cine también incluye películas tales como Marnie, Robin y Marian, The League of Extraordinary Gentlemen, Indiana Jones y la última cruzada, La caza del Octubre Rojo, El hombre que pudo reinar, El nombre de la Rosa, Highlander, Asesinato en el Orient Express, Dragonheart: corazón de dragón, y La Roca. Sean Connery fue nombrado «Knight Bachelor» por la reina Isabel II en julio de 2000. Connery ha sido encuestado como «The Greatest Living Scot» («El escocés más grande»). En 1989, fue proclamado como «The Sexiest Man Alive» («El hombre vivo más sexy») por la revista People, y en 1999, a los 69 años, fue votado como «The Sexiest Man of the Century» («El hombre más sexy del siglo»).(Wikipedia en Español).
Una grabación de lujo
Una de las características más apreciadas de Connery era su profunda voz de barítono, la que retumbó en Hollywood, por ejemplo, al anunciar el Premio Oscar a la mejor película de 1997 para Titanic. Fue esa cualidad vocal la que lo llevó a acompañar al vivaz director húngaro Antal Doráti y la Orquesta Filarmónica Real inglesa, con su perfecta dicción, en locución descriptiva para una grabación de la obra de Benjamin Britten, Guía de los jóvenes a la orquesta, op. 34.* Es esta versión de la más famosa pieza pedagógica de la historia musical la que se pone a continuación, en conmemoración agradecida por su noble trayectoria actoral:
Guía de los jóvenes a la orquesta
Gracias, Sir Sean. LEA
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* El álbum trae también la voz de Connery en la narración de Pedro y el lobo, un cuento ruso que Sergei Prokofiev musicalizara. He aquí el final de la obra (con la voz de Connery queda al principio, para no alertar al lobo):
El país, que sufre agudos dolores y privaciones, está atrapado en la tenaza de la perniciosidad del gobierno y la incompetencia de la oposición, mientras ambos se pegan mutuamente etiquetas en las solapas: ¡Dictadura! ¡Fascismo! Pobre país.
Éstos son tiempos de intenso dolor venezolano, por consiguiente apropiados para el consuelo, y si algo tiene virtud balsámica es la bella música de sustancia noble. He aquí cuatro piezas que pueden causar en nosotros el efecto deseado.
Primeramente, una de las piezas que Franz Liszt llamó Consolaciones, la más hermosa y famosa de ellas, la #3 en Re bemol mayor. Es Peter Katin el ejecutante de esta interpretación:
Consolación #3
Luego, propongo que escuchemos el coro que cierra el Requiem de Gabriel Fauré. Entre las misas de difuntos que conozco, éste es el único que concluye en nota optimista, pues su número final se llama In Paradisum. (En el Paraíso, y no precisamente el de la Cota 905 de Caracas). Está a cargo del Coro del King’s College de Cambridge:
In Paradisum
A continuación, escuchemos el tema sereno de Tod und Verklärung (Muerte y transfiguración) de Richard Strauss. «La música representa la muerte de un artista. A petición de Strauss, ésta se describe en un poema por el amigo del compositor Alexander Ritter como una interpretación de la Muerte y Transfiguración, después de que fuera compuesta. Mientras yace moribundo, pensamientos de su vida pasan por su cabeza: la inocencia de su infancia, las luchas de su hombría, la consecución de sus metas mundanas; y al final, recibe la ansiada transfiguración ‘del alcance infinito de los cielos'». (Wikipedia en Español). Esta versión es de la Orquesta Filarmónica de Berlín, bajo la batuta de Herbert von Karajan:
Muerte y transfiguración
Por último, Eugene Ormandy dirige a la Orquesta de Filadelfia en la primera de las Danzas Sinfónicas de Sergei Rachmaninoff: Non allegro. Comienza con un motivo melancólico en las maderas, contrapuesto a rápidas ráfagas de los violines, para dar paso a la música más enérgica y poderosa que compusiera el ruso—¿simbolizará nuestra protesta?—, seguida de un tema de gran belleza, expuesto inicialmente por un saxofón. Luego retoma el discurso en voz alta, airada y explosiva. Esto sucede hasta que emerge, justamente a los diez minutos del inicio, uno de los temas más hermosos que inventara «el hombre que sudaba melodías». Rachmaninoff no lo emplea sino allí, brevemente, pero su emergencia logra calmar la violencia general de la composición, que concluye apaciblemente.
Non allegro
Cerré una entrada musical del año pasado—Partitura del Pueblo, 4 de agosto de 2019—con estas palabras:
Eso sí es una ruta: la del Pueblo de Venezuela, que debe hablar desde la belleza de su supraconstitucionalidad, desde la seguridad de su fuerza, que no requiere violencia o insulto, que no necesita condenar sino mandar serenamente, lo que es ciertamente preferible a protestar o execrar.
(Invito a la consulta de otra entrada de este año:Los propios venezolanos, 7 de julio de 2020). LEA
Cartel original de una ópera perfecta de Giacomo Puccini
No me percaté—el 12 de abril de este año—de una década exacta de la primera entrada musical en este blog: La tesis de la elegancia. La de hoy es por lo tanto una conmemoración tardía, lo que compenso al traer acá una cumbre de hermosura: todo el Acto Tercero de La bohème. El archivo de audio colocado abajo es de la versión que escuchara primero, con las voces supremas de Victoria de los Ángeles, Jussi Bjoerling y Robert Merrill en los papeles de Mimí, Rodolfo y Marcello. (Sir Thomas Beecham dirigió la Orquesta de la RCA Victor en esa magnífica grabación).
Wikipedia en Español nos informa: «La historia se ambienta en París en el período alrededor del año 1830, en el que un grupo de jóvenes artistas comparten una casa en el Barrio Latino, y con ello su amistad, ilusiones y amores. Se centra esencialmente en el amor entre la modista llamada Mimí y el poeta Rodolfo. Se enamoran nada más conocerse, pero Rodolfo más tarde quiere dejar a Mimí por su comportamiento coqueto. Sin embargo, Mimí está mortalmente enferma y Rodolfo se siente culpable, pues su vida juntos ha empeorado su salud aún más. Se unen de nuevo por un breve momento antes de que ella muera».
Y esto explica del Tercer Acto (Quadro):
Los vendedores ambulantes pasan la barrera y entran en la ciudad. Entre ellos está Mimí, tosiendo violentamente. Intenta encontrar a Marcello, quien vive en una pequeña taberna cercana donde él pinta anuncios para el tabernero. Ella le cuenta lo difícil que se ha vuelto la vida con Rodolfo, que ha abandonado la casa la noche anterior (aria: O buon Marcello, aiuto! / «¡Oh, buen Marcello, ayuda!»). Marcello le cuenta que Rodolfo está durmiendo en la taberna donde él vive también. Rodolfo, que acaba de despertar y busca a Marcello, entra en escena. Mimí rápidamente se oculta y oye a Rodolfo decirle primero a Marcello que ha abandonado a Mimí debido a que es demasiado coqueta con otros hombres, pero luego confiesa que él tiene miedo de que ella esté consumiéndose lentamente por una enfermedad mortal (muy probablemente tuberculosis, conocida por la palabra comodín «consunción» en el siglo XIX). Rodolfo, en su pobreza, poco puede hacer por ayudar a Mimí y decidió fingir no amarla más para que ésta se olvide de él y se vaya a vivir con otro hombre que pueda proporcionarle un modo de vida más confortable (¡Mimí e tanto malata! / «¡Mimí está tan enferma!»). Marcello, preocupado por Mimí intenta hacerle callar, pero ella ya lo ha escuchado todo y se descubre a sí misma cuando tose violentamente. Marcello les deja para volver con Musetta. Rodolfo y Mimí cantan a su amor perdido. Planean separarse amistosamente (Mimí: Donde lieta usci / «Donde feliz salí»), pero su amor mutuo es demasiado fuerte. Llegan a un compromiso: deciden permanecer juntos hasta que llegue la estación de las flores, la primavera, cuando el mundo revive de nuevo y nadie se siente verdaderamente solo. Mientras tanto, Marcello se ha unido con Musetta, y en la distancia se escucha su feroz discusión: un contrapunto opuesto a la reconciliación de la otra pareja (cuarteto de Mimí, Rodolfo, Musetta, Marcello: Addio dolce svegliare alla mattina! / «Adiós, dulces despertares por la mañana!»).
Pienso que dramática y musicalmente ese acto es la cima de la composición de Puccini, sin ignorar que «sobre gustos y colores…» LEA
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En este enlace puede descargarse el libreto de ese tercer acto—con traducción española—para aquél que quiera escuchar siguiendo la letra: La-Boheme-Libreto-Acto III
De izquierda a derecha, Vera Roos de Zitman, Rafael Sylva Moreno, Cornelis Zitman y Elizabeth Larrazábal a la mesa en la boda civil de Nacha Sucre—de pie—y el suscrito el 28 de abril de 1979. (Sobreviven las damas).
En Día de la Toma de la Bastilla, a los amigos que me quedan
Cornelis y Rafael ya no están; se han ido. A ambos los he recordado varias veces en este blog: al primero, por ejemplo, en El holandés errante hace doce días, y a Nuestro insólito Rafael Sylva el 18 de enero de 2018. Mi entrañable compinche Eduardo Quintana Benshimol tampoco está entre nosotros. Alguna vez (1974) me curó una decepción amorosa ¡al explicarme la «dialéctica del Señor y el Siervo» expuesta por G. W. F. Hegel en La Fenomenología del Espíritu! Así lo recordaba el 4 de marzo de 2012 en Memorias lógico físicas:
Conocí a mi esposa el 11 de mayo de 1976. Andrés Ignacio Sucre, su primo hermano, quien había sido mi alumno en la Universidad Metropolitana en su primera sede de San Bernardino, compartía conmigo amistad y gusto por la buena música. (…) Me invitó a su casa en la fecha mencionada para escuchar el concierto aniversario de un coro a cuatro voces que dirigía, con sabrosura característica, mi amigo de adolescencia y compadre, Eduardo Plaza Aurrecoechea. (…) Bueno, el día anterior, sin sospechar siquiera la existencia de Cecilia Ignacia Sucre, me encontraba en la oficina que compartía con Eduardo Quintana Benshimol, filósofo, y Juan Forster Bonini, químico.(…) El 10 de mayo de 1976 yo jugaba con la tabla de verdad (…) de la función lógica de implicación: si A, entonces B. (…) De esto trataba mi ociosidad de aquel día, y al anotarla en un Level Book S 1136—un cuaderno de topógrafos que mi padre me había regalado—, la mostré a Eduardo Quintana y le pedí que certificara con su firma el paradójico hallazgo.
Eduardo Quintana, de barba, entre su esposa, Adriana Calebotta (a su derecha) y Haydeé Farías, esposa de Diego Bautista Urbaneja (al extremo izquierdo), quien afortunadamente sobrevive como las esposas de ambos y Nacha y yo, que completamos el grupo en nuestra celebración de casamiento.
Eduardo Plaza Aurrecoechea
El otro Eduardo se me ha ido también. Eduardo Plaza fue la más antigua de esas intensas amistades/privilegio—entreverada sobre múltiples parentescos de afinidad—y la segunda en desaparecer, y a los pocos días de mi instantáneo enamoramiento de Nacha Sucre fui a asegurarme de que él, quien la había conocido primero, no estuviera sentimentalmente interesado en ella, presto a reconocerle un cierto derecho de prelación. Gracias a Dios, me tranquilizó al respecto, y eso fue lo más cerca que haya yo estado del sacrificio de Zurga y Nadir, los protagonistas de Los pescadores de perlas, la ópera de Georges Bizet que se estrenara en 1863. Estos dos personajes se han enamorado de la misma mujer—la sacerdotisa Leïla—, y su profunda amistad les empuja al juramento de ser amigos por siempre y a renunciar ambos a ella. He aquí su hermosísima aria Au fond du temple saint,* en las voces de Robert Merrill (Zurga) y Jussi Bjoerling (Nadir), quienes en la vida real cantaron juntos muchas veces y fueron grandes amigos:
Al fondo del templo santo
Au fond du temple saint Parée de fleurs et d’or Une femme apparaît! Je crois la voir encore! Une femme apparaît! Je crois la voir encore!
La foule prosternée La regarde, etonnée Et murmure tous bas Voyez, c’est la déesse! Qui dans l’ombre se dresse Et vers nous tend les bras!
Son voile se souleve! Ô vision! Ô reve! La foule est à genoux!
Oui, c’est elle! C’est la déesse Plus charmante et plus belle! Oui, c’est elle! C’est la déesse Qui descend parmi nous! Son voile se souleve et la foule est à genoux!
Mais à travers la foule Elle s’ouvre un passage! Son long voile dejà Nous cache son visage! Mon regard,…
Pudiéramos escucharla de nuevo en interpretación del grupo que se hace llamar apropiadamente, en feliz conjunción ítalo-inglesa, Amici Forever (Amigos por Siempre):
Bis
Está bien, una vez más pero sin palabras. Martin Zonnenberg y Martin Mans nos ofrecen el aria ahora en teclados de piano y órgano. La pieza funciona también en versión instrumental:
Bis 2
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Gracias, Eduardo I; gracias Eduardo II; gracias Rafael; gracias Cornelis. Que consintieran en ofrecerme amistad fue una cuádruple y abundante cascada de fresca agua bendita, en la que me bañé cada vez que pude. LEA
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* Escuché por primera vez el aria de Bizet, por casualidad, en 1975. Entré a una librería londinense que la hacía sonar en su piso superior, destinado a ofrecer discos a la venta, y quedé clavado en el sitio, sobrecogido por su belleza. Un dependiente a quien pedí ayuda me informó acerca del nombre de la obra y salí de allí con el álbum de Los pescadores de perlas bajo el brazo. (En mi adolescencia, el doble tocayo y vecino Luis Enrique Doguis Jelambi, fallecido—otro más—prematuramente, cuyo padre era un consumado melómano, mencionó el nombre de la ópera cuando oíamos la obertura de la ópera Carmen, del mismo compositor, a mediados de los años cincuenta).
Asenté sobre Sergiu Celibidache enIchi-go Ichi-e, el 20 de enero de este año peculiar:
…sus interpretaciones no tienen parangón en un aspecto fundamental: el de la definición instrumental. No conozco otras grabaciones, que no sean las suyas, que permitan la percepción de las distintas partes orquestales aun dentro de la más compleja textura; en los pasajes más ricamente orquestados, el aporte de cada instrumento o grupo instrumental se percibe con la mayor claridad, como un arroz cocido a la perfección para lograr granos totalmente separados.
He aquí otra obra dirigida por él, en comando de la Filarmónica de Munich, su orquesta. Se trata de la Sinfonía Clásica de Sergei Prokofiev (1891-1953), la primera de sus siete sinfonías, compuesta entre los años de guerra 1916 y 1917 y estrenada bajo su dirección en San Petersburgo el 21 de abril de 1918, casi siete meses antes del término de la primera conflagración mundial y en medio de la Revolución de Octubre y la gran pandemia de ese año, que cobró al menos cincuenta millones de vidas, bastantes más que los soldados y civiles muertos en la guerra. (9 y 13 millones, respectivamente). La obra es explícita paráfrasis del estilo musical de Haydn y Mozart, ambos compositores del período clásico. Éstos son sus movimientos:
1. Allegro 2. Larghetto 3. Gavotta: Non Troppo Allegro 4. Finale: Molto Vivace
La dedicatoria de esta entrada se explica de este modo: en la casa de Héctor Eduardo Arcia en la Avenida Principal de Las Palmas, en una tarde de 1956, escuché esta obra, puesta sigilosamente por él en ausencia de su padre, quien la apreciaba mucho. Su aparato de sonido era de mayor calidad que el mío, y degusté la pieza que ya conocía, esta vez en sus detalles (la oímos dos veces), para mucha y mutua felicidad.
Debo mi agradecimiento a Sergio, Sergiu y Héctor. LEA
Hoy es Domingo de Pandemia—no de Pascua—, otro más, y creo que podemos recibirlo con música. No se me ocurre nada mejor que hacerlo con la cantata escénica Carmina Burana, la magistral e incomparable composición de Carl Orff (1895-1982).
El nombre completo de la obra es, en latín, Carmina* Burana: Cantiones profanae cantoribus et choris cantandæ comitantibus instrumentis atque imaginibus magicis (Canciones del Beuern: canciones seculares para solistas y coros para ser cantadas junto con instrumentos e imágenes mágicas). Compuesta entre 1935 y 1936, ha dominado la música occidental con su poder y su belleza. Orff se tropezó en 1934 con la edición de 1847 de Carmina Burana de Johann Andreas Schmeller, con textos de los siglos XI y XII que fueran encontrados en la abadía benedictina del Beuern, una localidad en Baviera, Alemania. (Benediktbeuern es el nombre alemán; su gentilicio en latín medieval es Buria, y el adjetivo derivado es Burana).
La abadía benedictina. (Foto: Rufus46).
Carmina Burana es parte del tríptico Trionfi, que incluye además las obras menos conocidas e interpretadas de Catulli Carmina e Il Trionfo d’Afrodita. Buena parte de sus textos es de contenido erótico, en la tradición del Decamerón de Giovanni Boccaccio o, mejor, los Cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer. Son mis pasajes favoritos O Fortuna y la canción para soprano In trutina, cuyo texto dice:
In trutina mentis dubia / fluctuant contraria / lascivus amor et pudicitia / Sed eligo quod video / collum iugo prebeo / ad iugum tamen / suave transeo. (En la duda de mi mente se equilibran el amor lascivo** y la castidad. Pero elijo lo que veo y me someto al suave yugo).
He aquí una estupenda interpretación de la dulce melodía por Sarah Brightman, acompañada por la Orquesta Sinfónica de Londres que dirige Paul Bateman:
In trutina
En cambio, O fortuna es la poderosa sección que abre y cierra la obra—como la rueda de la fortuna que gira—, acá toda a cargo de una monumental agrupación de cantantes del Coro Shin-Yu Kai y el Coro de Niños del Estado de Berlín junto con ejecutantes de la Orquesta Filarmónica de Berlín, dirigida por Seiji Ozawa con una energía y una vivacidad que no encuentro en otras versiones:
Y sí: ¡feliz domingo! LEA
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* El singular de Carmina es Carmen, «un nombre propio femenino, del hebreo כרמלKarmel (Monte Carmelo); o del latín Canto, Música, Poema, Conjuro, Hechizo». (Wikipedia en Español). Por eso es tan apropiado ese nombre para la más famosa ópera de Georges Bizet, que P. I. Tchaikovsky tocaba frecuentemente al piano por las noches para solazarse. (No había discos de ninguna tecnología en su tiempo, y tampoco emisoras FM).
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** De lascivia: «Propensión a los deleites carnales». (Diccionario de la Lengua Española).
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Bueno, encore, justificado por esta declaración de arriba: «Son mis pasajes favoritos O Fortuna… (…) …la poderosa sección que abre y cierra la obra…» El domingo 14 de octubre de 2018, mi señora y yo tuvimos, oh fortuna, la inmensa suerte de asistir a un concierto espectacular de la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, conducida por Elisa Vegas, y un coro de doscientas voces a cargo de Ana María Raga. Vive les femmes! Éste fue su afortunado final:
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