el blog de luis enrique alcalá de sucre

la política como arte de carácter médico (y otras cosas)

Píntame angelitos negros

El problema con el que todos convivimos

 

A Teunis Felipe Stolk

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El problema con el que todos convivimos es una pintura del artista estadounidense Norman Rockwell del año 1964. Está considerada una imagen icónica del Movimiento por los Derechos Civiles en los Estados Unidos.​ Describe a Ruby Bridges, una niña afroestadounidense de seis años, en su camino a la escuela primaria William Franz, una escuela pública para niños de piel blanca, el 14 de noviembre de 1960, durante la crisis de desegregación escolar de Nueva Orleans. Debido a amenazas y violencia contra ella, está escoltada por cuatro agentes federales. La pintura está encuadrada de tal manera que las cabezas de los agentes están recortadas en los hombros.​ En la pared detrás de ella está escrito el insulto racial «nigger» y las letras «KKK»; también se ve un tomate aplastado y salpicado lanzado contra la pared. Los manifestantes blancos no son visibles, ya que el espectador está mirando la escena desde su punto de vista. La pintura fue realizada al óleo sobre tela y mide 91 cm de largo por 150 cm de ancho. La pintura fue originalmente publicada el 14 de enero de 1964 en la revista Look.

Wikipedia en Español

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El vestido blanco de la pintura de Rockwell fue escogencia del artista para simbolizar la pureza de la niña, cuya integración en una escuela de Luisiana requirió la protección de los agentes federales. Como muestra una fotografía de la ocasión, Ruby usaba un uniforme distinto a la salida del establecimiento escolar, aunque una flor blanca adornaba su pelo:

 

Hace 60 años, Nueva Orleans alcanzó su población histórica máxima, como nos informa Google. Entonces la población de tez morena era casi el 60% del total:

 

Por sugerencia de Ruby Bridges, Barack Obama exhibió la pintura de Rockwell en un pasillo de la Casa Blanca entre julio y octubre de 2011. Tal vez habría hecho eso, en el mismo año de creación del cuadro, John Fitzgerald Keneddy, de no haber sido asesinado un año antes. (Como lo serían, en 1968, su propio hermano Robert y el catire Martin Luther King).

Ruby Bridges y Barack Obama observan el cuadro de Rockwell colgado en la Casa Blanca

 

Fue, pues, Norman Rockwell quien terminara complaciendo la petición de Andrés Eloy Blanco, que publicara en 1944—veinte años antes de la epopeya de Ruby Bridges—Píntame angelitos negros. Éstas son cuatro de sus estrofas:

Pintor de santos de alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos
no te acuerdas de tu pueblo,
que cuando pintas tus Vírgenes
pintas angelitos bellos,
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro.

 

Pintor nacido en mi tierra,
con el pincel extranjero,
pintor que sigues el rumbo
de tantos pintores viejos,
aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.

 

¿No hay un pintor que pintara
angelitos de mi pueblo?
Yo quiero angelitos blancos
con angelitos morenos.
Ángel de buena familia
no basta para mi cielo.

 

Si queda un pintor de santos,
si queda un pintor de cielos,
que haga el cielo de mi tierra,
con los tonos de mi pueblo,
con su ángel de perla fina,
con su ángel de medio pelo,
con sus ángeles catires,
con sus ángeles morenos,
con sus angelitos blancos,
con sus angelitos indios,
con sus angelitos negros,
que vayan comiendo mango
por las barriadas del cielo.

 

Acá suena la voz del poeta recitando su inmortal composición:

 

 

LEA

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Actualizaciones:

1. José Luis Revenga me ha recordado la canción Angelitos negros—compuesta por Manuel Álvarez Rentería—en la versión de la popularísima cantante Eartha Kitt. Hela aquí:

 

 

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2. The New York Times NOTICIA DE ÚLTIMA HORA En un fallo histórico, la Corte Suprema determinó que una ley de derechos civiles de 1964 protege a trabajadores L.G.B.T. de la discriminación. Lunes 15 de junio de 2020 10:22 AM EST El caso se refería al Título VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964, que prohíbe la discriminación laboral por motivos de raza, religión, origen nacional y sexo. El voto fue de 6 a 3, con el juez Neil M. Gorsuch como redactor de la opinión mayoritaria. Se le unió el Presidente del Tribunal Supremo, John G. Roberts Jr.

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Coloquios de Juan Griego

Atardecer en Juan Griego

 

A fines de 2011, jugaba con la idea de «novelar» conceptos de Política, para hacerlos más asequibles, con la invención de un grupo de asistentes a un taller de un profesor asimismo inventado a quien llamé Santiago De Las Casas. A éste lo maté en un accidente aéreo que en verdad—ese sí—ocurrió: «[Santiago] tomó el vuelo 5022 de Spanair entre Madrid y Gran Canaria el 20 de agosto de 2008. El avión MD-82, de McDonnell-Douglas, no pudo abrir los flaps para el despegue desde Barajas y se fue al suelo a destrozarse. Santiago estaba entre los 154 muertos del total de 172 personas que en él viajaban». (Acá está en archivo .pdf la introducción del grupo de sesiones del taller cuyas «minutas»—que reuniría bajo el título de Coloquios de Juan Griego—nunca completé a pesar del estímulo de José Rafael Revenga y Victoria Destefano: Introducción). Lo que sigue es una relación del encuentro inicial del fantástico grupo, pretendidamente escrita por un inexistente José Antonio Caballero Díaz, cuyas iniciales la calzan. LEA

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ANTESALA

 

Llegué a la casa donde nos citara el profesor De Las Casas a las 8 y 40 minutos de la mañana, dispuesto a ser más que puntual para la cita de las 9, cuando se iniciaría el coloquio sobre política. Como lo vi dando vueltas por el porche, me atreví a acercarme y presentarme. De Las Casas era un hombre delgado y alto, aunque no demasiado, de tez bronceada y algo más de sesenta años de edad y contextura fuerte. Me saludó afablemente con un suave acento de español y me invitó a pasar y sentarme en la sala; allí tendrían lugar las reuniones. Me indicó que había café recién hecho en una mesa lateral y luego pidió permiso para retirarse unos minutos al interior de su habitación, y me encareció que recibiera a los demás visitantes y les ofreciera café mientras él hacía una llamada internacional.

Quedé solo, pues, en la sala de la casa, que unos pocos afiches de lugares varios de España adornaban. Ella era asimismo comedor; a su costado derecho, si uno veía el espacio desde la entrada, una mesa que podía sentar seis personas lucía limpia ante un mueble auxiliar adosado a una pared. A la izquierda de ésta, una puerta abierta permitía una mirada a parte de la cocina.

Al retirarse el anfitrión, me puse en pie y fui directamente a servirme un café, que tomé de pie mientras daba una ojeada al recinto. Luego fui a sentarme en una butaca secundaria, justamente a la derecha de la puerta de entrada, inferior en comodidad a una poltrona que destacaba a mi lado derecho como asiento principal, que presumí De Las Casas usaría. Al lado de mi asiento, ganado con mi temprana llegada, coloqué el maletín que había llevado conmigo; en él, dos libretas grandes, un grabador digital, cinco copias de la transcripción de una charla del profesor—Nociones elementales de Política—que yo había editado, dos de un trabajo mío del año pasado—La crisis de la política—, mi teléfono celular y un laptop Lenovo formaban mi arsenal. Extraje del maletín una copia del trabajo del profesor y comencé a releer lo que ya sabía de memoria.

Al poco rato, volví la mirada a la sala y procuré imaginar dónde querrían sentarse los restantes miembros del grupo. Quedaban libres dos sillas de cuero y estilo escandinavo, a la derecha de la poltrona magisterial, y un sofá de tres puestos frente a ella y la butaca en la que me sentaba. Entre éstas, un pizarrón blanco estaba obviamente dispuesto para el trabajo. Sabía los nombres de los faltantes, pues De Las Casas había enviado un correo con las instrucciones finales a todos los convocados. Hernán Delgado Franklin, supuse, tomaría la silla escandinava más próxima a De Las Casas, separado por otra idéntica del sofá donde, seguramente, se sentarían frente al profesor las dos damas: Graciela Sánchez Perdomo y Elena Ripamonti Arvelo.

Fueron éstas las que llegaron primero. Vinieron juntas; después supe que se habían escrito y decidido alojarse en el mismo hotel. Llegaron hablando animadamente, como si se conocieran de toda la vida. Confirmaron mi hipótesis: sin pensarlo, fueron a arrellanarse en el sofá una vez que les diera la bienvenida. Les expliqué que De Las Casas estaría pronto con nosotros—cinco minutos faltaban para las 9—y les ofrecí café. Graciela declinó, pero Elena dijo que le encantaría uno pequeño sin azúcar y, al quedarse sentada, entendí que creía que yo debía servirla, cosa que hice sintiéndome manipulado, como siempre, por una mujer.

El profesor De Las Casas hizo su aparición y Elena y Graciela se pusieron de pie para saludarlo. Elena lo saludó primero, con su humanidad flaca y alta y sus pelos largos y lisos de castaño muy oscuro, tendiéndole la mano. Graciela, rolliza y simpática, más baja en estatura que su compañera y de más claros cabellos, no perdió tiempo en saludar al profesor con un beso en la mejilla. Tendría unos veinticinco años; Elena tenía, quizás, treinta.

Sentados todos, la conversación trivial versó sobre el hotel que alojaba a las mujeres y cómo había estado su viaje desde Maiquetía. En eso apareció bajo el umbral de la puerta abierta la figura de un hombre de unos cuarenta y cinco años, atlético y medianamente calvo. Era Delgado Franklin, aparecido exactamente a las 9 de la mañana. Después de los saludos, desvirtuó mi conjetura y se sentó en la silla más próxima al sofá ocupado por las damas.

Entonces Santiago De Las Casas nos dio la bienvenida formal y sugirió que cada uno hiciera una presentación de su persona y explicara las razones que le habían traído al coloquio. Dirigiéndose a mí dijo: “Por orden de aparición”.

Expliqué, pues, que yo era actualmente profesor de Estructuras Político-Constitucionales de América Latina en la Escuela de Estudios Políticos y Administrativos de la Universidad Central de Venezuela—De Las Casas intercaló que él había enseñado Filosofía Política por un año en la misma escuela—y que había obtenido en 1971 el grado de Master 2 de Investigación en Sociología e Instituciones de la Política en la Sorbona. Que conocía varios trabajos del profesor De Las Casas y que, a raíz de su charla de Nociones elementales de Política en el Instituto Pedro Gual de la cancillería venezolana, a la que asistí, había tomado contacto con él con la intención de conocer con más detalle sus puntos de vista, que me parecieron novedosos. Que cuando el profesor sugiriera este encuentro me había parecido un método ideal para tal propósito. Y, armado ya con una libreta para anotar todo lo que escuchara, callé y puse diagonalmente la mirada sobre Delgado Franklin.

Éste se revolvió en el asiento y comenzó a hablar con los ojos fijos en el piso. Dijo que no tenía entre sus títulos nada que se acercara a los que yo acababa de exponer, pues era sólo un comerciante de éxito, importador de implantes mamarios para uso estético o reconstructivo del pecho femenino, actividad que le daba un buen dinero. Pero era curioso de la política, creía que no podía ser ajeno a ella y había entablado relación con un político joven a cuya carrera, medianamente provechosa, había contribuido financieramente. Éste le había entregado el archivo de audio de la charla del anfitrión y le había pedido su opinión sobre ella. Quedó impresionado al escucharlo y consiguió la dirección electrónica para comunicarse con De Las Casas, con quien pronto acordó que vendría a Juan Griego. En este punto, siguió la dirección contraria a las agujas del reloj y tendió la mano hacia Graciela Sánchez, que estaba a su derecha.

La joven comenzó por hablar del profesor, en vez de hacerlo sobre ella. Hizo elogios sobre la charla que claramente era el pivote de nuestra reunión, y dijo que era lo más brillante que hubiera conocido en su vida en materia política, que desde que la escuchara en un iPod la había puesto “miles de veces”, que había querido escuchar al maestro en persona y que también se había comunicado con De Las Casas por correo electrónico. Éste le dijo: “Ajá, pero háblanos de ti”. Graciela se ruborizó y dijo: “Ah bueno, yo soy Licenciada en Psicología de la UCAB y estoy muy interesada en política. Estoy metida en Un Nuevo Tiempo desde la campaña de Rosales en 2006, y ahora soy responsable del partido en Santa Mónica”.

Ya Elena estaba erguida en el sofá, su espalda separada del asiento, y al callar abruptamente su compañera dijo, sin esperar invitación y mirando directamente al maestro, más o menos esto: “Yo soy economista cum laude de la Universidad Santa María, y me doctoré, también cum laude, en el núcleo de Ribeirão Preto de la Universidad de Sao Paulo en 1997. Doy clases de Macroeconomía en la Universidad Central de Venezuela, trabajo como Analista de Cuentas Nacionales en el Banco Central y soy miembro del partido Podemos, porque creo que un socialismo verdadero, no como el de Chávez, es el sistema político-económico que el país necesita. Leí los apuntes hechos por un amigo de la charla del profesor y conseguí su teléfono, y lo llamé porque sentí curiosidad por su enfoque clínico de la política, al que de todos modos creo algo romántico. Vine a ver si me convence”.

Admito haber pensado que esta participante sería problemática, pero De Las Casas la miró con patente deferencia y le dijo: “Muy bien, te felicito, pero no es mi plan convencerte de nada. Tú deberás llegar a tus propias conclusiones”.

De seguidas, repitió lo que ya sabíamos: que trabajaríamos en seis sesiones, de las 9 de la mañana a las 12 del mediodía y de las 3 hasta las 6 de la tarde, durante tres días. También enfatizó la dinámica que quería lograr: en todo momento podíamos intervenir para preguntar o discrepar; la cosa debía ser un diálogo antes que una cátedra. De hecho, mencionó la Academia de Platón y los diálogos que había escrito, y preguntó si conocíamos alguno. Sólo Elena y yo asentimos. “Esto—dijo De Las Casas—es como esa academia griega, en verdad una polidemia, puesto que nuestro tema es la Política”.

Le pregunté si podía grabar en audio las sesiones; de inmediato me autorizó a hacerlo y añadió: “Si después haces tan buen trabajo transcribiendo y editando como hiciste con mi charla, tendremos un buen documento, que pudiera ser útil a otra gente”. Entonces pregunté a mis compañeros si estaban conformes; Elena dijo que le gustaría leer la transcripción antes de que se me ocurriera repartirla por ahí, y yo repuse que en principio el trabajo era sólo para nuestros ojos.

Con una sonrisa de obvia picardía, De Las Casas intervino: “¿Ya tomaron todos café? Tomen una taza antes de empezar”. Hernán fue hasta la mesa a servirse y Elena a tomar una segunda taza que yo no le brindé.

Sentados todos, De Las Casas nos entregó un papel con el esquema de las sesiones:

Sesión 1: ¿Qué es la Política? La política como oficio médico.

Sesión 2. El demos. El pueblo como sustrato y actor principal de la política.

Sesión 3. La sociedad normal. El fin fundamental de la política.

Sesión 4. Complejidad y política. Los moldes mentales adecuados.

Sesión 5. La civilización planetaria. Construcción de la polis del mundo.

Sesión 6. Organización política. Asociarse con reglas distintas.

“Estos son los grandes temas que discutiremos—dijo—. Verán que se fragmentan en múltiples puntos que cubrirán prácticamente todo lo que podemos hoy en día decir, responsablemente, sobre política”.

Entonces ofrecí a mi vez las copias con la transcripción de Nociones elementales de Política y él agradeció, diciendo: “Es bueno tener esto a mano”.

De Las Casas preguntó: “¿Qué es la Política?” Y comenzó a contestar esa pregunta.

JACD

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El color de la piel

«¡No puedo respirar!» – George Floyd

 

A la memoria de George Floyd, muerto de asfixia el 25 de mayo en Minneapolis por un policía a quien no le gustan los hombres de color.

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El escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015), autor de Las venas abiertas de América Latina*, lee acá un punzante poema de Léopold Sédar Senghor que admite hubiera querido pensar y escribir.

 

 

Léopold Senghor y Rafael Caldera – Roma 1974

Léopold Sédar Senghor, (Joal, Senegal, 9 de octubre de 1906 – Verson, 20 de diciembre de 2001). Poeta senegalés que llegó a la Jefatura del Estado de Senegal, catedrático de gramática, fue ensayista, político y miembro de la Academia Francesa. (…) Durante su época de estudiante creó, junto al martiniqués Aimé Césaire y al guayanés Léon Gontran Damas, la revista L’Etudiant noir, en 1934. En esas páginas expresó por primera vez su concepto de la negritud, noción introducida por Aimé Césaire, en un texto titulado «Négrerie». Fue el primer profesor «negro» que impartió clases de lengua francesa en Francia.

(Wikipedia en Español).

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He aquí el poema de Senghor en el francés original:

Poème à mon frère blanc

Cher frère blanc,
Quand je suis né, j’étais noir,
Quand j’ai grandi, j’étais noir,
Quand je suis au soleil, je suis noir,
Quand je suis malade, je suis noir,
Quand je mourrai, je serai noir.
Tandis que toi, homme blanc,
Quand tu es né, tu étais rose,
Quand tu as grandi, tu étais blanc,
Quand tu vas au soleil, tu es rouge,
Quand tu as froid, tu es bleu,
Quand tu as peur, tu es vert,
Quand tu es malade, tu es jaune,
Quand tu mourras, tu seras gris.
Alors, de nous deux,
Qui est l’homme de couleur?
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* «Las venas abiertas de América Latina es un ensayo del escritor uruguayo Eduardo Galeano publicado en 1971 a la edad de 31 años. En esta obra, el autor opina sobre la historia de América Latina y su victimismo, de modo global desde la Colonización europea de América hasta la América Latina contemporánea, argumentando con crónicas y narraciones el constante saqueo de los recursos naturales de la región por parte de los imperios coloniales, entre los siglos XVI y XIX, y los Estados imperialistas, el Reino Unido y los Estados Unidos principalmente, desde el siglo XIX en adelante. La obra recibió mención honorífica del Premio Casa de las Américas». (Wikipedia en Español). El 18 de abril de 2009, Hugo Chávez Frías obsequió a Barack Obama un ejemplar de ese libro en la V Cumbre de las Américas que se celebró en Trinidad. («Hay mucha verdad en Las venas abiertas de América Latina, pero el propio Eduardo Galeano ha tomado algo de distancia de su libro de 1971″. De memes y memeces, 21 de octubre de 2012).

LEA

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El sueño americano es una pesadilla (para los negros)

Lo que sigue es una traducción del servicio de noticias por correo electrónico de The New York Times*

Una de las centenares de protestas de estos días en EEUU

 

Para la mayoría de los estadounidenses blancos, las interacciones con la policía rara vez ocurren, y a menudo son respetuosas o incluso amigables. Muchas personas blancas no conocen a una sola persona que esté actualmente tras las rejas.

En muchas comunidades negras, y especialmente para los hombres negros, la situación es completamente diferente. Algunas de las estadísticas pueden ser difíciles de comprender:

Según el Proyecto de Sentencias, cerca del 10 por ciento de los hombres negros de 30 años están tras las rejas en un día determinado.

Las tasas de encarcelamiento para los hombres negros son aproximadamente el doble que las de los hombres hispanos, cinco veces más altas que las de los hombres blancos y al menos 25 veces más altas que las de las mujeres negras, las mujeres hispanas o las mujeres blancas.

La última vez que el gobierno contó cuántos hombres negros habían pasado tiempo en una prisión estatal o federal, en 2001, la proporción era del 17 por ciento. Hoy en día, es probable que se acerque al 20 por ciento (y este número no incluye a las personas que han pasado tiempo en la cárcel sin haber sido condenadas a prisión). El número comparable para los hombres blancos es de aproximadamente el 3 por ciento.

El aumento del encarcelamiento masivo en el último medio siglo lo ha convertido en una característica dominante de la vida moderna para los estadounidenses negros. Un gran número de hombres negros están desaparecidos de sus comunidades, no pueden casarse, cuidar a los niños o ver a sus padres ancianos. Muchos otros sufren daños económicos o psicológicos permanentes, y luchan por encontrar trabajo después de salir de prisión.

Un estudio reciente de los economistas Patrick Bayer y Kerwin Kofi Charles encontró que el 27 por ciento de los hombres negros en los mejores años laborales de sus vidas, entre las edades de 25 y 54 años, no informaron haber ganado un solo dólar de ingresos en 2014. «Ese es un número masivo ”, dijo Charles, decano de la Escuela de Administración de Yale. El encarcelamiento, incluidos los efectos secundarios, fue una razón importante.

La furia que corrió por las calles de Estados Unidos durante la semana pasada tiene muchas causas, comenzando con un video horrible que muestra el asesinato de George Floyd en Minneapolis. Pero esa furia también se ha estado acumulando durante mucho tiempo. Es, en parte, furia porque ese encarcelamiento se ha vuelto normal.

(…)

El Fiscal General William Barr dio la orden de despejar la plaza frente a la Casa Blanca el lunes por la noche, explica The Times, en una historia que reconstruye el incidente. La orden llevó a las fuerzas del orden público a usar granadas de humo y destello, que dispersaron a los manifestantes pacíficos para que Trump pudiera aparecer en una iglesia y tomarse una foto.

Ex líderes militares y expertos en democracia condenaron el uso de la fuerza contra los ciudadanos. El almirante retirado Mike Mullen escribió en The Atlantic que Trump había «puesto al descubierto su desdén por los derechos de protesta pacífica en este país». Kori Schake, ex funcionario del Pentágono y asesor político republicano, dijo: «Si estuviéramos viendo esto en otro país, estaríamos profundamente preocupados». Gail Helt, una antigua analista de la C.I.A., dijo a The Washington Post: “Esto es lo que hacen los autócratas. Esto es lo que sucede en los países antes de un colapso. Realmente me pone nerviosa”.

* Recibido hoy, 3 de junio de 2020. 

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Los Estados Unidos son el país cuyo gobierno condena a otros, imponiéndoles sanciones por «violación de derechos humanos». (Para un dossier parcial anterior a Trump ver A propósito de John Kerry, 14 de mayo de 2014). LEA

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En defensa de George Soros

George Soros en el Festival de Economía de Trento en 2012 (Foto Niccolò Caranti)

 

A María Cristina y John

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En el primer minuto del 1º de este mes de junio, cargué TweetDeck para revisar lo que la pajarera piaba. Inmediatamente captó mi atención un tuit que vendía otra patraña más acerca de George Soros. Ésta es la imagen y el texto que entonces veía:

 

 

Según los tuiteros involucrados, Soros habría declarado el 23 de octubre de 2009 al Financial Times: «China debe liderar el Nuevo Orden Mundial, creándolo, siendo su dueño y suplantando a los Estados Unidos como la superpotencia económica del mundo». (El Sr. Carlos Díaz—@tucutu_cd—respondía, con defectuosa sintaxis, a @gomezmtx y @ekbufalo: «Agregue esta perla del mismo personaje en 2009. MUY pertinente recordarla ahora a la vista de COVID19. El verdugo de Occidente dando pistas y Occidente haciéndose los locos… INCREIBLE»).

Afortunadamente, puede leerse la transcripción de la entrevista que Soros concediera al vetusto periódico londinense, fundado en 1888. Esto fue lo que en realidad dijo en esa fecha:

…realmente se necesita llevar a China a la creación de un nuevo orden mundial, un orden mundial financiero. Son una especie de miembros reacios del FMI. Siguen el juego, pero no hacen una gran contribución porque no es su institución. Su participación no es proporcional… sus derechos de voto no son proporcionales a su peso, por lo que creo que se necesita un nuevo orden mundial en el que China tenga que ser parte del proceso de creación y tengan que comprarlo, de la misma manera que, digamos, Estados Unidos posee el Consenso de Washington, el orden actual, y creo que éste sería más estable si se hubiera coordinado políticas. Creo que los resultados ya están ahí porque efectivamente el G20, al aceptar revisiones por pares, se está moviendo en esa dirección.

Más adelante en la entrevista, se produce este intercambio:

FT: En los Estados Unidos, ¿cuán preocupado está Ud. por el déficit presupuestario y tal vez por la posibilidad de inflación?

GS: Bueno, ciertamente será necesaria una declinación del valor del dólar para compensar el hecho de que la economía de los Estados Unidos seguirá siendo débil, un lastre para la economía global. China emergerá como el motor que reemplace al consumidor estadounidense y, por supuesto, es un motor más pequeño porque la economía china es mucho más pequeña. Así que la economía mundial tendrá menos motor, y por eso se moverá adelante más lentamente de lo que ha hecho en los últimos 25 años. Pero China será el motor que la mueva y los Estados Unidos serán verdaderamente una rémora que es halada por una declinación gradual del valor del dólar.

 

Pasaje de la entrevista a Soros en Financial Times

 

¿De dónde sacaron los tuiteros del caso la acusación de que Soros propugna la sustitución de los Estados Unidos por China? Lo que ha hecho es describir una situación y un proceso, lo que hizo fue diagnosticar y pronosticar, y de ningún modo puede ser presentada aquella falsedad como su recomendación.

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Como no muchos empresarios, George Soros es asimismo un intelectual. Posee una maestría de la London School of Economics, donde tuvo la suerte de que fuera su tutor nadie menos que Karl Popper, el Papa de la Filosofía de la Ciencia en el siglo XX. De este insigne maestro tomó varias cosas, entre ellas el concepto de reflexividad con el que desarrolló una teoría: «La reflexividad postula que los valores de mercado a menudo están impulsados por las ideas falibles de los participantes, no sólo por los fundamentos económicos de la situación. Las ideas y los eventos se influyen mutuamente en lazos de retroalimentación reflexiva. Soros argumentó que este proceso lleva a los mercados a tener ciclos procíclicos ‘virtuosos’ o ‘viciosos’ de auge y caída, en contraste con las predicciones de equilibrio de una economía neoclásica más estándar». (Wikipedia).

No tengo empacho en admitir inequívocamente que admiro grandemente su trayectoria como líder civilizatorio francamente inusual, precisamente por sus posturas intelectuales. Tampoco ocultaré que le envidio la cercanía que tuvo con Popper, de quien leí La lógica del descubrimiento científico, Conjeturas y Refutaciones, La Miseria del HistoricismoLa Sociedad Abierta y sus Enemigos, de donde toman su nombre las fundaciones que ha creado y mantiene desde su inicio para—en palabras de Waldemar A. Nielsen, una autoridad en filantropía estadounidense—»nada menos que abrir las sociedades comunistas de Europa del Este, que una vez estuvieron cerradas, a un flujo libre de ideas y conocimiento científico del mundo exterior».

Desde 1979, como defensor de las «sociedades abiertas», Soros apoyó financieramente a los disidentes, incluido el movimiento de Solidaridad de Polonia, la Carta 77 en Checoslovaquia y Andrei Sakharov en la Unión Soviética. En 1984, fundó su primer Open Society Institute en Hungría con un presupuesto de $3 millones. Desde la caída de la Unión Soviética, la financiación de Soros ha jugado un papel importante en los países recientemente independientes. Un estudio de 2017 encontró que un programa de subvenciones de George Soros que otorgó fondos a más de 28.000 científicos en las antiguas repúblicas soviéticas poco después del final de la Unión Soviética «duplicó con creces las publicaciones al margen, indujo significativamente a los científicos a permanecer en el sector de la ciencia, y tuvo efectos duraderos [beneficiosos]». Los nacionalistas georgianos consideraron que su financiación de programas prodemocráticos en Georgia fue crucial para el éxito de la Revolución de las Rosas, aunque Soros ha dicho que su papel ha sido «enormemente exagerado». El ex canciller georgiano, Salomé Zourabichvili, escribió que instituciones como la Fundación Soros fueron la cuna de la democratización. (Wikipedia).

Hace un buen número de años, supe que Soros creía en la falibilidad humana como una condición fundamental de la vida social, y el hallazgo fue la confirmación de mi afinidad con su pensamiento. Yo mismo había escrito en febrero de 1985: «El nuevo actor político (…) tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra». Y habiendo escrito «Vienen tiempos postideológicos, transideológicos», leí en The New York Magazine del 17 de julio de 2018 esta constancia del articulista:

Cuando pregunté a Soros que se describiera a sí mismo en términos ideológicos, se rió: «Mi ideología no es ideológica».

En este blog, se ha citado a Soros varias veces; por ejemplo, en Poder y verdad (10 de febrero de 2009), o de su texto The Bubble of American Supremacy en Burbujas de amor (25 de noviembre de 2008), y comentado tres veces sus tesis de La amenaza capitalista (vol. 279 de The Atlantic Monthly), en agosto y septiembre de 2007.

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Por supuesto, George Soros es un imán para la envidia y el odio gratuito, puesto que no oculta sus opiniones. Por ejemplo, se opuso al Brexit, cosa que algunos conservadores ingleses no perdonaron y cobraron con el infundio. Otros, más estrambóticos, han sostenido que fue un colaborador de los Nazis o más recientemente—noviembre de 2019—, sin ninguna evidencia, el abogado Joseph di Genova, lo acusó de «controlar las actividades de agentes del FBI en el exterior». Soros tiene a estas alturas, sin embargo, una piel endurecida por los ataques de la locura y la irresponsabilidad. El 22 de octubre de 2018, fue colocada en el buzón de correos de su casa de Katonah, Nueva York, una bomba que afortunadamente fue descubierta y desactivada. Por esos mismos días, bombas similares fueron enviadas por correo a Hillary Clinton, Barack Obama y otros políticos demócratas. Ninguna, por suerte, llegó a explotar, y poco después se condenó al remitente descubierto a veinte años de prisión.

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La psicología del conspiracista es realmente primitiva. Quienes son capaces de distorsionar las ocurrencias de las cosas para acomodar algún odio gratuito en el espacio de Twitter u otra red social tienen, obviamente, un patrono que según ellos debiera ser declarado al menos como Siervo de Dios; ése no es otro que el actual Presidente de los Estados Unidos. (De Occidente, pues, tuitearía Carlos Díaz). LEA

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Pulso político en pandemia

Datanálisis ha dado a conocer algunas mediciones de su estudio Ómnibus del mes que concluyera ayer; en particular, lo concerniente a las evaluaciones políticas en tiempo de coronavirus. En la muestra, 9,1% se identificó como chavista, 27,3% como opositor y 58,3% como no alineado. Éstas son las cifras, expresadas en términos porcentuales, respecto del país como conjunto y de las figuras opuestas de Nicolás Maduro y Juan Guaidó (en su evaluación general y en cuanto a su respuesta ante la pandemia):

 

 

Adicionalmente, 61,5% de los encuestados estaría a favor de un acuerdo entre gobierno y oposición para fines de atender la situación sanitaria causada por el Covid19; 22,8% se manifestó en contra de tal posibilidad.

Sin comentarios. LEA

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