Justo entre los justos

 

Conmemoración de un ídolo en Centroamérica

 

Arístides fue un estadista ateniense del siglo V a. C. que vivió entre el año 530 a. C. y el 468 a. C., arconte y estratego durante las Guerras Médicas. Obtuvo el sobrenombre de «el Justo». El antiguo historiador Heródoto, lo citó como «el mejor y más honorable hombre de Atenas», y un tratamiento parecido le dispensó el filósofo Platón en sus escritos.

Wikipedia en Español

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Este año se conmemora el centenario del nacimiento de Arístides Calvani, figura gigantesca, legendaria, benéfica. Hay ya una buena cantidad de artículos sobre su significación y legado. Acá me ocuparé de agrupar recuerdos de nuestra interacción personal, siempre estimulante para mí.

Estuve ante él por primera vez en junio de 1958; Pérez Jiménez había caído y los estudiantes universitarios tendían a verse como héroes de la resistencia final, que comenzara con la carta pastoral de Mons. Rafael Arias Blanco, XI Arzobispo de Caracas, del 1º de mayo de 1957. (Ese documento ejerció un impacto considerable, siendo seguido por comunicados de prensa crecientemente críticos; éstos incluyeron los de profesores de la Universidad Central de Venezuela y su Federación de Centros Universitarios). A mediados de 1958, los estudiantes mayores de bachillerato ya reivindicábamos parte de la gloria, y se formó el Frente Estudiantil, una suerte de federación de centros de estudiantes de secundaria que iba a reunirse en los auditorios del Liceo Andrés Bello o el Instituto Pedagógico Nacional. En el auditorio del Colegio San Ignacio de La Castellana, Jenaro Aguirre S. J., quien presidía la Asociación Venezolana de Educación Católica, y el ya para entonces mítico Arístides Calvani hablaron a más de un centenar de prebachilleres de colegios católicos, y allá fui en representación del Colegio La Salle de La Colina. Mi recuerdo es muy vago: sólo registro que Calvani me impresionó fuertemente, que me pareció harto más interesante que Aguirre, que conocí en ese acto a Eduardo Fernández y Guillermo Betancourt, loyoleros y copeyanos, y que comencé amistad con ellos.

Mi posterior acercamiento a COPEI resultaba natural:

Por accidente biográfico había sido un insólito copeyano, pues mis padres me inscribieron en el colegio de La Salle en La Colina cuando tenía seis años de edad. Allí estudié hasta egresar como bachiller en 1959. Es así como a los quince años cobro conciencia política con el derrocamiento de Pérez Jiménez, mientras me encuentro en un ambiente naturalmente inclinado a adoptar la perspectiva socialcristiana. Siendo yo un “extremista del centro”, como años más tarde trataba de explicar a compañeros de universidad, la equidistancia copeyana del liberalismo y del marxismo convenía a mi temperamento. Así, pues, desde 1958 había tenido una episódica y semiclandestina simpatía o militancia verde. Para 1983 no me había separado del Partido Socialcristiano COPEI. (Krisis: Memorias Prematuras).

Y estando en COPEI o en sus cercanías—mi infancia y primera juventud transcurrieron en Las Delicias de Sabana Grande, a cuadra y media de Puntofijo, la casa de Rafael Caldera, con cuyos hijos mayores hice amistad—, resultaba imposible no oír frecuentemente el nombre de Arístides Calvani, tenido por una de las figuras más influyentes del socialcristianismo venezolano y continental. A cada rato se le nombraba.

……..

De regreso de Mérida, donde estudié los primeros tres años de Medicina entre 1959 y 1962, participé en el Movimiento Universitario Católico de la Universidad Central de Venezuela, donde cursé el primer año de Estudios Internacionales. Para alejarme de la política (?) y tratar de completar alguna carrera, me inscribí en Sociología, la principal especialidad de la Escuela de Ciencias Sociales que fundara Calvani en lo que yo suponía era el tranquilo monasterio de la Universidad Católica Andrés Bello. El Dr. Calvani, Director de la escuela, conducía el Seminario en días sábados para los alumnos de primer año; no pasó mucho tiempo sin que debiéramos acostumbrarnos a sus frecuentes regaños: «Ustedes no han tenido infancia. Ustedes no leen. Debieran leer a Blas Pascal», mientras nos machacaba la máxima «El corazón tiene razones que la razón ignora». Calvani iniciaba sus clases con una rutina invariable; colocaba un crucifijo que sacaba de un bolsillo sobre el escritorio del profesor y se santiguaba antes de iniciar su clase.

El 3 de diciembre de ese mismo año, lo escuché en el Hotel Tamanaco, donde presentó a la audiencia de la Asamblea Plenaria del Seminario Internacional de Ejecutivos el Instituto para el Desarrollo Económico y Social que había fundado y presidía. (Se supuso que el IDES funcionaría como el «Cordiplán» del Dividendo Voluntario para la Comunidad, la organización ideada por Eugenio Mendoza Goiticoa para consolidar y concentrar recursos de las empresas afiliadas para iniciativas de acción social). Pero es que Calvani ya había fundado para entonces el Movimiento Familiar Cristiano, el Instituto de Estudios Sindicales, el Instituto de Formación Demócrata Cristiana (IFEDEC) que ahora lleva su nombre y organiza el homenaje centenario, la Escuela de Ciencias Sociales ya mencionada, amén de fungir como Consultor Jurídico de COPEI (partido en el que no estaba inscrito) y desempeñarse como Diputado al Congreso de la República por el Estado Táchira (antes, en 1947, lo fue por el Distrito Federal, y más tarde—1979-83—Senador por el Estado Sucre); su firma calza al pie de la Constitución de 1961. (Seguramente se me olvida alguna otra ocupación de este hombre increíble). Por aquella época, me reclutó junto con Alejandro Suels para que hiciéramos análisis de contenido en publicaciones venezolanas, en búsqueda seudo kremlinológica de señales de actividad marxista preocupante, lo que dio lugar a una publicación periódica—al estilo de la revista Este-Oeste—cuyo consejo editorial se reunió por un tiempo en el apartamento de Pierre Paneyko, el fundador de la Librería Médica París. De esas reuniones recuerdo, además de Calvani y Pierre y María (su esposa), a Pedro Pablo Aguilar y Justino De Azcárate.

Una colección de sabios

En julio de 1964 (13 al 17), el IDES celebró en el auditorio del Colegio de Ingenieros de Venezuela el simposio Desarrollo y Promoción del Hombre, al que Calvani y el Vicepresidente del instituto, José Rafael Revenga, así como el jefe de este último en la Fundación Creole, Alfredo Anzola Montaubán, lograron traer un insólito consorcio de gigantes del desarrollo, incluyendo a los padres Louis Joseph Lebret y Jean Yves Calvez, Alfred Sauvy (el papa de la Demografía), Kenneth Boulding y Jorge Ahumada. La conferencia final del evento, del que no me perdí ninguna de sus sesiones, estuvo a cargo de Calvani: Instauración de las estructuras políticas más favorables al desarrollo del país, donde por ejemplo expuso:

Cuando contemplamos la multitud de cambios tecnológicos y la transformación de toda la instrumentación con la cual se construye el mundo de hoy; y cuando pensamos que, entretanto, las estructuras políticas de las democracias permanecen fundamentalmene sin modificación, nos tenemos que preguntar si esas estructuras políticas incambiadas pueden adaptarse a un proceso de desarrollo. (…) A quien lo quiera comprobar históricamente le bastará leer las primeras constituciones venezolanas y examinar las atribuciones presidenciales. Verá cómo, sustancialmente, salvo algunos pequeños cambios—que no funcionan por cierto—se encuentra uno, hoy, dentro de las estructuras políticas fundamentales de 1830.

Eso, dicho hace casi cincuenta y cuatro años. Al año siguiente, se me encargó la edición del libro que recogió las conferencias del simposio, y en 1966 ingresé a la plantilla del IDES, del que llegué poco después a ser Director.

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De Arístides Calvani siempre recibí luces y bondad; era difícil no venerarlo. También recibí su confianza, de la que me enorgullezco. En 1964, mientras cursaba el segundo año de Sociología en la UCAB de la esquina de Jesuitas, sentado en un pupitre que compartía con Luis Ugalde S. J., Calvani nos encargó a ambos tomar las clases de Historia de las Instituciones mientras durase la convalecencia del profesor, Juan Carlos Rey. (Dimos clases a nuestros compañeros durante más de un mes).

Siempre conté con su consejo, práctico y experimentado. En unas pocas ocasiones compartimos tribuna, como en el ciclo de conferencias sobre Seguridad, Defensa y Democracia que organizaran Luis Castro Leiva y Aníbal Romero para la Universidad Simón Bolívar en 1980. Pero, sobre todo, recibí del irrepetible Dr. Calvani enseñanzas; era un educador nato, y son innumerables quienes pueden reconocer precisamente eso.

Arístides Calvani Silva, venezolano, nació en Puerto España, Trinidad, el 19 de enero de 1918. Su padre, Luis Francisco Calvani Grisanti, era a la sazón Cónsul General de Venezuela en esa isla que una vez fue nuestra, y allí fungió como padrino de bautizo del mío, Pedro Enrique Alcalá Reverón, pues mi abuelo, Pedro José Alcalá Lozano, era gerente de la Compañía Anónima Venezolana de Navegación allí mismo. No supe de esa relación cuasi familiar hasta después de muertos ambos. El Dr. Calvani fue a morir en compañía de su esposa, Doña Adela Abbo Fontana, y dos de sus hijas, a Guatemala, en la Centroamérica que fue motivo de sus desvelos y su crucial ayuda. Aún recuerdo la puntada de dolor que sentí en el alma al conocer la noticia. LEA

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Hablando de elecciones

Eugenio Martínez, la mirada certera

Con fecha de hoy, el programa #283 de Dr. Político en RCR contó con el aporte de Eugenio Martínez, en mi opinión el más serio y atinado comentarista venezolano de asuntos electorales, quien aceptara conversar por vía telefónica sobre las previstas elecciones presidenciales. (Dije de él 17 de agosto del año pasado: «Eugenio Martínez, autoridad venezolana en materia político-electoral a la que mucho respeto»). Luego reexaminamos el referendo que podría disolver la Asamblea Nacional Constituyente y anular sus actos, anticipando probables objeciones oficialistas.

En plan de danzar, de la Suite #1 de Peer Gynt, música incidental del noruego Edvard Grieg, se escuchó el inicio de su fresca Danza de Anitra, y partes de Non Allegro, la Danza Sinfónica #1 del ruso Sergei Rachmaninoff. Éste es el archivo de audio de esta ocasión:

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Regreso anticipado

El concierto de María Luisa

La anticipación de las elecciones presidenciales, «decretada» por la constituyente en funciones, suscitó el adelanto de la reanudación en vivo del programa #282 de Dr. Político en RCR. Éste fue dedicado a un nuevo planteamiento de la noción fundamental de nuestra constitucionalidad: que el Pueblo, en su carácter de único poder supraconstitucional del Estado venezolano, puede decidir cualquier cosa que no viole derechos humanos o contravenga tratados en los que la República haya convenido válidamente. Tal poder es suficiente para disolver, desde un referendo consultivo convocado por 10% de los electores inscritos, esa asamblea constituyente e incluso anular todos sus actos. Dos obras de la grandísima María Luisa Escobar musicalizaron la sesión: el vals criollo Noche de luna en Altamira y su Concierto sentimental. He aquí el audio de la transmisión de hoy:

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El candidato desalineado

 

¿Unitario o unificador?

 

Siendo que Chávez tiene el mayor control del poder posible en Venezuela—político, militar, económico—una oposición al estilo cacical debe fracasar. Es un brujo, no un cacique, quien puede suceder a Chávez a corto plazo. (2006). No es otro “tío tigre” menor que pretenda discutirle la posición alfa a Tío Tigre en su manada. Es Tío Conejo.

Carta Semanal # 131 de doctorpolítico, 31 de marzo de 2005

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El epígrafe de esta entrada, repetido el pasado 6 de diciembre en ¿Dónde está Tío Conejo?, fue empleado en ese mismo carácter para encabezar Tío Conejo como outsider, un capítulo del libro que editara Fausto Masó (Libros Marcados) a fines de 2005. Allí se expuso:

Un imperio maléfico está a punto de coronar su totalitario dominio sobre toda la galaxia, al que escapa, por ahora, un pequeño enclave republicano y democrático del que la princesa Leia es su líder. Es decir, la propia guerra asimétrica. La Estrella de la Muerte es la mortífera nave imperial que se aproxima inexorablemente hasta el planeta rebelde, en el que un último movimiento de resistencia está a punto de perecer. Desde aquí se lanza una oleada de interceptores y bombarderos con la esperanza de atinar en el único punto débil de la masiva y acorazada nave de guerra: un agujero por el que debe penetrar un misil explosivo hasta el corazón del monstruo. La tarea es endemoniadamente difícil: los aviones de ataque democráticos deben ingresar a toda velocidad en una trinchera estrecha de la superficie descomunal de la esfera y, mientras eluden la artillería enemiga y el más preciso y letal contraataque del mismísimo Darth Vader (escoltado por dos cazas), disparar un cohete en el instante exacto para que penetre por el vulnerable hueco. Es de conocimiento común en nuestra galaxia que Luke Skywalker logra la improbabilísima hazaña y desintegra así a la Estrella de la Muerte; claro está, con ayuda de “la Fuerza”.

En términos objetivos clásicos la dificultad de derrotar electoralmente a Hugo Chávez en 2006 es equivalente a la confrontada por Skywalker al final de Una Nueva Esperanza. El Darth Vader venezolano las tiene prácticamente todas consigo: no sólo tiene el control de todo el aparato estatal—desde el nivel nacional hasta el municipal en lo ejecutivo, y transversalmente en lo legislativo, judicial, electoral y el “poder ciudadano”—lo que incluye casi todo aparato represor—militar convencional y de reserva junto con lo policial (salvo unos pocos municipios)—sino por supuesto los recursos financieros públicos, que en el año electoral han sido presupuestados en nada menos que 85 billones de bolívares. (Más de cuatro veces, en bolívares corrientes, lo que manejara en su primer año de gobierno). Por si fuera poco, usará este poder desde una plataforma de apoyo electoral que oscila, según las encuestas, entre 45% y 60%—veinte o cuarenta puntos sobre su más cercano competidor—y, para coronar, ha adquirido una estatura mundial que, independientemente de su corrección, es superior a la de cualquier candidato emergido o emergente y a la de cualquier otro presidente venezolano de la historia, en verdad segunda sólo tras la de Bolívar.

Maduro no es Chávez, por supuesto; no se da en él la «estatura mundial» de su padre político y tampoco disfruta de sus preferencias electorales un año antes de que derrotara convincentemente a Manuel Rosales en diciembre de 2006. Sin embargo, Venebarómetro midió entre el 27 de octubre y el 15 de diciembre pasados estas asombrosas preferencias:

Maduro como favorito de la carrera

 

Al presentar la lámina precedente en ¿Dónde está Tío Conejo? (6 de diciembre de 2017), se dijo: «En las clases A y B, Maduro saca casi cuatro puntos de ventaja sobre Leopoldo López, trece y pico sobre Henrique Capriles, casi diecisiete sobre Henry Ramos Allup y veinticinco puntos sobre Henri Falcón. La conclusión estratégica es tan clara como ineludible: para derrotar a un Maduro repotenciado, hay que poner en el campo a un candidato competente y atractivo que no provenga de la Mesa de la Unidad Democrática».

Claro que la pregunta de la encuestadora es inducida: «Si… los candidatos fueran los que a continuación le menciono…» Igualmente inducida—«De la siguiente lista que le voy a mostrar a continuación»—, pero de resultados bastante contradictorios es la medición de Datanálisis entre el 10 y el 23 de noviembre de 2017:

Maduro no es el favorito según Datanálisis

 

Las listas inducidas de Datanálisis y Venebarómetro no incluyen una figura que no obstante aparece en nominaciones espontáneas, como ésta del mismo estudio de la segunda firma:

En primarias hipotéticas y sin inducción

 

La figura a la que me refiero es, por supuesto, la de Lorenzo Mendoza, que por estos días emerge como fenómeno en las preferencias de una significativa fracción de electores. Esta posibilidad es digna de tomar en cuenta, porque parece ser una matriz de opinión que se consolida la preferencia por un candidato no chavista que tampoco venga de la Mesa de la Unidad Democrática o de algún partido de los que la componen (o descomponen). Ambos estudios registraron una evaluación negativa de la MUD; Datanálisis en 60,9% de su muestra, Venebarómetro en 65,7%, y este deterioro se refleja en las precandidaturas de oposición provistas por sus partidos afiliados.

………

Apartando las mediciones, el juicio de algunos opinadores refuerza la prescripción de una candidatura no oficialista que tampoco sea de la oposición profesional. Werner Corrales ya escribió en Facebook (10 de noviembre de 2017):  “Hablando en serio, creo que la circunstancia política de Venezuela requiere de un candidato o candidata a quien muchos venezolanos aprecien mucho, que genere una unidad de los venezolanos que quieren el cambio, lo que significa que no puede ser de un partido político de oposición. Además debe ser una persona capaz de gobernar si es elegida. Estas dos ideas son las que nos deben guiar para escoger a esa persona”. El día antes, Luis Ugalde S. J. se había pronunciado, en forma muy similar pero con abundamiento, en entrevista que le hiciera César Miguel Rondón por el Circuito Éxitos:

Cuando una familia está convencida de que al enfermo hay que operarlo, por lo menos los médicos están convencidos. Pero no quieren la operación de ninguna manera, y cuando hay un episodio de agravamiento se termina aceptando lo que no se aceptaba antes. Ahorita en Venezuela tenemos la derrota de la oposición democrática y tenemos una derrota brutal del gobierno en el cometido fundamental de hacer vivible la vida en Venezuela. La derrota de la oposición democrática ha dejado en evidencia cosas que sabíamos pero que no eran tan evidentes. El problema del país es de tal gravedad que los que creían que esto era un simple catarro que se resuelve pues hoy en día no están convencidos. Hay que escoger un candidato unitario que se salga de lo normal, que no sea de ningún partido político y que vaya con todo el respaldo de los partidos políticos; creo que eso es posible. Venezuela recibiría con un aplauso increíble el lanzamiento de un candidato que tiene la capacidad de responder a la gravedad de la situación y de reentusiasmar a la población. En cuanto aparezca una luz la gente se va a agarrar a eso, y esa luz puede aparecer si nos exigimos de verdad verdad con los pies en la tierra y sin hacernos ilusiones. El trabajo primero no lo tiene que hacer la población sino la dirigencia: hacer una propuesta que no esté desgastada, que sea sorprendente positivamente e inmediatamente la esperanza se dispara.

Primero, una enmendadura de plana a Ugalde; antes que un «candidato unitario» que significaría uno aceptado por todos los partidos («con todo el respaldo de los partidos políticos», como él lo pone) lo que se requiere es un candidato capaz de unir al país. Cuando se iniciaba el papel de Jesús Torrealba como principal ejecutivo de la MUD, se señaló en este blog—¿Jesús Gorbachov?, 1º de octubre de 2014—lo siguiente:

El trabajo metamórfico es éste: convertir la Mesa de la Unidad Democrática en el Movimiento de la Unidad Democrática. No sólo se trata de preservar las siglas; el asunto es dejar atrás el esquema de organización de organizaciones, de “movimiento de movimientos”, para establecer un movimiento de ciudadanos. Si el objetivo no fuera el de unir a la oposición sino el de unir al país, toda la cosa cobraría un sentido profundo y podría augurársele éxito.

Luego, con doce días de antelación a la receta Corrales-Ugalde, el suscrito había expuesto en el programa #272 de Dr. Político en RCR (28 de octubre) los mismos criterios de competencia y procedencia, al indicar que el candidato a suceder a Nicolás Maduro debía ser «capaz de gobernar» o «de responder a la gravedad de la situación» y que no debía provenir del oficialismo, por supuesto, ni tampoco de la oposición (MUD o cualquiera de sus partidos). Pero en esa misma transmisión se reprodujo la primera formulación de este último criterio el 18 de noviembre de 2014, en programa especial de Y así nos va grabado en tal fecha y transmitido por Radio Caracas Radio el siguiente 30 de diciembre; esto es, con un adelanto de tres años. He aquí el fragmento pertinente (menos de tres minutos) de esa conversación entre Nehomar Hernández y el suscrito:

Y así nos va – 18 de noviembre de 2014

Dos cosas de esa anticipación trianual merecen ser comentadas; la primera es la cuestionable sabiduría de pasar de un polo al contrario súbitamente (de Chávez a Carmona o de Maduro a Mendoza); si algo es opuesto al socialismo—Sistema de organización social y económica basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y distribución de los bienes (Diccionario de la Lengua Española)—es un empresario privado como Lorenzo Mendoza, que además sometería la supervivencia de la empresa que dirige al grave peligro de estatización con un enfrentamiento directo este mismo año. Seguramente Mendoza está consciente del grave riesgo y parece renuente a su candidatura, según nota publicada hace dos días en la web de Noticias al Día y a la Hora:

El semanario Quinto Día señaló este viernes en sus exclusivas de última página que el Movimiento Independiente Nacional de Alianza Sociales (Minas) ofreció la candidatura presidencial al dueño de Empresas Polar, Lorenzo Mendoza, pese a que éste “ha dicho una y mil veces, que no tiene interés de la actividad política”. El medio indicó que Mendoza ha insistido entre su círculo de amigos que “su compromiso es la industria que dirige y con sus trabajadores”.

La segunda cosa: a fines de 2014 parecía que la cesantía anticipada de Maduro daría paso a un período incompleto, lo que en sí mismo prestaría un carácter transicional al inmediato sucesor. Esto último puede darse, aun si este sucesor asumiera la Presidencia de la República al inicio de un nuevo período constitucional de seis años, si prefiriese realizar una labor corta de transición y renunciara en un lapso no mayor de dos años, tal vez menor. Entonces su propio sucesor completaría el período con al menos cuatro años de ejercicio. (Quizás, desaparecido el peligro que Maduro representa para Empresas Polar, se interesara Mendoza en ejercer la Vicepresidencia Ejecutiva del nuevo gobierno, quedando bien posicionado para su propia candidatura).

En todo caso, la emergencia política de su figura, crecientemente apetecida por electores venezolanos, es expresión de un persistente rasgo de la opinión venezolana: que el segmento político más importante del país está integrado por ciudadanos que no se alínean con el oficialismo y tampoco con la oposición. En mayo de 2015, Datincorp preguntaba a sus encuestados de dónde vendría la solución de los problemas del país; 17% de ellos contestó que del oficialismo, 18% que de la oposición y ¡56% que vendría de nuevos liderazgos! LEA

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Nuestro insólito Rafael Sylva

 

Rafael Sylva Moreno, pintor del desnudo a sus espaldas

 

A Oscar de Jesús, estos recuerdos agradecidos

 

Mi insuperable amistad de infancia y adolescencia con Oscar Álvarez Sylva me condujo a las puertas de su tío Rafael, fallecido el 16 de este mes de enero: los hermanos Sylva Moreno—Dolores Margarita (Loló), Mercedes Helena y Rafael—vivían en casas contiguas de la calle Las Trinitarias en La Campiña de Caracas. A pesar de que algo de sangre Calcaño corre por mis venas y de que mi abuela materna, Mary Chenel-Calcaño de Corothie, era una consumada pianista y la había oído interpretando muchas piezas, no fue sino hasta mis doce años de edad cuando descubrí, de un golpe para el que estaba impreparado, la música sinfónica que desde entonces me llena. El padre de mi compinche, el dulce Oscar Álvarez De Lemos, se preciaba de escuchar música con los mejores equipos de la época: un tocadiscos Garrard y un amplificador McIntosh. (Nada que ver con los computadores de Apple). Una noche que no olvidaré puso a sonar la Obertura-Fantasía Romeo y Julieta de Pyotr Illich Tchaikovsky, una pieza que me poseyó entonces por completo. En mis próximas visitas rogaba a Don Oscar que la repitiera, y poco después consintió en prestarme el disco (Columbia CL-747, con la orquesta de André Kostelanetz) que secuestré en mi casa durante un mes para oírlo incesantemente y torturar a mi familia. Supe que había llegado a un mundo que no dejaría de explorar—We shall not cease from exploration*—y ahorré para comprar mi propia copia, luego la Sexta Sinfonía (Patética) de Tchaikovsky (Erich Kleiber, Orquesta del Conservatorio de París, en una grabación de London Records) y después el Segundo Concierto para Piano y Orquesta de Sergei Rachmaninoff (Eugene Istomin, Eugene Ormandy, Orquesta de Filadelfia, Columbia Records). Esos tres discos fueron mi colección completa por casi un año, pues cada uno costaba Bs. 18 ¡o 20! y mi mesada semanal era de Bs. 10.

El McIntosh de Oscar y Rafael (sin transistores)

Entra en escena Rafael Sylva o, mejor, yo entré en su casa a escuchar música casi todas las tardes de la semana de trabajo. Rafael vivía al lado de los Oscares, en la quinta Santa Helena al centro del terreno común, con su esposa e hijos y su madre, Doña Helena Moreno de Sylva. A eso de las seis de la tarde llegaba de su labor en la agencia publicitaria McCann Erickson, donde fungía como Director de Radio y Televisión, y yo lo esperaba fielmente en la casa contigua de su sobrino, mi amigo, a quien fui progresivamente sustituyendo por el tío. La razón era muy simple: Rafael llegaba invariablemente al descanso de su casa a oír música sinfónica a todo volumen, y su colección discográfica era mucho más abundante que la de su cuñado; él sabía de eso. Además, tenía un equipo de sonido impresionante; también amplificaba con McIntosh y tocaba discos en Garrard, pero la música salía por dos enormes altavoces paralelos, cuando aún faltaba bastante para que nos llegara la estereofonía. Por lo demás, la cultura sinfónica de Rafael Sylva era descomunal, y no sólo de las obras sino también de su discografía. Aprendí de él el placer de escuchar bellezas sonoras en compañía y comparar distintas versiones de una misma pieza, a cotejar ejecutantes diversos en la ejecución de conjunto y, con más detalle, en pasajes específicos. Él era un verdadero connoisseur, un gourmet de la música.

Fue Rafael mi maestro de música, quien descubriera para mí muchas de las maravillas que ahora aprecio; tuve esa inmensa suerte. De temperamento fogoso, él no opinaba prudentemente sino con vehemencia; sus dictámenes musicales eran dogmas de fe, enunciados con seguridad inexpugnable. Así, por ejemplo, nadie habría interpretado de Rachmaninoff la Rapsodia sobre un tema de Paganini con tal fiereza—sustantivo escogido por Rafael—como William Kappell, especialmente su endiablada—él eligió el adjetivo—Variación 19. Acá pongo la pieza completa con ese ejecutante que admiró tanto, acompañado por la Orquesta Robin Hood Dell que dirigió el enorme Fritz Reiner, en interpretación que escuchamos juntos muchas veces:

Rapsodia

Debo a Rafael mi conocimiento de la música de Gustav Mahler, un compositor que le apasionaba. Con su talento para la degustación de la música a pedacitos, me hizo escuchar innumerables veces el pasaje que pongo a continuación, advirtiéndome que se trataba de un terremoto. Ocurre hacia el medio del primer movimiento de la Segunda Sinfonía en Do menor (Resurrección), y aseguraba Rafael que nadie como Leonard Bernstein (con la Filarmónica de Nueva York) lograba la explosión orquestal que tanto apreciara (al minuto y 23 segundos del audio de abajo):

Resurrección

La mayoría de quienes saben de Rafael lo conoce como el inventor de Nuestro Insólito Universo, el extraordinario programa radial iniciado en 1969; no muchos saben de dónde viene su tema musical. Es una composición del británico Ron Goodwin en el disco Music in orbit, y su nombre es The Milky Way. Helo aquí:

La Vía Láctea

Ya había dicho en Música hertziana (18 de noviembre de 2012):

Era mi amigo de infancia, estrecho compinche de barajitas y partidas de béisbol, aviones de plástico y planes de hacer cine, Oscar Álvarez Sylva. Su padre, Oscar Álvarez De Lemos, era ingeniero técnico del Grupo 1BC, y en su casa de La Campiña conocí a Félix Cardona Moreno—Pancho Tiznados y de El Baúl—, Cecilia Martínez y Charles Barry, figuras de RCR y la incipiente RCTV. El cuñado del Sr. Álvarez, hombre bondadoso y de eterno buen humor, era Rafael Sylva Moreno, pintor, publicista y director y productor de programas de televisión. Dirigió, por ejemplo, Kit Carson, héroe y cowboy cuyas aventuras transmitía RCTV con producción de McCann-Erickson (La verdad bien dicha). Era este Sylva el mismo del insólito Nuestro Insólito Universo. La cultura sinfónica de Rafael es asombrosa, y con frecuencia determinaba la musicalización de los programas. Así, escogió Fêtes—aquí por Pierre Boulez y la Orquesta de Cleveland—, uno de los Nocturnos orquestales de Claude Debussy (1862-1918), para la presentación de Kit Carson, cuyo anfitrión era Guillermo Rodríguez Blanco (el charnequeño Julián Pacheco).

Voy a ponerlo de nuevo, en recuerdo de mi amigo y mentor musical Rafael Sylva, hombre de fino espíritu y cultura extensa, de gran inteligencia. (El fragmento seleccionado por Rafael se escucha acá a partir de los 2′ 33″):

 Fêtes

Arriba dije que Rafael era pintor; lo fue con formación académica, y sólo queda lamentar que no dejara obra numerosa en esa parcela de su territorio estético. Pintaba, creo, en alusiva admiración del estilo de Egon Schiele, el gran austriaco de la Secesión Vienesa. (Ver acá Eros y Euterpe). Del pincel de mi amigo sólo recuerdo un poderoso desnudo femenino y un magnífico autorretrato, del que lamentablemente no he podido conseguir sino esta fotografía que lo muestra parcialmente y en blanco y negro:

El artista ante su autorretrato

 

Otra herencia recibida de Rafael, otro de sus dogmas, es el aprecio insuperado por la Orquesta Real del Concertgebouw de Ámsterdam; con él aprendí a apreciar su precisión interpretativa, sedosa y opulenta—adjetivo favorito de Rafael—, bastante antes de que la revista británica Grammophone la ubicara en 2008 como la mejor orquesta del mundo. Para decirle adiós apaciblemente, no consigo nada mejor que traer a ésa, su orquesta predilecta, en el Adagietto de la Quinta Sinfonía de Mahler, dirigido por Bernard Haitink. (Como se sabe, ese tema musicalizó Muerte en Venecia, la película de Luchino Visconti, y Venezuela es la Pequeña Venecia que lo despide grandemente entristecida).

 Adagietto

Gracias, Rafael. No te olvides de resucitar. LEA

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We shall not cease from exploration/ And the end of all our exploring/ Will be to arrive where we started/ And know the place for the first time. T. S. Eliot, Little Gidding

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