¡Bis, bis, bis!

 

Ilustración en The Guardian para el obituario de Earl Wild, fallecido tal día como hoy hace diez años

 

Unos cuantos visitantes de este blog han expresado gran satisfacción por la entrada de hace nueve días, con el último movimiento del segundo Concierto para piano y orquesta en Do menor de Sergio Rachmaninoff a cargo de Earl Wild al piano, con el brillante acompañamiento de la Orquesta Filarmónica Real dirigida por Jascha Horenstein. La mayoría de ellos manifestó su total acuerdo con esta afirmación: «Convendrá Ud., amable visitante, (…) que nunca había escuchado una rendición tan satisfactoria como ésta, así de perfecta».

En esa entrada también se reprodujo una apreciación de ArkivMusik: «la fusión de poesía y estilo del pianista se suman a una Rapsodia de Paganini que deja atrás casi todas las versiones estéreo». Es por eso que hoy, a una década exacta de la despedida de Earl Wild, un encore más bien largo trae esa inmortal obra, que contiene uno de los más hermosos temas creados por Rachmaninoff, uno de los más hermosos de la entera literatura musical: la Variación 18. Dice Wikipedia en Español:

La parte más destacada de la obra ha sido la variación XVIII, que es una inversión del tema original de Paganini. Ha sido usada en la banda sonora de varias películas, entre otras: El Peñón de las Ánimas (1942), The Story of Three Loves (1953), Rhapsody (1954), Pide al tiempo que vuelva (1980), Dead Again (1991), Groundhog Day (1993), Sabrina (1995), Ronin (1998).

Añoro, otra vez, la muy autorizada presencia melómana de Nuestro insólito Rafael Sylva, quien jurase como catecúmeno radical que la mejor versión de la rapsodia* era la de William Kapell (en desventajosa grabación monaural), acompañado por la orquesta Robin Hood Dell bajo el mando de Fritz Reiner.

De temperamento fogoso, él no opinaba prudentemente sino con vehemencia; sus dictámenes musicales eran dogmas de fe, enunciados con seguridad inexpugnable. Así, por ejemplo, nadie habría interpretado de Rachmaninoff la Rapsodia sobre un tema de Paganini con tal fiereza—sustantivo escogido por Rafael—como William Kappell, especialmente su endiablada—él eligió el adjetivo—Variación 19.

Nunca tuvimos oportunidad de compararla con la rendición de Wild, Horenstein y la Royal Philharmonic Orchestra, como solíamos hacer con otras obras favoritas. Creo que él habría bendecido esta ejecución tan potente como luminosa, llena al mismo tiempo de fortaleza y claridad:

Rapsodia (en La menor) sobre un tema de Paganini, op. 43

¡Bravísimo! LEA

……

La rapsodia es una pieza musical característica del romanticismo compuesta por diferentes partes temáticas unidas libremente y sin relación alguna entre ellas. Es frecuente que estén divididas en secciones, una dramática y lenta y otra más rápida y dinámica, consiguiendo así una composición de efecto brillante. La forma de las partes integrantes de la rapsodia puede ser parecida a la de la fantasía. (Wikipedia en Español).

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Ichi-go Ichi-e

 

Sergiu Celibidache (1912-1996): grande y bondadoso sabio musical

 

Ichi-go ichi-e (一期一会 literalmente «una vez, un encuentro») es una frase japonesa que describe un concepto cultural vinculado con frecuencia al famoso maestro de té Sen no Rikyu. El término se traduce normalmente como «sólo por esta vez,» «nunca más,» o «una oportunidad en la vida.»

Wikipedia en Español

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Alguna vez asistí a un concierto en el Teatro Municipal de Caracas para escuchar a la Orquesta Sinfónica de Venezuela dirigida por el enorme Sergiu Celibidache (1912-1996), quien vino varias veces a esta tierra donde forjó amistad especial con el Maestro Vicente Emilio Sojo, fundador de esa agrupación. Por eso fue invitado especialísimo a la póstuma conmemoración de los noventa años del nacimiento de Sojo, ocasión en la que su empeño logró la publicación de un artículoMi amigo Sojoque escribiera acá por esos días de diciembre de 1977. En él, opinó así:

Sojo no ha sido un regalo caído casualmente desde arriba, una feliz materialización de las fuerzas ciegas de la naturaleza, una óptima fuerza de herencia y azar. Sojo es un sencillo y limpio fenómeno natural, una flor espontánea del campo criollo, una canción de las estrellas del cielo vernáculo, una sinfonía augural de esta tierra generosa, que de vez en cuando logra emanciparse de todas las influencias contradictorias y revela en una forma incontenible, por encima de toda interpretación subjetiva y fuera de toda contemporaneidad, su inconfundible identidad. El maestro Sojo es Venezuela. Ojalá que un buen día Venezuela fuera también el maestro Sojo.

Sojo y un joven director rumano

Eso no habría podido ser escrito sino desde la sinceridad de su aprecio por Sojo y nuestro país. Venezuela, «esta tierra generosa» y su gente ocuparon un lugar privilegiado en el corazón de Celibidache. No olvidemos que, según él, de vez en cuando logramos emanciparnos «de todas las influencias contradictorias» para revelar nuestra «inconfundible identidad». Si fuimos amados por él algo bueno debemos tener.

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Celibidache no era simplemente un director; también fue un filósofo de la dirección orquestal. Nacido en Rumania de descendencia griega (Σέργιος Τσελεπιδάκης; Sérgios Tselepidákis), resistía la difusión de sus grabaciones argumentando que ellas no podían capturar la individualidad de la audición in situ como experiencia única e irrepetible (Ichi-go ichi-e): la del público asistente a un auditorio particular en un momento particular. (Celibidache argumentaba así como cultor que era del budismo Zen).

En veces fue criticado por dirigir secciones de una obra con lentitud exagerada y otras con rapidez fuera de la común. Desde su propio punto de vista, la crítica de una grabación por su tempo es irrelevante como crítica de la interpretación, escuchada fuera del momento y el ambiente exacto en los que ocurriera. No conozco sino una fracción de su numerosa discografía, y sólo puedo certificar el alargamiento de pasajes lentos en su dirección de Romeo y Julieta de P. I. Tchaikovsky y justificarlo como eficaz regodeo en la hermosura de su tema amoroso.

El nuevo mundo de Celibidache

Pero sus interpretaciones no tienen parangón en un aspecto fundamental: el de la definición instrumental. No conozco otras grabaciones, que no sean las suyas, que permitan la percepción de las distintas partes orquestales aun dentro de la más compleja textura. En los pasajes más ricamente orquestados, el aporte de cada instrumento o grupo instrumental se percibe con la mayor claridad, como un arroz cocido a la perfección para lograr granos totalmente separados. Se puede probar con una obra, que creamos conocer en detalle, dirigida por Celibidache y sorprenderse de oír lo que jamás habíamos escuchado. Es particularmente notable ése su logro distintivo, su asombrosa capacidad de hacernos escuchar nítidamente todas las voces orquestales, en esta lujosa y convincente versión de la Sinfonía #9 en Mi menor, la Sinfonía del Nuevo Mundo* de Antonin Dvořák—tal vez la mejor de todas las sinfonías que se haya compuesto—, con la Orquesta Filarmónica de Múnich, de la que fuera Director Musical desde 1979 hasta su muerte:

 

1. Adagio – Allegro molto

2. Largo

 3. Scherzo

4. Allegro con fuoco

 

Nuestro Maestro Sojo tuvo un amigo rumano verdaderamente excepcional. LEA

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*En junio de 1891 Jeanette Thurber, fundadora del Conservatorio Nacional de Música de América en Nueva York, ofreció a Dvořák la dirección de este centro en condiciones muy favorables. Por eso, en septiembre de 1892, el compositor se trasladó a Estados Unidos, donde residiría hasta 1895. Durante su estancia en el país compuso la Sinfonía n.º 9 en Mi menor, conocida como «Del Nuevo Mundo». Dvořák compuso esta obra entre el 10 de enero y el 24 de mayo de 1893 y se estrenó el 15 de diciembre del mismo año en el Carnegie Hall de Nueva York, y fue dirigida por Anton Seidl e interpretada por la Orquesta Filarmónica de la ciudad. (Wikipedia en Español).

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Pensamiento crítico y científico

A Nelson Landáez

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Es de vieja tradición en la filosofía occidental (…) el establecimiento de la distinción entre opinión y conocimiento. Aristóteles, por ejemplo, propone que si lo opuesto de una proposición no es imposible o no conduce a la autocontradicción, entonces la proposición y su contraria son asunto de opinión. Este criterio excluye las proposiciones de suyo evidentes, así como las demostrables, y ambos tipos de proposición no expresan opinión, sino conocimiento.

Conocimiento y opinión, 14 de junio de 2007

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Hace tres días recibí por el medio de WhatsApp el video que se coloca a continuación:

 

 

Reproduzco, de este blog, la Nota del Día del 28 de junio de 2010 (Contenedores de palabras podridas):

Neil Postman y Charles Weingartner sostenían en La enseñanza como actividad subversiva (1969), que una de las tareas fundamentales de la educación era proporcionar a los educandos un “detector de porquería”. (Crap detector). El estudiante debía aprender a distinguir entre un discurso válido y con sentido, y uno construido con falsedad. Así, el paciente racional debe preferir la medicina científica a cacareadas “medicinas sistémicas” o “alternativas”, independientemente de la propaganda televisada que nuestros canales de televisión admitan. Así debe el ciudadano preferir, más bien exigir, una política científica, y rechazar la payasada que busca imponérsenos.

El primer deber del político es el de educar al pueblo, para que sea cada vez más autónomo, menos tutelado políticamente. (Claro que entonces él mismo debe ser educado en la verdad política). Así que recordaremos a John Stuart Mill y Bárbara Tuchman. Dice ésta en conjetura profundamente democrática: “El problema pudiera ser no tanto un asunto de educar funcionarios para el gobierno como de educar al electorado a reconocer y premiar la integridad de carácter y a rechazar lo artificial”.

Dice Mill: “Si nos preguntamos qué es lo que causa y condiciona el buen gobierno en todos sus sentidos, desde el más humilde hasta el más exaltado, encontraremos que la causa principal entre todas, aquella que trasciende a todas las demás, no es otra cosa que las cualidades de los seres humanos que componen la sociedad sobre la que el gobierno es ejercido… Siendo, por tanto, el primer elemento del buen gobierno la virtud y la inteligencia de los seres humanos que componen la comunidad, el punto de excelencia más importante que cualquier forma de gobierno puede poseer es promover la virtud y la inteligencia del pueblo mismo… Es lo que los hombres piensan lo que determina cómo actúan”.

Pero también advierte: “Un pueblo puede preferir un gobierno libre, pero si, por indolencia, descuido, cobardía o falta de espíritu público, se muestra incapaz de los trabajos necesarios para preservarlo; si no pelea por él cuando es directamente atacado; si puede ser engañado por los artificios empleados para robárselo; si por desmoralización momentánea, o pánico temporal, o un arranque de entusiasmo por un individuo, ese pueblo puede ser inducido a entregar sus libertades a los pies de incluso un gran hombre, o le confía poderes que le permiten subvertir sus instituciones; en todos estos casos es más o menos incapaz de libertad, y aunque pueda serle beneficioso tenerlo así sea por corto tiempo, es improbable que lo disfrute por mucho”.

Y ésta es una cita complementaria—Lo que no corta una hojilla—de la Nota del Día 15 de julio de ese mismo año:

Una ideología se compone de una explicación y una prescripción. Por el primero de sus componentes, pretende entender cómo funciona una sociedad dada o, como en el caso de la más pretenciosa de todas (el marxismo), la historia entera de la humanidad. (Historicismo marxista o materialismo histórico). Es este componente el que se quiere hacer pasar por científico. Aunque fue la pareja Marx-Engels la que acuñó el término “socialismo utópico”, fue el segundo quien catalogó las teorías de Marx como “socialismo científico”. Muchos creen conmovedoramente que esto es así. El general Raúl Isaías Baduel, con ocasión de su pase a retiro el 18 de julio de 2007, dijo en su discurso de despedida: “…si la base para la construcción del Socialismo del Siglo XXI es una teoría científica de la talla de la de Marx y Engels…”, …”, y el presidente Chávez dijo en la Asamblea Nacional el 15 de enero de este año: “El marxismo sin duda que es la teoría más avanzada en la interpretación, en primer lugar, científica de la historia, de la realidad concreta de los pueblos…” Captor y cautivo piensan lo mismo en este punto.

Fue, sin embargo, nadie menos que Karl Popper, el papa de la Filosofía de la Ciencia en el siglo XX, quien mostrara y demostrara que el “historicismo”, en particular el marxista, era un discurso contracientífico. (En La miseria del historicismo). Antes, en La lógica de la investigación científica, Popper estableció un sólido criterio, el famoso “criterio de demarcación”, para distinguir entre un discurso científico y uno que no lo es. El marxismo no pudo nunca superar la barra del criterio popperiano.

La explicación proporcionada por la ideología usualmente consigue culpables de un estado indeseable de la sociedad—indeseabilidad que se establece según los “valores” de la ideología concreta—que resalta en su crítica. Así, por ejemplo, el marxista sostendrá que la culpa del subdesarrollo es de la empresa privada, cuyo afán de lucro produce la “exclusión” de grandes contingentes humanos en su afán por mantener privilegios de clase, y que el Estado revolucionario está llamado a corregir ese estado de cosas; por lo contrario, un liberal argüirá que el subdesarrollo es culpa de la excesiva intromisión del Estado en la economía y que, si se deja tranquila a la “libre empresa”, será posible alcanzar un desarrollo avanzado. En medio de estos polos extremos se ubican las ideologías intermedias: básicamente la socialdemocracia (socialismo evolucionista o reformista), una suerte de socialismo de virulencia atenuada fundado desde Alemania por Eduard Bernstein hacia 1896, y la democracia cristiana o socialcristianismo, desarrollado a partir de principios expuestos en las “encíclicas sociales” de los papas a partir de León XIII (1891), y que desde un inicio se perfilaba explícitamente como un “tercer camino”.

Todas ellas son formas obsoletas e ineficaces de plantearse la actividad política. Son medicina precientífica.

Ahora, un planteamiento precedente que regresa a los autores citados al principio (en Un tratamiento al problema de la calidad en la educación superior no vocacional en Venezuela, 15 de diciembre de 1990):

Un objetivo fundamental de este programa de educación superior, tal vez más profundamente pedagógico que el de ofrecer las nociones más recientes sobre el hombre y su universo, sea el de proporcionar las herramientas útiles al desempeño intelectual. En efecto, transferir contenidos incurre inevitablemente en la subjetividad de la selección de lo que se transmite. En cambio, dotar a un hombre de herramientas para el aprendizaje, para la operación intelectual, es de hecho una donación más liberadora. El objetivo es formulable de la manera siguiente: se trata de convertir un mal aprendedor en un buen aprendedor, siguiendo la terminología de Neil Postman y Charles Weingartner. Estos autores señalan, entre los rasgos de un buen aprendedor, su apertura mental, la nula incomodidad que sienten al formular preguntas, su disposición al reconocimiento de la propia equivocación, su placer de encontrarse en situación de aprendizaje. Obviamente, un buen aprendedor posee, además, el dominio de ciertos métodos y técnicas que hacen eficiente el proceso de absorción y elaboración de conocimiento.

Finalmente, el relato inicial de la Carta Semanal #281 de doctorpolítico (3 de abril de 2008):

Hace treinta y tres años, la edad de Cristo, de que el suscrito, en compañía de Eduardo Quintana Benshimol, filósofo, y Juan Forster Bonini, químico, se trasnochara mucho por culpa de una discusión que amenazaba con hacerse interminable. Amanecimos en casa de Eduardo, entre serísimas consideraciones pedagógicas e innumerables botellas de Coca-Cola. Los tres, ex alumnos del Colegio La Salle, debíamos responder a un requerimiento de la Fundación Neumann, que nos había solicitado que le presentáramos un proyecto innovador en materia educativa.

A pesar de que el proyecto terminaría teniendo una intención instrumental—proporcionar a los educandos herramientas que les permitieran dejar de ser malos aprendedores para ser buenos aprendedores—, la discusión de aquella noche sin fin estaba centrada en el problema de los contenidos. Nos resultaba imposible concebir ejercicios de descripción o razonamiento que no estuvieran referidos a algún contenido concreto, y sabíamos que nuestra posición de instructores determinaba una autoridad con la que sería muy fácil imponer a inteligencias juveniles—trabajaríamos con alumnos de los últimos años de bachillerato y los primeros universitarios—nuestras propias opiniones sobre las cosas.

Después de numerosos desvíos retóricos, ingeniosos aunque no poco bizantinos, aterrizamos hacia las cinco de la mañana en una declaración de principios: en la aplicación del proyecto, nos consideraríamos sin derecho de imponer nuestros puntos de vista a los alumnos, y nos comprometimos a advertirlos cuando discutiéramos cosas que eran materia, no de conocimiento, sino de opinión. Puesto de otro modo: nos comprometimos a respetar y cuidar la libertad de pensamiento de los jóvenes, cuyos cerebros estarían a nuestra disposición mientras participaran en los programas que administraríamos.

Arribados a ese punto, el cansancio tuvo vía libre para cambiar de tema. Hablaríamos unos minutos más de Cat Stevens, Jacques Monod y el béisbol local, y nos fuimos a dormir, exhaustos pero felices de haber resuelto nuestros punzantes y católicos escrúpulos. Dos días después presentamos el proyecto a la fundación (“la cual aceptó”), conscientes de que lo técnico y lo metodológico en el concepto estaban libres de manipulación.

En educación, nada más importante que respetar la libertad de conocimiento de los educandos y dotarles de las herramientas necesarias al ejercicio crítico en su aprendizaje. LEA

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5 maravillas: obra, autor, pianista, director, orquesta

 

Las manos de Sergei Rachmaninoff

 

A Sylvia Josefina

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Una concurrencia musical única se dio en 1965, cuando el increíble pianista Earl Wild fuera acompañado por la impecable Orquesta Filarmónica Real inglesa, bajo la batuta precisa y vigorosa de Jascha Horenstein, para grabar los cuatro conciertos para piano y orquesta de Sergei Rachmaninoff junto con su Rapsodia sobre un tema de Paganini; esto es, la obra pianístico-orquestal entera del genio musical ruso, «el hombre que sudaba melodías».

Una nota de ArkivMusik recomienda la versión de Chandos de esta colección y certifica:

Wild está en forma deslumbrante en todo momento. Raramente escuchará el Primero y Cuarto Conciertos brillar con igual garbo y agudeza rítmica, mientras que la fusión de poesía y estilo del pianista se suman a una Rapsodia de Paganini que deja atrás casi todas las versiones estéreo. El apoyo incisivo y colorido de Jascha Horenstein es un activo importante, y la Filarmónica Real toca para él maravillosamente.

No en vano el conjunto obtuvo el reconocimiento de «recording of the century»: grabación del siglo. (Aún puede encargarse el maravilloso álbum de la utilísima Amazon).

Sin duda, es la más famosa de las obras de esa insólita constelación el Concierto para piano y orquesta #2 en Do menor, el opus 18 de Rachmaninoff. Está dedicado a Nikolai Dahl por una buena razón: el compositor había caído en una severa depresión a raíz de la muy negativa recepción de su Sinfonía #1, que lo sumergió en un total «bloqueo de autor». Dahl, amigo de la familia, psicoterapeuta y músico aficionado, lo trató en 1900 con sesiones diarias de hipnosis que restablecieron un patrón de sueño normal, su estado de ánimo y su apetito, así como el deseo de componer. Al año siguiente había completado el incomparable concierto, probablemente el más apreciado en su género en el mundo entero.

He aquí, como muestra convincente, su movimiento final, exigente de virtuosismo y brillantemente hermoso, por esa feliz conjunción de Wild, Horenstein y la orquesta inglesa:

Dahl sugestionaba a Rachmaninoff bajo hipnosis: «Usted compondrá una obra maravillosa». Convendrá Ud., amable visitante, que el médico tenía toda la razón y que nunca había escuchado una rendición tan satisfactoria como ésta, así de perfecta. LEA

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77 y contando

 

La Musa Euterpe (1755) – François Boucher, artista Rococó

 

La palabra Música etimológicamente significa “Arte de la Musa” o “Arte propiciado por las Musas”. Según la mitología griega, Euterpe es su Musa inspiradora. (…) …el culto a Santa Cecilia comenzó en el año 1594, cuando el Papa Gregorio XIII la canonizó y la nombró oficialmente patrona de la música por «haber demostrado una atracción irresistible hacia los acordes melodiosos de los instrumentos y por su espíritu sensible y apasionado hacia el arte de la Música que practicó hasta el momento de su muerte por Martirio”,
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Ohne Musik wäre das Leben ein Irrtum.*
Friedrich Nietzsche
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No encuentro una manera mejor de celebrar mi septuagésimo séptimo cumpleaños que traer acá, en la entrada centésima de Música en este blog, siete piezas musicales que estimo de la mayor calidad, tanto por su hermosura como por su factura. Comencemos de una vez por el movimiento inicial de la Sinfonía #1 en Do menor de Johannes Brahms, músico noble y generoso. Está a cargo del gigantesco Wilhelm Furtwängler al frente de la Sinfonieorchester des Norddeutschen Rundfunks—la Orquesta de la Radio del Norte de Alemania, en Hamburgo, cuya estación radial fue la única que no fuera destruida durante la Segunda Guerra Mundial—de un concierto en vivo cuya grabación es considerada «recording of the century»:

  Un poco sostenuto-Allegro-Meno allegro

Refresquemos ahora esa hermosa gravedad con una pieza tan breve como alegre; es el movimiento de cierre—Badinerie (broma, chanza)—de la Segunda Suite Orquestal en Si menor (BWV 1.067) del Sumo Pontífice de los músicos, Johann Sebastian Bach, por la Akademie für Alte Musik Berlin (Oriental), fundada en 1982:

  Badinerie

En tercer lugar, y en contraste, la muy bella Elegía en Mi bemol menor, el #1 del opus 3 de Sergei Rachmaninoff (sus Morceaux de fantaisie), interpretada en 1941 por el propio compositor, quien fuera uno de los más exitosos pianistas de concierto de la historia, quizás tanto como su colega en creación y ejecución, el famoso húngaro Franz Liszt:

  Elegía

Es la equivalente noruega de la imaginación melódica del ruso la de Edvard Hagerup Grieg; de Dos melodías elegíacas, suena ahora La última primavera, con las cuerdas de la Orquesta de Filadelfia que puliera el también húngaro Eugene Ormandy:

  La última primavera

Un nuevo contraste, presentado por la misma orquesta y el mismo director: la Rapsodia sueca #1 (Midsommarvaka, o Vigilia en pleno verano), el opus 19 de Hugo Alfvén:

  Rapsodia sueca #1 

Nadie como Ricardo Wagner para estirar y transformar una bella melodía con progresiones armónicas cromáticas (series de modulación por semitonos) que crean tensión, a veces angustia. Uno de sus más hermosos ejemplos es Preludio y muerte de amor (Liebestod) de su primer gran éxito, la ópera Tristán e Isolda. Tal vez nadie tan apropiado para presentar esa pieza universal como el argentino-israelita-palestino-español (tiene las cuatro nacionalidades) Daniel Barenboim, al frente de la Orquesta de París:

  Preludio y muerte de amor

Wagner me ha hecho evocar a mis grandes amigos judíos—Gerd Stern, Mary Taurel, Alberto Krygier—; por eso elijo cerrar esta celebración con el último movimiento (Fuga) del Concerto grosso #1 del gran compositor suizo Ernest Bloch (1880-1959). El estupendo director checo Rafael Kubelik—nuevo recuerdo de Hans Neumann—lidera la Orquesta Sinfónica de Chicago y George Schick se luce en el piano obligato:

   Fuga

Con esto tengo un cumpleaños feliz. LEA

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Bueno, una ñapa:

 Seventy-Seven Sunset Strip

77 Sunset Strip was an American television private detective drama series created by Roy Huggins and starring Efrem Zimbalist Jr., Roger Smith, Richard Long (from 1960 to 1961) and Edd Byrnes (billed as Edward Byrnes). Each episode was one hour long including commercials. The show ran from 1958 to 1964. (Wikipedia).

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*Sin la música, la vida sería una equivocación.

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El hombre que nació dos veces

 

Conservatorio Rimsky Korsakov – San Petersburgo

 

Según la creencia cristiana, puede decirse de Jesús de Nazaret que nació en Belén y murió y volvió a nacer en Jerusalén. Una particular conjetura arreligiosa explicaría su presencia en la tierra, luego de su crucifixión, como la improbable pero no imposible recuperación de un evento tan traumático como ése. (De clases de religión, en el colegio católico en el que estudié hasta egresar como bachiller en 1959, recuerdo que algún profesor explicaba que a gente como los discípulos de Emaús le costaba reconocerlo por su demacrado aspecto). En todo caso, son las ocasiones de su nacimiento y su postulada resurrección las fechas cumbre de su presencia terrestre.

Hay menos controversia respecto del tiempo de su ajusticiamiento político en criminal connivencia judeo-romana; en cuanto a su nacimiento, nadie menos que el Papa Emérito, Benedicto XVI, ha sostenido que posiblemente Jesús nació antes de lo que tradicionalmente se cree. En la última parte de la trilogía—Jesús de Nazaret – Las narrativas de su infancia (desde su concepción hasta su presentación en el templo al cumplir doce años)—que escribiera sobre su vida, Ratzinger sostiene que si fuese cierto, como sostiene Mateo, que Jesús nació mientras Herodes el Grande era Rey de Judea las fechas no cuadran, pues éste habría muerto entonces cuatro años antes de Jesucristo.

Portada de la edición que tengo de Principios de Orquestación de Rimsky Korsakov

Un famoso compositor ruso miembro de Los Cinco, Nikolai Andreievich (Nicolás hijo de Andrés) Rimsky Korsakov, tal vez el más dotado de los orquestadores en la historia de la música, creó dos obras centradas en ambas fechas. Primeramente, compuso ente 1894 y 1895 la ópera Noche de Navidad, basada en un cuento homónimo de su tocayo Nikolai Gogol. He aquí la suite que sacara de esa obra por la Orquesta Nacional de Escocia, conducida por el competente director estonio Neeme Järvi. Consta de cuatro movimientos: 1. Introducción, 2. Cuadros VI y VII, 3. Polonesa y 4. Cuadro VIII.

  Noche de Navidad (Suite)

Es composición anterior (1887-88) y mucho más famosa su Obertura Festival de la Pascua Rusa – Obertura sobre temas litúrgicos, más conocida como Obertura de la Gran Pascua Rusa. En esta versión escuchamos a la Orquesta Anima Eterna bajo la dirección de Jos van Immerseel.

Gran Pascua Rusa.

N. A. Rimsky Korsakov

Un solo músico, pues, musicalizó la Pascua de Navidad y la Pascua de Resurrección, los dos nacimientos de Jesús de Nazaret. ¿No decimos de quien se salvó de una muerte segura que «volvió a nacer»? LEA

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