por Luis Enrique Alcalá | Jul 12, 2019 | Memorias |

El amigo inmerecido
A Mary Taurel
_______________
Conocí a Gerd Stern en Caracas, en 1973. Ya había venido a Venezuela antes, invitado por quien lo hubiera descubierto: el Ministro de Obras Públicas del primer gobierno de Rafael Caldera, José Curiel Rodríguez. Éste había identificado las capacidades de una pequeña empresa de comunicaciones en Cambridge, Massachusetts: Intermedia, de la que Gerd era el factor principal.
El término multimedia hace referencia a cualquier objeto o sistema que utiliza múltiples medios de expresión físicos o digitales para presentar o comunicar información. De allí la expresión multimedios. Los medios pueden ser variados, desde texto e imágenes, hasta animación, sonido, video, alto nivel de interactividad. También se puede calificar como multimedia a los medios electrónicos u otros medios que permiten almacenar y presentar contenido multimedia. Multimedia es similar al empleo tradicional de medios mixtos en las artes plásticas, pero con un alcance más amplio. (Wikipedia en Español).
Era eso, justamente, la especialidad de Intermedia, y Curiel contrató sus servicios para montar, en el Campo de Carabobo, un espectáculo multimedia que se conoció desde entonces como el Diorama de Carabobo, el que logró impresionar a todo visitante ulterior del terreno de batalla donde se sellara la independencia de Venezuela. Al comienzo del siguiente período constitucional, Diego Arria Salicetti, Gobernador del Distrito Federal, requirió de nuevo la presencia de Intermedia, la que concibió e instaló al frente de la Plaza Bolívar de Caracas otro dispositivo multimedia similar. Gerd Stern, a quien vi por primera vez en casa de Arria antes de la elección de Carlos Andrés Pérez, era el director de esa orquesta y me invitó a su segundo concierto.
Algo hizo clic entre ambos; luego de alucinar con la riqueza sensorial del asombroso espectáculo, descubrí en Gerd un intelectual inquieto, moderno, profundo y nada convencional, repleto de sabiduría insólita, insospechada por mí. No sé que vio en mi persona, pero desde el comienzo me ofreció sus peligrosos abrazos de oso y la calidez de su voz de bajo profundo para descubrir ante mis ojos y oídos un universo de cosas nuevas.
Él había calado, por otra parte, la antropología popular venezolana y vibraba con ella; inexplicablemente, había adquirido una afición a la figura de José Gregorio Hernández, de la que preserva todavía una buena colección de estampas, y prefería almorzar o cenar en el restaurante Jaime Vivas de la avenida Este 2, en el que siempre pedía en español agringado con su voz de Chaliapin: «Yo quiere un bistec de hígado cebollado—nunca dijo encebollado—vuelta y vuelta sine cebolla». (Tenían que cocerlo con abundante cebolla pero ninguna debía venir en su plato). Sé que conoció e hizo amigos en Valencia y Maracaibo además de Caracas.

Mala foto de un collage que Gerd regalara a mi esposa y a mí
Pronto, además, encontré que era poeta; Gerd descompone, recompone y yuxtapone las palabras inglesas para hacernos entender conceptos nuevos que encuentra o inventa, aunque su lengua original es el alemán. Por otra parte, además de la palabra, maneja la visibilidad y construye collages con sólo vocablos, como el que aparece tras él en la fotografía de arriba o el que muestro acá al lado. Gerd es asimismo un artista plástico; en marzo de 2016, admitió en un correo electrónico: «I’m still gluing words together»,
………
En diciembre de 1973, lo visité en su casa de Cambridge, donde su esposa de entonces (Sally) y él me alojaron. (Luego la mía y yo les visitamos por Thanksgiving, ahora mudados a New Jersey). De aquella primera visita guardo un exacto recuerdo sonoro, grabado con profundo buril en mis neuronas: la resonante voz de Gerd descubriendo y recitando para mí uno de sus poemas favoritos: The Idea of Order at Key West, de Wallace Stevens. Puedo aún hacer sonar en mi memoria cómo se entrecortó al declamar: She was the single artificer of the world in which she sang… (El poema completo, leído por su autor, al final de Ella cantaba más allá del genio del mar). El 31 de ese mes me llevaron a la casa del importante profesor de Psicología en Harvard, David McClelland—The Achieving Society, Power: The Inner Experience, etc.—y su esposa, Mary Sharpless, para una extraña recepción de Año Nuevo que incluyó la proyección de la maravillosa película de Charles Eames, Powers of Ten. De allí salí con un obsequio de Mary: cincuenta palitos de milenrama, que los chinos emplean desde hace milenios para obtener los hexagramas en una sesión adivinatoria del I Ching, o Libro de los Cambios.
También me presentó en Cambridge al rabino Zalman Schacter-Shalomi, quien dijera famosamente: «Hay más bien que mal en el mundo, pero no por mucho», y conocí la sede de Intermedia, donde tomé café con Michael Callahan, su socio de toda una vida de creación civilizatoria, high-tech. Nos encontramos en Nueva York—adonde acaba de mudarse—en 1974, y allí me presentó a varios de sus compinches; por ejemplo, a John Brockmann, fundador de Edge y también poeta. Brockmann, luego de regalarme un libro suyo, me admitió en The Reality Club a comienzos de los ochenta, y Gerd me obsequió más tarde una chaqueta de lanzador de béisbol, negra con letras blancas, con mi nombre bordado al frente y el del club en la espalda. (Mi hija mayor la vistió por varios años, pero a mi reclamo la ha devuelto). Han sido o son amigos de Gerd notables personajes del siglo XX y el XXI; mencionaré sólo dos: un poeta, Allen Ginsberg, y un profeta, Marshall McLuhan, nadie menos. (Bueno, añado un músico: Michael Kamen, de quien me obsequió un disco que mucho aprecié y reproduje hasta rayarlo).
………
Salto largo. En 2013 coordinamos por Internet, para su visita a Israel, una reunión con otro amigo especial: Yehezkel Dror, Wolfson Professor of Political Science en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Gerd con Yehezkel
Y seguimos en contacto bastante frecuente. Hace dos días, me remitió el archivo de una conversación que sostuvo con Raymond Foye. Quedé anonadado; resultó ser que, tras una amistad de cuarenta y seis años, lo que yo conocía de Gerd era sólo una pequeña muestra de su descomunal existencia. Ya la he leído tres veces y seguiré haciéndolo. En mi agradecimiento le escribí:
Estoy a la vez abrumado y orgulloso. El primer efecto fue causado por la complejidad y significación de sólo esa porción de tu increíble, ricamente significativa, grandemente importante odisea, tal como registra tu deliciosa conversación con Raymond Foye: profunda, mágica, iluminada e iluminadora. (…) Orgulloso de que me llames tu amigo. Estoy convencido de que Donald no debe ser reelecto; es absolutamente imposible que te confiera la Medalla Presidencial de la Libertad, que evidentemente mereces como una fuerza de civilización.
Gerd es real; soy un hombre sortario. LEA
___________________________________________________________
por Luis Enrique Alcalá | Jul 10, 2019 | Letras, Terceros |

Ficha del libro de Nacha Sucre
A mi amada
_____________
Descubrí hoy en Internet una compacta descripción del libro de mi esposa, Cecilia Ignacia (Nacha) Sucre Anderson: Alicia Eduardo – Una parte de la vida, que fuera editado por Fundación Empresas Polar en 2009. Traduzco la ficha de Open Library:
Nacha Sucre ha escrito una conmovedora historia de amor y de muerte, la de sus abuelos, Alicia Eduardo (Edwards) y Andrés Sucre. Una serie de poderosas anécdotas comienza en 1894 y concluye en 1950 con un vuelo trágico en Venezuela, sobrepuestas a previos eventos dolorosos que habían ocurrido en Maracaibo, Caracas y Lourdes (Francia). Una vena poética, y un talento para mover una historia, son recursos que la autora pone en juego para ofrecer una fabulosa y, sorprendentemente, edificante novela biográfica que se extiende de la Belle Époque en París, a través de la Gran Guerra, hasta tiempos de dictadura en Venezuela.
Tuve el honor y la suerte de escribir el prólogo de ese libro; la profesora de Nacha, Milagros Socorro, indicó que quien prologara los libros surgidos del VI Taller Periodismo y Memoria de Fundación Empresas Polar debía ser alguien que conociera bastante a sus autores, así que de esto dejé constancia al comenzarlo:
Quien escribe esta nota conoce a la autora de este libro de vista, trato y comunicación, puesto que es su esposo. Ha sido testigo del arduo y feliz proceso de su factura, y en alguna ocasión fue puesto en funciones subalternas de asistente de investigación y corrección. Puede certificar, por tanto, y con detallado conocimiento de causa, cómo es que Nacha Sucre emprendió camino de casi un año en la escritura, con dedicación admirable y seriedad característica de cronista responsable y justa.
La historia contada acá es entrañable, a veces desgarradora, siempre hermosa. Poblada con acontecimientos increíbles, sin duda el eco de sus peripecias emergerá de nuevo en novelas que Nacha emprenda, las que seguramente aguardan en su corazón, como mármol bruto, por las órdenes de su cincel de escritora.
Hasta que la escribiera se había limitado, desde hace no mucho, a construir relatos breves: cuentos tiernos o cómicos que sacaba de sus memorias infantiles o incidentes más próximos, unos con moraleja implícita, otros urgidos por contrastes y conexiones que sólo su conciencia había percibido. La profesora Milagros Socorro, puesta en autos de algunas de estas narraciones, entrevió con penetrante intuición que en ella había una escritora que esperaba florecer. Así fue como le sugirió inscribirse en el VI Taller Periodismo y Memoria patrocinado por la Fundación Empresas Polar, que nuestra Premio Nacional de Periodismo concibiera y conduce. Nacha decía que era ella sólo un ama de casa, algo asustada por el prestigio del taller y la reputación de los alumnos compañeros de los que se ha hecho amiga agradecida.
Gracias a esta experiencia tenemos una nueva Nacha, pues el taller le ha cambiado la vida. Mejor dicho, es la misma Nacha Sucre de siempre, sabia ante la vida y el amor, la misma mujer de fresca relación con lo real, que escribe as a matter of fact de modo eficaz y bello con el don de los escritores natos. Siempre estuvo allí; lo que ocurre es que la oportunidad del trabajo sistemático le hizo sentirse segura en la constatación de su poder, y ya sabe que es irreversiblemente una escritora.
Era método del Taller Periodismo y Memoria proyectar en una gran pantalla—el «paredón»—avances del trabajo de los alumnos, que eran criticados por los compañeros del autor y, naturalmente, por la maestra. El día en que Nacha presentó la primera muestra de su texto (4 de abril de 2006), me escribió Milagros Socorro:
Luis, podemos sentirnos orgullosos. Tú, porque, efectivamente, vives con una escritora. Y yo, porque mucho antes de comenzar el taller de este año, cuando hablamos tú y yo del ingreso de Nacha, tuve la intuición—ahora confirmada—de que ella sería un gran aporte al grupo. Así ha sido. Nacha tiene el don. Ya sabes, el de encantar a la audiencia con sus relatos, con sus visiones, con su percepción del mundo y ese tino para apuntarle a lo importante dejando lo adjetivo fuera de su foco. Además, por si no fuera suficiente, tiene la gracia: verbal, narrativa, conceptual.
Con su lectura de hoy, ha colocado al grupo en el anaquel del profesionalismo en el oficio. Eso es muy importante. Yo le hice una observación de las que se hace a iniciados. A los escritores que tienen una buena historia, unos personajes, un punto de vista, un proyecto narrativo (de dónde parten y para dónde van), un tono bien afinado y, lo más importante, un gusto de contar. Su lectura fue la demostración no sólo de su talento sino de que ha aprovechado muy bien las clases que hemos dado hasta ahora: tiene una buena historia y la sabe ubicar en un contexto físico y espacial. Lo que he hecho es ayudarla a hacer consciente de que tiene unos personajes a cuyo punto de vista debe acostar el del narrador (o narradora); que si sus personajes se alejan del puerto, también debe el narrador seguir ese desplazamiento, de manera que si ella quiere contar la historia de Maracaibo, porque la ciudad ha acompañado el desarrollo de su personaje, debe valerse de herramientas narrativas (flash back, evocación, reflexiones del personaje) para aludir a ese contexto. Y no suspender la trama, descuidando el traslado de su personaje (que en ese momento se aleja del puente y va en el barco hacia la barra) descarriándose por la ciudad, que ha sido abandonada por el personaje.
En fin, teníamos razón.
Por supuesto, la teníamos. He aquí el primer párrafo que Nacha irguiera valientemente ante el paredón de fusilamiento:
Cada vez que aquellos hombres de puerto soltaban alguna de las gruesas amarras del barco, Juan se desprendía un poco más de su tierra natal, a la que más nunca volvería. En las suntuosas casas de comercio que daban su frente al lago, abrían ventanas para que entrara la luz y la brisa de la mañana. Jóvenes mujeres sacudían alfombras y ropas de cama en las ventanas de los pisos altos. Su rítmico movimiento hacía que parecieran inmensos pañuelos despidiendo a los viajeros.
Por lo que respecta a la vena poética que impresionara al anónimo (a) comentarista de Open Library—quien tiene razón al llamar al libro una novela—, he aquí el trozo de la obra que es mi favorito, por apenas cuatro palabras que destaco en negritas:
Para ellos fue impactante la cercanía de la imponente cordillera, el cerro Ávila, de inmensa mole verde como gigante siempre presente. Las ciudades donde hasta ahora habían vivido eran todas planas, y este cerro, este norte tan cercano de donde bajaban burros con flores de Galipán al amanecer, y adonde volvían las periqueras en las tardes después de bañarse en el río Guaire, los sobrecogió por algún tiempo.
Vivo con una escritora. LEA

El día de la presentación del libro en la Casa Lorenzo Mendoza de la Esquina de Veroes, hace diez años. En primer plano, Nacha—tomada de las manos con nuestra hija María Ignacia—y Andrés Sucre Eduardo, el hijo mayor de Alicia Eduardo. Detrás de ellos, Eugenia Josefina y Luis Armando, primeros de nuestra prole.
___________________________________________________________
por Luis Enrique Alcalá | Jul 10, 2019 | Notas, Política |

Afiliación actual al TIAR
Se ha decidido postergar, aparentemente, la discusión anunciada para ayer en la Asamblea Nacional del reingreso de Venezuela al TIAR. El domingo pasado nos contaba CNN: «El líder de la oposición venezolana Juan Guaidó anunció a través de su cuenta de Twitter este domingo que la Asamblea Nacional de Venezuela aprobará el regreso de Venezuela al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). En una cadena de varios mensajes, Guaidó, quien es reconocido como presidente interino por más de 50 países*, dijo que asume la responsabilidad en las acciones que realizarán». Luego reprodujo el siguiente tuit del Presidente de la Asamblea Nacional: «Vamos a avanzar en todos los terrenos de lucha. Tenemos el legítimo derecho de construir las capacidades y alianzas internacionales necesarias para proteger y defender al pueblo y nuestra soberanía. Cumplidos los pasos requeridos, la @AsambleaVE aprobará el TIAR. — Juan Guaidó (@jguaido) July 7, 2019».
¿Qué es el TIAR? Nos informa Wikipedia en Español:
Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), también llamado Tratado de Río, es un pacto de defensa mutua interamericano firmado el 2 de septiembre de 1947 en Río de Janeiro. El área geográfica de acción del tratado, comprende a América y 300 millas a partir de la costa, incluyendo la región entre Alaska, Groenlandia, en el norte, y en la zona ártica hasta las islas Aleutianas. En el sur las regiones antárticas, y los islotes de San Pedro y San Pablo y la isla Trinidad (detallado en artículo 4 del Tratado).
Según el artículo 3.1 en caso de (…) un ataque armado por cualquier Estado contra un País Americano, será considerado como un ataque contra todos los Países Americanos, y en consecuencia, cada una de las Partes Contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque en ejercicio del derecho inmanente de legítima defensa individual o colectiva que reconoce el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas.
Se trata del primer tratado de su especie después de la Segunda Guerra Mundial. La firma del Tratado del Atlántico Norte corresponde a 1949. No todos los estados miembros de la Organización de los Estados Americanos lo han firmado.
El TIAR ha sido invocado al menos 20 veces durante los años 1950 y 1960. Particularmente durante el bloqueo a Cuba en 1962 y la guerra entre Honduras y El Salvador en 1969. Sin embargo nunca fue puesto en acción debido a amenazas de la Guerra Fría. La más reciente invocación del TIAR ha sido la de EE. UU. después de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Durante la Guerra de las Malvinas (1982), se trató de hacerlo efectivo. Sin embargo, EE. UU., que era tanto miembro del TIAR como de la OTAN, prefirió cumplir las obligaciones de la OTAN, de la cual el Reino Unido era integrante, porque la OTAN tiene una cláusula indicando que cuando un país miembro de la OTAN es atacado, se le debe prestar asistencia.
Una de las razones para no cumplir el TIAR esgrimida por EE. UU. era que Argentina empezó la guerra al recuperar por la fuerza las islas Malvinas —un territorio en litigio con el Reino Unido quien lo administra—, por tanto no correspondía su aplicación; similar fue la posición de Chile y Colombia, que también aducían que el TIAR es un acuerdo netamente defensivo acorde el artículo 3.1.
Además se presentaba la resolución 502 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que exigía el retiro de las fuerzas argentinas de las islas Malvinas como condición a cualquier proceso de negociación entre las partes. Esto no significó el retiro de EE. UU. del TIAR al no haber un comunicado oficial ante la OEA de su renuncia como parte (Artículo 25 del TIAR).
Fue un no cumplimiento de facto de las obligaciones del tratado. Sin embargo, la condición del TIAR como instrumento de defensa multilateral de América quedó seriamente deslegitimada. Ésta fue una de las razones de México para renunciar al tratado en 2002. El 5 de junio de 2012 los presidentes del ALBA anunciaron que los miembros de esta unión también se retiraban del Tratado.
Es decir, el TIAR fue concebido para proteger a cualquier país americano de la agresión armada de un país no americano. ¿Es que Juan Guaidó, quien ha sugerido más de una vez la «liberación» de Venezuela por una fuerza militar estadounidense (americana), prevé que debe «proteger y defender al pueblo y nuestra soberanía» de algún país exterior a nuestro continente?
Pero es que, además, no corresponde a la Asamblea Nacional la conducción de las relaciones internacionales de la República. Especifica el Numeral 4 del Artículo 236 de la Constitución (De las Atribuciones del Presidente o Presidenta de la República): «4. Dirigir las relaciones exteriores de la República y celebrar y ratificar los tratados, convenios o acuerdos internacionales». Guaidó no es el Presidente de la República, y si lo fuera (supuesto negado) no necesitaría a la Asamblea Nacional para decidir el reingreso de Venezuela al TIAR.
Es lamentable la tercera patraña que quiere vender este fabulista Guaidó, tras las pretensiones de que es Presidente «encargado» o «interino» y que es potestad de la Asamblea Nacional solicitar una invasión militar de Venezuela. (Ver Más usurpador será usted, 23 de enero de 2019, y Delirio total, 7 de febrero de 2019).
La Asamblea Nacional, desde que se instalara el 5 de enero de 2016, no ha hecho sino intentar subterfugios seudolegales para confrontar al gobierno de Nicolás Maduro; desde la primera declaración de que era su «compromiso no transable» buscar un medio de lograr «la cesación de este gobierno», pasando por declarar que Maduro había abandonado su cargo (?) ** y el nombramiento inconstitucional de un Tribunal Supremo de Justicia «legítimo». (Ver La historia desaparecida, 2 de abril de 2017). LEA
………
* Los «más de 50 países» que reconocen a Juan Guaidó como Presidente de la República de Venezuela disponen de cancillerías que no se toman el trabajo de leer nuestra Constitución; si lo hicieran, constatarían que el único caso en que nuestro texto fundamental atribuye la Presidencia a quien ocupe el cargo que Guaidó ostenta legítimamente es el siguiente: «Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional». (Art. 233) ¿Quién era el Presidente electo cuya falta absoluta se hubiera producido «antes de tomar posesión»? Nadie. José Ignacio Hernández, el «Procurador Especial» nombrado inconstitucionalmente por Guaidó, escribió el 11 de enero de este año: “…el supuesto de hecho del artículo 233 es distinto a los hechos actuales. Con lo cual, y al contrario de lo que parece creerse, el artículo 233 de la Constitución no es la norma aplicable a la crisis actual”. Pero Ma. Corina Machado insiste en que hay que mantenerse en «la ruta del 233».
** Si la declaratoria de abandono del cargo por parte de Maduro hubiera sido válida (AN presidida por Julio Borges el 9 de enero de 2017) ¿por qué Guaidó reconoció implícitamente la titularidad de Nicolás Maduro hasta el 10 de enero de este año?
___________________________________________________________
por Luis Enrique Alcalá | Jul 9, 2019 | Argumentos, Política |

Del frío nórdico al calor tropical
La semana comenzó auspiciosamente con el anuncio de un acuerdo preliminar entre el gobierno venezolano y su oposición: que habría elecciones presidenciales al término de un embarazo de nueve meses. Así lo advertía Nelson Bocaranda Sardi en uno de sus runrunes: «Esto estará en el tapete en Barbados: Elecciones LIBRES y SIN Maduro en 9 meses (Rojos aseguran que Maduro no será candidato), posibles candidatos del PSUV: Diosdado Cabello o Héctor Rodríguez Y FUERTE PRESIÓN MILITAR para que se llegue a un acuerdo cuanto antes».
Por su parte, Heilet Morales escribió en el diario marabino Panorama (Elecciones en 9 meses sobre la mesa de negociación):
El pedido de elecciones presidenciales es un inamovible de la mesa de negociación, desde hoy instalada en Barbados con anuencia de Noruega y con la presencia de Gobierno y oposición. Se trata de la tercera ronda de negociación en la que la oposición presentará “la propuesta de realizar las presidenciales en nueve meses”, confirmó a este medio una fuente vinculada al entorno de Juan Guaidó. Gerardo Blyde liderará al equipo opositor que insiste en cambios en el Consejo Nacional Electoral (CNE), voto de los millones de migrantes en el extranjero, y que Maduro ceda el poder, además sin la posibilidad de ser candidato. “Un CNE con la supervisión internacional y el voto de los venezolanos afuera es mucho lo que se puede avanzar”, agregó la fuente. (…) El español diario El Mundo, publicó que los noruegos aseguran a la oposición que “ya Maduro aceptó la convocatoria de unas elecciones presidenciales con garantías. Sin embargo, el principal escollo, según legisladores con directo conocimiento de las conversaciones, es que el ‘presidente pueblo’ no quiere abandonar el poder en los meses previos a los comicios”. (…) La propuesta de una elección presidencial en nueve meses es cónsona con los tiempos de que dispone, por ejemplo el Parlamento, para designar a nuevos rectores, aunque en el mejor de los casos se hable de un mínimo de seis meses.
………
Eso está muy bien; de las múltiples aristas del problema político venezolano, es la más aguda el ejercicio de la Presidencia de la República en manos del Sr. Nicolás Maduro (no en las de Juan Guaidó). Pero no puede celebrarse nuevas elecciones presidenciales mientras Maduro ejerza su cargo, pues el presente período constitucional expira el 10 de enero de 2025; tendría Maduro que renunciar a él para abrir la puerta o el único poder capaz de hacerlo, el Pueblo en su carácter de Poder Constituyente Originario y Supraconstitucional (no limitado por la Constitución), tendría que ordenar nuevas elecciones mediante referendo convocado al efecto. De no darse alguna de esas dos circunstancias, un acuerdo a ese respecto de fuerzas políticas en Barbados sólo sería convenir en la violación a cuatro manos de la Constitución.
En cuanto al plazo para recambiar el Consejo Nacional Electoral, de nuevo el Pueblo puede acortarlo mediante una pregunta ulterior del referendo esbozado:
Si el Pueblo quiere que se nombre de inmediato cinco nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral según el siguiente procedimiento: dos de los nuevos rectores a ser nombrados por la Asamblea Nacional, dos por el Poder Ejecutivo Nacional y uno de mutuo acuerdo de estos dos poderes. (Ver Tiempo de Guerra, 10 de junio de 2019).
«¿Por qué rechazan los políticos profesionales de uno y otro bando en Venezuela la apelación al Soberano para resolver nuestros muy agudos problemas de Nación?» (Historia de una renuencia, 11 de diciembre de 2018).
………
Queda por dilucidar la permanencia en el poder de Nicolás Maduro mientras se celebra una elección presidencial y si ese ciudadano debiera ser impedido de participar en ella como candidato. Puede acordarse constitucionalmente una falta temporal del Presidente por seis meses:
Artículo 234. Las faltas temporales del Presidente o Presidenta de la República serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva hasta por noventa días, prorrogables por decisión de la Asamblea Nacional por noventa días más.
El presidente Maduro podría convenir en nombrar un Vicepresidente Ejecutivo más neutral, más potable, antes de ausentarse «temporalmente». (Seguiría siendo Presidente de la República hasta la nueva elección, pero no en ejercicio). Y ya en Prontas elecciones (22 de octubre de 2016), se argumentaba:
El Poder Constituyente Originario, el Pueblo llamado a referendo en ese carácter, tiene la potestad de superponerse a la Constitución y aprobar una norma que ella no contemple. En consecuencia, puede preguntársenos a Nosotros, la Corona, el Soberano, lo siguiente:
¿Está Ud. de acuerdo con la convocatoria a elecciones, en el plazo de tres meses a partir de esta fecha, que escojan al ciudadano que se encargue de la Presidencia de la República hasta el 10 de enero de 2019, elecciones ésas en las que podrá participar como candidato el ciudadano Nicolás Maduro Moros, actualmente en el cargo?
Que el presidente Maduro pueda presentarse como candidato marca, primeramente, una diferencia sustancial con la figura del referendo revocatorio; no se trata de una revocación, no la sustituye, y por consiguiente no puede recibir contravención jurídica alguna sobre la base de que la revocación está expresamente normada en la disposición del Artículo 72 de la Constitución. Luego, tal vez funcione como disuasivo de lo que pudiere ser su explicable tentación de oponerse a la solución descrita, con igual denuedo con el que ha entorpecido la revocación.
Si se va a una nueva elección con un CNE confiable, si todo estudio de opinión mide el enorme rechazo nacional que suscita la persona política de Nicolás Maduro, no hay que temer por su reelección, e impedirle su participación como candidato sería violar sus derechos políticos mediante un procedimiento anticonstitucional: «El ejercicio de la ciudadanía o de alguno de los derechos políticos sólo puede ser suspendido por sentencia judicial firme en los casos que determine la ley». (Art. 42 de la Constitución). De todos modos, Bocaranda pudiera estar bien informado: «Rojos aseguran que Maduro no será candidato». LEA
___________________________________________________________
por Luis Enrique Alcalá | Jul 2, 2019 | Argumentos, Política |

Una protesta incivil
incivil Del lat. incivīlis. 1. adj. Falto de civilidad o cultura. 2. adj. Grosero, maleducado.
Diccionario de la Lengua Española
______________________________________
Notre Dame Philosophical Reviews es un extraordinario servicio gratuito de la muy prestigiosa Universidad de Notre Dame (Indiana, Estados Unidos). Semanalmente, hace llegar a los suscriptores de su lista de correos reseñas de libros sobre temas filosóficos, que con frecuencia tratan de Filosofía Política. El pasado 21 de junio, recibí la del libro de Candice Delmas: A Duty to Resist – When Disobedience Should Be Uncivil, (Un deber de resistir: cuando la desobediencia debe ser incivil). En tiempos de los desórdenes de los «chalecos amarillos» en Francia, la erupción de protestas en Hong Kong y, por supuesto, de la resistencia ciudadana al gobierno de Nicolás Maduro, la lectura del correo de Notre Dame pareciera ser especialmente útil.
Busqué, pues, más información, y encontré una descripción sintética colocada en la web por la casa editora, nada menos que Oxford University Press. Traduzco:
¿Cuáles son nuestras responsabilidades frente a la injusticia? ¿Cuán lejos debiéramos ir para combatirla? Muchos sostendrían que, en tanto un estado sea cercano a justo, los ciudadanos tienen un deber moral de obedecer la ley. Quienes proponen la desobediencia civil sostienen en general que, dado este deber moral, una persona necesita una sólida justificación para quebrantar la ley. Pero activistas que van desde Henry David Thoreau y Mohandas Gandhi hasta el Movimiento por las Vidas de los Negros han reconocido desde hace tiempo que hay veces cuando, en vez de tener un deber de obedecer la ley, tenemos un deber de desobedecerla.
Asumiendo con seriedad la historia de este activismo, Un deber de resistir lucha con el problema de la obligación moral en sociedades del mundo real que albergan la injusticia. Candice Delmas argumenta que el deber de justicia, el principio de equidad, el deber samaritano y la asociación política imponen la responsabilidad de resistir bajo condiciones de injusticia. Debemos expandir la obligación política para incluir un deber de resistir leyes y condiciones sociales injustas aun en estados legítimos.
Para Delmas, el deber de resistir exige una desobediencia principista, y esa desobediencia no siempre será civil. A veces, actos encubiertos, violentos, evasivos u ofensivos de quebrantamiento de las leyes pueden justificarse, incluso pueden ser requeridos. Delmas defiende la viabilidad y necesidad de la asistencia ilegal a emigrantes ilegales, la difusión de información clasificada, ataques distribuidos de denegación de servicio (DDDoS), el sabotaje, la autodefensa armada, el arte de la guerrilla y otros medios de resistencia. Hay límites; los principios no justifican por sí mismos el quebrantamiento de la ley. Pero la desobediencia incivil puede ser en algunos casos no sólo permisible sino requerida para resistir la injusticia.
No he leído el libro hasta ahora, pero imagino que una académica tan rigurosa como Delmas no habrá pasado por alto las condiciones de la guerra justa de la tradición occidental. (Ver acá La salida, 21 de febrero de 2014). Pero en la reseña precedente y la que enviara la gente de Notre Dame echo en falta algo más drástico y definitivo al tiempo que moralmente correcto, y eso no es otra cosa que el derecho de rebelión. Creo que la formulación primera de tal derecho—con cierto precedente en los holandeses*—ocurre en la Declaración de Derechos de Virginia del 12 de junio de 1776, tres semanas y un día antes de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica:
…cuando cualquier gobierno resultare inadecuado o contrario a estos propósitos—el beneficio común y la protección y la seguridad del pueblo, la nación o la comunidad—una mayoría de la comunidad tendrá un derecho indubitable, inalienable e irrevocable de reformarlo, alterarlo o abolirlo, del modo como sea considerado más conducente a la prosperidad pública.
La soberanía del Pueblo lleva implícita esa capacidad, ese derecho de abolición. (Ver Manda Su Majestad, 17 de diciembre de 2016). Claro, no puede haber duda de que tal es la voluntad del soberano mayoritario; algo como el 38,5% del registro electoral en el «plebiscito» convocado por la oposición venezolana para el 16 de julio de 2017 no es suficiente, no equivale a un «mandato del pueblo», como han sostenido reiteradamente algunos dirigentes opositores. Sostener tal cosa, eso sí, es una usurpación de la mayoría popular.
No encuentro en las descripciones del texto de Delmas la decisiva claridad de los virginianos, y sostengo que mandar es preferible a desobedecer, es muy preferible a protestar. LEA
………
*Un importante antecedente de la Declaración de Derechos de Virginia, plantilla de la Declaración de Independencia de los EEUU que la seguiría a las tres semanas, es el Acta de Abjuración de los Estados Generales holandeses (26 de julio de 1581) contra la Corona de España. Éste es su preámbulo: “Como es aparente a todos, un príncipe es constituido por Dios para ser el gobernante de un pueblo, defenderlo de la opresión y la violencia como un pastor a sus ovejas; y Dios no ha creado al pueblo como esclavo de su príncipe, para obedecer a su mandato sea éste justo o injusto, sino antes al príncipe para sus súbditos (sin los que no podría ser príncipe), para gobernarlos de acuerdo con la equidad, amarlos y sostenerlos como un padre a sus hijos o un pastor a su rebaño, incluso a riesgo de su vida para defenderlos y preservarlos. Y cuando él no se conduce de ese modo, sino que, por lo contrario, les oprime, buscando oportunidades para infringir sus antiguas costumbres y privilegios, exigiéndoles aquiescencia esclava, entonces ya no es más un príncipe, sino un tirano, y los súbditos no tienen por qué considerarlo de otro modo. Y particularmente cuando eso lo hace deliberadamente, sin autorización de los estados, ellos pueden no sólo inhabilitar su autoridad, sino proceder legalmente al escogimiento de otro príncipe para su defensa. Éste es el único método que queda a los súbditos cuyas humildes peticiones y protestas nunca pudieron ablandar a su príncipe o disuadirlo de sus tiránicos procedimientos: y es esto lo que la ley natural dicta para la defensa de la libertad, que debemos transmitir para la posteridad, aun a riesgo de nuestras vidas”.
___________________________________________________________
intercambios