Para salir del túnel

 

Afuera hay luz suficiente

 

Exactamente el mismo ideograma chino genera las nociones de crisis y oportunidad. El vocablo “crisis”, proveniente del griego, significa en esta lengua decisión. (Krinein, decidir). La decisión sensata debe ser precedida por la reflexión.

Ideas para la crisis – 7 de abril de 2009

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El presidente Nicolás Maduro puede ofrecer una salida de estadista* a nuestra inédita crisis nacional. Se la propuse por vía radiofónica el pasado sábado 30 de marzo de 2019 en el programa #341 de Dr. Político en Radio Caracas Radio; he aquí el fragmento de audio pertinente (7′ 30″):

Paso a exponerla textualmente:

1. El Presidente de la República puede convocar—Art. 71 de la Constitución—un referendo consultivo para decidir sobre la siguiente materia «de especial trascendencia nacional»: si debe celebrarse una nueva elección presidencial en diciembre de este mismo año de 2019. (La consulta puede ser organizada por el Consejo Nacional Electoral en poco más de un mes, a comienzos de mayo). Nicolás Maduro podrá decidir si participa como candidato en esa hipotética elección.**

2. De resultar aprobada tal posibilidad por 60% o más de los votantes que participen en el referendo, el presidente Maduro procederá a nombrar un nuevo Vicepresidente Ejecutivo antes de renunciar a su cargo actual. Esta persona no deberá estar afiliada al oficialismo y tampoco a la oposición, pues una de sus tareas principales será la de iniciar la reunión de un país dividido, y no podrá presentarse como candidato en la elección de diciembre.

La sola renuncia no es lo indicado, pues se causaría una falta absoluta del Presidente de la República que, según el Art. 233 de la Constitución, debe ser subsanada mediante «una nueva elección universal y directa dentro de los treinta días consecutivos siguientes», y tal plazo impide una suficiente consideración por los electores de los candidatos a gobernar hasta enero de 2025. Es por esto que se hace imprescindible el referendo descrito, puesto que sólo el Poder del Pueblo no está limitado por la Constitución; sólo él puede superar la prescripción de los treinta días.***

El período previo a la nueva elección, de unos ocho meses—mayo a diciembre—, tendría de por sí un carácter transicional; no requiere un «estatuto de transición», como el aprobado por la Asamblea Nacional en contravención de disposiciones constitucionales sin poder para hacerlo. LEA

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* El 21 de julio de 1991, algo más de seis meses antes de la sublevación del 4 de febrero de 1992, publicó El Diario de Caracas un artículo al que puse como título Salida de estadista. Éste concluía así: «El Presidente debiera considerar la renuncia. Con ella podría evitar, como gran estadista, el dolor histórico de un golpe de Estado, que gravaría pesadamente, al interrumpir el curso constitucional, la hostigada autoestima nacional. El Presidente tiene en sus manos la posibilidad de dar al país, y a sí mismo, una salida de estadista, una salida legal».

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** «Que el presidente Maduro pueda presentarse como candidato marca, primeramente, una diferencia sustancial con la figura del referendo revocatorio; no se trata de una revocación, no la sustituye, y por consiguiente no puede recibir contravención jurídica alguna sobre la base de que la revocación está expresamente normada en la disposición del Artículo 72 de la Constitución. Luego, tal vez funcione como disuasivo de lo que pudiere ser su explicable tentación de oponerse a la solución descrita…» (Prontas elecciones, 22 de octubre de 2016. En todo caso, según la condición de la propuesta, como posible candidato Maduro participaría desprovisto de los poderes y recursos del cargo de Presidente de la República).

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*** «La piedra angular de la constitucionalidad venezolana reciente fue colocada como cimiento principal de ella por esa sentencia del 19 de enero de 1999. Ella definió la doctrina fundamental de que el Pueblo, por su carácter de Poder Constituyente Originario es el Poder Supraconstitucional, no limitado por la Constitución (que sólo limita a los poderes constituidos); el Pueblo está únicamente limitado por los derechos humanos y por los tratados en los que haya entrado válidamente la República con soberanías equivalentes de otras naciones. (…) Ésta condición de supraconstitucionalidad es intransferible. (Art. 5 de la Constitución: ‘La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público’). El ejercicio indirecto de la soberanía no la transfiere, y por tanto una asamblea constituyente no es soberana; ella sólo tiene por misión (Art. 347) la de ‘transformar al Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución’. Al Estado se lo transforma y se crea un nuevo ordenamiento jurídico precisamente mediante una nueva constitución, y ésta no entra en vigencia hasta que el Pueblo la aprueba en referendo». (Catecismo constituyente, 11 de agosto de 2017).

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Refutación y proposición

Franz Liszt, grande de Hungría

En el penúltimo día de marzo, el programa #341 de Dr. Político en RCR refutó las bases de la inhabilitación del diputado Juan Guaidó por el Contralor General de la República, Elvis Amoroso, sobre argumentación ya adelantada en agosto de 2008 contra las inhabilitaciones dictadas por Clodosbaldo Russián y su sostén, violatorio de la Constitución por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (en su sentencia #1.265 de ese año).

Luego se propuso al Presidente de la República la convocatoria de un referendo para decidir una nueva elección presidencial este mismo año, junto con otros compromisos de su parte.

Los Preludios, el poema sinfónico de Franz Liszt, aportaron dos temas musicales que sonaron durante la transmisión, cuyo archivo de audio se pone de seguidas:

LEA

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Á propos un acto «amoroso»

 

Un contralor amorosísimo

 

De nota de prensa en El Universal:

El contralor general de la República, Elvis Amoroso, anunció este jueves [28 de marzo] que el jefe legislativo y juramentado presidente encargado, Juan Guaidó, fue inhabilitado para ejercer cargos públicos por supuesta corrupción alegando que “se presume falseó datos en su declaración y recibió dinero de instancias internacionales, sin notificar» (…) Afirmó que, considerando las disposiciones del artículo 105 del Sistema Nacional de Control Fiscal, que faculta imponer las sanciones de inhabilitación del ejercicio de funciones a los servidores públicos que cometan irregularidades hasta por un máximo de 15 años, resuelve “inhabilitar por el ejercicio de cualquier cargo público, al ciudadano Juan Gerardo Guaidó Márquez (…) por el periodo máximo establecido en la Ley con rango, valor y fuerza contra la corrupción”.

Sigue Amoroso la tradición establecida por Clodosbaldo Russián en 2008, cuando dictara 272 sanciones de inhabilitación—que incluían las de Leopoldo López y Enrique Mendoza—, basándose en el mismo Artículo 105 de la Ley Orgánica de la Contraloría y del Sistema Nacional de Control Fiscal. (Más recientemente, su predecesor, Manuel Galindo Ballesteros, empleó el 6 de abril de 2017 idéntica arma contra Henrique Capriles Radonski y Liborio Guarulla, gobernadores de los estados Miranda y Amazonas, respectivamente).

Con ocasión de las inhabilitaciones de Russián, introduje en el Tribunal Supremo de Justicia, el 11 de agosto de 2008, la denuncia (ver Violación denunciada) de una violación de derechos consagrados en la Constitución ¡por su misma Sala Constitucional, encargada de velar por la integridad y recta aplicación del texto supremo! Ocho días más tarde coloqué en el espacio de YouTube un video con apoyo de títulos acerca de la gravísima trapacería, que nunca monté en este blog. Es lo que ahora coloco a continuación:

 

 

LEA

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Opinión pública

 

Google dedicó un «doodle» al gran músico universal

El programa #340 de Dr. Político en RCR dio cuenta de mediciones recientes de tres firmas encuestadoras, coincidentes en el registro de una inmensa mayoría de la opinión venezolana que prefiere que Nicolás Maduro deje de presidir la República este mismo año de 2019. Se comentó la reciente declaración de Michelle Bachelet sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela, y se consideró un artículo de Frank O. Mora en la venerable revista estadounidense de temática internacional, Foreign Affairs. El Sr. Mora expone el caso de una intervención militar de los EEUU en Venezuela para desaconsejarla claramente.

Scott Joplin compuso The Entertainer, una pieza que ocupó nuestra conciencia auditiva como el tema de la película El Golpe (Paul Newman & Robert Redford). Después, se conmemoró el nacimiento de Juan Sebastian Bach hace 334 años con Fecit potentiam, uno de los poderosos coros de su magnífico Magnificat.

He aquí el archivo de audio de la emisión:

LEA

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Millar segundo

 

La verdad respecto de un hombre es, ante todo, lo que él oculta.

André Malraux

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Preámbulo

Hace unos días me escribió desde Los Ángeles un noble amigo—Leopoldo Hellmund Blanco—cuyo nombre de pila puse a mi hijo mayor, nacido en 1969. Este primer hijo ha sido apoyo fundamental, conceptual y tecnológico, del esfuerzo de treinta y seis años en mi peculiar política: me asistió en la escritura y diagramación de Krisis*, mis «memorias prematuras» (1986), me animó en 2002 a producir lo que en un comienzo fue la Carta de Política Venezolana y luego—desde el #86 del 12 de mayo de 2004 hasta el #356 del 5 de noviembre de 2009—la Carta Semanal de Dr. Político. De hecho, fue él la fuente de tal denominación al instruirme en el concepto de «marca personal» (personal brand) que yo desconocía; me convocó una mañana a su casa para explicármelo y advertirme que mi marca personal debía expresar lo que yo era, lo que yo hacía. Respondiendo a su estímulo, sugerí que si lo que yo hacía era una política médica, clínica, tal vez Dr. Político fuera la marca adecuada. (Muchas veces he explicado que no tengo doctorado alguno, a pesar de nueve años de educación universitaria—tres en Medicina, uno de Estudios Internacionales y cinco de Sociología—; el «doctor» de mi marca es simplemente sinónimo de médico: «Vengo del doctor, el doctor me recetó»). Más adelante, estableció y diseñó este blog y financió sus gastos (lo que hace todavía), y descubrió para mí la maravillosa gratuidad de ivoox.com en el montaje de archivos de audio, que permitió entradas musicales (88 hasta la fecha) y más tarde el almacenamiento de mis programas sabatinos en Radio Caracas Radio. Toda ignorancia mía en el mundo digital es cubierta por él, y le he encargado asegurarse de que este blog me sobreviva como repositorio abierto de los productos de una trayectoria intelectual que se remontan a 1969.

No podía menos que expedir tan insuficiente constancia en esta entrada, que es la número 2.000 de este blog en materia política, cuyo epígrafe es el mismo escogido para Krisis.

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Materia

No he ocultado que, al menos en cinco ocasiones, he sentido mi deber intentar una campaña por la Presidencia de la República en Venezuela. La más reciente es de hace algo más de tres años, motivada por la pregunta de una dama preocupada por el acontecer nacional:

Doña Amparo Schacher de Wiedenhofer tuvo la amabilidad de preguntarme (en comentario a Una orgullosa alegría): “Tomando en cuenta su visión de la política como acto médico ¿cuál sería el método y cuáles las primeras medidas a tomar si Ud. fuese elegido Presidente actualmente?” (Recurso de Amparo, 14 de julio de 2015).

Cerré ésa, mi contestación, con estas palabras:

Dije anteayer a la Sra. Schacher de Wiedenhofer: “Gracias, Doña Amparo, por la confianza implicada en sus preguntas. Me propongo contestarlas con las mayores seriedad y responsabilidad. Deme Ud. unas horas, al cabo de las cuales sustituiré este inmediato acuse de recibo por una verdadera respuesta. Le avisaré a su dirección electrónica”. Lo que antecede es una contestación provisional, tal vez ilustrativa; un trabajo serio con asesores idóneos producirá un programa de mayor corrección. Naturalmente, lo aquí propuesto no es otra cosa que el arranque, lo que creo deben ser “las primeras medidas a tomar”, como lo pone la Sra. Wiedenhofer; mucho más puede y debe hacerse durante el resto del período constitucional. Una cosa sí no haría: buscar la reelección al término de ese plazo. Es estipulación de mi código de ética política—compuesto y jurado públicamente en septiembre de 1995—ésta que me obliga:

Podré admitir mi postulación para cargos públicos cuyo nombramiento dependa de los Electores en caso de que suficientes entre éstos consideren y manifiesten que realmente pueda ejercer tales cargos con suficiencia y honradamente. En cualquier circunstancia, procuraré desempeñar cualquier cargo que decida aceptar en el menor tiempo posible, para dejar su ejercicio a quien se haya preparado para hacerlo con idoneidad y cuente con la confianza de los Electores, en cuanto mi intervención deje de ser requerida.

El mejor médico es el que se hace prescindible cuanto antes.

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Establecido el orden inverso, refiero la penúltima inquietud, esta vez detonada por otras preguntas; las de un íntimo amigo—Carlos Blunck—en una cena en su casa a fines de 2007, quien me disparó a quemarropa: «¿Cómo ves la vaina? ¿Qué crees que va a pasar?»

Veníamos del frenazo del Pueblo a las intenciones socializantes de Hugo Chávez Frías en el referendo del 2 de diciembre del aquel año. (Sobre su proyecto y el de la Asamblea Nacional para reformar la Constitución). Mientras cortaba un trozo de salmón en el plato que tenía por delante, encendí el reproductor de mi cerebro que contenía respuestas ya elaboradas; así le dije automáticamente: «Acabamos de lograr algo importante el pasado 2 de diciembre y la oposición se nota algo más articulada. Pero si no ponemos en la calle una contrafigura eficaz a la de Chávez el mandado no estará hecho porque, como dicen los gringos, You can’t fight somebody with nobody». Callé y puse el salmón en mi boca.

Entonces sentí que me caería mal la comida porque, si yo creía tener los rasgos apropiados de tal contrafigura ¿qué hacía allí comiendo salmón en vez de estar en la calle? (El 3 de enero siguiente, Teodoro Petkoff me invitó a desayunar solos el día de su cumpleaños y le referí el episodio, a lo que repuso: «Yo también creo que tú tienes lo que se necesita. Lo que falta es el plan». De allí no pasó la cosa).

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La misma desazón me había asaltado pocos años atrás; de esto doy cuenta en Cuestionario prerrevocatorio: «Diez meses antes del referendo revocatorio del mandato de Chávez en agosto de 2004, el Dr. José Raúl González Ágreda, el hombre de los cuatro acentos, conversaba con Orlando Amaya y conmigo acerca del presunto término del mandato de Hugo Chávez y sobre quién sería un sucesor preferible. Consideró que yo pudiera serlo, si contestaba satisfactoriamente un cuestionario que luego redactó y me hizo llegar». En el enlace precedente puede ser leída mi contestación de las preguntas, cuya «justificación general» anticipaba:

Según puede predecirse como desenlace probable—no inexorable—de la actual situación política venezolana, estamos ante la posibilidad de una inminente cesación pacífica del actual gobierno y la elección de un nuevo presidente que complete el período constitucional. (…) Tal circunstancia determina de por sí un lapso corto y extraordinario que, por una parte, estará signado por grandes dificultades y, por la otra, convendrá tomar como oportunidad especialísima para introducir cambios sustanciales y suficientes en el esquema político nacional.

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En fecha próxima a la elección presidencial de 1998 ocurrió lo que refiero en Las élites culposas (Memorias imprudentes):

Gustavo Tarre Briceño me invitó a almorzar en enero de 1997 para reclutarme a su proyecto de entonces: convertir a Luis Giusti, Presidente de PDVSA, en el candidato presidencial de COPEI en 1998. (…) Pero luego de ensalzar las indudables capacidades de liderazgo presentes en Giusti, yo le respondí diciéndole que, si era por eso, yo también las tenía. Tarre contestó: “Yo creo que tú serías un buen Presidente de la República, pero ¿quién te conoce?” Rápidamente, respondí que eso era una ventaja cuando la mayoría de los votantes prefería una cara nueva. No hablamos más de este asunto. (En 1989, Alberto Fujimori, un outsider, alcanzó la Presidencia de Perú tras una campaña de tres meses. Dos años antes, yo había prescrito exactamente una campaña corta para un candidato de ese tipo en Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela).

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Pero la primera vez que sentí el peso del deber fue en 1985. Cuento en Krisis:

Era el día viernes 16 de agosto. Yo había trabajado por la mañana en las oficinas de La Florida y me había ido a almorzar a la casa. Reposando el almuerzo, me encontraba viendo el noticiero de televisión por el canal cuatro, cuando escuché una entrevista que se le hacía a un connotadísimo líder político, de quien uno podría esperar, por su relativa juventud, una postura más moderna respecto de los problemas nacionales. Las respuestas del entrevistado fueron deplorables, y, en gran medida, irresponsables. Sentí un profundo malestar.

“La persona que cree que su propio juicio, aunque falible, es el mejor, y que se impacienta viendo a hombres de menos categoría manejar mal las riendas del poder, por fuerza tiene que ansiar, hasta dolorosamente, hacerse con esas riendas. Ver las chapuzas y los patinazos de otros puede resultar hasta físicamente atormentador para él”. Estas son palabras de Richard Nixon en el capítulo final de aquel libro que me había regalado Arturo Ramos Caldera. Describen cabalmente la sensación que me dominaba ese mediodía. Recuerdo que casi me indigesto de la furia ante la inanidad de las frases del entrevistado, ante su ceguera y falta de comprensión de lo que verdaderamente hervía en Venezuela. No sería la primera vez que lo sentía, no sería la primera vez que pensaba en el asunto, pero ese mediodía sentí como si fuese mi deber intentar una carrera hacia la Presidencia, así luciese imposible desde cualquier punto de vista.

En la introducción de ese mismo libro doy fe de lo siguiente:

El fin de semana, como tantos otros, lo pasé trabajando protegido por mi mujer de los reclamos de los niños. Por la madrugada del domingo 15, revisando textos comenzados e interrumpidos días atrás, encontré uno que implicaba un grave paso. Entonces supe que lo daría y sentí paz. Me sentí incomparablemente mejor que cuando fui por el empleo. Al día siguiente, 16 de diciembre de 1985, di el paso. Me presenté en la Notaría Primera del Distrito Sucre y allí autentiqué un documento. El texto es el que sigue:

Yo, Luís Enrique Alcalá Corothie, venezolano, mayor de edad, casado, titular de la cédula de identidad número dos millones ciento treinta y nueve mil cuatrocientos ocho, ocurro ante Notario Público para certificar la siguiente declaración:

Primero. Que en ejercicio de mis derechos políticos, según lo dispuesto en los Artículos 112 y 182 de la Constitución de la República de Venezuela, he decidido solicitar de los electores venezolanos el apoyo necesario para ser postulado candidato a la Presidencia de la República en la próxima oportunidad constitucional.

Segundo. Que buscaré esta postulación directamente de los electores, según lo contemplado en el parágrafo segundo del Artículo 95 de la Ley Orgánica del Sufragio.

Tercero. Que he tomado esta decisión, en pleno uso de mis facultades y con plena conciencia de mis muchas debilidades, porque, después de un severo y laborioso examen de ambas y de una concienzuda consideración del actual proceso nacional y su posible evolución, creo reunir los requisitos que estimo necesarios para desempeñar el cargo de la Presidencia de la República con eficacia.

Cuarto. Que estoy asimismo plenamente consciente de la enorme dificultad del intento que me propongo y que, también considerada debidamente esa dificultad, creo poder vencerla, con la ayuda de Dios.

Quinto. Que en procura de tal finalidad no cabe otra conducta responsable que la de prepararme más aún, en el tiempo que me es disponible, para el servicio a la Nación desde su más obligante magistratura.

Es declaración dada en Caracas, a los dieciséis días del mes de diciembre de mil novecientos ochenta y cinco.

Con esto último se completa el registro de esa cíclica precandidatura tan gastronómica. (Sólo la contestación a la Sra. Wiedenhofer no tuvo que ver con algún condumio; menos aún con el peligro de indigestión).

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Es inocultable que vuelve a presentarse en Venezuela una circunstancia de inminente elección presidencial, casi universalmente deseada por su ciudadanía. Estoy a la orden, y lo que pongo a la orden es lo siguiente:

Una aproximación a la Política como arte de carácter médico, definida por la solución a los problemas de carácter público dentro de un código de ética profesional; esto es, distinta de una mera lucha por el poder sobre la base de alguna ideología. Dicho de otra manera, desde un discurso transideológico que está por encima del paradigma decimonónico del eje izquierda-derecha.

Una demostrable capacidad de anticipación del futuro. (Alexis de Tocqueville: «…el verdadero arte del Estado: una clara percepción de la forma como la sociedad evolu­ciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro”).

Una inclinación contraria a la pretensión de perpetuarse en el poder, orientada a un ejercicio breve de la Presidencia de la República.

Una ausencia de intenciones de vindicta, apropiada para la unificación de un país dividido, e independencia de cualquier grupo de interés, aun del más saludable.

Una exitosa trayectoria ejecutiva comprobada.

LEA

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*Krisis fue el segundo libro impreso en Editorial Ex Libris poco después de fundada por el premiado editor Javier Aizpúrua, y el primer libro venezolano en escribirse y componerse íntegramente en un computador personal (con MacWrite desde un Macintosh Plus con ¡un megabyte de memoria RAM!) Ésta fue su dedicatoria:

Mi padre fue quien me enseñó aquello de que un hombre no está completo si no ha tenido un hijo, si no ha sembrado un árbol y si no ha escrito un libro. Este es mi primer libro y si no sé cuál es el primer árbol que sembré no tengo dudas de quien fue mi primer hijo. Es causa de un amor y de un orgullo de los que no he podido recuperarme. Dedico mi primer libro a Leopoldo Enrique Alcalá Manzanilla.

Leopoldo Enrique también me auxilió en 1989 en Maracaibo (mientras me ocupaba como Editor Ejecutivo del diario La Columna), al instalar la red local para los computadores de la Redacción y el Departamento de Diseño. (Venía de un distinguido empleo en Manapro, una empresa venezolana precursora en el mundo del software, adonde se le conocía como Superchamo).

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Algunos otros enlaces pertinentes (atención a las fechas):

Si yo fuera Presidente

Solón y Cafreca

Tío Conejo como outsider

Retrato hablado

Hallado lobo estepario en el trópico

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