Nietzsche-Porras-Revenga

Federico Nietzsche (1844-1900)

 

Más allá del bien y del mal. Preludio de una filosofía del futuro (en el original alemán: Jenseits von Gut und Böse. Vorspiel einer Philosophie der Zukunft, 1886) es uno de los textos fundamentales de la filosofía del siglo XIX, del filósofo alemán Friedrich Nietzsche. Publicado en 1886 a costa del mismo autor, el libro no recibió en un principio mucha atención. Nietzsche atacaba en él lo que consideraba vacuidad moral de los pensadores de su siglo, falta de todo sentido crítico de los autodenominados moralistas y su pasiva aceptación de la moral heredada judeo-cristiana. Más allá del bien y del mal recorre todos los temas fundamentales de la madurez filosófica de Nietzsche, y en parte puede ser leído como un desarrollo, en términos más directos, de las ideas que el autor ya había propuesto en un sentido más metafórico en Así habló Zaratustra (Also Sprach Zarathustra).

Wikipedia en Español

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Alba Fernández Ron de Revenga me ha recordado que Baltazar Cardenal Porras y José Rafael su esposo sostenían intensas discusiones acerca de la obra de Federico Nietzsche, pensador por quien guardo profunda admiración. (Aunque sólo fuese por este lema de La ciencia gaya, una de mis citas favoritas: «Sin la música, la vida sería una equivocación»).

En la entrada inmediatamente anterior, indiqué esto de JRR: «Lo conocí en octubre de 1963, como mi profesor de Filosofía Social y Política en la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello». Al año siguiente, Alberto Micheo S. J. nos instruía en Doctrina Social de la Iglesia y sorprendentemente, en lugar de encíclicas papales, nos hizo leer ¡a Feodor Dostoievsky (Los hermanos Karamazov) y a Friedrich Nietzsche (Más allá del bien y del mal)!

Por razones musicales yo había explorado, sin concluir su lectura, una obra previa de este último autor: Also sprach Zarathustra:

Richard Strauss – Así hablaba Zaratustra – Fanfarria de apertura (Georg Solti, Orquesta Sinfónica de Chicago)

 

La incompleta exploración de la obra, comprada en Mérida en 1962, logró entusiasmarme con este trozo:

Zaratustra bajó de la montaña y habló de las tres transformaciones del alma. Primero, dijo, es como un camello: un espíritu sacrificado que pide las cargas más pesadas. El camello se convierte entonces en león: “Para crearse la libertad y un santo No, aun enfrente del deber; para eso, hermanos míos, hace falta el león”, prosiguió Zaratustra.

Después preguntó y se contestó él solo: “Pero decidme, hermanos, ¿qué puede hacer el niño que no haya podido hacer el león? ¿Para qué hace falta que el fiero león se trueque en niño? El niño es inocencia y olvido, un nuevo comenzar, un juego, una rueda que gira sobre sí, un primer movimiento, una santa afirmación”.

Así hablaba Zaratustra.

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Pero la lectura de Más allá del bien y del mal resultó ser una verdadera revelación, que percibí como un sismo de todo lo que había pensado hasta mis veinte años, cuando me topé con las enseñanzas del padre Micheo. Es por eso que transcribo a continuación el prefacio de la obra que me sacudiera como ninguna otra.

Prólogo

Suponiendo que la verdad sea una mujer… ¿Cómo? ¿No está justificada la sospecha de que todos los filósofos, en la medida en que han sido dogmáticos, han entendido poco de mujeres, de que la estremecedora seriedad, la torpe insistencia con que hasta ahora han solido acercarse a la verdad eran medios inhábiles e ineptos para conquistar los favores precisamente de una hembra? Lo cierto es que la verdad no se ha dejado conquistar, y hoy toda especie de dogmática está ahí en pie, con una actitud de aflicción y desánimo. (¡Si es que en absoluto permanece en pie!) Pues burlones hay que afirman que ha caído, que toda dogmática yace por el suelo, incluso que toda dogmática se encuentra en las últimas.

Hablando en serio, hay buenas razones que abonan la esperanza de que todo dogmatizar en filosofía, aunque se haya presentado como algo muy solemne, muy definitivo y válido, acaso no haya sido más que una noble puerilidad y cosa de principiantes, y tal vez esté muy cercano el tiempo en que se comprenderá cada vez más qué es lo que propiamente ha bastado para poner la primera piedra de esos sublimes e incondicionales edificios de filósofos que los dogmáticos han venido levantando hasta ahora, una superstición popular cualquiera procedente de una época inmemorial—como la superstición del alma, la cual, en cuanto superstición del sujeto y superstición del yo, aún hoy no ha dejado de causar daño—, acaso un juego cualquiera de palabras, una seducción de parte de la gramática o una temeraria generalización de hechos muy reducidos, muy personales, muy humanos, demasiado humanos.

La filosofía de los dogmáticos ha sido, esperémoslo, tan sólo un hacer promesas durante milenios como lo fue, en una época aún más antigua, la astrología, en cuyo servicio es posible que se hayan invertido más trabajo, dinero, perspicacia, paciencia que los invertidos hasta ahora en favor de cualquiera de las verdaderas ciencias. A la astrología y a sus pretensiones «sobreterrenales» se debe en Asia y en Egipto el estilo grandioso de la arquitectura. Parece que todas las cosas grandes, para inscribirse en el corazón de la humanidad con sus exigencias eternas, tienen que vagar antes sobre la tierra cual monstruosas y tremebundas figuras grotescas. Una de esas figuras grotescas fue la filosofía dogmática, por ejemplo la doctrina del Vedanta en Asia y en Europa el platonismo. No seamos ingratos con ellas, aunque también tengamos que admitir que el peor, el más duradero y peligroso de todos los errores ha sido hasta ahora un error de dogmáticos, a saber, la invención por Platón del espíritu puro y del bien en sí.

Sin embargo, ahora que ese error ha sido superado, ahora que Europa respira aliviada de su pesadilla y que al menos le es lícito disfrutar de un mejor sueño, somos nosotros, cuya tarea es el estar despiertos, los herederos de toda la fuerza que la lucha contra ese error ha desarrollado y hecho crecer. En todo caso, hablar del espíritu y del bien como lo hizo Platón significaría poner la verdad cabeza abajo y negar el perspectivismo, el cual es condición fundamental de toda vida. Incluso, en cuanto médicos, nos es lícito preguntar: «¿De dónde procede esa enfermedad que aparece en la más bella planta de la Antigüedad, en Platón?, ¿es que la corrompió el malvado Sócrates?, ¿habría sido Sócrates, por lo tanto, el corruptor de la juventud?, ¿y habría merecido su cicuta?»

Pero la lucha contra Platón o, para decirlo de una manera más inteligible para el «pueblo», la lucha contra la opresión cristiano-eclesiástica durante siglos—pues el cristianismo es platonismo para el «pueblo»—ha creado en Europa una magnífica tensión del espíritu, cual no la había habido antes en la tierra.

Con un arco tan tenso nosotros podemos tomar ahora como blanco las metas más lejanas. Es cierto que el hombre europeo siente esa tensión como una tortura; y ya por dos veces se ha hecho, con gran estilo, el intento de aflojar el arco, la primera, por el jesuitismo, y la segunda, por la ilustración democrática, ¡a la cual le fue dado de hecho conseguir, con ayuda de la libertad de prensa y de la lectura de periódicos que el espíritu no se sintiese ya tan fácilmente a sí mismo como «tortura»!

Los alemanes inventaron la pólvora —¡todos mis respetos por ello!, pero volvieron a repararlo—, inventaron la prensa. Mas nosotros, que no somos ni jesuitas ni demócratas, y ni siquiera suficientemente alemanes, nosotros los buenos europeos y espíritus libres, muy libres ¡nosotros la tenemos todavía, tenemos la tortura toda del espíritu y la entera tensión de su arco!

Y acaso también la flecha, la tarea y—¿quién sabe?—incluso el blanco

Sils-Maria, Alta Engadina, en junio de 1885

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No sé qué añadir que tenga algún sentido, salvo un enlace desde el que puede descargarse gratuitamente el texto completo de Más allá del bien y del mal (en formato .pdf). LEA

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Nación de guerra

Catedral de Alexander Nevski – Sofía, Bulgaria

 

Las masas geológicas que llamamos Asia y Europa están separadas, en arbitraria geografía, por la cordillera de los Montes Urales. En verdad, forman una sola extensión enorme a la que llamamos Eurasia, que ha sido el teatro de las más longevas y crueles guerras registradas por la historia. Esto nos informa, por caso, Wikipedia en Español

Rutenia es un exónimo actualmente utilizado para nombrar a la región donde viven los rutenos (eslavos orientales). Actualmente se encuentra dividida entre varios estados. En el presente suele llamarse «rutenos» a los ucranianos occidentales y, en muchos casos, a los ucranianos que, en lugar de seguir la fe de la Iglesia ortodoxa, pertenecen a la Iglesia católica rutena o a la Iglesia greco-católica ucraniana, dos Iglesias orientales católicas presentes en la actual Ucrania. (…) Originalmente fue utilizado en el latín medieval como una de las varias designaciones para las regiones eslavas orientales y ortodoxas orientales, y arcaísmo utilizado para la designación de las tierras de la Rus (en antiguo eslavo oriental: Рѹ́сь / Rus y Рѹ́сьскаѧ землѧ / Rús’kaya zemlyá, en griego antiguo, Ῥωσία, en latín, Rusia, Ruscia, Ruzzia). Esta variante, que se remonta al antiguo nombre de la tribu celta de los rutenos (en latín, ruteni), fue trasladada por los cronistas de Europa occidental a Rusia debido a su consonancia. La antigua tierra de la Rus fue gobernada por la dinastía Rúrika. El último de los ruríkidas gobernó como Zar de Rusia en el siglo XVI. (…) El nombre Rutenia sobrevivió algo más de tiempo como sinónimo de Ucrania. Cuando la monarquía austriaca tomó Galitzia como provincia en 1772, la administración austriaca observó que la población eslava de la región era diferente a los polacos y rusos. El nombre que se daban a sí mismos, rusýn, sonaba demasiado parecido a la palabra alemana Russen (Ruso), así que los austriacos los llamaron Ruthenen (rutenos). El término siguió usándose hasta la caída del imperio, en 1918.

También nos dice la gran enciclopedia digital acerca de uno de sus más venerados héroes:

Aleksandr Nevski (en ruso: Александр Ярославич Невский, Aleksandr Yaroslávich Nevski; Pereslavl-Zaleski, c. 1220 – Gorodéts, 14 de noviembre de 1263), príncipe de Nóvgorod (1236), de Kiev (1246) y de Vladímir-Súzdal (1252-1263), fue un líder ruso y santo de la Iglesia ortodoxa rusa, segundo hijo del gran duque Yaroslav II, quien gobernaba en Nóvgorod, y una devota mujer llamada Teodosia o Rostislava Mstislavna, hija de Mstislav Mstislávich el Valiente. Luchó contra los suecos, teutones y tártaros que amenazaban Nóvgorod.

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Sigo abrevando de la misma fuente:

Serguéi Mijáilovich Eizenshtéin (en ruso: Сергей Михайлович Эйзенштейн; en letón: Sergejs Eizenšteins; Riga, 22 de enero de 1898 – Moscú, 11 de febrero de 1948), más conocido como Serguéi Eisenstein, fue un director de cine y teatro soviético de origen judío. Su innovadora técnica de montaje sirvió de inspiración para el cine posterior.

​Bueno, después de hacerse mundialmente famoso con El acorazado Potemkin, el cineasta ruso emprendió la filmación de Alexander Nevski, cuya banda musical fuera compuesta por su tocayo, Serguéi Prokofiev. Mi estrecho amigo e instructor musical Rafael Sylva Moreno—¿quién más?—me la hizo escuchar en su casa, en interpretación de la Orquesta Filarmónica de Nueva York dirigida por Thomas Schippers. Uno de sus números es La batalla sobre el hielo, que musicalizaba la escena guerrera de los rusos, conducidos por Nevski, que enfrentaban a los caballeros teutones invasores.

 

Pero es el número que le sigue inmediatamente—El campo de los muertos—lo que más me conmovió de la obra, pues en ella canta una mujer que busca el cadáver de su esposo entre los centenares de muertos dispersos sobre la helada superficie. Me pareció que toda la tragedia quedaba condensada en la pena de esa viuda solitaria.

Lili Chookasian (clic amplía)

Ahora bien, la intérprete que cantaba la desgarradora canción era Lili Chookasian, la excepcional contralto armenia que alcanzaba insólitos registros graves. He aquí el canto grandemente doloroso del que hablo:

El campo de los muertos

 

 

Los armenios como Doña Lili, por supuesto, también han sido objeto de matanzas:

El genocidio contra el pueblo armenio (en armenio: Հայոց Ցեղասպանություն Hayots tzeghaspanutiun; en turco: Ermeni Soykırımı o Ermeni Tehciri), también llamado holocausto armenio, o Gran Crimen (armenio: Մեծ Եղեռն Mec Yełeṙn), fue la deportación forzosa y el intento de exterminar la cultura armenia. Se calcula que entre un millón y medio y dos millones de civiles armenios​ fueron perseguidos y asesinados por el gobierno de los Jóvenes Turcos en el Imperio otomano, entre 1915 y 1923. (Otra vez, Wikipedia).

Y ya en 1922, Armenia había sido anexada a la Rusia soviética. Sólo fue en 1990 cuando pudo declarar soberanía sobre su territorio. Es mucha la vaina que han echado los rusos a lo largo de muchos siglos.

Por ejemplo, esta que registra la publicación Estonian World el pasado 25 de marzo:

El 25 de marzo de 1949, veinte mil hombres, mujeres y niños de Estonia fueron deportados por los soviéticos a Siberia. Casi el 3 % de la población estonia fue capturada en pocos días y enviada a zonas remotas de Siberia.

En el verano de 1940, la Unión Soviética ocupó Estonia, Letonia y Lituania como resultado del infame Pacto Molotov-Ribbentrop firmado entre la Alemania nazi y la Unión Soviética el 23 de agosto de 1939. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estonia perdió aproximadamente 17,5 % de su población.

La ocupación soviética provocó un hecho que hasta entonces solo se había leído en los libros de historia y que se convirtió en el recuerdo más horrible de los siglos pasados: deportaciones masivas que afectaron a personas de todas las nacionalidades que vivían en Estonia. Las dos deportaciones que más afectaron a Estonia, el 14 de junio de 1941 y el 25 de marzo de 1949, se celebran anualmente como días de luto. La deportación de marzo de 1949 fue la mayor de ellas cuando más de 20.000 personas, en su mayoría mujeres y niños, fueron deportadas de Estonia.

Basta, Sr. Putin; Ud. no es Nevsky. No es Ud. un defensor sino un atacante. LEA

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Suite francesa compuesta por una ucraniana

Tomado del Blog del Club de Lectura Las Hormigas

La efímera paz de Irène Némirovsky y Michel Epstein

 

Una de dos: o supimos del vocablo suite en contexto hotelero—una habitación de tres piezas: sala de estar, recámara y baño—o lo escuchamos por primera vez junto con la música de la Suite del Cascanueces. En este caso, es un conjunto de piezas musicales que han sido extractadas de una obra mayor, a modo de sinopsis o muestrario. Pero antes se llamaba suite a un grupo de danzas; la suite clásica estaba formada por cuatro con nombres franceses: allemande, courante, sarabande y gigue, pues en ese orden fueron establecidas en Francia en el siglo XVII, y el nombre mismo—suytte—fue empleado por vez primera en ese país a fines del XVI. Decir, por tanto, Suite francesa es algo redundante, pues son franceses los inventores de esa forma musical. Luego aumentaría el número de partes, especialmente en las benignas manos alemanas de Juan Sebastián Bach.

La Suite francesa de Irène Némirovski se llama así porque estaba planeada como una suite musical. Irène hizo una lista de los títulos que pensaba escribir: 1. Tempestad, 2. Dolce, 3. Cautividad, 4. ¿Batallas?, 5. ¿La paz? Nunca pudo escribir los tres últimos libros, aunque dejó notas y el planteamiento de ellos en su manuscrito.

Esta suite inconclusa fue el libro que leímos las Hormigas, mi club de lectura, en septiembre [de 2011]. Lo más impresionante es la historia real tras la novela: la que la autora escribe, en vivo y directo, en letra minúscula en un cuaderno, lo suficientemente pequeño como para llevarlo siempre con ella, mientras su mundo conocido se desplomaba. Dejó en él su testimonio de los horrores de la guerra, de la huida enloquecida de los parisinos ante la amenaza de la destrucción de París por los alemanes. Tuvo esta escritora presencia de ánimo como para observar los pequeños eventos cotidianos, la atracción siempre latente entre los sexos, la envidia, la fatuidad, la cobardía, la honradez y la crueldad; en resumen, todas las características buenas y malas del ser humano, ampliadas por el miedo, el hambre y la incertidumbre. Las comparaba con la absurda continuidad de la naturaleza, con su indetenible y hermoso cambio de estaciones, con su belleza, impertérrita ante el desastre provocado por los seres pensantes.

Es sorprendente que, siendo Irène judía de nacimiento y conocida por la crítica constante que hacía a las costumbres de sus iguales, ninguno de los personajes de su historia es judío. Puede ser que temiera que su manuscrito cayera en malignas manos alemanas para servirles de confesión involuntaria.

Es intrigante que en ningún momento relate la historia política de la guerra, la que muchos narrarían después de ella. La usa, sin describirla, no más que en trazos, como telón de fondo para pintar la belleza y la mezquindad de la historia humana.

Como cuenta la nieta de la autora, este manuscrito no pudo ser terminado. Las dos secciones que podemos leer tal vez hubiesen sido pulidas, mejoradas por la autora, de no habérsele presentado la muerte a manos de aquellos alemanes que ella describió con benevolencia. La primera, Tempestad, es el relato del loco éxodo de los franceses ante la amenaza de la destrucción de París por las bombas y la inminente ocupación germana de la ciudad luz. La autora, al final, pone de manifiesto la ironía de aquel esfuerzo, pues París no fue tocada y, cuando volvieron, los habitantes encontraron la ciudad intacta. La novela es una crítica aguda de las costumbres burguesas de los franceses de esa época. Se puede encontrar en ella similitudes con nuestro particular presente histórico: con los que emigran por miedo, con los que no se percatan del peligro real, con los que son indiferentes ante los acontecimientos.

La segunda parte, Dolce, cuenta la historia de un pueblo francés ocupado por los invasores, las relaciones humanas plagadas del temor por el enemigo, de la incertidumbre ante la vida o la muerte del pueblo ocupado, de la incontenible atracción sexual entre los jóvenes que logra vencer el odio y sobreponerse a la guerra. Describe a los alemanes, menos como enemigos que como hombres, con asombrosa objetividad, como terminaron viéndolos las francesas jóvenes luego de una convivencia de años; a fin de cuentas, los hombres jóvenes franceses estaban fuera de su alcance, en el frente de batalla.

A pesar de los trágicos acontecimientos del momento, Suite francesa puede ser considerada una novela liviana, por sus descripciones exhaustivas del paisaje, por el fino sentido del humor con que narra y da cuenta de los acontecimientos más sencillos de la vida cotidiana de aquellas personas. María Isabel Ruán, nuestra hormiga psicóloga, encontró una explicación lógica ante esta aparente inconciencia o evasión de la realidad. Ella dice que la autora—quien escribía la novela mientras se desarrollaban los acontecimientos—tal vez encontraba en la escritura de la novela el escape necesario para no volverse loca con el horror y el miedo que estaba viviendo. Para Irène Némirovski, judía de nacimiento y convertida al catolicismo por temor, escribir era terapéutico y le permitía sobrellevar el desquiciante paralelismo entre la cotidianeidad y la guerra. Convirtió su oficio en una catarsis.

El texto es inteligente, sus descripciones son detalladas y hermosas, retratan perfectamente la capacidad de abstracción de la autora ante aquel desastre. El discreto humor subyacente, el fiel retrato de las emociones humanas, sus precisas descripciones de la naturaleza nos dejaron entrever la fina sensibilidad de esta escritora joven, víctima de la Segunda Guerra Mundial, antes que la alcanzaran la tortura y la muerte enferma de tifus, en Auschwitz.

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Irène Némirovsky nació en Kiev en 1903 y murió en 1942. De su matrimonio con Michel Epstein tuvo dos hijas. Fue detenida el 13 de septiembre de 1942. Cuando la llevaban, dijo a sus hijas: “Ahora salgo de viaje”.

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En 2015, la segunda parte de la novela de Némirovsky fue la base de una película con guión y dirección de Saul Dibb, Suite Française. He aquí, de la música compuesta por Rael Jones para el filme, el Tema de Bruno:

 

Nacha Sucre

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Artículo sobre la novelista ucraniana en Wikipedia en Español.

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¿Qué hay de nuevo?

 

¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y no hay nada nuevo bajo el sol.

Eclesiastés Capítulo 1, versículo 9

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El siguiente video apareció en YouTube siete meses antes del conflicto ruso-ucraniano que mantiene al mundo en vilo. (Dedique 14 minutos a verlo antes de seguir leyendo; le garantizo que se sorprenderá y aprenderá, como el suscrito. Como siempre, puede verlo a pantalla completa presionando el cuadrado de la esquina inferior derecha de la imagen).

 

 

Rusia siempre fue expansionista; en el Océano Pacífico se disputaba territorios asiáticos con Japón a comienzos del siglo XX. La derrota de una flota rusa por buques de guerra japoneses en 1905 constituyó mundialmente una sorpresa mayúscula. Doce años después, durante el penúltimo año de la Primera Guerra Mundial, se desplomaba el régimen zarista, sucedido por el comunista que entraría en «Guerra Fría» con «Occidente», reunido en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN, 1949), organización que sería enfrentada por los países del Pacto de Varsovia (1955), liderados por los rusos. (La cruenta Guerra de Corea no llegó a mayores. Rusia y China apoyaron a Corea del Norte mientras los Estados Unidos pelearon por Corea del Sur, a la que los EEUU y la Unión Soviética acordaron separar de la norteña a partir del famoso Paralelo 38).

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Ahora se opone la mayor parte de Occidente a la infame invasión de Ucrania por los rusos. ¿Cuál es la autoridad moral de los países occidentales, específicamente la de los Estados Unidos? Ya en el siglo XIX hubo un conflicto coreano-estadounidense,* y tan temprano como en 1853 los Estados Unidos hicieron llegar una flota de guerra a la Bahía de Tokío, al mando del Comodoro Perry, con el fin de «invitar» a los japoneses a abrirse al comercio de Occidente. La nación a la que Donald Trump incitaba a recuperar su «grandeza» (MAGA: Make America** Great Again) arrancó a México buena parte de su territorio con la guerra, invadió a Cuba (aún preserva Guantánamo), se hizo dueña de la «Zona del Canal» en Panamá, se apoderó de Hawai y las Islas Fiilpinas, compró a Rusia en 1867 el territorio de Alaska (que convirtió en su cuadragésimo noveno estado), y ha hecho de Puerto Rico un «Estado Libre Asociado». (Tales posesiones dejan de mencionar su constante intervención en favor de regímenes dictatoriales en nuestro continente).*** Esto sin tomar en cuenta a su «madre patria», Inglaterra, cuyo imperio «británico»—de Bretaña, región francesa—tomó la mayor parte de América del Norte, posesiones en la del Sur—Trinidad, Guayana Inglesa—buena parte de África, toda India (su virreinato), así como otros enclaves en Asia—Hong Kong, por ejemplo—y prácticamente todo el continente de Oceanía.

Pero no cejemos, ciudadanos del planeta. Para esto deberemos mandar, como corresponde a los pueblos más que a los gobernantes. Autoridad moral tenemos:

Quizás la causa de nuestro pesimismo contemporáneo es nuestra tendencia a ver la historia como una turbulenta corriente de conflictos—entre individuos en la vida económica, entre grupos en política, entre credos en la religión, entre estados en la guerra. Éste es el lado más dramático de la historia, que captura el ojo del historiador y el interés del lector. Pero si nos alejamos de ese Mississippi de lucha, caliente de odio y oscurecido con sangre, para ver hacia las riberas de la corriente, encontramos escenas más tranquilas pero más inspiradoras: mujeres que crían niños, hombres que construyen hogares, campesinos que extraen alimento del suelo, artesanos que hacen las comodidades de la vida, estadistas que a veces organizan la paz en lugar de la guerra, maestros que forman ciudadanos de salvajes, músicos que doman nuestros corazones con armonía y ritmo, científicos que acumulan conocimiento pacientemente, filósofos que buscan asir la verdad, santos que sugieren la sabiduría del amor. La historia ha sido demasiado frecuentemente una imagen de la sangrienta corriente. La historia de la civilización es un registro de lo que ha ocurrido en las riberas. (Will Durant, en Los placeres de la Filosofía).

Consideremos esto otro:

Es necesario un pacto federal que transfiera a una autoridad central planetaria ciertas atribuciones. ¿Cuáles serían? ¿Quiénes serían las autoridades de ese Estado global? ¿Cómo se les elegiría? Debe haber una legislatura planetaria, tal vez construible sobre una reforma de la Asamblea de las Naciones Unidas, pero probablemente haya que sustituir el Consejo de Seguridad por un Senado Planetario, compuesto por miembros elegidos por los bloques de la “geotectónica política”. Hay ya grandes bloques en el planeta bajo autoridad única: EEUU, Rusia, China, India, Europa, Australia. Hay protobloques en América del Sur y África, así como subbloques en Centroamérica. Hay entidades que tienen más bien base religiosa, como el Islam, que agrupa a más de 1.200 millones de almas. ¿Cómo sería y cómo pudiera establecerse un gobierno mundial viable y beneficioso? ¿Cómo se pagará?

En la base de todo tendría que estar la conciencia apuntada al principio: la de que en verdad somos, por encima de cualquier otra cosa, ciudadanos del planeta; la de que es una nueva soberanía planetaria, emanada del único pueblo del mundo, lo que dará base a un gobierno del mundo. (Ciudadanía mundial, 8 de mayo de 2008).

Por supuesto que hay mucho de nuevo bajo el sol. Las armas actuales, que los políticos y militares han desarrollado, no podían soñarse siquiera en la época de Boris Godunov (1598-1605). Pero los ciudadanos del planeta también tenemos recursos nuevos**** para la paz. LEA

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* La expedición estadounidense a Corea, la Shinmiyangyo (para los coreanos) o simplemente la Korean Expedition (para los estadounidenses) en 1871, fue la primera acción militar de Estados Unidos en Corea. Esta tuvo lugar sobre todo alrededor de la isla Ganghwa. La razón para la presencia de una fuerza naval estadounidense en Corea era dar apoyo a una delegación diplomática enviada para establecer relaciones comerciales y políticas con la nación coreana, además de investigarse el destino del navío mercante General Sherman y establecer un tratado que asegurase la asistencia mutua en caso de naufragio. Cuando las baterías coreanas del río Selee atacaron a los dos buques de guerra estadounidenses el 1 de junio de 1871 se le exigió a Corea una disculpa oficial. Al no recibirla, los estadounidenses decidieron mandar una expedición de castigo que alcanzó Corea 10 días después. La respuesta aislacionista de la Dinastía Joseon y la obstinación de los estadounidenses en malentender el conflicto convirtió una expedición diplomática pacífica en un conflicto armado. El 10 de junio, aproximadamente 650 estadounidenses desembarcaron y capturaron varios fuertes, matando a más de 200 soldados coreanos con sólo 3 bajas. Corea continuó rechazando negociar con Estados Unidos hasta 1882. (Expedición de Estados Unidos a Corea).

** El solo hecho de la costumbre estadounidense de hacerse llamar «América» es una apropiación indebida. Nuestro continente americano se extiende desde Canadá hasta la Patagonia, y deriva su nombre de Américo Vespucio, el navegante italiano (latino), que lo navegó de norte a sur.

*** La Operación Cóndor o Plan Cóndor es el nombre con que se conoce al plan de coordinación de acciones y mutuo apoyo entre las cúpulas de los regímenes dictatoriales del Cono Sur de América del Sur—Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y esporádicamente, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela,—con participación de los Estados Unidos, siendo Henry Kissinger señalado como su ideólogo. Fue llevado a cabo entre las décadas de 1970 y 1980, con el fin de instalar en la región un plan económico neoliberal, con el desmantelamiento de los Estados como articuladores de la vida pública y el desarrollo económico, más un fuerte endeudamiento externo. Esta coordinación implicó, oficial y directamente, el seguimiento, vigilancia, detención, interrogatorios con tortura, traslados entre países, y desaparición o asesinato de personas consideradas por dichos regímenes como «subversivas del orden instaurado, o contrarias a su política o ideología». El Plan Cóndor se constituyó en una organización clandestina internacional para la estrategia del terrorismo de Estado que instrumentó el asesinato y desaparición de decenas de miles de opositores a las mencionadas dictaduras, la mayoría de ellos pertenecientes a movimientos de la izquierda política. Los llamados «Archivos del Terror» hallados en Paraguay en 1992 dan la cifra de 50.000 personas asesinadas, 30.000 «desaparecidas» y 400.000 encarceladas. (Plan Cóndor).

**** Yehezkel Dror transcribe otra enumeración de nuevos factores que toma del McKinsey Global Institute: la de tecnologías emergentes disruptivas. (…). Es decir, tecnologías que cambiarán la vida de los humanos en modo imprevisto, con efectos positivos y también perniciosos: 1. la Internet móvil; 2. la automatización del trabajo del conocimiento; 3. la Internet de las cosas; 4. la tecnología de nubes; 5. la robótica avanzada; 6. los vehículos autónomos y cuasi-autónomos; 7, la genómica de nueva generación; 8. el almacenamiento de energía; 9. la impresión 3D; 10. los nuevos materiales; 11. la exploración y recuperación avanzadas de petróleo y gas; 12. la energía renovable. A continuación añade: «Asimismo se menciona en el documento [de McKinsey], aunque no las discute en detalle, la fisión nuclear de próxima generación, la energía de fusión, la captura de carbono, la purificación avanzada del agua y la computación cuántica». (En Cuestión de época, 19 de junio de 2019).

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¿Preplagio?

Ahora es muy fácil buscar y transcribir

 

Antes he reconocido que aprecio a PRODAVINCI y sus publicaciones. Por ejemplo, he escrito: «Prodavinci, un sitio web que visito con frecuencia pues usualmente trae trabajos de calidad». (En La conspiración de los holgazanes, 1º de marzo de 2018). Por cierto, ayer anunció que el sitio había ganado el Premio Rey de España 2022 por la investigación «La promesa rota».

Hoy ha llamado mi atención un trabajo publicado allí y firmado por Ricardo Tavares Lourenço, que titulara «Se buscan* filósofos para la era cibernética». Al presentar su contenido, declara que se trata de la reseña de «un libro de reciente aparición y editado por la Fundación Centro Gumilla y la editorial ucabista abediciones (diciembre de 2021):  Pensar comunicaciones hoy. Tendencias y atributos». Así declara al inicio:

Los historiadores tradicionalmente han denominado a nuestra era como contemporánea, la cual abarca desde la Revolución francesa hasta nuestros días. Es hora de considerar que estamos ante otra era de la historia del hombre, que proponemos aquí denominar cibernética, puesto que desde la aparición de la computación, y con ella internet, nuestras relaciones humanas, la construcción y difusión del conocimiento, los conflictos bélicos, el entretenimiento, el comercio y la economía, las telecomunicaciones, la educación, los deportes, la infraestructura, la salud, el turismo, la diplomacia, los lenguajes, las artes, la exploración espacial, la política, la ecología, la religión, entre otros tantísimos campos, han cambiado radicalmente.

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Bueno, en mayo de 1994, hace casi veintiocho años, dije lo siguiente:

Cuando aprendíamos Historia Universal en la escuela primaria nos enseñaban a dividirla en dos eras, la Prehistórica y la Histórica, y a dividir a la vez a ésta en cuatro edades: Antigua, Media, Moderna, Contemporánea. Pues bien, es tiempo de que tomemos conciencia de que estamos, no ya cerrando un siglo, no ya cerrando un milenio y abriendo otro, sino en el mismo comienzo de una nueva edad de la historia, la que me atreveré, en este auditorio de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad del Zulia, a bautizar con un nombre: la Edad Compleja.**

Este último párrafo pertenece a la disertación inaugural del coloquio El comunicador necesario, evento organizado en Maracaibo para conmemorar los primeros treinta y cinco años de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad del Zulia. Se me había pedido que disertara sobre esta disyuntiva: La formación del comunicador – ¿Generalista o especialista?

También señalé:

En el espacio del que dispongo destacaré solamente dos de los múltiples rasgos de la época actual, de este cierre y esta apertura de siglo y de milenio, que en particular me parecen pertinentes al dilema que se me ha encomendado comentar.

El primero de estos rasgos tiene una relación muy directa y esencial con los objetivos de una escuela de Comunicación Social, y es que estamos asistiendo a una brusca expansión del tejido nervioso societal, que no es otro que el tejido comunicacional: satélites, computadoras, módems y telefacsímiles, sensores remotos, fibras ópticas, telefonía celular, medios de almacenamiento compactos y compresión de la información.

Así como la embriología comparada muestra cómo es que el desarrollo de un sistema nervioso progresivamente cefalizado es el signo del crecimiento y humanización de la conciencia, así el desarrollo de la esfera comunicacional, a escalas inéditas de planetización, introduce toda una mutación histórica cualitativa y cuantitativamente insólita, por lo que no sé qué mosca ha llevado a Fukuyama a declarar el fin de la historia. Ahora es cuando la historia verdaderamente comienza.

Por un lado, pues, este desarrollo de las redes de comunicación a escalas imprevistas—salvo para algunos observadores privilegiados como Pierre Teilhard de Chardin—determina una situación radicalmente nueva y exige la presencia de un comunicador que se entienda a sí mismo como miembro de una función planetaria.

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Al año siguiente de esa conferencia, redactaba y juraba públicamente—el 24 de septiembre de 1995 a través de los micrófonos de Unión Radio—el Codigo de Conducta que desde entonces y hasta el día de hoy ha regido mi comportamiento político. Su séptima estipulación reza:

7. Reconoceré según mi conocimiento y en todo momento la precedencia de aquellos que hayan interpretado antes que yo o hayan recomendado antes que yo aquello que yo ofrezca como interpretación o recomendación, y estaré agradecido a aquellos que me enseñen del arte de la Política y procuraré corresponderles del mismo modo. (Código de Ética, 24 de septiembre de 1995)

Esto es, no soy un plagiario, no gano indulgencias con escapulario ajeno. LEA

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* En castellano, el verbo concuerda en número (singular o plural) con el sujeto, no con los complementos de la oración. Así, es incorrecto decir o escribir «Se ponen inyecciones» o «Se hacen viajes y mudanzas»; debe usarse «Se pone inyecciones» y «Se hace viajes y mudanzas». A tales oraciones se las conoce como cuasirreflejas, oraciones impersonales (que carecen de sujeto) con apariencia de reflejas. Una oración refleja es una en la que la acción del sujeto recae sobre sí mismo; por ejemplo, «Yo me peino», «Ella se baña». (Las inyecciones no se ponen a sí mismas). En cambio, «Hubo manifestaciones» es una oración impersonal, cuyo sujeto no existe o no está especificado, como en «Llueve». Nadie es el sujeto de esta oración, y la regla es que en las oraciones impersonales el sujeto se presuma en singular: «Llueve a cántaros» o, más claramente, «Llueve sapos y culebras», no «Llueven sapos y culebras». Uno escribe «Él comió tres arepas», con el verbo en singular aunque su complemento esté en plural, y «Ellos comieron un mango cada uno», con el complemento directo en singular y el verbo en plural para concordar en número con el sujeto. (Crimen y Castilla, 30 de enero de 2020).

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** Esta afirmación de Tavares es incorrecta: «Los historiadores tradicionalmente han denominado a nuestra era como contemporánea». No es lo mismo era que edad. Todavía vivimos en la Era Histórica, puesto que la historia es registrada y preservada desde la invención de la escritura. Lo que llamamos «contemporánea» es una «edad de la historia», el período que comenzara con la Revolución Francesa en 1789. Y el inventario que enumera deja de reconocer procesos que no son «cibernéticos»:

Ya no vivimos la Revolución Industrial, cuando toda ideología se inventara; ahora vivimos la de la Internet, la telefonía móvil, las tabletas, las interacciones instantáneas, las enciclopedias democráticas, las apps. La de la biogenética, la cirugía mínimamente invasiva, la posibilidad de introducir al planeta especies vegetales o animales nuevas. La de una sonda espacial posada sobre un cometa, la comprobación experimental de la partícula de Dios o Bosón de Higgs, la fotografía cada vez más extensa y detallada de los componentes del cosmos, la materia oscura, la geometría fractal y las ciencias de la complejidad. La de la explosión de la diversidad cultural, la del referendo, del escrutinio inmisericorde de la privacidad de los políticos y el espionaje universal. La del hiperterrorismo, las agitaciones políticas a escala subcontinental, el cambio climático. Nada de esta incompleta enumeración cabe en una ideología, en la cabeza de Stuart Mill, Marx, Bernstein o León XIII. Cualquier ideología—la pretensión de que se conoce cuál debe ser la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que aún no lo sea—es un envoltorio conceptual enteramente incapaz de contener ese enorme despliegue de factores novísimos y revolucionarios. Ésta es una revolución de revoluciones. (El medio es el medio, 24 de abril de 2015).

Se considera la Edad Antigua como la primera edad de la Era Histórica:

La Edad Antigua o Antigüedad es un periodo tradicional, muy utilizado en la periodización de la historia humana, definido por el surgimiento y desarrollo de las primeras civilizaciones que tuvieron escritura, llamadas por ello «civilizaciones antiguas». Tradicionalmente ha sido el período inicial de la historia propiamente dicha, iniciada con la invención de la escritura, precedida de la prehistoria. Algunos esquemas periódicos consideran que existe una etapa denominada «protohistoria», entre la prehistoria y la Edad Antigua, definida por el surgimiento de las primeras civilizaciones sin escritura. (Wikipedia en Español).

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No he podido avisar a PRODAVINCI de esta entrada. (Twitter me informa que no se puede enviarle mensajes). Por supuesto, ni el sitio como tal ni el articulista estaban obligados a conocerme como precursosr.

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Mi sinfonía preferida

Jan Sibelius (1865-1957)

 

Viniendo una mañana de Montalbán hacia Las Delicias de Sabana Grande, decidí repentinamente estacionarme en la Avenida Páez de El Paraíso para completar la audición de una música cuyo nombre no poseía; la había oído antes y apreciaba la nobleza de su tema principal, pero no sabía cómo se llamaba. Al terminar la obra, el locutor de Radio Nacional de Venezuela me informó que acababa de escuchar la Segunda Sinfonía de Jan Sibelius. ¡Ya era rico!

Música hertziana18 de noviembre de 2012

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Acabo de descubrir esta versión de mi sinfonía favorita, con la increíble Susanna Mälkki al frente de la Orquesta Sinfónica de la Radio de FráncfortEs sencillamente extraordinaria; valen la pena los tres cuartos de hora de escucha. Fue registrada el 17 de mayo de 2019, de un concierto en la Alte Oper Frankfurt (Ópera Antigua de Fráncfort del Meno), sala relativamente moderna que viera el estreno de nada menos que Carmina Burana de Carl Orff. (El video de YouTube—gracias de nuevo—puede verse a pantalla completa, oprimiendo el cuadrado al extremo derecho del borde inferior de la imagen).

 

 

¡Bravísimo! LEA

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Encore: del mismo Sibelius, su poema sinfónico Finlandia, acá con la Orquesta de Filadelfia y el Coro del Tabernáculo Mormón bajo la batuta de Eugene Ormandy (nacido en Hungría, que otrora fue país controlado por los soviéticos).

 

Esta pieza fue compuesta con motivos patrióticos, para movilizar a la oposición popular a la revocatoria de la autonomía finlandesa por el gobierno del Imperio ruso. Se hicieron famosos los diferentes títulos que fue recibiendo la obra para burlar la censura zarista, entre ellos Felices Sentimientos al Amanecer de la Primavera en Finlandia. (Wikipedia en Español).

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