Son muy distintos John Barry y Marc Anthony, pero cada uno en su carácter es músico especialísimo, con una artesanía cuidada, responsable, que rinde piezas extraordinariamente satisfactorias al oído. Bueno, Barry ya no lo es, puesto que falleció en 2011, aunque su música permanece para nuestro deleite. Hijo de un operador y dueño de salas de cine irlandés y de una pianista clásica inglesa, nacido en York, fue la perfecta fusión de ambas raíces: Barry nos legó, precisamente, un buen número de musicalizaciones para películas, todas con su elegante y noble sello, reconocido con cinco premios Oscar; cuatro por la mejor partitura original: Born Free (1966), El León en Invierno (1968), África Mía (1985), Danza con Lobos (1990) y el quinto por mejor canción original, igualmente por Born Free. A esto habría que sumar dos reconocimientos de BAFTA y un Globo de Oro.
Oigamos tres de sus particularísimos temas: el de Born Free, luego el de El León en Invierno (con un coro que canta en latín*) y el especialmente bello de Somewhere in Time, unapelícula de 1980con Jane Seymour, actriz de intrigante belleza—homónima de la tercera esposa del rey Henrique VIII de Inglaterra—que es pretendida, mediante el retroceso en el tiempo, por el personaje que encarna Christopher Reeve.
Born Free
The Lion in Winter
Somewhere in Time
Y ahora escuchemos tres de las numerosas producciones del más refinado genio de la salsa, Marc Anthony. (Esto es unnom de guerre escogido por quien fuera bautizado por sus padres, Felipe Muñiz y Guillermina Rivera, con el mismo nombre del magnífico cantante mexicanoMarco Antonio Muñiz. La escritura inglesa fue la forma escogida artísticamente para evitar la confusión de los homónimos). Primeramente, Valió la pena (Premio Grammy 2005); a continuación Tu amor me hace bien, del mismo álbum que la anterior; finalmente, la estupenda pieza No me ames, en video proporcionado por YouTube que vale la pena ver a pantalla completa y en el que el compositor neoyorquino de origen portorriqueño canta con quien fuera su esposa, la impar Jennifer López.
Valió la pena
Tu amor me hace bien
Debemos estar agradecidos de ambos músicos, creo yo. LEA
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* Regis regum rectissimi prope est dies Domini, dies iræ et vindictæ, tenebrarum et nebulæ, diesque mirabilium tonitruorum fortium, dies quoque angustiæ, mæroris ac tristitæ.
Es preciso salir de la caja de la Constitución de 1999, cayendo en la cuenta de que en realidad estamos por encima de ella. “Gregorovius pensó que en alguna parte Chestov había hablado de peceras con un tabique móvil que en un momento dado podía sacarse sin que el pez habituado al compartimiento se decidiera jamás a pasar al otro lado. Llegar hasta un punto en el agua, girar, volverse, sin saber que ya no hay obstáculo, que bastaría seguir avanzando”. (Julio Cortázar, Rayuela).
La Asamblea Nacional continúa impertérrita en su renuencia a acoger la realidad con la negación de su desacato, el que es un hecho: ella misma escogió desconocer una sentencia de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia:
El TSJ no “impuso” el desacato a la Asamblea Nacional; fue este órgano el que decidiera, bajo la presidencia de Henry Ramos Allup, hacer caso omiso de la Decisión #260 de la Sala Electoral del máximo tribunal, emitida el 30 de diciembre de 2015. Dicha sala tramitó un recurso interpuesto contra la elección de los diputados electos en el estado Amazonas el 6 de diciembre de ese año, sobre la base de una grabación ampliamente difundida en medios de comunicación que presuntamente registró la admisión de la Secretaria de la Gobernación del Estado Amazonas de que “pagaba diversas cantidades de dinero a los electores para votar por candidatos opositores”. Siendo el hecho comunicacionalmente notorio, la sala ordenó “de forma provisional e inmediata la suspensión de efectos de los actos de totalización, adjudicación y proclamación emanados de los órganos subordinados del C.N.E. respecto de los candidatos electos por voto uninominal, voto lista y representación indígena en el proceso electoral realizado el 6 de diciembre de 2015 en el estado Amazonas para elección de diputados y diputadas a la Asamblea Nacional”. (Destacado en cursivas de este blog). Esto es, se trataba de una sentencia razonable, no definitiva, y ni la Asamblea Nacional ni la Mesa de la Unidad Democrática decidieron impugnar la decisión mediante los procedimientos de derecho contencioso electoral contemplados en la Ley Orgánica de Procesos Electorales. La Asamblea Nacional, en cambio, procedió a juramentar a tales candidatos. (Alegatos de diletante, 30 de septiembre de 2019).
Claro que es enteramente excesiva la sanción que impone el TSJ a la AN, declarando la nulidad de todos sus actos por tal motivo. Hace más de dos años, se replanteó acá la iniciativa de un acuerdo de los cinco poderes públicos nacionales—anticipado enPlantilla del Pacto (25 de abril de 2016) como acuerdo de la Asamblea Nacional y la Presidencia de la República—enDel armisticio como programa (11 de mayo de 2017) y quince días más tarde, de modo más compacto, enVersión formal (26 de mayo de 2017). Allí se exigía del Tribunal Supremo de Justicia lo siguiente:
Cláusula Duodécima
El Tribunal Supremo de Justicia levantará las limitaciones impuestas a la Asamblea Nacional como consecuencia de su desacato a sentencia de su Sala Electoral, relativa a los diputados electos en 2015 por el estado Amazonas, por cuanto esos parlamentarios han solicitado ellos mismos su desincorporación y el Presidente de la Asamblea Nacional dirigió una sesión del 9 de enero de este año que decidió oficialmente la desincorporación de los mismos. Su declaración de nulidad de actos de la Asamblea Nacional por tal motivo se sostendrá sólo para aquellos actos en los que hubieran participado y votado los diputados en cuestión. El Tribunal Supremo de Justicia admitirá como válida la elección del actual Presidente de la Asamblea, por cuanto los parlamentarios objetados no participaron en ella. Adicionalmente, ordenará al Consejo Nacional Electoral la celebración perentoria de nuevas elecciones en el estado Amazonas para reparar su situación de representación inexistente.
El segundo parágrafo del Artículo 136 de la Constitución obliga de este modo a los poderes públicos: «Cada una de las ramas del Poder Público tiene sus funciones propias, pero los órganos a los que incumbe su ejercicio colaborarán entre sí en la realización de los fines del Estado». La Asamblea Nacional optó por ignorar esa disposición al proclamar, el mismo día de su instalación (5 de enero de 2016), que se daba seis meses para encontrar la forma de lograr la cesación del gobierno de Nicolás Maduro; fue ella la que escogiera el curso de confrontación. A pesar de eso, todavía puede reconocer la Decisión #260 de la Sala Electoral del TSJ y recuperar su eficacia, sobre todo ahora que la fracción del PSUV ha regresado al Parlamento. Aun sin los tres diputados de Amazonas (el oficialismo perdió uno de cuatro), la oposición, que tiene ahora 109 diputados en lugar de 112*, puede con holgura rebasar la mayoría simple de 82 en un total de 163, y eso le permitiría convocar referendos consultivos. El Pueblo, que no está limitado por la Constitución—según la doctrina que abrió la puerta a la Constituyente de 1999 y la Constitución que rige al Estado venezolano—podría decidir cosas que la contravengan; por ejemplo, si debe haber nuevas elecciones presidenciales que pudieran resultar en un presidente distinto de Nicolás Maduro antes de que éste concluya el período para el que fue elegido el 20 de mayo de 2018.
El año que viene tiene que haber elección de una nueva Asamblea Nacional, así Juan Guaidó haya desechado la participación opositora en ella:
El presidente de la Asamblea Nacional y dirigente de la oposición, Juan Guaidó, descartó que el sector que representa vaya a participar en elecciones parlamentarias, a pesar de que se cambie el Poder Electoral. “El origen de la crisis en Venezuela no son las parlamentarias, por eso no vamos a participar en parlamentarias ni nada que no permita una solución”, expresó Guaidó, en una actividad realizada por el Frente Amplio Venezuela Libre, el pasado jueves.(Guaidó responde a Maduro: No vamos a participar en parlamentarias ni con nuevo CNE).
Por los vientos que soplan, Juan Guaidó no será ratificado en la Presidencia de la Asamblea Nacional en 2020, año que nos llega en menos de dos meses. Es posible que entonces la Asamblea Nacional adquiera la sensatez que no exhibió bajo su dirección y la de los presidentes que le precedieron; es posible que ella entienda, por primera vez, que el Pueblo detenta un poder superior al suyo, y que el empleo de éste es imprescindible para abrir las puertas al cambio que no se ha obtenido con protestas—el próximo mes se cumplirán 18 años de la primera—, drones asesinos, incitaciones a la rebelión militar y la invitación a fuerzas bélicas foráneas.
Y este año—¡por fin!—también han soplado vientos, más bien suaves, a favor de una salida referendaria; Nicmer Evans, Claudio Fermín, Eduardo Fernández, Juan Barreto, algunos diputados del Consejo Legislativo del estado Zulia, que yo sepa, han opinado que debe convocarse un referendo que dé salida a nuestra muy grave condición política, pero ninguno ha precisado cuál sería la consulta específica que se elevaría al Pueblo. En una de las tantas veces que acá se ha propuesto referendos específicos, se ha mencionado incluso una forma expedita de conformar un nuevo Consejo Nacional Electoral. (Ver, por ejemplo,Repeat after me, del 3 de agosto de este año). LEA
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* Se ha argumentado que la baja de tres diputados de oposición tuvo por finalidad eliminar la mayoría calificada de dos tercios por 112 diputados de 167; bueno, 109 de 163 sigue siendo mayoría calificada: el 66,87% es las dos terceras partes de los diputados remanentes. Eso no es excusa para el contumaz desacato.
La Asamblea Nacional (AN) se declaró en sesión permanente este martes 29 de octubre ante la crisis venezolana, por lo que sesionarán este miércoles a partir de las 10:00 de la mañana. El presidente del Parlamento, Juan Guaidó, aseguró que la oposición está «lista» para solucionar la crisis nacional e invitó a la bancada oficialista a ponerse de acuerdo para alcanzar resultados positivos para el país. «Nosotros estamos listos para buscar una solución, cualquiera de ustedes vaya, presente la propuesta y nos vemos mañana», expresó. Además discutieron la designación del comité de postulaciones electorales para el Centro Nacional Electoral (CNE).
El diputado por la bancada del Psuv, Francisco Torrealba, indicó que la renovación de los rectores del CNE se realizará a través del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), si el Parlamento se mantiene en desacato. “Si no se hace aquí, en la Asamblea Nacional (AN) se hará por vía de omisión legislativa en el Tribunal Supremo de Justicia. Pero de cualquier manera nosotros queremos que haya condiciones suficientes” para llevar a cabo las elecciones parlamentarias el próximo año, señaló Unión Radio.
Y Noticiero Digital destacó el alegato de un economista («y experto petrolero»), José Toro Hardy:
“La vía constitucional para designar CNE es a través de la AN. La vía inconstitucional es a través del TSJ. La comunidad internacional lo sabe”, escribió en Twitter. “La falacia del desacato de la AN deja muy mal parado al TSJ ante la Comunidad Internacional”. Refirió que cuando la justicia se usa para desvirtuar la democracia “se sientan las bases para la instauración de una tiranía”.
Sobre esto último, el desacato existe; no es una falacia. (Ver Alegatos de diletante, 30 de septiembre de 2019). Y parece ser que en opinión de Toro Hardy la tiranía aún está por instaurarse; sólo estarían sentándose sus bases.
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El 5 de junio de 2018, se reprodujo y comentó acá—A un corresponsal no identificado—»una entrevista realizada por María Angélica Correa (El Tiempo, 22 de mayo de 2018) a Miguel Ángel Martín, quien preside el Tribunal Supremo de Justicia ‘legítimo’ (en el exilio)». He aquí dos de las preguntas que éste recibiera y sus contestaciones:
Ante un Consejo Nacional Electoral que es un brazo ejecutor del régimen, ¿la AN tiene facultad de designar los nuevos rectores a quienes ya se les terminó el período?
Es su competencia.
¿Aún están a tiempo?
Sí, porque es una omisión legislativa que pueden hacerla en cualquier momento.
Este blog comentó entonces: «Eso es; la AN presidida por Ramos Allup arrastró los pies y perdió el tren. Lo sé por José Rafael Revenga, quien formara parte del Comité de Postulaciones nombrado por ella. Oímos su espeluznante relato Leopoldo Baptista Zuloaga, Roberto Picón Herrera, Melquíades Pulido y yo». (Al cierre de 2016 parecía que nadie podría superar la torpeza de Henry Ramos Allup en la Presidencia de la Asamblea Nacional: se inició el 5 de enero de ese año con su declaratoria, enteramente inconstitucional, de que era un «compromiso no transable» de la AN encontrar el modo de causar «la cesación de este gobierno», y fue él quien desacatara dos veces la sentencia de suspensión provisional de los efectos de las elecciones de diputados por el estado Amazonas; él también quien torpedeara dentro de la Mesa de la Unidad Democrática la promoción del referendo revocatorio del mandato de Nicolás Maduro; él quien ignorara la Ley Orgánica de Estados de Excepción permitiendo la vigencia automática del Decreto de Emergencia Económica, que consagrara la explicación de la «guerra económica» a la situación nacional. Pronto, sin embargo, lo superaría Julio Borges con la alucinada e irresponsable declaratoria de abandono del cargo por parte de Maduro y el nombramiento inconstitucional de un nuevo Tribunal Supremo de Justicia, sólo para que en este año Juan Guaidó quebrara todos los récords al autoproclamarse encargado de la Presidencia de la República y sostener que la Constitución permite a la Asamblea Nacional autorizar una invasión extranjera, lo que luego completaría con la «activación» del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, que según él tiene que ver primariamente con «ayuda humanitaria»: «Dicen que tiene que ver con el tema del uso de la fuerza. No es así. Principalmente afecta a cuestiones de asistencia humanitaria”, declaró el 22 de julio).
Si Guaidó es capaz de encontrar con prontitud suficiente sensatez, debe intentar primeramente, como se lo ha indicado el diputado Torrealba,la superación del desacato de la Asamblea Nacional a la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia, que este mismo órgano y la Presidencia de la República le invitaron a subsanar a comienzos del año pasado. Es su deber de Presidente de la Asamblea Nacional recuperar la eficacia del Poder Legislativo Nacional.
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La actual Asamblea Nacional cesará en funciones en los primeros días de enero de 2021, por lo que el año que viene deberá elegirse una nueva, y es posible la convocatoria de una nueva elección de Presidente de la República antes de agotar el actual período, que vence el 10 de enero de 2025, si se produce una decisión del Pueblo en referendo convocado al efecto. En Prontas elecciones (22 de octubre de ¡2016!), se planteó lo siguiente:
Exijamos, en cambio, a la Asamblea Nacional que escuche el clamor del Pueblo que quiere elegir prontamente un nuevo presidente. Ella puede, por mayoría simple de 84 brazos alzados, convocar inapelablemente ese referendo tan lógicamente fundado como aconsejable. Debiera la Asamblea comprender, por su parte, que no debe ponerse en riesgo la iniciativa. El Tribunal Supremo de Justicia ha ignorado o suspendido las actuaciones del Poder Legislativo Nacional sobre la base de su desacato, al haber incorporado diputados cuya investidura el mismo tribunal declaró suspendida. Que desincorpore esos diputados, pues no son requeridos para formar una mayoría calificada de dos tercios; lo que se necesita es “el voto de la mayoría de sus integrantes”. (Lo más elegante sería que los diputados en cuestión soliciten ellos mismos a la directiva de la Asamblea su desincorporación).
Nueve meses antes, a cuatro días escasos de la instalación de la actual Asamblea Nacional (5 de enero de 2016), en el programa #178 de Dr. Político en RCR, se propuso a ese cuerpo una alianza suya con el Pueblo para la convocatoria de referendos. Es hora de que haga caso; es eso lo fundamental. Pero primero lo primero: el cese del desacato. No estamos para malacrianzas. LEA
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Actualización: el diputado Guaidó participó en una reunión del Frente Amplio Venezuela Libre del 31 de octubre; reporta el diario Panorama:
El presidente de la Asamblea Nacional y dirigente de la oposición, Juan Guaidó, descartó que el sector que representa vaya a participar en elecciones parlamentarias, a pesar de que se cambie el Poder Electoral. “El origen de la crisis en Venezuela no son las parlamentarias, por eso no vamos a participar en parlamentarias ni nada que no permita una solución”.
Lo que sigue es una traducción no autorizada de un trabajo en The Interpreter (un servicio de The New York Times) con fecha de hoy: The Global Protest Wave, Explained. Sus autores son Max Fisher y Amanda Taub, y ofrecen una importante interpretación del fenómeno de protestas generalizadas en el planeta. (Hace exactamente tres semanas, se trajo a este blog un conjunto de citas—La médula del problema—de las que bastará refrescar el comienzo de una, tomada de Una especie política nueva—11 de marzo de 2015—: «Es evidente la proliferación de crisis políticas en el mundo en estos tiempos, y tal cosa sugiere que más que sólo eso estamos ante una crisis planetaria de la Política en tanto profesión»).
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Ni es la imaginación de Ud. ni los últimos meses han sido atípicos: las protestas masivas están aumentando en todo el mundo. Se han vuelto más comunes año tras año desde el final de la Segunda Guerra Mundial y ahora alcanzan un nivel de frecuencia sin precedentes. Y si pudiera parecer difícil encontrar un hilo conductor—manifestaciones anticorrupción en el Líbano, manifestaciones separatistas en España, marchas en favor de la democracia en Hong Kong, protestas contra la desigualdad en Chile y los resultados electorales en Bolivia, por nombrar solo los más recientes—, eso no es una coincidencia. Porque todo esto está siendo impulsado por algo más que las causas inmediatas de cada alzamiento individual. El mundo está cambiando de tal forma que hace que las personas sean más propensas a buscar cambios políticos radicales saliendo a la calle.
Antes de explicar esos cambios y cómo han creado una era de descontento global, hay otra tendencia que Ud. debiera conocer. Las protestas también se están volviendo mucho más propensas al fracaso. Hace solo 20 años, el 70 por ciento de las protestas que exigían un cambio político sistémico lo obtuvieron, una cifra que había estado creciendo constantemente desde la década de 1950. A mediados de la década de 2000, esa tendencia se revirtió de repente. En todo el mundo, la tasa de éxito de los manifestantes se ha desplomado a solo el 30 por ciento, según un estudio de Erica Chenoweth, una científica política de la Universidad de Harvard que calificó el descenso como «asombroso». «Realmente, algo ha cambiado», nos dijo Chenoweth, quien estudia los disturbios civiles. Para comprender ese cambio, consideremos cuatro transformaciones principales tras nuestra nueva normalidad de protesta global masiva y lo que revela acerca del mundo.
(1) La democracia se está estancando
Lo que antes era un crecimiento constante de la democracia en todo el mundo se ha estancado, y tal vez esté comenzando a revertirse. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, el número de países que avanzan hacia el autoritarismo supera el número de los que avanzan hacia la democracia, según un estudio reciente de Anna Lürhmann y Staffan Lindberg de la Universidad de Gotemburgo en Suecia.
Las causas de este cambio son complejas y aún están en disputa. Las actitudes nacionalistas están aumentando, y los votantes eligen cada vez más a posibles hombres fuertes. Las presiones internacionales en pro de la democratizción se han relajado. La corrupción global ha ayudado a afianzar los sistemas políticos rotos.
Cualquiera que sea la causa, hay algo que no ha cambiado. Las presiones de abajo hacia arriba que generalmente se manifiestan como demandas públicas o al menos un deseo de democracia, como el crecimiento de las clases medias, todavía están acumulándose, como lo han hecho a lo largo de la era moderna. Pero ahora que la gente no está obteniendo democracia, es como si se hubiera cerrado una válvula de escape. Esa presión acumulada se está liberando en forma de explosiones de indignación masiva. Y debido a que las vías de cambio dentro del sistema, como votar en las elecciones o presionar a los funcionarios electos, son consideradas cada vez menos confiables, la gente busca el cambio desde fuera del sistema, con protestas masivas.
Mientras que antes los dictadores solían surgir de la noche a la mañana, en golpes de Estado o auto-coronaciones, ahora emergen gradualmente, acumulando poder poco a poco en un proceso que puede desencadenar ciclos de protesta de muchos años. Pero la mayoría de los gobiernos está estancada en algún punto intermedio entre los sistemas democráticos y los autoritarios—países como el Líbano o Irak—, que tienen elecciones pero también partidos que no responden. Esos países intermedios, donde los ciudadanos tienen suficiente libertad para esperar y exigir un cambio pero no para obtenerlo, pueden ser los más susceptibles a una repetida revuelta popular. Tales países pudieran quedar «atrapados en una trampa de equilibrio de bajo nivel» entre los disturbios y la reforma, escribió Seva Gunitsky, politóloga de la Universidad de Toronto, en un artículo reciente. Estas «democracias superficiales», escribió, pueden ser «lo suficientemente receptivas como para subvertir o adelantar protestas sin verse obligadas a emprender reformas liberales fundamentales o aflojar su monopolio sobre el control político», lo que asegura un ciclo tras otro de indignación y decepción pública.
(2) Las redes sociales hacen que las protestas sean más propensas a iniciarse, más probable que aumenten de tamaño y más probable que fracasen
Inicialmente recibidas como una fuerza de liberación, ahora las redes sociales «realmente aprovechan la represión en la era digital mucho más que la movilización», dijo Chenoweth. Una teoría desarrollada por Zeynep Tufekci, un académico de la Universidad de Carolina del Norte, postula que las redes sociales facilitan a los activistas la organización de protestas y alcanzar rápidamente números que antes eran impensables, pero que esto es realmente un pasivo. Chenoweth dijo que la facilidad con que las redes sociales permiten a los activistas atraer a los ciudadanos a las calles, «puede dar a las personas una sensación de falsa confianza; 200.000 personas hoy no es lo mismo que 200.000 personas hace 30 años, porque están menos comprometidas».
Ella aludió, en comparación, al Comité No Violento de Coordinación de Estudiantes, o SNCC, un grupo estudiantil de derechos civiles que jugó un papel importante en el movimiento de derechos civiles. En esa era anterior a los medios sociales, los activistas tuvieron que pasar años movilizándose a través del alcance comunitario y la construcción de organizaciones. Los activistas se reunían casi a diario para ensayar, elaborar estrategias y resolver desacuerdos. Pero esas tareas hicieron que el movimiento fuera más duradero, asegurando que se constituyera en redes populares del mundo real. Y eso significó que el movimiento tenía la organización interna, tanto para perseverar cuando las cosas se ponían difíciles como para traducir victorias callejeras en resultados políticos cuidadosamente planificados.
Las redes sociales permiten que los movimientos salten muchos de esos pasos, poniendo más personas en las calles más rápidamente, pero sin la estructura subyacente para ayudar a obtener resultados. Esto prepara a las sociedades para ciclos recurrentes de protestas masivas, seguidas de un fracaso para lograr el cambio, seguido de más protestas impulsadas por las redes sociales.
Al mismo tiempo, los gobiernos han aprendido a cooptar las redes sociales, utilizándolas para difundir propaganda, movilizar a sus simpatizantes o simplemente difundir la confusión. Rara vez es eso suficiente para que los gobiernos anulen toda disidencia, pero no es necesario que lo sea. Para prevalecer, solo necesitan crear suficiente duda, división o desconexión cínica para que los manifestantes no logren una masa crítica de apoyo. Las campañas progubernamentales de redes sociales ni siquiera necesitan ser tan sofisticadas; para compensar, los gobiernos tienen bolsillos muy profundos.
(3) Una polarización social recrecida
Hay un hecho acerca de los movimientos de protesta que a menudo se pasa por alto. Frecuentemente pensamos que las protestas masivas representan a «la gente». Así es como los participantes las describen, y eso le da a sus protestas un cierto grado de legitimidad democrática. Pero la verdad, en casi todos los casos, es que están impulsadas principalmente por una clase social particular o un grupo de clases sociales.
Eso no hace que las protestas sean menos legítimas. Sí, sin duda tendrán asistentes de todos los estratos sociales, y los manifestantes podrían tener razón al posicionar sus demandas al servicio de toda la sociedad, pero cualquier movimiento, especialmente al principio, está generalmente animado por una clase social que colectivamente exige cambios que servirán a esa clase o, tal vez con la misma frecuencia, que exige revertir los cambios que la han perjudicado. (Cuando se unen suficientes clases sociales, particularmente los estratos más pobres que son históricamente menos propensos a protestar, se produce una revolución).
En Hong Kong, por ejemplo, el movimiento en verdad intenta principalmente proteger la democracia y el estado de derecho ante la invasora influencia autoritaria de Beijing. Pero ese movimiento es impulsado principalmente por estudiantes y profesionales de clase media, que han visto afectada su ubicación en la sociedad por los cambios en la estructura de la economía de Hong Kong—por ejemplo, el drástico aumento en los precios de alquiler a personas demasiado ricas para calificar como receptoras de subsidios—y por la rápida inmigración de China continental. He aquí por qué eso es importante para comprender la avalancha de disturbios mundiales: la polarización social está aumentando en todo el mundo. La gente está más polarizada a lo largo de líneas raciales, de clase y partidistas. Como resultado, es más probable que se aferre a su sentido de identidad grupal y vean a su grupo como asediado, obligándola a levantarse colectivamente.
Al igual que con el estancamiento de la democracia, probablemente hay muchas razones para ese aumento de la polarización social: la considerable alteración de la economía, el aumento de la inmigración en todo el mundo, las reacciones contra los ideales liberales de la multiculturalidad y la igualdad posteriores a la Segunda Guerra Mundial… Pero a medida que las personas solidifican su sentido de identidad grupal, se enfocan mucho más en las diferencias percibidas entre «nosotros» y «ellos». El resultado es a menudo una sensación de conflicto entre «la gente» y «el sistema»—lo que es una receta de violentas reacciones populistas en países en los que la gente aún confía lo suficiente en las instituciones para lograr cambios a través de las elecciones, con alzamientos antisistema en otros lugares.
(4) Aprendizaje autoritario
Los hombres fuertes del mundo, los posibles hombres fuertes y los francamente dictadores parecen haber notado el aumento de los disturbios civiles, y especialmente el éxito de los manifestantes en forzar el cambio. Las protestas no violentas se convirtieron, para los autoritarios del mundo, en una amenaza tan peligrosa como cualquier ejército extranjero, si no más.
A mediados de la década de 2000, comenzaron a luchar con lo que la Sra. Chenoweth llamó, en un documento de 2017, «esfuerzos conjuntos para desarrollar, sistematizar e informar sobre técnicas y mejores prácticas para contener tales amenazas». Las prácticas y herramientas de análisis de redes, por ejemplo, ayudan a los gobiernos a identificar el puñado de activistas y organizadores que actúan como nodos en un movimiento social. El encarcelamiento o amenaza de esas personas puede ser incluso más eficaz que una represión a gran escala, con menos riesgo de provocar una reacción violenta más amplia. Y, dijo la Sra. Chenoweth, los gobiernos aprendieron a observarse mutuamente para obtener lecciones acerca de herramientas y tácticas, e incluso a compartirlas abiertamente.
Este intercambio directo e indirecto de lecciones tiene un nombre: aprendizaje autoritario. Estas estrategias de gato y ratón, para frustrar y redirigir el disenso popular sin aplastarlo, son una de las principales razones por las que el grado de éxito de las protestas se ha desplomado. Pero tales estrategias tampoco derrotan directamente a la disidencia, por lo que pudieran estar ayudando a garantizar futuros ciclos de protestas, manteniendo alta la tasa global.
Los movimientos de protesta no logran de manera confiable un cambio político rápido y transformador en la forma en que solían hacerlo. Pero la Sra. Chenoweth encontró que ya no son aplastados violentamente con tanta frecuencia. Sus agravios subyacentes permanecen, al igual que su capacidad y su disposición para inundar las calles con indignación, en ciclos recurrentes de disturbios perturbadores pero no transformadores. No es el resultado ideal para ningún gobierno, pero en última instancia es una victoria. Entonces, si bien esto pudiera parecer la era del poder de la gente, tal vez sea más preciso describirlo como una era de frustración enojada.
Max Fisher & Amanda Taub
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En la primera sección del análisis de Fisher y Taub se encuentra esta afirmación: «Las presiones de abajo hacia arriba que generalmente se manifiestan como demandas públicas o al menos un deseo de democracia, como el crecimiento de las clases medias, todavía están acumulándose, como lo han hecho a lo largo de la era moderna». A propósito de eso, Daniel Zovatto, politólogo, jurista y Director regional de IDEA, ofrece pedagógicas observaciones acerca del caso chileno en esta recentísima entrevista.
Presentación de dirigentes de oposición en uno de los estadios de la UCV
Quizás la causa de nuestro pesimismo contemporáneo es nuestra tendencia a ver la historia como una turbulenta corriente de conflictos—entre individuos en la vida económica, entre grupos en política, entre credos en la religión, entre estados en la guerra. Éste es el lado más dramático de la historia, que captura el ojo del historiador y el interés del lector. Pero si nos alejamos de ese Mississippi de lucha, caliente de odio y oscurecido con sangre, para ver hacia las riberas de la corriente, encontramos escenas más tranquilas pero más inspiradoras: mujeres que crían niños, hombres que construyen hogares, campesinos que extraen alimento del suelo, artesanos que hacen las comodidades de la vida, estadistas que a veces organizan la paz en lugar de la guerra, maestros que forman ciudadanos de salvajes, músicos que doman nuestros corazones con armonía y ritmo, científicos que acumulan conocimiento pacientemente, filósofos que buscan asir la verdad, santos que sugieren la sabiduría del amor. La historia ha sido demasiado frecuentemente una imagen de la sangrienta corriente. La historia de la civilización es un registro de lo que ha ocurrido en las riberas.
Will Durant – Los placeres de la Filosofía
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El sitio web de Banca y Negocios reportó una presentación de Datanálisis—Escenarios Datanálisis Respuestas Concretas ante la Crisis—, celebrada ayer, 18 de octubre, fecha franquicia de Acción Democrática, pues en ese día de 1945 un golpe de Estado derrocó al presidente Isaías Medina Angarita para inaugurar lo que se nombraría como el «Trienio Adeco». (En menor medida, puede reivindicarla como suya Eduardo Fernández, al haber nacido exactamente cinco años antes de producirse tal turbulencia, en 1940). La reseña registra la pregunta que dirigiera el moderador del evento a José Antonio Gil, Director de Datanálisis: “¿Se va a ir Maduro?”
Sin embargo, Gil Yepes no pudo responder de forma clara a la pregunta de si Maduro se irá. “Nadie lo sabe”, fue lo primero que pudo señalar después de esperar unos segundos para su respuesta. El alto grado de impopularidad de Maduro no significa que su salida esté próxima. El grado de aceptación del principal líder de la oposición, Juan Guaidó, cayó de 49% a 39%. “Venezuela parecería ser un país sin héroes”, aseguró el director de Datanálisis.
Gil logró evocar en mí una máxima de Bertolt Brecht—»un dramaturgo y poeta alemán, uno de los más influyentes del siglo xx, creador del teatro épico, también llamado teatro dialéctico»* (Wikipedia en Español)—, quien dijera: «Desgraciado el país que necesita héroes».
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El género de la novela, una narración en prosa de extensión mayor a la de un mero cuento, no aparece en Occidente hasta el siglo XIII, con la obra Blanquema (1283), de Raimundo Lulio. Hasta entonces, el género narrativo predominante era el épico, que registraba grandes hazañas aderezadas con una buena dosis de mitología; sus protagonistas eran heroicos. Pero nuestra política cotidiana no ha llegado aún a la época novelesca; sigue siendo «una turbulenta corriente de conflictos».
Acaba de producirse uno de esos rituales e inútiles intercambios que son formulados en dimensiones heroicas (destacados en cursivas de este blog):
La actriz Liliana Morillo comentó una de las recientes publicaciones que realizó Juan Guaidó en su cuenta en Instagram, mensaje que al parecer no fue del agrado del político. “Sigue dialogando, señor. Que va bien, muy bien. No me joda”, escribió Morillo en un post en el que Guaidó habla de la muerte de Edmundo Rada, mejor conocido en la parroquia Petare como Pipo, quien supuestamente fue asesinado por los “esbirros de la dictadura por estar liderando protestas a favor de los derechos de la gente de su barrio”. “Acaban de matar a un hermano de lucha, Liliana. Sé que eres cristiana y que conoces la misericordia como concepto. Mañana es el funeral de ese hermano de lucha. Será en Petare, el lugar donde luchó y donde nosotros seguiremos luchando. Aquí y con fuerza», le contestó Guaidó a la hija de Lila Morillo y «El Puma» Rodríguez. «Usar el sarcasmo en este momento, siendo una cristiana que conoce la misericordia, no es de Dios”, agregó. “No cuando se hace en contra de quienes estamos poniendo el pecho. Dios te bendiga a ti y a los tuyos”, continuó. (nuevodia.com).
Cuatro menciones de lucha, una de puesta del pecho y una de fuerza en tan sólo 83 palabras. Nuestros políticos convencionales (y los de otros países) entienden la actividad política como lucha por el poder, no como la solución de problemas de carácter público. Eso no es nada nuevo: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder». (Declaración de Pedro Pablo Aguilar, Secretario General de COPEI, al diario El Nacional, 7 de junio de 1986. Guaidó estaba por cumplir tres años de edad).
Al menos Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Héctor Rodríguez, Vladimir Padrino, Tarek William Saab, Aristóbulo Istúriz, Juan Guaidó, Ma. Corina Machado, Diego Arria, Ricardo Hausmann, Nitu Pérez Osuna, Stalin González… (paro de contar) se perciben como héroes de una gloriosa epopeya; son contraejemplos del dictamen de Gil Yepes y, como entendiera Brecht, desgraciada Venezuela si los necesitara. LEA
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* La dialéctica—del griego διαλεκτική (dialektikḗ), τέχνη (tékhnē), literalmente: técnica de la conversación; con igual significado, en latín (ars) dialectica—es una rama de la filosofía cuyo ámbito y alcance han variado significativamente a lo largo de la historia. Originariamente designaba un método de conversación o argumentación análogo a lo que actualmente se llama lógica. En el siglo XVIII el término adquirió un nuevo significado: la teoría de los contrapuestos en las cosas o en los conceptos… (Wikipedia en Español).
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