Cuatro veces jota (y no es aragonesa)

Jota Jota Rendimiento y Jota Guaidólar trataron con Jota Goudólar

 

Hubo una época en Venezuela en la que Jota Jota designaba a Jose Joaquín González Gorrondona, el próspero banquero que fundara el desaparecido Banco Nacional de Descuento y construyera en el Parque Nacional El Ávila una notable casa que diseñara el arquitecto austriaco-estadounidense Richard Neutra. Pero el J. J. del día es el Sr. Juan José Rendón, «estratega general» de Juan Guaidólar, a quien acaba de presentar su renuncia luego de la torta de la Operación Gedeón. (Y luego de admitir a la cadena de noticias CNN que pagó, sin que le dolieran, cincuenta mil dólares—»“Sí, de mi cuenta, personal»—a Jordan Goudreau, el organizador de las incursiones que pretendían, al menos, apresar al presidente Maduro y cobrar por sus servicios al gobierno estadounidense la cantidad de quince millones de esa misma moneda).

El Sr. Rendón obtuvo fama temprana y efímera en Venezuela al ser entrevistado en Televén—por César Miguel Rondón en su programa «30 minutos» el 18 de agosto de 2004—acerca de su tesis de que había habido fraude en el referendo revocatorio celebrado tres días antes. La Carta Semanal #100 de doctorpolítico, que sostuvo lo contrario, se refirió el día siguiente a esa vistosa presentación en sociedad de Rendón:

Son tantas las ingeniosas teorías que su mera profusión llama a la sospecha. No sería posible enumerarlas y considerarlas acá una por una, aunque sólo sea porque sin duda no las conocemos todas. El asunto ha rebasado ya los límites del absurdo. Una economista ha tenido la ocurrente iniciativa—ignoramos si ha prosperado—de ofrecer un concurso para premiar a quien tenga éxito en comprobar efectivamente el fraude. Y sugiere el monto del premio y el modo de sufragarlo. Como Súmate habría dicho—jamás lo ha hecho—que hubo seis millones de votos revocatorios, bastaría que cada escuálido aportara una moneda de 100 bolívares para que el ganador obtuviera el jugoso premio de 600 millones de bolívares. (“Se busca fraude: vivo o muerto. Recompensa: 600 millones”). Se da por sentado que el fraude existió y el gélido cadáver de Disney descansa en una cripta criogénica.

Tal como en el Viejo Oeste

Probablemente el concursante más aventajado sea todavía J. J. Rendón, quien asegura saber cómo se habría configurado la descomunal estafa y que Smartmatic, para decir lo más prudente que se le ocurrió, habría sido al menos tonto útil al doloso plan del gobierno. (Lo que tal vez haya contribuido a que una turba, similar a un Ku Klux Klan en ánimo de linchamiento en Alabama, parecida a la que sitió con violencia la Embajada de Cuba el 12 de abril de 2002, se haya presentado ante las oficinas de Smartmatic ayer para gritar, democrática, constitucional, electoral y pacíficamente, “Mugica, ladrón” y otras menudencias por el estilo).

Rendón llevó ayer a canales de televisión su hallazgo: en dos centros del estado Bolívar encontró que había siete coincidencias exactas de votos por el “Sí”—en un acta tres veces el número 133, en otra del mismo centro dos veces el número 127, en otra de centro diferente dos veces el número 122. Luego ha afirmado, en sucesión, que tenía un total de 9 actas en la que se observaba este extraño fenómeno; más tarde que eran 15; luego que eran 24 y, antenoche, en el programa Rendón-Rondón, que le habían reportado anomalías similares en otros estados.

Pues bien, lo que sería verdaderamente anómalo es que en un universo total de 19.664 máquinas de votación no aparecieran centenares de actas con resultado idéntico. En sí mismo, cada caso parece extraño y, de hecho, considerados individualmente, los casos reportados resultan repugnantes a la intuición.

Sin embargo, la estadística es ciencia sosegadamente implacable que con frecuencia nos presenta aparentes paradojas o, en todo caso, sorpresas contraintuitivas. Por ejemplo, el famoso caso—entre los estadígrafos, naturalmente—del cumpleaños duplicado. En teoría, cualquier persona tuvo una probabilidad de nacer en un día específico del año calendario equivalente a 1/365—para no considerar años bisiestos—o, en términos porcentuales, 0,27%, o un poco más de un cuarto de uno por ciento. Consigamos entonces un grupo constituido por 23 personas elegidas al azar. ¿Cuál es la probabilidad de que dos personas de ese grupo cumplan años exactamente el mismo día? Nuestros lectores seguramente se sorprenderían si se les dice que esa probabilidad es de 50,7%, o 187 veces la probabilidad de que alguien haya nacido en un día específico del año.

La verdad es, entonces, que lo esperable estadísticamente es que en varios centenares de casos se registre lo que al Sr. Rendón parece “matemáticamente imposible”, incluyendo, por supuesto, la aparición de “insólitas” coincidencias en un mismo centro de votación. Cualquier jugador de dominó registra en su memoria más de una vez en la que en un mismo partido tres o cuatro manos seguidas arrojan un resultado de, digamos, 22 puntos. (“¡Qué casualidad!”) Y más de uno entre nosotros ha observado la improbabilísima distribución de siete blancos en una misma mano, durante amistoso juego en el que a ningún miembro del Comando Maisanta se le ha permitido barajar las piedras.

Pero es que la necesidad emocional exige que nuestra hipótesis favorita—el fraude electoral masivo ante las narices de los observadores internacionales que se chupaban el dedo—encuentre asidero, y nuestra psiquis anda automáticamente—no es un ejercicio consciente y voluntario—a la caza de cualquier hábil pseudoexplicación que la corrobore. Estamos persuadidos de que el Sr. Rendón cree inocente y honestamente en su “explicación”. Pero no podemos estar de acuerdo conque de su involuntariamente defectuoso razonamiento extrapole acusaciones gravísimas. A él no le consta en absoluto que en verdad se haya producido la alevosa “programación” de los “topes” que postula.

Hace más de quince años, pues, que el suscrito no viera modo de respetar una ignorancia tan supina; desde entonces, no ha emergido motivo para invertir tal opinión sobre Rendón, quien después adquiriera la fatua costumbre de vestirse siempre de negro, tal como un olvidable «artista» venezolano «apodado el Príncipe Negro, sobrenombre que comenzó a regir desde 1968 para señalar el color predilecto del artista en su vestir (con gran pañuelo de seda, bastón, sombrero y cuando el clima lo merecía, capa)».

Por lo que respecta al cliente* representado hasta hace pocos días por ese Black Prince de nuevo cuño, se ha preocupado por exigir—al día siguiente de conocerse los hechos, según registra La Prensa de Lara—»respeto a los derechos humanos y garantías fundamentales de las personas capturadas en las últimas horas», tal como los operadores armados y dirigidos por Goudreau planeaban respetar los de Nicolás Maduro y su custodia. No vinieron con armas para usarlas, no; sólo eran para la foto que harían llegar a Mike Pompeo. (De nuevo, resisto la tentación de formular con el apellido de este último señor un facilísimo juego de palabras). LEA

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La última de Guaidólar (reporta ayer contrapunto.com): «aseguró que la Operación Gedeón fue un montaje financiado por un testaferro del Gobierno de Maduro vinculado a un programa de chismes». Más adelante publica el mismo medio:

“La operación ni operativamente ni militarmente tiene ningún tipo de posibilidad. Es un montaje de la dictadura para generar propaganda y victimización internacional y persecución a nivel interno. Engañaron a una cantidad de tenientes para masacrarlos. El nivel sadismo [sic] del régimen es de infiltrar y masacrar”, señaló Guaidó. En ese sentido, el opositor negó vinculación con la operación y aseguró que pidió una investigación por la muerte de ocho militares en La Guaira. Igualmente, indicó que el contrato que el Gobierno de Maduro asegura que firmó con Jordan Goudreau con el fin de asesinar a varios  de sus funcionarios, incluido Maduro, y provocar un Golpe de Estado en el país, no pasó de una fase exploratoria [?] y se dieron órdenes de no continuar con ninguna operación. [??]

Como oímos desde niños: «Ya no halla qué inventar». Pero lo que inventa no parece convencer a la cadena de noticias CNN, que pone ayer una actualización sobre el caso y repite un minuto y veintisiete segundos de una entrevista de Fernando Del Rincón a Jota Jota Rendimiento con esta pregunta: «¿Estaba Juan Guaidó al tanto de la Operación Gedeón?»

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Gobiernos de emergencia

La excepcionalidad estadounidense

 

Trae El Carabobeño, en nota del 7 de este mes de mayo—Partidos democráticos: Ahora más que nunca urge un Gobierno de Emergencia Nacional—, esta declaración:

Los partidos Acción Democrática, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo, Causa R, Voluntad Popular, Encuentro Ciudadano, MPV, Proyecto Venezuela y Copei afirman en un comunicado conjunto, que las fuerzas democráticas no promueven ni financian guerrillas, focos de violencia ni grupos paramilitares. (…) La propuesta de las fuerzas democráticas es pública y por todos ya conocida: una salida política que incluye a todos los sectores del país con el objetivo de constituir un Gobierno de Emergencia Nacional para abordar la crisis, agregan en el comunicado.

Bueno, Nicolás Maduro los ha complacido al día siguiente con la emisión del Decreto Nº 6.534—el suscrito ignoraba que hubiera tantos—, «mediante el cual se declara el Estado de Excepción y de Emergencia Económica en todo el Territorio Nacional». Ya tenemos, por consiguiente, un gobierno de emergencia nacional. (Lo único que faltaría es que el «otro» gobierno, el «legítimo» que encabeza Juan Guaidólar, refrendara ese decreto o emitiera uno propio para complacer a los partidos que suscriben la declaración citada y lo encaramaron donde está).

Por cierto, la Asamblea Nacional debiera pronunciarse sobre el decreto #6.534 en el término de 48 horas de la publicación en gaceta—las que expiran hoy—, como reza el artículo 27 de la Ley Orgánica de Estados de Excepción: «El decreto que declare el estado de excepción, la solicitud de prórroga o aumento del número de garantías restringidas, será aprobado por la mayoría absoluta de los diputados y diputadas presentes en sesión especial que se realizará sin previa convocatoria, dentro de las cuarenta y ocho horas de haberse hecho público el decreto». Fue la ignorancia de esta última disposición lo que condujera a la aprobación automática del primer decreto de Maduro al respecto. (El actual es el número 26 sobre la misma materia). De ese primer autogol de la Asamblea Nacional, entonces presidida por Henry Ramos Allup, se ocupó el programa #183 de Dr. Político en RCR, del 13 de febrero de 2016. He aquí el fragmento de audio pertinente:

 Dr. Político en RCR #183

Aquel decreto consagraba ya la explicación universal de la crisis venezolana como consecuencia exclusiva de una «guerra económica». (Ella existe, pero si no existiera habría de todos modos una gigantesca crisis causada por la terquedad oficialista de su «socialismo». Todo decreto del Ejecutivo que publica la Gaceta Oficial, así sea para establecer una fábrica de sardinas, lleva este inequívoco encabezado: “Con el supremo compromiso y voluntad de lograr la mayor eficacia política y calidad revolucionaria en la construcción del socialismo…”)

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Donald Trump, como otros jefes de Estado en tiempos de pandemia, decretó que los Estados Unidos estaban en estado de emergencia, pero nuestro presidente no menciona para nada el tema del famoso virus coronado en su novísimo decreto. Naturalmente, se encuentra en él referencias a la salud y a fármacos, pero predicadas totalmente en términos de la «guerra económica». (Los propietarios del Caracas Country Club debieran poner atención al numeral 28 del Art. 2 del decreto: «El establecimiento de normas regulatorias que permitan la implementación inmediata de medidas productivas de agricultura urbana en los espacios públicos o privados, ubicados en los centros urbanos, que se encuentren libres, ociosos, subutilizados o abandonados, para que sean aprovechados para el cultivo y producción de alimentos»).

Como puse, hay gente (principalmente en el gobierno estadounidense) que hace guerra económica al gobierno de Maduro, sin que le importen los efectos nocivos que ella tiene sobre nuestra población. («La buena noticia es que la crisis continúa», me escribía un líder empresarial en 2017, queriendo decir que la propensión a protestar al gobierno aumentaría con las privaciones y por tanto la probabilidad de su desmoronamiento). Pero no debe olvidarse que fue Hugo Chávez el inventor de esa guerra; el diario El Universal informaba, el 2 de junio de 2010, que fue el mismísimo Hugo Chávez quien iniciara hace casi diez años la mentada guerra:

“Me declaro en guerra económica. A ver quién puede más, ustedes burgueses de pacotilla o los que quieren la Patria”, dijo en cadena nacional desde la planta de la empresa Diana, en Carabobo. (…) “Yo invoco a la verdadera clase obrera a la guerra económica contra la burguesía”.

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En Del armisticio como programa (11 de mayo de 2017) se incluía una cláusula segunda en un propuesto Acuerdo de los Poderes Públicos Nacionales, obligados por el Artículo 136 de la Constitución a colaborar entre sí «a los fines del Estado». Ella decía:

El Presidente de la República suprimirá, de su reciclado decreto de emergencia económica, los considerandos que excedan una descripción objetiva de los aspectos más determinantes de la crisis económica de la Nación, en particular los que implican la consagración de la hipótesis de una tal “guerra económica” como explicación de la misma. En ese propósito, deberá reformularlo en acuerdo previo con la Asamblea Nacional. (“Cláusula Primera. El Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo nacionales reconocen que el país atraviesa una seria crisis cuya solución debe ser sometida a la decisión del Pueblo de Venezuela, y que es necesario iniciar un período de recuperación que consolide la democracia venezolana y permita la superación de los problemas públicos de diversa índole que aquejan a la población.

Y así rezaba la Cláusula Quinta: «El Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo nacionales constituirán una comisión de enlace que determinará urgentes acciones coordinadas entre ambos para resolver o paliar la crítica situación referida en la Cláusula Primera de este acuerdo, en el espíritu de lo prescrito en el Artículo 136 de la Constitución”. (Tomada de Plantilla del Pacto, 25 de abril de 2016).

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Es la guerra política, antes que la guerra económica, lo que impide la superación de nuestra dolorosa situación, empeorada con las precauciones sanitarias por la pandemia del covid19, que nos han mantenido, sin embargo, entre los países con menor número y proporción de infectados y fallecidos. (Por comparar: los Estados Unidos exhiben una tasa de 241 fallecidos por cada millón de habitantes; Venezuela sólo 0,4).

La guerra frontal entre dos de los tres más importantes poderes públicos fue declarada por la oposición, intoxicada con su triunfo electoral del 6 de diciembre de 2015. Fue anunciada, en su primer discurso como Presidente de la Asamblea Nacional, por Henry Ramos Allup el 5 de enero de 2016, al postular que era un «compromiso no transable» de la Asamblea Nacional lograr «la cesación de este gobierno», meta para la que fijaba seis meses hasta definir el método de lograrla. Necesitamos que esa guerra toque a su fin, para dar paso al acuerdo de los poderes enfrentados, aunque haya que desdecirse de patrañas tales como el «socialismo bolivariano»,* la «usurpación» y el «gobierno de emergencia nacional». Como se dijo acá hace dos días:

Este blog reitera la invitación al Jefe del Estado, el Sr. Nicolás Maduro Moros, para que abra la puerta, y también invita a la dirigencia opositora a desechar la noción de un “gobierno de emergencia” que requeriría esa ilusión inconstitucional de un tal “Consejo de Estado”. (…) Cualquier sucesor del Sr. Maduro presidiría la República en condiciones de emergencia, dado que estamos en emergencia; eso no hace falta decretarlo inconstitucionalmente. (¿A cualquier precio?)

A los ciudadanos nos compete exigir ese cambio de conducta de lado y lado. La oposición signataria del comunicado citado al inicio no perdería mucho, puesto que lo verdaderamente importante en ese documento es su urgente desvinculación de las microinvasiones organizadas por Jordan Goudreau. El país ha tomado nota de que se ha lavado las manos. LEA

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* El nombre Bolívar y el adjetivo bolivariano no son marcas o franquicias al estilo de McDonald’s; hay un sentido en el que todo venezolano es asimismo bolivariano, y el adueñarse de esas denominaciones para un exclusivo uso sectario es una apropiación indebida. Puedo entender la manipulación buscada por el gobierno, cuando pretende que Bolívar era socialista. Pero el Libertador dijo a Francisco Iturbe al término de la Campaña Admirable (1813): “No tema Ud. por las castas; las adulo porque las necesito. La democracia en los labios y la aristocracia aquí”, poniendo la mano en el corazón. No había entonces ningún socialismo bolivariano. (Nota final a Reivindicación de la clínica, 18 de octubre de 2012).

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¿A cualquier precio?

 

Los EEUU sólo tendrían intereses

 

A LHB

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Los defensores de Julio II le acreditan el haber seguido una política consciente basada en la convicción de que “la virtud sin el poder”, como había dicho medio siglo antes un orador en el Concilio de Basilea, “sólo sería objeto de burla y que el Papa romano sin el patrimonio de la Iglesia sería un mero esclavo de reyes y príncipes”, que, en resumen, con el fin de ejercer su autoridad, el papado tenía que lograr primero la solidez temporal antes de emprender la reforma. Este es el persuasivo argumento de la Realpolitik que, como la historia ha mostrado a menudo, tiene un corolario: que el proceso de obtener poder emplea medios que degradan o brutalizan a quien los emplea, que despierta para darse cuenta de que aquél ha sido poseído a expensas de la virtud, del propósito moral.

Barbara Tuchman – The March of Folly

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Frank Underwood, el personaje interpretado estupendamente por Kevin Spacey en la exitosa serie televisiva House of cards, es un ejemplo de la filosofía política de Henry Kissinger, sólo que aquél la redimensiona de la escala del país a la escala personal.

Entre nosotros, hay gente que lamenta que las acciones playeras en Venezuela que organizara el ex boina verde Jordan Goudreau hayan fracasado, aunque ellas correspondiesen a los intereses de los Estados Unidos, pues ya se habría rebasado la separación de esos intereses y los venezolanos. Una persona queridísima, con un corazón de oro, me había escrito el 1º de mayo, poco antes de las frustradas incursiones: «Pensaba que a cualquier precio hay que salir de Maduro». Le respondí que no a cualquier precio: «No al precio de hacer algo incorrecto si hay otros modos de lograr el objetivo. No puedo justificar la salida de Maduro acusándolo de violar la Constitución proponiendo otras violaciones».

En El caso Venezuela, un deporte internacional, había escrito el 5 de febrero de 2019: «Condenar y sancionar al gobierno venezolano (afectando a su pueblo) se ha convertido en uno de los deportes políticos de moda, comme il faut, dirían los franceses chic. La autoridad que eso haga obtiene una certificación de demócrata preocupada por los derechos humanos a un costo bajísimo (para ella). Precisamos salir de Maduro cuanto antes, pero así no». En particular, los EEUU no tienen la menor autoridad moral para acusar a nadie de atentar contra los derechos humanos. (Ver acá A propósito de John Kerry, 14 de mayo de 2014).

Luego aduje los criterios de una guerra justa, aquella en la que la violencia armada estaría moralmente justificada:

La doctrina de la «guerra justa» especifica cuatro condiciones para iniciar acciones bélicas: 1. El daño infligido por el agresor en contra de la comunidad ha sido grave y continuado; 2. Todo otro medio de detenerlo se ha mostrado irrealizable o ineficaz; 3. La probabilidad de éxito de la acción reparadora es elevada o suficiente; 4. El empleo de la violencia no debe producir males mayores que lo que se pretende repeler. (La salida, 21 de febrero de 2014).

Es razonable postular que la primera condición se ha cumplido con creces; el régimen presidido por Nicolás Maduro—y antes el de Chávez—es particularmente pernicioso, siendo como es el más ideologizado de los regímenes venezolanos de la historia. Pero, más allá de la fatal obsolescencia de toda política ideológica*, son las muy negativas consecuencias de esos gobiernos socialistas las que reclaman su cesación:

El término oncológico se emplea para destacar que la patología chavista no fue inoculada al país por un agente o vector externo, sino que procede de las propias entrañas de la nación, estaba en su seno. También, por supuesto, para designar su carácter pernicioso e invasivo, que ha ido penetrando extensamente los tejidos social e institucional trastocándolos y destruyéndolos. (DICTAMEN 2010, 18 de diciembre de 2009).

A ese efecto inmensamente indeseable se suma, naturalmente, la destrucción del aparato económico nacional, hoy en ruinas, con las secuelas sociales de mayor dificultad para la mera supervivencia de la mayor parte de la ciudadanía, que a duras penas subsiste mediante la dádiva pública, cada vez más insuficiente.

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Pudiésemos incluso discutir la materialización de la tercera y la cuarta de las condiciones enumeradas para la violencia justa, pero en ningún caso está cumplida la segunda. Nadie ha comprobado que el tratamiento referendario de nuestra desmesurada crisis sea irrealizable o ineficaz, puesto que no se ha probado llevarlo a la práctica. Él es un tratamiento definitivo, enteramente constitucional y totalmente disponible. Quienes lo desatienden—la desaparecida Mesa de la Unidad Democrática, el Frente Amplio Venezuela Libre y cada uno de sus componentes—argumentan que el Consejo Nacional Electoral lo entorpecería, que no lo permitiría,** y quienes niegan el modesto apoyo económico requerido para llevarlo a cabo desde la iniciativa popular (10% de los electores inscritos) prefieren gastar mucho más en aventuras armadas y patrañas argumentales como las de Guaidólar. (Esto sin tomar en cuenta que, de haber resuelto la Asamblea Nacional el problema de su persistente desacato de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia, como el Ejecutivo Nacional y el mismo TSJ recomendaron a comienzos de 2018, ella hubiera podido convocar a referendo por mera mayoría simple de diputados, lo que se ha negado a considerar siquiera).

Por supuesto, hay un tratamiento mucho más sencillo y económico que el referendo consultivo—la única instancia que pudiera causar supraconstitucionalmente una nueva elección presidencial—, el expuesto acá en Otro camino hace apenas un mes y cuatro días: «1. el presidente Maduro nombra a un nuevo Vicepresidente Ejecutivo que no provenga de las filas oficialistas y tampoco de las de la oposición. 2. el presidente Maduro se separa voluntaria y temporalmente de su cargo por noventa días, encargándose de la Presidencia de la República el Vicepresidente recién nombrado. 3. el presidente Maduro recibe autorización de la Asamblea Nacional para permanecer separado de su cargo por noventa días adicionales. 4. al cabo de este nuevo plazo, el presidente Maduro renuncia a su cargo, causando la falta absoluta contemplada en el Art. 233 que debe ser subsanada por una nueva elección presidencial, a la que podría presentar su candidatura según su voluntad».

Este blog reitera la invitación al Jefe del Estado, el Sr. Nicolás Maduro Moros, para que abra la puerta, y también invita a la dirigencia opositora a desechar la noción de un «gobierno de emergencia» que requeriría esa ilusión inconstitucional de un tal «Consejo de Estado» y a comprometerse a permitir la segunda falta temporal del presidente Maduro. Cualquier sucesor del Sr. Maduro presidiría la República en condiciones de emergencia, dado que estamos en emergencia; eso no hace falta decretarlo inconstitucionalmente. LEA

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* El mismo día de la muerte de Carlos Fuentes (15 de mayo de 2012), se publicaba simultáneamente en Madrid y Ciudad de México su último artículo: Viva el socialismo, pero… En él preguntaba: “¿Cómo responderá François Hollande a este nuevo desafío, el de una sociedad que al cabo no se reconoce en ninguna de las tribus políticas tradicionales: izquierda, centro o derecha?” La ideología debe ser suplantada por la metodología, una metodología clínica para un oficio cuyo fin es resolver problemas de carácter público. (…) Los conceptos políticos del siglo XIX no pueden asir la compleja realidad de las sociedades del siglo XXI. El uno romano ha escapado del encierro de las equis. (Una especie política nueva, 11 de marzo de 2015).

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** Nadie ha demostrado fraude electoral que adulterase resultados desde que entrase en funciones la dominación chavista-madurista en 1999. Son patentes, por supuesto, el abuso y el ventajismo oficialistas en campañas y actos electorales, los que podrían minimizarse mediante la presencia de observación internacional confiable. El Consejo Nacional Electoral, que proclamó Presidente electo a Nicolás Maduro en la elección del 20 de mayo de 2018, es el mismo que proclamara la elección de 112 diputados de oposición en la Asamblea Nacional el 6 de diciembre de 2015. (Rebajados a 109 por decisión de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia, luego de que fuesen interpuestos nueve recursos de impugnación de la proclamación de los diputados de Amazonas, a siete de los cuales se opuso el CNE mientras la oposición no litigó ninguno). Tibisay Lucena presidía el Consejo Nacional Electoral para la oportunidad del referendo aprobatorio de proyectos estratégicos de reforma constitucional (2 de diciembre de 2007), cuando un envalentonado presidente Chávez, que venía de derrotar abrumadoramente a Manuel Rosales el año anterior, quiso introducir en la Constitución artículos socializantes de contrabando. Esos proyectos fueron derrotados por mínimas diferencias de 1,31% y 2,02%, y aun así el CNE proclamó tales resultados para un asunto tan crucial a los socialistas. Finalmente, una asistencia masiva al referendo propuesto, para mandar una nueva elección presidencial, sería inocultable en la práctica. (Breviario sobre la crisis política venezolana, 31 de mayo de 2019).

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Los peñeros invasores de Goudreau (¿y Guaidó?)

Se reproduce a continuación, traducido apresuradamente de The Daily Beast, un trabajo de Jeremy Kryt publicado hoy acerca de las expediciones fallidas en costas del estado Vargas—me niego a decir estado La Guaira—y el estado Aragua. (A tales incidentes, el penetrante diputado Guaidó los llamó un «falso positivo» y un «montaje del gobierno». ¿No y que quien gobernaba era él?).

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Foto de Matias Delacroix / AP

 

Trump acaba de inspirar la trama golpista más tonta de la historia de LatAm, completa con su QAnon Crazy *

 

¿CAZA RECOMPENSAS?

 

Los aventureros gringos han estado tratando de lograr golpes de Estado sudamericanos durante unos 200 años, y han fracasado miserablemente. Pero los sobrevivientes de esta operación pertenecen a su propia clase de estúpidos.

 

Jeremy Kryt

Actualizado en mayo 06, 2020 2:26 PM ET / Publicado en mayo 06, 2020 2:08 PM ET

 

CALI, Colombia: una pequeña fuerza mercenaria dirigida por ex militares de los EE. UU. intentó invadir y conquistar Venezuela durante el fin de semana.

 

Los titulares sobre la operación han avergonzado a la administración estadounidense de Donald Trump aun más que los intentos fallidos anteriores para derrocar a la pútrida dictadura del presidente venezolano Nicolás Maduro, y Trump dice que no tuvo nada que ver en esto, lo que podría ser cierto. Pero no hay duda de que los conspiradores pensaron que estaría complacido y pagaría en efectivo, si tenían éxito.

Hace apenas unas semanas, el 26 de marzo, el Secretario de Estado Mike Pompeo prometió grandes recompensas por «información que conduzca al arresto y/o condena» de las personas más importantes en un régimen venezolano que Estados Unidos ya no reconoce: $15 millones por el propio Maduro, y $10 millones cada uno por cuatro de sus principales funcionarios, todos acusados ​​por Washington de narcotráfico. Entonces, sí, $55 millones en recompensas, eso es un incentivo para los aspirantes a Rambos.

En los viejos tiempos, la CIA trató de respaldar golpes con fondos secretos, y luego negó lo que estaba haciendo si la descubrían. La administración Trump parece haber intentado algo así el año pasado y fracasó. Así que ahora, agitándose, ofrece decenas de millones de dólares, en público, pero también insinúa y sugiere que hay grandes complots y planes en marcha. Por lo tanto, Pompeo aludió el miércoles al comentario del presidente Trump de que no había una participación directa del gobierno de EE. UU. en esta operación, y luego agregó: «Si hubiéramos estado involucrados, habría sido diferente». Por supuesto. «En cuanto a quién lo financió, no estamos preparados para compartir más información sobre lo que sabemos que ocurrió. Lo desempacaremos en el momento apropiado. Compartiremos la información que tenga sentido». Es decir: seguiremos haciendo tonterías hasta que alguien haga el trabajo, esperamos.

¿Pero estos chicos? Estos tipos simplemente no estaban a la altura. Eran un grupo de asalto de unos 60 hombres en el mar, con otros 50 o más quintacolumnistas ya detrás de las líneas enemigas, todos empeñados en el cambio de régimen. Iban contra los 130.000 soldados en servicio activo del ejército venezolano y otros 220.000 paramilitares leales.

Suena casi como un vehículo de acción de Stallone de período tardío, ¿no? Alguna fantasía de Hollywood del porno de guerra donde los chicos malos no pueden disparar en la dirección correcta. Pero, desafortunadamente para estos pobres bastardos golpistas que cazaban recompensas, todo fue demasiado real. Y el objetivo de los malos era fatalmente bueno.

Los atacantes lanzaron lo que llamaron «Operación Gedeón» desde la vecina Colombia, después de dividir sus escasas fuerzas en dos grupos de desembarco anfibio. El primer grupo fue interceptado por la armada de Venezuela frente a la costa caribeña de ese país el domingo. Esos aspirantes a libertadores lograron desembarcar a unos pocos combatientes a unas 20 millas al norte de Caracas. Pero las fuerzas terrestres de Maduro los sometieron rápidamente y recuperaron la cabeza de playa. La segunda punta fue lanzada el lunes, supuestamente después de que una comunidad de pescadores locales furiosos la rodeara. Si. Pescadores.

Cuando el polvo se asentó, Maduro, un ex conductor de autobús que sucedió al fallecido demagogo populista Hugo Chávez y que se ha mantenido en el poder con el apoyo de los servicios de inteligencia cubanos, apareció en la televisión estatal para presumir de que ocho «mercenarios profesionales estadounidenses» habían sido muertos y 23 capturados. Estos incluyen dos ex boinas verdes y un agente retirado de la DEA. Maduro hizo para las cámaras un gran espectáculo, al mostrar los pasaportes azules de los hombres capturados. También agradeció a los pescadores. «El gobierno de los Estados Unidos está completamente involucrado en esta incursión derrotada», dijo Maduro, y también culpó al presidente de extrema derecha de Colombia, Iván Duque. Al igual que Washington, Bogotá ha negado cualquier participación en el intento de golpe de Estado, pero los líderes de ambas capitales han pedido reiteradamente la expulsión de Maduro, y se ofreció recompensa por eso.

Mientras tanto, los dos principales autores intelectuales de la Operación Gedeón se mantenían valientemente en Estados Unidos durante la invasión fallida. «He tratado de involucrar a todos los que conozco en todos los niveles», dijo a Associated Press Jordan Goudreau, de 43 años, un ex boina verde que había reclutado y organizado la expedición. «Nadie me devuelve las llamadas. Es una pesadilla”. Aparentemente, no es una pesadilla de la que se despierte pronto. Los comandantes de los mercenarios informaron en los EE. UU., al Miami Herald, que simplemente estaban suspendiendo la actividad temporalmente, debido a «filtraciones» e «infiltrados» en su fuerza, que en gran parte está compuesta por exiliados venezolanos descontentos. Javier Nieto, ex capitán de la Guardia Nacional de Venezuela y comandante de Goudreau, ofreció un informe tan discreto que podría ser cómico, si sus camaradas de armas no estuvieran muertos o pudriéndose en una prisión venezolana: «Las operaciones se detendrán dado que se cometieron varios errores», dijo Nieto.

La Operación Gedeón ha recibido una amplia cobertura en todo el hemisferio y más allá. Pero por la mayor parte ha tendido a centrarse en quién hizo qué y cuándo. Poco se ha escrito hasta ahora sobre el por qué y el cómo.

¿Por qué un personal militar entrenado cree que una fuerza de invasión de unas pocas docenas de combatientes podría derrocar a las fuerzas armadas de la nación y «capturar a Maduro», que declararon era su objetivo? ¿Cómo, en nombre de Dios, podían estar tan equivocados?

Por supuesto, el carácter es el destino, como dice el viejo dicho. Por lo tanto, no debería sorprendernos saber que uno de los ex boinas verdes capturados, Airan Berry, parece ser un devoto de la teoría de la conspiración QAnon, que asegura la existencia de un complot de un «estado profundo» dirigido contra el presidente Trump.

Tanto Berry como el otro estadounidense capturado, Luke Denman, habían trabajado como contratistas privados en Silvercorp USA, empresa de Goudreau con sede en Florida. Originalmente fundada para proporcionar «protección» contra los tiradores escolares, al incorporar a «agentes antiterroristas en escuelas disfrazadas de maestros», Silvercorp fue aprovechada finalmente por los operadores del presidente Trump para proporcionar seguridad en sus manifestaciones. Según la extensa evidencia fotográfica compilada por Bellingcat, sabemos que el propio Goudreau era un hombre de seguridad que usaba auriculares cerca del Presidente durante un mitin en octubre de 2018 en Charlotte, Carolina del Norte. Y es probable que Silvercorp haya sido aprovechada también para proteger las reuniones de Trump en Houston y Pensilvania ese mismo año.

Entonces, ¿qué impulsaba a los hombres de sangre roja y mentalidad MAGA ** como Goudreau, Denman y Berry a arriesgar sus vidas emancipando a toda una nación llena de «hombres malos» al sur de la frontera? Una sugerencia que han adelantado los expertos es que simplemente ese golpe de Estado de aficionados se disfrazó, en aras de las buenas relaciones públicas, para parecerse a los luchadores por la libertad que la buscan para un pueblo oprimido, cuando en realidad estaba realmente motivado, como hemos sugerido, por una buena codicia pasada de moda. «Dado su enfoque sobre la captura de Maduro, parece bastante posible que Goudreau estuviera motivado en parte por la recompensa de $15 millones por Maduro, así como por las recompensas por otros altos funcionarios del gobierno venezolano», le dijo a The Daily Beast Alex Main, Director de Política Internacional en el Centro para Investigación Económica y Política (CEPR).

Goudreau afirma también tener un contrato por $212 millones firmado por el líder opositor venezolano, aliado de Trump y autoproclamado «presidente interino» Juan Guaidó. Los fondos contratados, citados por Maduro en su discurso a la nación, aparentemente estaban destinados a derribarlo e instalar a Guaidó en el palacio presidencial. Según Steve Ellner, editor de la revista Latin American Perspectives, «Guaidó al principio estaba de acuerdo con el plan, pero luego desconfió de él, al darse cuenta de que estaba condenado al fracaso». Ellner señaló que, «después de haber emprendido varios intentos abortados y vergonzosos de derrocar a Maduro con el apoyo de Washington en 2019, [Guaidó] es ahora más cauteloso, ya que aprendió de esas experiencias frustrantes». Según Main de CEPR, Goudreau y Nieto pueden haber visto en una incursión exitosa una forma de obligar a Guaidó a honrar el acuerdo suscrito. «Es posible que Goudreau considerara que él y sus cómplices podrían obtener una compensación monetaria [de Guaidó] por la operación si lograban capturar a Maduro y otros altos funcionarios», dijo Main.

Otros observadores culpan a la simple arrogancia gringa, y no es que la arrogancia y la codicia sean mutuamente excluyentes. La primera mitad del siglo XIX estuvo llena de aventureros norteamericanos que pensaban que el destino manifiesto de los Estados Unidos debía incluir las riquezas del Caribe y América Central. Freebooters o «filibusteros», a menudo trabajando con «luchadores por la libertad» locales pero apoyados por los intereses de los dueños de esclavos de América del Norte, intentaron derrocar repetidamente a varios regímenes.

Uno de los intrusos más famosos, William Walker, que posteriormente fue elogiado en el sur como el «hombre de destino de ojos grises», en realidad logró apoderarse de Nicaragua por un tiempo, pero incluso su éxito de corta duración fue raro. Más típico fue un intento fallido de apoderarse de Cuba en 1851, cuando 40 aventureros norteamericanos fueron capturados y fusilados sumariamente.

Las intervenciones, invasiones, ocupaciones y operaciones encubiertas continuaron casi hasta finales del siglo XX. Una y otra vez—incluyendo la desastrosa invasión de Bahía de Cochinos a Cuba en 1961 y la guerra de la Contra dirigida por la CIA en Nicaragua en la década de 1980—los políticos, aventureros y fantasmas estadounidenses abrigaron la fatal ilusión de que pequeños grupos podrían provocar levantamientos masivos. Todo lo cual es historia familiar en América del Sur, y en gran parte olvidada en el Norte.

«Uno de los mayores fracasos de la política estadounidense es ver a América Latina a través de ojos imperiales, sin ver la realidad en el terreno», dice Miguel Tinker Salas, profesor de estudios venezolanos en el Pomona College de California. «En Venezuela, como en otros lugares, confían en un puñado de individuos que repiten la política de Estados Unidos».

Algunos de esos loros podrían haber confundido a los modernos William Walkers de Gedeón, esos Rambos sin causa. Aunque Trump pinta a Maduro como una figura odiada, y muchos venezolanos de clase media y alta se oponen a él, sigue siendo popular entre las clases bajas empobrecidas, a las que proporciona generosos subsidios para alimentos y combustible. La mayoría de los comandantes militares también se ha mantenido leal, a pesar de los esfuerzos concertados de los republicanos de EE. UU., figuras de la oposición venezolana y cualquier agente clandestino que Washington tenga trabajando para influir en ellos.

Venezuela sigue siendo uno de los países más problemáticos e inestables del mundo, plagado de corrupción desenfrenada, inflación vertiginosa y crímenes violentos. Las sanciones paralizantes impuestas por Washington sólo han aumentado el caos. El colapso de los precios del petróleo ha empeorado las cosas para un país que anteriormente encontró consuelo en el hecho de que tiene las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. Y, debido al sistema de atención médica ya debilitado, los expertos médicos dicen que el país pronto podría ver una explosión de coronavirus de proporciones extraordinarias.

Sin embargo, el impulso de liberación liderado por los yanquis no había logrado seguidores. «Los elementos más radicales de la oposición venezolana han promovido desde 2014 la narrativa de que Maduro se tambalea y sólo necesita un empujón para caer», dijo Tinker Salas. «Por trágico que sea, ésta no es la primera vez que Estados Unidos es culpable de creer su propia retórica fabricada».

La Operación Gedeón viene inmediatamente después de otra fuerza de invasión aun mayor, que la boina verde retirada de Goudreau intentó organizar pero se vino abajo. A principios de este mes, la AP informó que Goudreau, quien supuestamente se reunió por primera vez con el líder de la oposición Guaidó a través de uno de los guardaespaldas de Trump, había dirigido una serie de campos de entrenamiento paramilitar en Colombia. Los campos albergaban a unos 300 ex soldados venezolanos que habían desertado y huido a través de la frontera en protesta contra el gobierno de Maduro.

Esos aprendices también tenían la intención de participar en un intento de golpe de Estado, hasta que el socio de Goudreau, el exiliado venezolano Cliver Alcalá, fue arrestado por cargos de drogas y extraditado a los Estados Unidos en marzo de este año. Poco después, los funcionarios colombianos atraparon un cargamento de armas y equipo militar por valor de unos $150.000, luego de lo cual los campos se disolvieron. Sin embargo, por alguna razón, menos de una semana después de la noticia de la extinción de los campos de entrenamiento, Goudreau decidió lanzar la Operación Gedeón.

El lunes, Trump declaró que el ataque fallido «no tiene nada que ver con nuestro gobierno». Y el secretario de Defensa, Mark Esper, dijo: «el gobierno de los Estados Unidos no tuvo nada que ver con lo que sucedió en Venezuela». Hasta ahora, no ha surgido evidencia directa que vincule ya sea a Bogotá o a Washington con los campos de entrenamiento o la Operación Gedeón. Pero eso no significa que no sean cómplices en este fiasco. «Es imposible imaginar que el gobierno de los Estados Unidos no tenía conocimiento previo de la operación. La inteligencia de Estados Unidos sigue de cerca los desarrollos a lo largo de la frontera colombo-venezolana donde estos individuos supuestamente entrenaron ”, dijo Tinker Salas. Para Salas, el uso de fuerzas irregulares le permite a Estados Unidos mantener una «negación creíble mientras espera cosechar los beneficios que podrían haberse derivado de la operación». Alex Main en CEPR estuvo de acuerdo: «Es muy poco probable que el gobierno colombiano, que mantiene vínculos militares muy estrechos con el gobierno de los Estados Unidos, no hubiera sido informado de [estas] actividades», dijo. También señaló que la administración Trump tiene una larga trayectoria de amenazas abiertas al cambio de régimen y la intervención militar contra Maduro. «El gobierno de los Estados Unidos probablemente conocía directamente los planes en curso para organizar otro ataque armado desde Colombia». Si Trump o el presidente Duque hubieran estado preocupados por eso, dijo Main, «podrían haber intervenido hace mucho tiempo».

Ellner agregó que habría sido poco probable que los boinas verdes, tácticamente inteligentes, emprendieran una misión tan arriesgada si no hubieran creído que al menos el apoyo internacional tácito estaba detrás de ellos. *** «Obviamente, Goudreau confiaba en que una vez que la incursión militar mostrara signos de viabilidad, los rebeldes podrían contar con el sólido respaldo de Washington y Bogotá», dijo.

Ya sea por ganancias financieras o influencia política, la obsesión por desplazar violentamente a Maduro, sin importar cuán controvertido pueda ser, ha llevado a «muchas oportunidades perdidas para apoyar el diálogo nacional entre fuerzas políticas divergentes», dijo Tinker Salas. «Al final, solo un proceso de negociación entre los propios venezolanos puede preparar el escenario para resolver los problemas de la nación».

Pero no es probable que tales sentimientos tengan mucho peso con los trumpistas.¶

Christopher Dickey y Will Sommer también contribuyeron con información a esta historia.

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* QAnon es una teoría conspirativa de extrema derecha que detalla el supuesto complot secreto de un presunto “estado profundo” en contra del presidente Donald Trump y sus partidarios. (Wikipedia). «QAnon Crazy» vendría siendo un «loco de los de QAnon», atributo que Kryt endilga a Airan Berry, uno de los boinas verdes apresados.

** MAGAMake America Great Again, lema de Donald Trump.

*** «Obviamente, Goudreau confiaba en que una vez que la incursión militar mostrara signos de viabilidad, los rebeldes podrían contar con el sólido respaldo de Washington y Bogotá». Steve Ellner, Perspectivas latinoamericanas.

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ACTUALIZACIONES al 7 de mayo de 2020 – 8:37 a. m.

Fernando Del Rincón entrevistó a J. J. Rendón en Conclusiones, programa que transmite la cadena CNN:

 

Por su parte, el «gobierno legítimo» que presidiría Juan Guaidólar,* emitió un comunicado al respecto:

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  • «Guaidólar» no es apelativo de mi invención. Lo noté repetido en Twitter como hashtag (#Guai$) y he empleado el muy apropiado apellido ficticio desde entonces; prácticamente lo dice todo.

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Hay gente que sí se acuerda, Sr. Ramírez

Protector de los «comités socialistas» de PDVSA

 

Acabo de leer por el servicio de Costa del Sol lo siguiente:

El expresidente de Petróleos de Venezuela, Rafael Ramírez, llamó este lunes a los factores políticos del país para crear una junta patriótica de gobierno que permita la salida de Nicolás Maduro del gobierno.

A su juicio, esta es la solución más efectiva para destrabar el desastre económico de los últimos años, que ha derivado en la peor crisis que padece la población en toda su historia.

“Hemos estado planteando una Junta Patriótica de Gobierno. Hacen falta todos los sectores para trabajar en la verdadera reconstrucción de la Patria. Necesitamos resolver este accidente histórico que es el Maduro”, dijo.

Es difícil imaginar que ésa sea «la solución más efectiva» de algo, pero es posible que el Sr. Ramírez se imagine como uno de los miembros de esa junta «patriótica»; en ese caso, compartiría a partes iguales la Presidencia de la República quien sostuviera hace no mucho tiempo el teorema que cierra lo que sigue:

En particular, por ejemplo, Hinterlaces (Oscar Schemel) mide 68% de desacuerdo con la nacionalización de empresas y haciendas ordenada desde la Presidencia de la República. (Quienes están de acuerdo con esa medida alcanzan sólo al 28%. Cuatro por ciento no quiso o no supo responder). Por ejemplo, según el estudio referido, 63% estima que esa medida pudiera afectar a la propiedad privada de todos los venezolanos. (Treinta y tres por ciento no cree tal cosa). Por ejemplo, 68% está de acuerdo con la propiedad privada que apoyan los empresarios y no con la propiedad colectiva propuesta por el presidente Chávez. (Veintisiete por ciento dice preferir la propiedad colectiva sobre la privada).

Y 57% no aprueba el establecimiento del “socialismo del siglo XXI” en el país, frente a 35% que lo aprueba. Y si ese socialismo fuera como el cubano, la desaprobación asciende a 87% y la aprobación desciende a 9%. Y 83% expresa desacuerdo con la idea de que es malo ser rico. (Once por ciento expresa acuerdo). Y 86% no piensa que ser pobre es bueno. (Diez por ciento sí lo cree). Y 80%—contra 16%—no concurre con la idea de que todos debemos ser iguales para que no haya ricos ni pobres, como sostiene que ocurriría el Presidente de la República.

En suma, la mayoría de los venezolanos rechaza la pretensión de implantar en el país un sistema político-económico socialista, a pesar de lo cual Rafael Ramírez, bajo su casco de Presidente de PDVSA, proclama: “PDVSA está con Chávez. PDVSA está con la revolución… Quien no esté en un comité socialista es sospechoso de conspirar contra la revolución”. (Parada de trote, 23 de julio de 2009).

Hay más de un registro de ese tenor, y no creo que convenga que Ramírez copresida nuestra república. Más fundamentalmente: eso de una «junta patriótica de gobierno» es sólo otro nombre para el tal «consejo de Estado» propugnado por los EE. UU. y su marioneta, Juan Guaidólar, lo que es totalmente inconstitucional, como su pretendida encargaduría de la Presidencia de la República. LEA

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