Próxima oportunidad

Ramón Guillermo Aveledo. Doctor en Ciencia Política con diplomados en Gerencia, Literatura Inglesa y Técnica Legislativa.

 

Nadie ha demostrado fraude electoral que adulterase resultados desde que entrase en funciones la dominación chavista-madurista en 1999. Son patentes, por supuesto, el abuso y el ventajismo oficialistas en campañas y actos electorales, los que podrían minimizarse mediante la presencia de observación internacional confiable.

Breviario sobre la crisis política venezolana, 31 de mayo de 2019.

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Una vez más, tomo del servicio de noticias de Costa del Sol FM una de sus notas, esta vez para reproducir la opinión clarísima y sensata de Ramón Guillermo Aveledo respecto de las inminentes elecciones regionales y municipales del próximo domingo 21 de noviembre. La suscribo enteramente. LEA

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Ramón Guillermo Aveledo: No pierda la oportunidad

 

Estoy seguro que usted, como yo, no es indiferente a lo que pasa en el municipio donde residimos, en nuestra región, así como a su vinculación con lo que ocurre y lo que puede ocurrir en toda Venezuela. No quiero que nadie decida por mí y tampoco confío en la utilidad de dejar que aquellos con responsabilidad de gobierno y también los que aspiran gobernar, interpreten mi silencio.

Corro riesgo al definirme y votar, pero me parece que el riesgo es peor si no lo hago. Y si me permite una opinión, creo que esa opinión vale para todos.

No perderé la oportunidad de votar. No la pierda usted. ¿Cómo será de fuerte la imperfecta democracia que varias generaciones de lucha venezolana nos entregaron que sigue viva en nosotros? El espíritu democrático sigue teniendo el beneficio de la duda que le da esa esperanza a la que no renunciamos, a pesar de los pesares. Por más que lo intenten, sea la mandarria brutal o la sibilina daga no han podido arrancárnosla. El voto nos da una vía de expresarnos. Vía hoy más accidentada que nunca, tiene huecos y derrumbes, pero podemos abrirnos paso en medio de los escombros y entre todos comenzar las obras para que sea carretera y llegue a autopista, señalizada y mantenida por una institucionalidad confiable. El voto es secreto, personalísimo. Con él podemos enviar un mensaje. Un mensaje de verdad.

No perderé mi voto. No lo pierda usted. Mi voto, como en el pasodoble que cantaba Memo Morales, “ni se compra ni se vende”. Tampoco se regala ni se esconde, como quieren los que han trabajado maliciosamente para desprestigiarlo y así perdamos la confianza en ese pedacito de poder que sí está en nuestras manos. Engordarlo, como si fuera un terreno, no es negocio. Es lo contrario, valdrá más la próxima vez si empezamos a revalorizarlo ahora.

No votaré a la ligera. No lo haga usted. Vote a conciencia, pensando en lo que les conviene a usted y a su familia, en el derecho que tienen a vivir y progresar en paz y en libertad. Vote con su conocimiento de la realidad local y regional y con su legítima aspiración porque en nuestro país las cosas tomen otro rumbo, para bien de todos.

Es una lógica sencilla y clara. No recomiendo a otros lo que yo no haré. Votaré, no perderé mi voto dejándolo en mi casa o dándolo a quien no le veo chance de ayudar a un cambio, quiero que sea útil. Votaré a conciencia, responsablemente, por aquella propuesta que más se parezca al futuro que aspiro. ¶

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Un «procurador» que ya no procura

José Ignacio Hernández ¿procurandito?

 

Nota agregada al final, a raíz de contestación en Twitter de José Ignacio Hernández.

 

Una vez más, el servicio de noticias de Costa del Sol FM acoge con beneplácito tesis viciadas de falsedad. Ayer reprodujo una entrevista al abogado venezolano José Ignacio Hernández en la que expone esta tesis: «Con o sin gobierno interino, Maduro no es presidente legítimo».

Bueno, quien no es—y nunca lo fue—un Presidente interino legítimo es el Sr. Juan Guaidó, a quien Hernández sirvió por un tiempo como «Procurador Especial», cargo no previsto en nuestra constitucionalidad. En septiembre de 2019, se publicó acá una misiva redactada para Sebastián Piñera, Presidente de Chile, al no materializarse la oferta de un chileno residente en Venezuela de hacérsela llegar. En ella puede leerse:

…el diputado Guaidó no es en ningún caso el Presidente de Venezuela, y nuestra Asamblea Nacional no tiene la potestad de designar a nadie como «presidente encargado». Ella, por otra parte, no es la «única institución legítima y democrática que existe en Venezuela». Su actual composición, de muy holgada mayoría de diputados de oposición, fue proclamada por el mismo Consejo Nacional Electoral que proclamara como Presidente legítimamente electo al Sr. Nicolás Maduro Moros para el período 2019-2025. La elección de Asamblea fue impugnada por nueve recursos ante la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia, a siete de los cuales se opuso el propio Consejo Nacional Electoral; la oposición no objetó a ninguno.

Nuestra Constitución contempla sólo un caso en el que el Presidente de la Asamblea Nacional asume la Presidencia de la República; su Artículo 233 lo establece así en su segundo parágrafo:

Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional.

Como puede Ud. ver, no es la Asamblea Nacional el órgano que designa a su Presidente como encargado de la Presidencia de la República sino esa previsión constitucional, y ésta requiere la existencia previa de un Presidente electo cuya falta absoluta se haya producido, lo que no ha sido nunca el caso. José Ignacio Hernández, el  cuestionado «Procurador Especial» nombrado inconstitucionalmente por Guaidó, escribió el 11 de enero de este año: «…el supuesto de hecho del artículo 233 es distinto a los hechos actuales. Con lo cual, y al contrario de lo que parece creerse, el artículo 233 de la Constitución no es la norma aplicable a la crisis actual». Luego argumentaría falsamente que correspondería a la Asamblea Nacional interpretar ese artículo para “ajustarlo” a la situación real, cuando el Artículo 336 confiere inequívocamente esa potestad al Tribunal Supremo de Justicia.

Entre Hernández y el suscrito se suscitó un intercambio en el espacio de Twitter. El domingo 27 de enero me envió un tuit con sólo dos signos de interrogación, porque contesté a alguien que su recomendación de que a la Asamblea Nacional le tocaba interpretar el Art. 233 de la Constitución era ir contra la Constitución. Entonces le expliqué:

En mi programa de ayer por RCR me referí a su afirmación de que corresponde a la AN la interpretación del Art. 233 de la Constitución. La jurisdicción constitucional es facultad exclusiva del TSJ.

A eso contestó:

Jurídicamente ello no es cierto. Todos los órganos del Poder Público deben interpretar y aplicar la Constitución, como dispone el artículo 7. La Sala Constitucional solo tiene la exclusividad del control concentrado de la constitucionalidad.

A mi vez, disparé esta andanada:

Esto dice el Art. 7 que Ud. esgrime: “La Constitución es la norma suprema y el fundamento del ordenamiento jurídico. Todas las personas y los órganos que ejercen el Poder Público están sujetos a esta Constitución”. Estar sujeto no es lo mismo que interpretar. Y el Art. 336 dice clarísimamente: “El Tribunal Supremo de Justicia garantizará la supremacía y efectividad de las normas y principios constitucionales; será el máximo y último intérprete de la Constitución y velará por su uniforme interpretación y aplicación”. Ud. no tiene razón en este punto; su afirmación de que corresponde a la AN interpretar el Art. 233 no se sostiene. Eso sería usurpación de una potestad exclusiva del TSJ.

Hasta ahora, no hay reacción ulterior de Hernández.

………

Nicolás Maduro es, gústenos o no, el Presidente legítimo de Venezuela. Quienes niegan esa verdad han argumentado: 1. que su investidura procede de elecciones inconstitucionalmente convocadas por la segunda y ya extinta Asamblea Constituyente de nuestra historia, siendo que la convocatoria misma, hecha por el Consejo Nacional Electoral, fue precedida por una decisión al respecto de la Asamblea Nacional Constituyente en funciones, la que nuestro CNE no podía objetar, puesto que la Constitución establece en su Artículo 349: “Los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente”. (Cualquier decisión subconstitucional de este órgano debe ser acatada); 2. que esa asamblea constituyente era espuria porque el Presidente de la República no podría convocarla—a pesar de lo dispuesto en el Artículo 384 de la Constitución: «La iniciativa de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente podrá hacerla el Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros…»—y tendría que haber provenido de un referendo, condición de un todo inexistente en el texto constitucional; 3. que la elección de Maduro para su segundo período ocurrió el 20 de mayo de 2018, en presunta contravención de lo constitucional y legalmente previsto; ciertamente, la fecha difirió de la costumbre electoral venezolana, pero ni la Constitución ni la Ley Orgánica de Procesos Electorales prescriben una fecha específica a la elección de Presidente. (Una voz solitaria, la de Blanca Rosa Mármol, argumentó que Maduro no podía convocar una Asamblea Constituyente no porque se necesitara un referendo sino porque ya no era Presidente, dado que la Asamblea Nacional presidida por Julio Borges ¡había declarado su abandono del cargo!)

………

Pero el exprocurador inconstitucional argumentó: «Con o sin gobierno interino, Maduro no es presidente legítimo. No es reconocido como tal, especialmente por Estados Unidos que tiene no solo un poder de veto legal, sino yo diría un poder de veto moral en el FMI, y si esa crisis política no se soluciona, Venezuela no va a poder acceder a esos derechos especiales de giro».

No le toca a los Estados Unidos, ni a ningún otro país, establecer mediante su «reconocimiento» la legitimidad de ningún funcionario público venezolano. A fines de 2018, alguien que ha debido saber lo que se preparaba con Juan Guaidó —y no identificaré en vista de la enormidad de lo que sigue—sostuvo en una conversación conmigo la tesis de que el proceso venezolano ya se encontraba en una nueva etapa, caracterizada por la inusual atención que había despertado en el exterior, que la cosa debía ser entendida en términos del Derecho Internacional y por tanto ¡lo importante era lo que pensara Francia! (Tan peregrina noción fue desmontada en El caso Venezuela, un deporte internacional).

………

Es reincidencia en el equívoco esta otra declaración de Hernández:

Lo primero que hay que aclarar es que el mandato del presidente interino no es como una leche pasteurizada, que tiene fecha de vencimiento. Eso yo no sé de dónde lo sacaron. El artículo 233 de la CRBV es muy claro: El presidente de la Asamblea Nacional es presidente encargado hasta tanto haya elecciones libres y transparentes. No hasta un año, seis meses, cinco meses. Ahí lo que hubo es un desaguisado jurídico producto del entuerto político de la AN, una reforma muy confusa del Estatuto que rige la transición.

Nuevamente, el abogado Hernández, presunta autoridad en la Constitución, tergiversa y desbarra. Repitamos el texto del artículo que cita: «Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional». Ya olvidó lo que él mismo sostuvo el 11 de enero de 2019: «el artículo 233 de la Constitución no es la norma aplicable a la crisis actual». Y la Asamblea Nacional de 2019, ya extinta, no tenía la menor facultad constitucionalmente establecida para aprobar un tal «estatuto de transición». Nuestra Constitución no prevé «transiciones» ni la extensión del período constitucional de cinco años de la Asamblea Nacional. (Artículo 192: Los diputados o diputadas a la Asamblea Nacional durarán cinco años en el ejercicio de sus funciones, pudiendo ser reelegidos o reelegidas por dos periodos como máximo). No existe ya la asamblea elegida en 2015.

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Pero la principal intención de la pieza reproducida por Costa del Sol FM es la minimización de los recientes cuestionamientos a los manejos económicos de la «administración Guaidó», que incluye al propio José Ignacio Hernández. El argumento principal para venializar los presuntos manejos indebidos en casos como el de Monómeros Colombo-Venezolanos es el sostener (sin aportación de pruebas) que la corrupción pública durante el chavismo-madurismo habría sido mucho mayor.

Hace un poco menos de tres años adelanté esta opinión:

…son insatisfactorias las caracterizaciones del chavismo (del chavoma) como la mera llegada al poder de una nueva y delincuente oligarquía. Seguramente ha habido y hay entre jerarcas mayores y menores del régimen chavista-madurista gente corrupta y malhechora, verdaderamente forajida; tal vez en proporción mayor que la que hubiera en regímenes anteriores a 1999, acá y en toda otra nación del planeta. A fin de cuentas, los más radicales izquierdistas venezolanos nunca superaron electoralmente el “seis por ciento histórico” hasta el año del advenimiento de Chávez como Presidente de la República, y como en ellos había hambre longeva de poder y de prebendas, la corrupción actual supera la de quienes los precedieron.* Pero es un juicio más ajustado a la realidad explicar el chavismo como el producto de la acusada decadencia de la política que lo anticipara, y su sustitución por una nueva hegemonía fundada en la creencia de que Marx tenía razón. La mayoría de los socialistas venezolanos cree seriamente que la explicación de todo mal social debe encontrarse en el afán de lucro de “la burguesía”; es decir, está profunda pero honestamente equivocada. (Diálogo digital, 15 de febrero de 2019).

Antes de eso (11 de junio de 2015), se produjo este intercambio en entrevista que me hiciera Edgardo Agüero para el semanario La Razón:

Hay quienes afirman que existen factores dentro de la MUD que en función de sus intereses políticos y pecuniarios, juegan a favor del gobierno. ¿Qué habrá de cierto en ello?

Mi aproximación a la política es clínica. Si un médico intentara curar un hígado enfermo tratando célula por célula se volvería loco; por eso no me intereso por la chismografía política acerca de actores particulares. Si tuviera que descalificar a algún actor político no lo haría por su negatividad, sino por la insuficiencia de su positividad. No me intereso por esa clase de asuntos.

De modo que no me ocuparé del chisme acerca de los dólares que habría recibido de «Monómeros» la madre de Leopoldo López, antigua compañera en la Escuela de Ciencias Sociales en la Universidad Católica Andrés Bello. Ni siquiera de mi renovada decepción con José Ignacio Hernández, a quien un colega suyo (que estudió en la misma universidad por esa misma época) me recomendara en 2012. Al año siguiente, reconocí—en Voto salvado (10 de enero de 2013)—haber aprendido de una observación suya, lo que me predispuso positivamente hacia él. No he recuperado tal predisposición. LEA

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  • La Ley de Salvaguarda del Patrimonio Público fue promulgada en diciembre de 1982. Al año siguiente, la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela organizó un simposio sobre el tema, y a él llevó el Dr. Humberto Njaim, a la sazón miembro de su Instituto de Estudios Políticos (después su Director; hoy Individuo de Número de la Academia de Ciencias Políticas), una ponencia que llevó por título Costos y Beneficios Políticos de la Ley Orgánica de Salvaguarda del Patrimonio Público. Allí ofreció dos estimaciones: el régimen de Pérez Jiménez incurrió en peculado equivalente a 1% del Presupuesto Nacional; el período democrático habría sustraído entre 1958 y 1982 un montante de 1,5% del mismo. (…) Mi estimación de la corrupción del chavismo-madurismo es que esos niveles pudieran haber ascendido a 5% del Presupuesto Nacional, lo que monta a cantidades descomunales. A tres economistas destacados pedí hace un año sus propias conjeturas, pues ninguno de ellos conocía una medición hecha a conciencia. Uno solo aventuró la cifra de 10%, luego de explicarme que los períodos antes y después de 1999 eran incomparables, pues ahora existían fondos opacos que no están incluidos en el Presupuesto Nacional. Sea que su más competente estimado sea la cifra correcta o que sea la mía mejor informada, se trata de un peculado monstruoso. Aun así, no creo que sería tarea de un Presidente que pudiera sustituir a Nicolás Maduro a breve plazo una cacería de corruptos. Para eso está nuestro Poder Judicial, admitiendo, claro, que se trata de un poder también corrompido. (Mis roces con la corrupción, 18 de marzo de 2016).

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Nota final: El abogado Hernández me envió directamente por Twitter la siguiente réplica, muy cortés: «Gracias por sus comentarios. Este es un tema jurídico muy complejo. Juristas como Brewer-Carías, Duque Corredor y Aguiar han dado sólidas explicaciones. También hay sentencias en los EEUU y el Reino Unido que explican la correcta interpretación del Art. 233. Saludos». A mi vez respondí con tres tuits: 1. Ud. mismo argumentó el 11/01/19: «…el supuesto de hecho del artículo 233 es distinto a los hechos actuales. Con lo cual, y al contrario de lo que parece creerse, el artículo 233 de la Constitución no es la norma aplicable a la crisis actual». 2. Ninguna sentencia foránea puede explicar “la correcta interpretación” del Art. 233. Eso toca a nuestro TSJ. 3. La apelación a Brewer y Duque Corredor es una instancia de la «falacia de autoridad», que en Lógica es tenida como razonamiento inválido. Pruebe a leer https://doctorpolitico.com/2017/05/02/lasalida-de-maduro-segunda-parte/. Finalmente, inserté el siguiente enlace, que evoca una diferencia del suscrito con el eminente—¿infalible?—jurista Allan Randolph Brewer Carías: https://doctorpolitico.com/2017/05/17/logica-anecdotica/

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La otra pandemia

Crisis: la nueva normalidad

 

Hay hoy casi doscientos países en el mundo (195 miembros de la Organización de las Naciones Unidas según Wikipedia), y hace cinco días el International Crisis Group remitió uno de sus frecuentes y bien documentados boletines. Éste era su título: Alertas para Noviembre, Tendencias en Octubre y actualizaciones sobre 74 conflictos. Es decir ¡casi 40% del total de países experimenta algún desarreglo grave!

…la cosa no es que hay una crisis política en los Estados Unidos, una en Venezuela, otra en Chile, otra en Inglaterra, etcétera. El asunto es que la política misma está en crisis en prácticamente todo el planeta. (La crisis más crítica de todas).

El problema ha adquirido proporciones pandémicas, mientras casi todos los políticos profesionales del mundo actúan como si debiera tratarse sin que ellos deban cambiar su aproximación usual a las cosas: business as usual.

En tiempos de pandemia—todo el pueblo—resalta más esa necesidad; es aparente una crisis planetaria de la política. Gobernantes como Trump, Bolsonaro, Johnson, Maduro, Erdoğan, etcétera, desórdenes y protestas en gran escala, como la Primavera Árabe (2010-2012) o la ola sudamericana a fines del año pasado, son evidencia de la insuficiencia política global y la insatisfacción popular con el desempeño político de la actualidad. (De política y su patología).

Habrá que insistir sobre lo que ya es evidente: «La crisis mundial de la política sólo podrá ser superada a partir de un recambio paradigmático, a partir de ‘una catástrofe mental’ que comience por una sustitución radical de las ideas y concepciones de lo político». (Las élites culposas, 2012).

LEA

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Un venezolano imprescindible

Río Caribe, Península de Paria, Estado Sucre, la cuna de Juancho

 

A Sylvia Josefina en su cumpleaños

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En Noventa años de luz (17 de mayo de 1996) se dijo: «un país en el que nace Úslar, en el que vive Úslar, al que regresa Úslar, en el que se queda Úslar prefiriéndolo entre todos los que le ofrecerían patria de inmediato, no puede ser un mal país». Venezuela es un buen país, y lo es porque ha parido hombres excepcionalmente buenos. Del descomunal ingeniero que fuese Juan Francisco (Juancho) Otaola Paván puede decirse lo mismo que de Úslar Pietri: si Venezuela lo vio nacer, vivir, procrear y trabajar, nuestra patria no puede ser un mal país.

Nuestro corazón se llena a la vez de agradecimiento y orgullo al ver el documental de CINESA acerca de su personalidad y su obra. Saber de su tránsito entre nosotros nos cura de todo mal. Tenemos remedio.

 

 

Gracias, Dr. Otaola, por ser nuestro, por haber nacido en Río Caribe, tierra de pesca y cacao próxima a Macuro, donde Cristóbal Colón bajó a pisar por primera vez la masa continental de América en 1498. Sus compatriotas somos mejores por usted. LEA

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Una nación idiota

Un mordaz artículo publicado en Salon, una publicación electrónica estupenda

 

Un expresidente con gorro de necio

 

Nuestro mayor problema de seguridad nacional es la «vasta y militante ignorancia» de los Estados Unidos. Millones de estadounidenses abrazan insípidas mentiras y teorías de conspiración, y al orgulloso líder estúpido que las difunde

 

Por Brian Karem *

Publicado el 28 de octubre de 2021 a las 10:57 a.m. (EDT)

 

Con el perdón de Paul Simon, y a pesar de toda la información disponible para el común mortal, todavía hay millones de estadounidenses que actualmente creen que se están deslizando por la carretera cuando en realidad escapan resbalando.

Mientras el presidente Biden se prepara para viajar a Europa a reunirse con el Papa y nuestros aliados de la OTAN la próxima semana, deja un gran problema de seguridad nacional con el que debe lidiar, uno que no se ha abordado de manera significativa durante muchos años.

Es la causa fundamental de nuestros problemas con China. Es por ella que algunas personas no quieren vacunarse. Es por ella que algunos todavía siguen alegremente a Donald Trump. Explica por qué el Congreso no puede reunirse de manera bipartidista para ocuparse de la infraestructura, la atención médica y el control de armas. Es por eso que tenemos problemas para comprender el cambio climático. Ella explica la supresión de electores. Es por eso que la «teoría crítica de la raza» se ha vuelto controvertida, por lo que algunos elementos de nuestra población de izquierda y derecha están en guerra entre sí y por qué algunos creen que la tierra es plana y que el Holocausto no ocurrió. Es por eso que algunos de nosotros creemos que seguimos siendo la nación «número uno» del mundo cuando, más allá de tener el ejército más grande, estamos claramente a la zaga de otras naciones importantes en muchos factores críticos. Más que cualquier otra cosa, explica por qué fallamos.

Los Estados Unidos son una nación de gente militantemente ignorante, arrogante en sus creencias, incapaz de cambiar de opinión y reacia a intentarlo. Carecemos de educación.

Y la falta de educación en este país es un problema tal que el asesor de seguridad nacional Jake Sullivan lo describió esta semana como un tema crítico para nuestra seguridad nacional. «Lo considero un problema de seguridad nacional», me dijo el martes durante una sesión informativa en la Casa Blanca. «De hecho, es la Dra. [Jill] Biden quien ha dicho repetidamente, y el presidente la cita con frecuencia, que cualquier país que supere en educación a Estados Unidos superará a Estados Unidos, y ése es un problema fundamental de seguridad nacional».

NPR informó el martes que, en parte debido al COVID-19, tenemos este año 500,000 estudiantes menos inscritos en las universidades. Realmente ¿piensa alguien que podemos competir en los modernos lugares de trabajo con sólo una educación secundaria?

Fui entrenador de fútbol americano en la escuela secundaria durante muchos años. Puedo decirles de primera mano que la calidad de la educación del estudiante «promedio» de hoy en día habría estado por debajo del nivel de una educación de reparación cuando estuve en la escuela secundaria. Hay cantidades de estudiantes que son analfabetas funcionales y analfabetas en ciencias y matemáticas, y que no tienen idea de cómo funciona el gobierno o cuáles son sus responsabilidades en una democracia. Muchos gritan por «derechos». Son menos quienes entienden la responsabilidad.

Muchos esperan y rezan para encontrar un trabajo de baja categoría donde puedan «sobrevivir», y rara vez se atreven a soñar que podrían prosperar. Muchos claman por la atención médica universal, pero no creen que la obtengamos. Algunos ni siquiera entienden cómo obtener un salario decente, permisos médicos remunerados y otros beneficios laborales, y mucho menos cómo unirse a un sindicato podría ayudarlos a realizar esas tareas. No saben qué es el socialismo o el capitalismo, más allá de creer que uno es malo y el otro es estadounidense. No conocen nuestra historia, no ven el futuro y son moribundos en un presente que temen, odian y no entienden.

Tenemos que hacerlo mejor. Las razones son claras. Biden tiene razón: sin una educación competitiva, sentenciamos a nuestra progenie a la servidumbre industrial, mientras que aquellos que estén educados acumularán poder y riqueza. Veamos a nuestro alrededor. Estamos en una nueva carrera espacial con China. Estamos atrasados ​​en tecnología hipersónica. Nuestros científicos dicen que debemos tener un cohete nuclear para ganarle a los chinos la carrera a Marte, pero millones de personas creen que Clorox podría tratar el coronavirus. Algunos incluso lo probaron.

Biden quiere brindar educación postsecundaria gratuita o asequible, y nos ha recordado deliberadamente lo inútil que es hoy un mero diploma de escuela secundaria, y eso nos asusta a algunos de nosotros. George Carlin nos advirtió que los señores supremos de la sociedad nos quieren lo suficientemente inteligentes como para operar máquinas, pero no más inteligentes que eso. Algunos creen que eso es cierto. Otros, en el Congreso, nos dicen que los necesarios desembolsos educativos del presupuesto tienen un costo prohibitivo, mientras que al mismo tiempo asentimos reflexivamente cada vez que aumentamos nuestro inflado presupuesto militar.

Esto no es un desarrollo reciente. Nuestra dedicación a la educación ha caído constantemente durante los últimos 40 años y, como de la mayoría de la podredumbre que ha ocurrido en este país, culpo a Ronald Reagan y a los ultraconservadores por los que solía ser electo y a los que ayudó a incorporarse al cauce principal.

Si no se quiere aceptar que Reagan fue un tonto irresponsable que destruyó los sindicatos, la educación, la prensa libre y la atención médica, llevándonos por el camino de la ruina, entonces piénsese en el hedor causado por George W. Bush y su infame política educativa («Ningún niño se queda atrás»).

Ese mantra idiota se convirtió en que todos los niños se quedaron atrás, creando una generación entera de estadounidenses a quienes se les enseñó cómo aprobar exámenes, pero nunca cómo pensar críticamente.

Muchos de esos niños que crecieron y fueron entrenados para aprobar exámenes son ahora adultos y están comenzando a ocupar puestos gerenciales de nivel medio en la fuerza laboral estadounidense. Se han convertido en parte de lo que H.L. Mencken describió hace un siglo como una «ignorancia vasta y militante», lo que nos recuerda que la ignorancia arrogante no es un fenómeno nuevo, solo que “Ningún niño se queda atrás” exacerbó el problema. «Team America: La policía del mundo” e «Idiocracia” parecen películas documentales en lugar de sátiras en estos días.

¿Cuál es el ejemplo más llamativo de la falta de educación? Dos palabras: Donald Trump.

Y tengo una pregunta real que me gustaría me fuera respondida: ¿alguien dejará de enviarme correos electrónicos de Donald Trump y sus hijos, parientes, subordinados y secuaces, pidiéndome dinero y garantizándome tiempo privado con Donald?

¡Don Jr. me envió incluso un correo electrónico diciéndome que le diría a su papá si no le daba una cantidad de dinero ¡AHORA! También me prometieron una pelota de fútbol si contribuía con Donald Trump, quien ni siquiera se está postulando oficialmente para un cargo, pero ciertamente ha perfeccionado, con una precisión similar a la de un láser, el arte de estafar a la gente el dinero que tanto le costó ganar.

Conozco a docenas de otros reporteros de la Casa Blanca que aparentemente están en la lista de correo electrónico de Donald, y ninguno de nosotros se suscribió a sus sistemáticos acoso y mendicidad. Es un acosador de Internet y un vagabundo sin hogar combinados en uno. Aparentemente, el ex presidente se llevó la lista de correo electrónico de los corresponsales de la Casa Blanca cuando huyó de DC. Desde entonces, también recibo correo de la campaña de Sarah Sanders y de otros estrechos asociados de Trump con cargos públicos. Sólo puedo suponer que me envían sus escatológicas reflexiones porque Trump ha compartido la lista de correo electrónico con sus acólitos itinerantes, enfurecidos, con muerte cerebral.

Todos me envían contenido diseñado para hacer que los ignorantes aúllen a la luna y se rasquen como un perro de depósito de chatarra con pulgas. Estos «comunicados de prensa» de los idiotas discípulos de Trump son recibidos con gritos de placer por parte de sus fanáticos. Dejando a un lado la mala gramática y la ortografía, estas liberaciones fecales generalmente no tienen sentido y parecen ser los murmullos de tontos que han ingerido alucinógenos contaminados.

La idea de que el candidato más calificado del Partido Republicano para el cargo más alto del país podría otra vez ser un tipo que fue acusado dos veces y nos alentó a ingerir Clorox y a hacer brillar luz ultravioleta dentro de nuestros cuerpos, eso es algo que no puede explicarse ni siquiera por una sobredosis de psilocibina en el torrente sanguíneo.

Pero una falta de educación lo explica todo, incluyendo, entre otros, a Jim Jordan, Matt Gaetz, Lauren Boebert, Joe Manchin y Kyrsten Sinema.

Nuestra falta de educación es la mayor amenaza para la existencia de nuestra nación. Jake Sullivan tiene razón: es un problema de seguridad nacional.

También nos dijo Paul Simon: «Aun cuando mi falta de educación no me ha hecho daño ninguno / puedo leer la escritura en la pared».

Hoy en día, no estoy seguro de cuántas personas son capaces de leer eso. ¶

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* Brian Karem, corresponsal de la Casa Blanca desde hace mucho tiempo, escribe una columna semanal para Salon.

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Las palabras sin las cosas

 

Foto de Aveledo sin el cerebro

 

En más de una ocasión, en este blog se ha elogiado la labor de Aveledo, realizada con constancia, inteligencia y discreción.

Ave Ledo, morituri te salutant

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El título de esta entrada ha sido tomado de un trabajo que compuse para el Dr. Federico Riu: una crítica muy molesta del libro de Michel Foucault, Les mots et les choses. El extraordinario profesor de la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela condujo, en 1975, un seminario sobre Antihumanismo y antihistoricismo en la filosofía moderna, que centró en un examen crítico de aquella obra, la que postulaba que, como noción fundamental, “el hombre” ¡había muerto!*

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Lenys Martínez escribió para Noticiero Digital una notaRamón Guillermo Aveledo: Del 22N en adelante la oposición tendrá que reinventarse—que ese medio publicara anteayer. Esto reportó la redactora:

En entrevista concedida al programa A Tiempo, Aveledo señala que la oposición tendrá que reinventarse desde el 22N en adelante y «aprovechar este momento que ha vuelto contactar a la población y que está participando en elecciones para darse cuenta de lo que está ocurriendo y empezar una política más y dar respuestas a las necesidades de la gente», dijo.

A su juicio, «la política es el arte de hacer posible aquello que es necesario, buscar la manera de entenderse y mirar más allá», es decir, que la política debe centrarse en el servicio y la búsqueda del bien común y ante esto señala que la esperanza alrededor de Nicolás Maduro «está muy desgastada» y que los venezolanos necesitan ver otras opciones, ver la cara de la esperanza en otros rostros.

El exsecretario ejecutivo de la MUD considera necesario que después de las elecciones del 21N, se debería comenzar una reestructuración de los partidos políticos «desde abajo hacia arriba», donde puedan ingresar nuevas personas, con nuevas oportunidades, que estén en contacto con la vida real de la gente y, sobre todo, que hagan vida en los sectores populares.

Tengo en general una alta opinión de Aveledo. En el mismo artículo del que procede el epígrafe de esta nota, asenté: “Hoy quiero decir que Aveledo es un político más redondo y competente que cualquiera de los que participaron en las elecciones primarias de la MUD del 12 de febrero de 2012, de las que salió la candidatura presidencial de Henrique Capriles Radonski”. Pero creí que sus declaraciones en A Tiempo fueron palabras vistosas desprovistas de sustancia, y perpetúan la definición de un buen número de actores políticos como “oposición”. En entrevista para el semanario La Razón (2015), se produjo el siguiente intercambio entre Edgardo Agüero y el suscrito:

¿A qué atribuye el hecho de que la oposición no logre capitalizar el descontento popular con la actual gestión de gobierno?

La MUD es esencialmente una confederación de partidos ideológicamente disímiles. Ramos Allup dijo que en ella no se compartía ideales ni principios, sino propósitos; esto es, salir del chavismo-madurismo. De allí que su protocolo de actuación sea acusar al gobierno, mostrándose incapaz de refutar el discurso oficial en cabeza de los electores, que ha sido siempre la tarea necesaria. Como se trata de actores convencionales, sólo sabe oponerse, cuando lo que se debiera lograr es superponerse, con un discurso de nivel superior del que carece. Su falla de origen es, justamente, entenderse como oposición, como algo que está definido en función de un tercer ente externo a ella. Si ese ente deja de existir ¿qué la justificaría? Además, es la consabida “organización de organizaciones”, el “movimiento de movimientos”; lo necesario es una organización o movimiento de ciudadanos.

Aveledo viene de una distinguida trayectoria en el Partido Socialcristiano COPEI. De esta organización apunté en Las élites culposas (2012), a propósito de definición suya durante el segundo gobierno de Rafael Caldera:

Fue justamente por esos días cuando COPEI, en típico arranque de pretendida profundidad política, se sintió impelido a explicar al país, sin que éste se lo hubiera solicitado, cuáles eran “las líneas de su estrategia”. Fue Oswaldo Álvarez Paz el dirigente escogido por el Comité Nacional del partido para hacer la explicación. Las líneas de estrategia de COPEI eran: 1. oponerse al gobierno de Rafael Caldera; 2. deslindarse de Acción Democrática; 3. continuar en la búsqueda de alianzas con el Movimiento Al Socialismo (MAS), la Causa R y otros partidos similares. (…) se trataba de una estrategia alienada, fuera de sí, pues COPEI se definía en función de terceros actores, y no parecía tener nada sustancial que decir acerca de sí mismo.

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Luego está eso de “una reestructuración de los partidos políticos «desde abajo hacia arriba», donde puedan ingresar nuevas personas, con nuevas oportunidades, que estén en contacto con la vida real de la gente y, sobre todo, que hagan vida en los sectores populares”. No hay sustancia en esa prescripción, más bien descripciones adjetivales. (¿Como aquella de la democracia «nueva» que predicaba Eduardo Fernández en su fallida campaña electoral de 1988?)

Finalmente, en su cabeza parece haberse enriquecido la noción que emplearon Bismarck y Churchill—»la política es el arte de lo posible»—, de la que fuera precursor Maquiavelo con otras palabras. Ahora sería que «la política es el arte de hacer posible aquello que es necesario, buscar la manera de entenderse y mirar más allá».

Es definición tan vaga como insuficiente. Para el suscrito la política es, concretamente, el arte, la profesión u oficio de resolver problemas de carácter público, aquellos que atañen a grandes contingentes humanos y no pueden ser resueltos en transacciones civiles o mercantiles. (El Diccionario de la Lengua Española ofrece en tres de las acepciones del término: «Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados; Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos; Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo»).

Y por supuesto que se trata de hacer algo posible. La Agronomía prescribe lo que es posible mediante la actividad agrícola, la Tauromaquia lo que es posible en la lidia de toros, la Medicina en materia de curación de enfermedades. Absolutamente todas las actividades humanas ocurren en el reino de lo posible; nadie está obligado a hacer lo que es imposible.

Hace dos o tres años, un antiguo amigo pretendió descalificar mi prédica de soluciones referendarias a nuestros problemas políticos más fundamentales con esta declaración: «Menos mal que me enseñaron en la Universidad de París que la política es el arte de los posible». A las proposiciones concretas no se refirió en absoluto, pero supongo que la manida frase le pareció una salida elegante que sugería, sin decirlo, que mis proposiciones no eran de realización posible. No se necesita estudiar en La Sorbona para aprenderse esa frase de ocasión para parecer culto.

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El pasado 30 de agosto se citó acá en ¿Dos ligaditos?, texto en el que otra vez mencioné a Aveledo:

En el fondo, es la “falla de origen” de la Mesa de la Unidad Democrática concebirse como una estructura de oposición, alienada en función de la existencia del enemigo. En marzo de 2011 dijo Henry Ramos Allup: “La política suele hacer extraños compañeros de cama. Hoy compartimos propósitos, no ideales ni visiones”, y el propósito era salir de Chávez. Desde 1998, el protocolo de actuación opositora fue acusar a Chávez y ahora lo es acusar a Maduro, varias veces al día. Pero lo que había que hacer era no tanto acusarlos sino refutar su discurso, y proponer una lectura clínica desde un plano discursivo superior; en otras palabras, más que oponerse a Chávez y su heredero, superponérseles.

Finalmente, el epígrafe de Otro camino (4 de abril del año pasado) reprodujo esta postura de Aveledo, expresada en entrevista suya en Unión Radio tres días antes: «El camino de un gobierno de emergencia nacional o de un Consejo de Estado es un camino, pero puede haber otro, y nos corresponde buscarlo a los venezolanos». En esa entrada, prescindí de rechazar la noción de que un gobierno de emergencia nacional o un Consejo de Estado—opciones enteramente anticonstitucionales—fueran «un camino», para concentrarme en la alternativa. No quería contradecir a Aveledo.

Esta vez no he sabido ser tan gentil. LEA

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* Algunos llaman antihumanista a la producción intelectual de Foucault. En los capítulos finales de Les mots et les choses, Foucault sostiene que la noción de “hombre” es una invención cultural, histórica, posible a partir de una red conceptual que la sostiene y la hace posible. Ésta es la episteme del humanismo que emerge en el Renacimiento. Previamente a ella, los hombres no se pensaban a sí mismos del mismo modo. Con la ruptura moderna de la episteme renacentista, esa noción de hombre se desdibuja y desaparece. Es en este sentido que Foucault puede decir, dramáticamente, que “el hombre ha muerto”. Es el mismo tipo de rebuscamiento intelectual que impele a Gabriel Vahanian, teólogo norteamericano contemporáneo, a afirmar, de modo muy distinto que Renán, God is dead, en el libro que lleva ese nombre. (Un tratamiento al problema de la calidad de la educación superior no vocacional en Venezuela, 15 de diciembre de 1990).

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