por Luis Enrique Alcalá | Oct 26, 2020 | Notas |

A punto de beatificación
A Su Eminencia Baltazar Cardenal Porras, líder del proceso
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Con fecha de hoy se ha procedido, en la Iglesia de Nuestra Señora de La Candelaria, a la exhumación de los restos de José Gregorio Hernández, como paso previo a su definitiva beatificación. El acto fue dirigido por el cardenal Porras en su condición de Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Caracas, e incluyó palabras de su purpurado colega, Jorge Urosa Savino, Arzobispo titular.
Una pareja marabina fallecida en Caracas, la formada por Juan Eduardo Bustamante y María Durán de Eduardo, tuvo una amistad especial en confianza e intimidad con el Dr. Hernández, como testimoniara mi esposa, Cecilia Ignacia Sucre Anderson, en su libro: Alicia Eduardo – Una parte de la vida. (Edición de la Fundación Empresas Polar, 2009). Los aludidos eran sus bisabuelos paternos, padres de Alicia Eduardo, la madre de la docena de hermanos Sucre Eduardo.* No debe extrañar, por tanto, las repetidas menciones en su texto del Dr. Hernández, que además de santa persona fue gloria científica de Venezuela.
Acá transcribo los pasajes de Una parte de la vida donde lo nombra:
Capítulo III
Juan Pablo no podía dormir. Fue de nuevo al cuarto de las niñas, tres ahora con una nueva pequeña, para asegurarse de que estaban bien. Tocó sus frentes con cuidado de no despertarlas, pero Alicia abrió los ojos cuando su padre puso sus dedos frescos en su cara. Ella sonrió y él la bendijo, cerrando sus párpados con suaves besos. Le preocupaba mucho la salud de sus hijas; iba a sus cuartos varias veces por la noche para comprobar que estuvieran bien. Era una costumbre que lo tranquilizaba, pues estaba seguro de que podría salvar a las niñas de las enfermedades comunes en aquellos días si descubría a tiempo cualquier quebranto. Jadeando un poco por aquel sencillo recorrido, fue al baño de nuevo antes de acostarse a luchar contra el desvelo.
Él mismo no se sentía bien; la indisposición estomacal persistía. Pensó que tendría que pasar por la consulta del doctor José Gregorio Hernández,** su médico de cabecera, pues había aumentado de peso, sus pies estaban inflamados y había tenido palpitaciones en el pecho y mucha debilidad. Pero lo peor era la falta de concentración y el desgano que sentía constantemente. La administración de las casas, su trabajo habitual, le causaba un agotamiento que lo preocupaba. El insomnio lo había estado acosando últimamente y aquella madrugada no parecía ser distinta, más con el calor y la humedad de aquellos últimos días del mes de octubre de 1900.
Después de leer un rato, pasadas las cuatro de la mañana, se quedó semidormido. Sentía su cuerpo en total reposo y hasta roncaba rítmicamente, pero de algún modo su mente estaba despierta y alerta. Sumido en el letargo escuchaba, por más que no quería, cómo aullaban los perros de forma extraña, como si anunciaran algo indefinido e inminente. De pronto escuchó un ruido sordo, un rugido pavoroso que crecía acompañando una violenta sacudida de la tierra. Las cosas que caían al piso haciéndose pedazos terminaron de despertarlo. Se levantó, y tuvo que luchar con la puerta de dos hojas que se había atascado. Con un empujón logró abrirla de par en par y corrió hacia el patio. Volvió a acosarlo el malestar, pero era tan fuerte su miedo por el sobrecogedor terremoto que no lo tomó en cuenta. Escuchó gritos, y pudo ver cómo se desprendía el techo sobre el sitio donde segundos antes descansara y que un amasijo de la intrincada red de caña brava y tejas de arcilla ocupaba ahora su lugar en la cama.
Dio gracias por haber corrido a tiempo, pero se percató con horror de que su familia, su tesoro, podía quedar sepultada bajo kilos de escombros. Tenía que salvarla. A partir de ese momento, corrió varias veces por la rampa que llevaba al patio de arriba, para verse invariablemente devuelto al mismo sitio, pues los espasmódicos movimientos no lo dejaban avanzar. Sentía los alaridos de sus hijas, que paradójicamente lo tranquilizaron. Estaban vivas, pensó agradecido, pero no podía llegar hasta ellas. Sintió un fuerte dolor en el brazo izquierdo, un puño enorme que le retorcía el corazón y lo dejaba sin resuello, justo cuando la tierra se calmaba y dejaba de temblar. El clamor terrestre había cesado, para ser suplantado por la cacofonía de los gritos, las jaculatorias en voz alta y los lamentos que escuchaba venir de todas partes.
Escuchó que María gritaba su nombre y pudo por fin llegar adonde estaba el resto de la familia, a la que tranquilizó lo mejor que pudo. Todos, familia y criadas, estaban bien; María cargaba a la más pequeña, nacida dos años antes. Juan intentó moverse, pero Alicia y María Teresa se abrazaron a cada una de sus piernas y no quisieron zafarse de ellas. Entonces comenzó otro temblor de tierra, que hizo que parte del cielorraso se rajara y cayera más techo con espantoso estruendo. Oyó a la araña del comedor, a la que mientras subía había visto bambolearse, cuando se desplomaba y hacía añicos con ruido de mil cristales rotos.
Un dolor insoportable le atravesó el pecho como una flecha ardiente y, pensando que se moría, se encomendó seguramente a Dios y no supo más de sí.
La insistente voz de María, llamándolo cerca de su oído, lo sacó de la profundidad de su inconsciencia. Respiraba en el ambiente el húmedo polvo del terremoto, pero él estaba vivo. La cara de su amada fue lo primero que vio cuando abrió los ojos a la luz del amanecer, y supo que ella estaba bien y también las niñas, porque estaban a su lado observándolo con ojos asustados y las cabezas llenas de cascote y polvo gris. Cada vez que intentaba moverse o levantarse del suelo, sentía un dolor que lo abatía en el pecho y en el brazo izquierdo, y palpitaciones que le hacían doler hasta los dientes. Cuando pudo hablar pidió que le trajeran algo donde sentarse. Buscaron de inmediato la mecedora del cuarto de María, y las mujeres de la casa, ayudadas por las niñas, cargaron al hombre hasta la silla. La maniobra le causó un breve colapso, del que sólo se recuperó después de que le dieran un trago de ron de una botella que milagrosamente se había salvado del siniestro.
María, reaccionando sabiamente ante la calamidad, mandó a buscar al médico y pidió con autoridad a las criadas que comenzaran a recoger el estropicio. Le rogó a Juan que no hablara, que se estuviera quieto. Le contó que había despertado cuando el crucifijo de la cabecera de su cama cayó sobre ella y, al percatarse del temblor, corrió al cuarto de al lado y tomó a la bebé en sus brazos, pensando en él y en sus otras hijas. Le dijo que lo amaba, le pidió que se estuviera quieto y con suaves arrumacos lo fue tranquilizando, asegurándole que pronto vendría el doctor. Arropándolo con cariño pudo ver, aliviada, que su marido se dormía.
Al fin, cerca del mediodía, entró de sombrero puesto el doctor Hernández. Después de examinar cuidadosamente a Juan Pablo, dictaminó que había tenido un ataque al corazón, y que era mejor trasladarlo hasta una cama con mucha precaución, darle los medicamentos que recetaría y cuidarlo con amor. Les refirió impresionado, mientras compartía con ellos una taza de sopa, que tuvo que atender varios heridos de gravedad afectados por el sismo, y se decía que había algunos muertos y un inmenso desastre. Los habitantes de Caracas se habían echado a la calle, atemorizados por las numerosas réplicas y el latente recuerdo del terremoto que en 1812 había destrozado la ciudad. Hasta el presidente Castro, en paños menores, se había lanzado desde el balcón del segundo piso de la Casa Amarilla, el que daba a la calle entre las esquinas de Principal y Conde, y se había fracturado un pie. Lo habían acostado en plena plaza Bolívar sobre un colchón. Contó que tanto la Bolívar como todas las demás plazas se habían llenado de gente, y en el laguito del Paraíso se había improvisado un rústico campamento, pues muchas personas habían huido de las calles excesivamente edificadas del centro de la ciudad. Algunos matrimonios de apuro se habían celebrado en las barracas, por el temor de una catástrofe inminente. A pesar de que los daños no eran muchos, la gente estaba muy asustada.
Ante la ocurrencia de más repeticiones, Juan se opuso con terquedad a ser trasladado hasta la cama. Aseguró que no se movería pues estaba muy bien en la mecedora, y que prefería permanecer en ella, en el medio del patio. El médico estuvo de acuerdo y recomendó no contradecirlo. Allí se quedó. Esa noche, la familia compartió el techo único del cielo con casi todos los pobladores de Caracas, pues “…los ánimos estaban acobardados. Circulaban predicciones horribles; se temían verdaderas catástrofes. Llegó a decirse que en el Observatorio Cajigal ondeaba una bandera negra, señal de futuros desastres. Pero lo peor eran los sacudimientos que seguían produciéndose… Caracas se puso tétrica. Durante todo un mes no cesó de temblar, ni de día ni de noche. Todo el que pudo hacerlo salió de la ciudad para los campos vecinos. Los que no tenían donde refugiarse se acogían a la estación del ferrocarril, a dormir en los vagones del tren, o en las plazas donde instalaban sus tiendas. Hubo mujeres que dieron a luz en estos sitios públicos. La ciudad quedó desierta. De noche no se veía ni un alma por esas calles. Y cuando temblaba subía un impresionante clamor: ‘misericordia, misericordia’, acompañado del ladrido de los perros”.
Un mes después, cuando una cierta calma había vuelto a la ciudad y ya hacía tiempo que los muertos habían sido enterrados, María intentó convencer otra vez a Juan de pasarse a la cama. Pero de nuevo él se negó rotundamente, y permaneció allí sin despegarse de su asiento para nada. Desde la silla supervisaría después, como sabio maestro de obras, a los albañiles que arreglaron el techo de la casa. Sus amigos, y el mismo doctor Hernández cuando le hacía su examen médico semanal, le contaban los estragos que había producido el terremoto de cuarenta y cinco segundos, con sus doscientas cincuenta réplicas.
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Se deterioraba rápidamente frente a los ojos de María. Tenía los pies y el abdomen inflamados, aunque casi no comía por las constantes náuseas y vómitos. Le costaba mucho respirar y se le notaban visiblemente inflamadas las venas del cuello. Cada vez se sentía más indispuesto. Por su insomnio y su gravedad llenaron de paja la calle del frente, “para mitigar el ruido que hacían las llantas de hierro de los coches sobre el empedrado”. Juan desesperaba al considerar, en las noches interminables, que la tierra con sus sacudidas había alterado su vida, convirtiéndolo en un lisiado fundido a una mecedora, y que de nada le valdrían los buenos negocios, ni las haciendas, ni las casas que había comprado para devolverle la salud. Pronto iba a morir; estaba convencido de ello. Entendió que tendría que ponerse en paz con Dios y arreglar sus cosas. Comenzaron los preparativos para la administración de los bienes que María y las niñas habían de heredar. Quedaron de acuerdo en otorgarle a Francisco Mayz, amigo y administrador confiable, el manejo del patrimonio conyugal mediante un poder registrado en 1901. El 7 de julio de ese año, pasada la media noche, Juan Pablo Eduardo Bustamante, acosado por sus mortificaciones y con el corazón destrozado, murió sentado en su mecedora.
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Para 1906, con el país pacificado bajo la férrea mano de Gómez, la salud de María comenzó a quebrantarse. Fue a ver a José Gregorio Hernández aquejada de fatiga, fiebre leve y sudoración excesiva, la que se presentaba sobre todo por las noches y que en un principio atribuía a su edad. Había perdido peso y sentía una opresión en el pecho, que había ido aumentado con el tiempo desde la muerte de Juan. El doctor Hernández se mostró muy preocupado por el terrible diagnóstico que tuvo que darle a María: tenía tuberculosis. Le pidió que guardara cama y no tosiera sobre las niñas para no contagiarlas, y prometió ir a verla con frecuencia a revisar la salud de ella y de las muchachas, cada vez que lo necesitaran. Cuando le hizo la primera visita en la casa, le pidió a las criadas que estuvieran pendientes de los medicamentos, mantuvieran la habitación de María ventilada, iluminada y limpia, se lavaran las manos antes y después de cada comida con agua y jabón, le pusieran una gotita de lejía al agua de enjuague de los utensilios de la enferma, y recogieran las expectoraciones en una bolsa de papel para ser quemadas en el patio. De inmediato José Gregorio comenzó una terapia con el aceite de chalmoogra*** que hasta ese entonces se usaba para tratar los enfermos de lepra, pero era el medicamento que el sabio médico venía utilizando con mayor éxito en el tratamiento de la mortal enfermedad. Cada cierto tiempo le ponía una dolorosa inyección del aceite a María, quien al principio, y con los cuidados del buen doctor, comenzó a mejorar.
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La salud de María Durán había empeorado en el último año, y auxiliada por Francisco Mayz puso en orden sus cosas, disponiendo con tiempo y serenidad de lo que, gracias al arduo trabajo de Juan, les dejaría a sus hijas. Para ella era una gran mortificación pensar que tuviera que abandonarlas, pero los días pasaron y la tos era constante y los pañuelos se manchaban con sangre cuando tenía los accesos. Sufría de disnea y tenía un fuerte dolor en la punta de un costado. Muchas veces tenía fiebre muy alta, que la hacía sudar copiosamente y sentirse agotada. Un día, cuando José Gregorio Hernández llegó a la casa de improviso, se encontró a la pequeña Margot acostada en la cama de su madre, abrazada a ella. El médico regañó a María por poner a la niña en peligro de contagio. Ni el consuelo del contacto con sus hijas le estaba permitido.
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En vista del agravamiento de su salud, puso por escrito su última voluntad. Le pidió a Mayz que continuara ocupándose del patrimonio después de que ella muriese. Juntos elaboraron una lista de las personas idóneas para formar un consejo de tutela que se ocupara de sus niñas cuando ella faltara. Fue un proceso doloroso y complicado que la entristeció mucho, pero consiguió dejar organizado el cuidado de sus hijas en manos de su amiga Carlota Cuello de Fleury, esposa del también amigo de Juan, Carlos Fleury. La pareja le juró a María cuidarlas con dedicación.
María Durán amplió el consejo de tutela, que en principio estaba formado por Carlos Fleury y Francisco Javier Mayz, con la incorporación de cinco personas más de su total confianza, incluyendo a su médico y amigo de tantos años, José Gregorio Hernández.
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Francisco J. Mayz, cumpliendo con lo que María tenía dispuesto, compró el 9 de enero de 1908 en 16.000 bolívares una casa en la calle Sur 10 de la parroquia San Juan, entre las esquinas de Quebrada y Pescador. Esta compra se realizó justamente el día antes de la muerte de María, quien venía sufriendo de intensos dolores de cabeza y seguía con fiebre muy alta. No retenía alimentos a causa de los constantes vómitos, y después de sufrir varias convulsiones murió el 10 de enero de 1908, antes de cumplir los cincuenta y dos años de edad.****
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Siete días después estaban en el juzgado los señores Francisco (Pancho) Larrazábal Fagúndez, José Gregorio Hernández, Charles Röhl y Otto Römer, quienes habían sido llamados por el juez para ser informados de su designación como miembros del consejo de tutela. El 20 de enero, el doctor José Gregorio Hernández presentó sus excusas ante el juez y declinó participar en el consejo “debido a sus múltiples ocupaciones”. Entonces fue llamado en su lugar Pedro Larrazábal, el adorado profesor de María Teresa y hermano de Pancho, para formar parte del consejo tutelar, quien aceptó de inmediato la responsabilidad.
Capítulo V
Josefina y Graziella***** vieron con sus propios ojos el tamaño del mundo, y le tocaron a cuatro manos los valses criollos en el pabellón de Venezuela. En el Grand Hotel de París tocaron para la corte del ex presidente Guzmán, como tantas veces lo hicieran para muy pocos oídos afortunados en tardes caraqueñas. Compartieron con Arturo Michelena cuando presenciaron la inauguración de la Torre Eiffel, y admiraron la obra que él pintara para esa Exposición Universal. La pintura, un teatral cuadro de Carlota Corday camino al cadalso, que recrea la atmósfera del instante retratado con impactante realismo, obtuvo medalla de oro. Naturalmente, esto fue considerado en Venezuela un triunfo, que fue celebrado de manera estruendosa. Otro pintor venezolano, Emilio Boggio, ganó medalla de bronce.

La pintura de Michelena
Los venezolanos que estaban en París se alegraron también con la medalla de oro que otorgaron a Vicente Marcano en química agronómica, por su muestra de diversos tipos de guano de aves de nuestras cuevas. El mismo Marcano montó en el pabellón de Venezuela, cuya fachada era copia exacta de la catedral de Caracas y estaba situado al lado del templo inca del Ecuador, un mapa geológico del país con muestras de minerales nativos que fue muy elogiado. En la espaciosa sala se exponía además “…muestra de café, y pilones de su panela dulce, y libros de versos y de ingeniería, y zapatos ligeros y finos”. Los visitantes del pabellón venezolano también pudieron descubrir algunos de nuestros típicos productos alimenticios, como lairén, apio, ocumo, ñame, batata, mamón y yuca, y asimismo muestras de más de veinte aguas termominerales, tejidos, cestería y artesanía indígena.
La medalla de oro al mejor violín expuesto también estuvo relacionada con Venezuela. El instrumento****** fue comprado por José Gregorio Hernández, quien se encontraba en la ciudad estudiando en el laboratorio de histología de Mathias Duval, mientras conseguía el instrumental necesario para el Laboratorio de Fisiología Experimental del Hospital Vargas de Caracas. El médico tocaba ese violín esporádicamente, y terminó regalándolo a un sobrino al abandonar todas sus posesiones para ingresar a la Cartuja de Lucca.
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* La docena de los Sucre-Eduardo y sus padres tuvieron como rasgo distintivo el fervor religioso. En el prólogo al libro de mi esposa que tuve el honor de escribir, dejé esta constancia:
Y es que para hablar con propiedad de los Sucre Eduardo se requeriría oficio de antropólogo, puesto que hay una cultura Sucre Eduardo. Seguramente es su primer rasgo distintivo la religiosidad. Don Andrés y Doña Alicia fueron católicos fervientes, y decir Sucre Eduardo es decir Loyola, y no sólo por el deporte. En recuerdo del cura Gustavo también Hernando habría considerado el sacerdocio como vocación, tal como le confiara en una carta, y son las innumerables misas en familia, en fechas especiales del santoral o en recuerdo de los muertos, ocasión a la vez de recogimiento y regocijo, y no pocas terminan en condumio copioso, recientemente en areperas.
Antes dije del «cura Sucre»:
Al padre Gustavo Sucre S.J., verdadera columna vertebral de la Universidad Católica Andrés Bello, su Decano de la Facultad de Economía y su Secretario por muchos años. La universidad quiso premiarle con un especialísimo Doctorado Honoris Causa en Derecho, pues como cuenta el jurista José Luís Aguilar Gorrondona, quería ser abogado y sacrificó su interés al de la universidad, que tenía demasiados hombres de leyes cuando carecía de quienes supieran ciencia económica. No hay misas que den más paz y más sucintas que las que oficia, en cuyos escuetos y pertinentes sermones nunca falta una balsámica nota de humor.
** “Sabio y santo que murió tiempo después en la esquina de Amadores, al bajarse del tranvía de La Pastora que llegaba hasta la esquina de Tajamar. Iba este tranvía pegado a la acera norte, vereda del Guanábano, y José Gregorio se bajó del lado sur de la calle y un carro lo atropelló”. Nota de Andrés Sucre Eduardo.
*** También chaulmoogra, Ginocarda odorata. En sesión de la Academia de Medicina en 1918, Hernández presenta una nota provisional al respecto, la cual finaliza así: “Aunque esta es una comunicación preliminar, pues no hemos tenido el tiempo suficiente para un estudio definido, podemos sin embargo deducir de nuestro trabajo las conclusiones siguientes: el aceite de chaulmoogra ciertamente mata al bacilo de Koch, los enfermos tratados mejoran su estado general después de la inyección… las inyecciones de uno o dos c.c. separados por largos intervalos es lo mejor…”
**** Una certificación que se refiere al acta de defunción de María Durán, firmada por su médico de cabecera, el Siervo de Dios doctor José Gregorio Hernández, la guarda Gustavo Larrazábal Eduardo.
***** Josefina Sucre de Sucre (bisabuela de mi esposa) y Graziella Calcaño Sánchez (tía bisabuela del suscrito) fueron grandes amigas que coincidieron, como estupendas pianistas que eran, en la Exposición Internacional de París de 1889 que celebraba el centenario de la revolución que daría origen a la República Francesa.
****** Elaborado por C. Jean Baptiste Collin-Mezin, quien está catalogado como uno de los mejores luthiers franceses; sus diseños siguen la tradición de los famosos luthiers italianos—Stradivarius, Guarneri y Amati—, aunque él desarrolló su propio barniz único; sus violines son elaborados artesanalmente, trabajando muy finamente cada detalle. Reporte Católico Laico.
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 14, 2020 | Memorias, Notas |

José Luis, en una de sus numerosas excursiones montañeras
Hoy fue enterrado en el Cementerio del Este el hermano ido. Sus hijos habían solicitado que dijera algo de él en el velorio y decidí escribir mis palabras para protegerme del dolor al decirlas. Acá las reproduzco:
José Luis Alcalá, Señor de Pueblo
José Luis Alcalá Corothie irradiaba su poderosa esencia sin proponérselo, pues nunca fue presuntuoso. De él pudiera decirse lo que alguna vez registré de mi esposa: “No conozco gente que sepa de él y no lo quiera, y él quiere estrictamente a todo el mundo y sobre éste distribuye su bondad”.
Ayer recibí una nota escrita por Alejandro Alcalá Ojeda, su segundo hijo. Allí deja una constancia que es una gran verdad:
“Cuando nací en el año 1975, mi padre Jose Luis Alcalá apenas tenía dos años de haber perdido su pierna en un accidente de moto. A pesar de eso, nunca vi a mi papá como un discapacitado; su fuerza, su perseverancia, su actitud echada para adelante, hizo que siempre lo viera como un súper heroe. Mi papá lograba siempre, con su imponente personalidad, que nadie sintiera pena por su situación. A veces hasta parecía que se la ‘vacilaba’, y disfrutaba que sus amigos y familiares le dijéramos el Mochito”.
Eso es muy justo; nadie sintió lástima por la discapacidad de José Luis, aunque más de uno lo llamara cariñosamente “Mochuelo”. Y mocho como era, hacía ejercicios nadando vigorosamente o subiendo cerro, lo que hacía solo o, preferentemente, en compañía de su compadre Ovidio Ramella. Yo no creo que hubiera podido seguirle el enérgico paso que le era característico.
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Cuando José Luis, un bebé todavía, no caminaba, ya era una conducta suya que se durmiera frotando la esquina de un pañal mientras cantaba en voz baja. En ese tiempo trabajaba en nuestra casa la inolvidable Paula Barinas, quien pronosticó que él sería Presidente de la República, pues se dormía cantando el himno de la República. Esa predicción no se cumplió pues, como hizo constar Connie Méndez en su amable canción, en Venezuela “arrullamos a los niños con el Himno Nacional”. (Lo que musitaba José Luis era el “Duérmete mi niño…”) Jamás tuvo vocación política, a pesar de ser gente de Pueblo.
¿Qué quiero decir por eso? Hoy hay luto en el 23 de Enero, en la urbanización Simón Rodríguez, en el barrio El Guarataro, donde hizo amistades que valoraba mucho. José Luis tuvo siempre una preferencia profunda por sus compatriotas menos favorecidos, a quienes llamaba “Mi bella gente pobre”.
Eso era así no por una ideología en que lo hubieran adoctrinado, sino por una identificación total y natural, espontánea, con el Pueblo todo, muy especialmente con sus miembros menos afortunados. Tal preferencia se manifestó en él desde muy pequeño, cuando era su terreno favorito para el juego el barrio El Infiernito en la quebrada de Chacaíto, cosa que le valió el despectivo mote de “orillero”, por aquello de gente de orilla. Él fue, vocacionalmente, gente de orilla; vivió lo que Antonio Machado sentía, ese poeta que todo el mundo reconoce en el verso que registrara Joan Manuel Serrat: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. José Luis anduvo por el mundo, con dos piernas primero, luego con una sola y una muleta, con ese amor popular.
Machado escribió en algún lado:
“Escribir para el pueblo… ¡qué más quisiera yo! Deseoso de escribir para el pueblo aprendí de él cuanto pude, mucho menos, claro está, de lo que él sabe. …yo no he pasado de folklorista, aprendiz, a mi modo, del saber popular. Siempre que advirtáis un tono seguro en mis palabras, pensad que os estoy enseñando algo que creo haber aprendido del pueblo”.*
José Luis de Alcalá y Corothie, Señor de Pueblo, aprendió de ese Pueblo al que amaba sin límites. Tal vez yo le auxiliara de cuando en cuando en algún asunto escolar, pero él me enseñó de la vida.
Hermano, gracias por el orgullo de haberte tenido con nosotros. LEA
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* Acababa de citar esas palabras de Antonio Machado hace seis días, en Prólogo de la modestia.
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 13, 2020 | Memorias, Notas |

José Luis, a la derecha de la fila superior. María Elena a la izquierda de la inferior
Los hermanos Alcalá-Corothie fuimos seis y quedamos cuatro, al irse hoy de nuestra compañía el tercero de nosotros, José Luis. El 19 de abril de 2011 se fue la primera, María Elena, la cuarta de la prole de Pedro Enrique Alcalá Reverón y María Josefina Corothie Chenel. Quedamos los dos hermanos mayores y los dos menores.
Yo le puse su nombre; mamá me había invitado a que lo hiciera y escogí José de su segundo nombre—todos la llamaban Josefina—y Luis para repetir el mío. Yo tenía seis años de edad al proponer la combinación. Venía a la casa de mi esposa en la que habito todas las semanas a jugar dominó con la hermana Sylvia, que me sigue, y su consorte, Lisandro Lecuna Rui. Él era, como puse en 02022020, entrada que le dediqué, «el mejor jugador de dominó que conozco».

José Luis, el compañero de Sylvia (29 de diciembre de 2019)
José Luis era amor puro, generoso, divertido, respetuoso, siempre alegre. Nuestros corazones, ya cicatrizados del dolor por ME, alojan ahora una nueva y enorme herida, pero él habría prohibido nuestro luto. Era un extraordinario vendedor y un gran comprador, honesto como nuestro padre, de quien fue su mejor compañero. Le vi por última vez hace ocho días, cuando aceptó almorzar un plato de pasta con una de las mejores salsas de la cocina de mi señora. Su creciente malestar le impidió acercarse el último fin de semana para la ritual contienda de veintiocho pedradas.
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Uno contaba con José Luis para cualquier cosa. Ahora lo recibe San Pedro con un trago de güisqui en la patriarcal mano, sonriente, consciente de que el cielo tiene ahora un huésped de tronío. Esta constancia está en la primera entrada musical de este blog:
Resulta que uno de los mejores teóricos del juego de bridge era el inglés Víctor Mollo, y uno de sus más amenos libros es The Bridge Inmortals. En su introducción, Mollo imaginaba que los dioses del Olimpo, encontrándose infinitamente aburridos, optan por seguir la recomendación de combatir el tedio invitando a su divina morada a los más grandes bridgistas de todos los tiempos.
José Luis se ha ido a enseñar dominó a los santos del cielo. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Ago 1, 2020 | Notas, Política |

Por fin lograron despertar al héroe noruego
A José Rafael Revenga, en el día de su cumpleaños
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El servicio de noticias de Costa del Sol FM trajo, el pasado 29 de julio, una nota tomada del diario La Verdad del Zulia y titulada así: Abrams La participación de Noruega podría facilitar negociaciones con Maduro para solucionar temas humanitarios y políticos. En el texto, construido con información de El País de España, explica:
El representante de los EEUU Elliot Abrams consideró que la presencia de Noruega en Venezuela podría facilitar una negociación con el gobierno de Maduro. “Es razonable que Noruega sea clave en una negociación“, manifestó el funcionario durante una vídeo conferencia, según declaraciones recogidas por El País. Abrams aseguró que sin garantías de una negociación “seria”, no existirá la posibilidad de un encuentro entre las partes. A su vez mencionó que Maduro nunca ha querido reunirse a negociar, y que no considera que la reunión se suscite si el gobierno de Maduro continúa con el proceso electoral del 6 de diciembre, al cual calificó como “falso”. El Presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó informó el pasado 24 de julio sobre la próxima visita de la delegación de Noruega a Venezuela, con el objetivo de conocer la situación política y humanitaria del país. Hasta los momentos se desconocen los detalles sobre la reunión de los diplomáticos, y los resultados de la misma.
Como es costumbre, el vocero de los EEUU afirma cosas que no son ciertas, como eso de que «Maduro nunca ha querido reunirse a negociar». Luego de que los actores más radicales de la oposición—Leopoldo López, María Corina Machado, Antonio Ledezma—comenzaran a vender (desde 2013) la idea de que a Maduro se le tumbaría «de un soplido» (puesto que no era Chávez) y destruyeran incipientes acuerdos del Gobierno Nacional con un puñado de alcaldes opositores en materia de seguridad ciudadana, se inició a comienzos de 2014 el plan subversivo bautizado con el hashtag #lasalida. Impedido tal plan, se escenificó en Miraflores un primer intento de diálogo a nivel nacional que no llegó a concreción. (Ver en este blog Una segunda oportunidad: Diálogo 2.0, 20 de mayo de 2014). Después hubo reuniones de gobierno y oposición en República Dominicana, también infructuosas, hasta que comenzara la facilitación noruega que debía completarse en Barbados, lo que nunca ocurrió; los negociadores del gobierno se levantaron de la mesa en cuanto Juan Guaidó justificara nuevas sanciones* impuestas por los Estados Unidos a funcionarios nacionales. En septiembre del año pasado, el gobierno y parte de la oposición llegaron a acuerdos parciales y entonces publicó el «Centro Nacional de Información»—dirigido por Alberto Federico Ravell para el proyecto Guaidó—una mancheta así titulada: «Esta es la propuesta que el Presidente Legítimo presentó en el mecanismo de Oslo y que el régimen bloqueó». En ella, se reproducía tres proposiciones: «1. Separación de Maduro del cargo usurpado y separación de Juan Guaidó de la presidencia encargada; 2. Que el Gobierno de Transición lo asumiera un Consejo de Gobierno, con participación de todos, y con inclusión de la FAN (Art. 333) basados en el espíritu de los acuerdos de 1958*; 3. Convocar elecciones presidenciales libres en nueve meses, con observación internacional y nuevos Poderes Públicos, conformados como ordena la Constitución». Finalmente, venían una acusación entre signos de admiración y un anuncio: «¡El régimen abandonó la negociación porque no está dispuesto a abandonar el poder!» «Iniciamos hoy una etapa de presión todos juntos: pueblo, FAN y comunidad internacional».
Bueno, Guaidó no es el Presidente «legítimo», para empezar. Luego, un Consejo de Gobierno que asuma un Gobierno de Transición es enteramente inconstitucional, lo que contradice eso de «como ordena la Constitución». La mención del Artículo 333 es enteramente impertinente—DRAE: que no viene al caso—; así reza: «Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella. En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia». La Constitución no ha sido dejada de observar por acto de fuerza (un golpe de Estado) ni ha sido derogada, a pesar de múltiples violaciones a ella. Y la razón de abandono de la negociación por parte del gobierno no es la señalada por Ravell, sino la justificación por Guaidó de las «sanciones» impuestas** por el gobierno extranjero para el cual trabaja.
Elliot Abrams no tiene razón; es evidente su ignorancia de la constitucionalidad venezolana, y sería útil que la mediación noruega, despertada de su sueño, la comprenda a cabalidad. «…de las múltiples aristas del problema político venezolano, es la más aguda el ejercicio de la Presidencia de la República en manos del Sr. Nicolás Maduro (no en las de Juan Guaidó). Pero no puede celebrarse nuevas elecciones presidenciales mientras Maduro ejerza su cargo, pues el presente período constitucional expira el 10 de enero de 2025; tendría Maduro que renunciar a él para abrir la puerta o el único poder capaz de hacerlo, el Pueblo en su carácter de Poder Constituyente Originario y Supraconstitucional (no limitado por la Constitución), tendría que ordenar nuevas elecciones mediante referendo convocado al efecto. De no darse alguna de esas dos circunstancias, un acuerdo a ese respecto de fuerzas políticas en Barbados sólo sería convenir en la violación a cuatro manos de la Constitución». (De Oslo a Bridgetown, 9 de julio de 2019). LEA
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* En 1958 se firmó el Pacto de Puntofijo a la caída del gobierno de Marcos Pérez Jiménez: «El Pacto de Puntofijo fue un acuerdo de gobernabilidad entre los partidos políticos venezolanos AD, Copei y URD, firmado el 31 de octubre de 1958 para una vida democrática pocos meses después del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez y antes de las elecciones de diciembre de ese mismo año. Este pacto permitió la estabilización en los primeros años del sistema democrático representativo, el cual durará cuatro décadas. El acto se firmó en la residencia de Rafael Caldera llamada ‘Puntofijo’ ubicada en la ciudad de Caracas, en el sector de Sábana Grande». (Wikipedia en Español). La situación política de 2019 era distintísima a la de entonces y, en consecuencia, que el Presidente «Legítimo» propusiera un «Consejo de Gobierno, con participación de todos, y con inclusión de la FAN (Art. 333) basados en el espíritu de los acuerdos de 1958» resulta enteramente inadecuado. El 23 de enero se llenó un vacío de poder—suscitado por la fuga de Pérez Jiménez a raíz de la insubordinación del generalato de entonces—con una junta de gobierno íntegramente compuesta por militares y presidida por Wolfgang Larrazábal. Al día siguiente, dos de sus miembros son sustituidos por civiles: Eugenio Mendoza y Blas Lamberti—quien sería luego un alto empleado de las empresas del primero—, y se nombra a otro civil, Edgar Sanabria, como secretario de la junta; es decir, enteramente al revés de lo propuesto por Guaidó «en el mecanismo de Oslo».
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** sanción Pena que una ley o un reglamento establece para sus infractores. (Diccionario de la Lengua Española). ¿Cuáles son las bases legales—ley o reglamento—de validez internacional sobre las que se fundamenta la batería de «sanciones» estadounidenses contra el gobierno de Venezuela?
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 20, 2020 | Notas |

Una publicación importante
A Rafael Tomás Caldera Pietri
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Las traslúcidas manos del judío
labran en la penumbra los cristales
y la tarde que muere es miedo y frío.
(Las tardes a las tardes son iguales).
Jorge Luis Borges – Spinoza. (El otro, el mismo. 1964)
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A pesar del fondo rojo rojito de su logotipo, Commentary no es una publicación marxista:
Commentary es una revista mensual estadounidense sobre religión, judaísmo y política, así como temas sociales y culturales. Fundada por el Comité Judío Americano en 1945 bajo la dirección de Elliot E. Cohen (editor de 1945 a 1959), la revista Commentary se convirtió en la principal revista de asuntos judíos de la posguerra. El periódico se esforzó por construir una nueva identidad judía estadounidense mientras procesaba los eventos del Holocausto, la formación del Estado de Israel y la Guerra Fría. En su apogeo, la revista fue editada por Norman Podhoretz de 1960 a 1995. Además de su fuerte cobertura de temas culturales, Commentary proporcionó una fuerte voz a la izquierda antiestalinista. Podhoretz, originalmente un demócrata liberal convertido a neoconservador, movió la revista hacia la derecha y hacia el Partido Republicano en los años setenta y ochenta. Benjamin Balint ha descrito a Commentary como la «controversial revista que transformó la izquierda judía en derecha neoconservadora», mientras que, según el historiador y crítico literario Richard Pells, «ninguna otra revista del último medio siglo ha ha sido tan influyente o tan central en los principales debates que han transformado la vida política e intelectual de los Estados Unidos «. (Wikipedia).
Nunca se materializó el ofrecimiento del más estimado de mis profesores en 1967, quien me preguntó qué preferiría que me obsequiara: si una suscripción a Commentary o una de National Geographic. (Entonces opté decididamente por la primera).
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Un querido y respetadísimo amigo, de algún modo comprometiéndome, me hizo llegar un artículo en Commentary del 8 de este mes, pues opinó con reiteración: «Será bueno leer un comentario tuyo a ese enfoque. Tu comentario será de mucho interés». Ante su generosa presunción no me quedó otro remedio que prometer la lectura de la pieza y comentarla. Comienzo por transcribirla traducida:
Protestas, pandemias y sed de sentido
por Abe Greenwald
El activismo de justicia social que surgió a raíz del asesinato de George Floyd ha adquirido una atmósfera de culto religioso, pero cuenta con números mucho más grandes que los de un mero culto.
Miles de aliados de Black Lives Matter en Bethesda, Maryland, levantan sus manos hacia el cielo y repiten en tono monótono las solemnes promesas que su líder les gritara. En una reunión similar en Cary, Carolina del Norte, los devotos blancos de BLM se arrodillan y lavan los pies de los organizadores negros del evento. Un experto en justicia social aparece en CNN y anuncia que los niños blancos «no merecen inocencia». Y, para que no nos olvidemos del resto de la familia, un artículo de opinión en el New York Times sugiere enviar mensajes de texto a «sus familiares y seres queridos diciéndoles que no los visitará o que responderá llamadas telefónicas hasta que tomen medidas importantes para apoyar a las vidas de los negros. a través de protestas o contribuciones financieras».
Todos los días, nos despertamos con más evidencia de que hemos pasado a través de un agujero de gusano cósmico hacia una Corea del Norte con justicia social. ¿Cómo ha sucedido esto? ¿Por qué?
Aquí está el por qué: porque, al igual que en las películas, una pandemia global ha creado un ejército de zombis. Cuatrocientos años de maltrato a personas negras son un horror que bien merece protestas serias. Pero cien días de agotamiento de todas las verdades conocidas en la vida de las personas aseguraron que la protesta se viera como una conversión nacional a Raëlia.*
La pandemia de Covid-19 eliminó toda certeza de la existencia de las personas y las dejó inseguras de todo: lo que hacen, con quién deberían interactuar, lo que cualquiera sepa. Los días de la semana y las horas de esos días perdieron sentido. La gente ni siquiera podía confiar en el cambio de estaciones. Realmente no. ¿Qué había para marcar el comienzo de la primavera o el verano cuando tenías que quedarte en casa y escuchar sobre la muerte y la desesperación todo el día?
Además de todo, cualquier esperada reanudación de la vida normal ha sido empujada más lejos en el futuro. En otras palabras, millones de estadounidenses fueron destruidos, desprogramados psicológicamente y convertidos en reclutas de culto potenciales ideales. (Y no ayudó que se les negara la asistencia física a los servicios religiosos reales todo el tiempo). Vaciados de las cosas en las que habían confiado anteriormente para saber quiénes eran, incluida la presunta solidez del sistema estadounidense en el que participaban, la gente acudió a las protestas como si fuera la única cosa real en el mundo. Trajo propósito, estructura, enfoque moral y un nuevo norte verdadero a millones de vidas sin forma.
«Cuando sientes que tu identidad no es estable, o no estás realmente seguro de quién eres, entonces un culto lo hace simple», dice la psicóloga Perpetua Neo. Aún más importante, según la fallecida psicóloga y reconocida experta en cultos Margaret Singer, los cultos prosperan «durante las fallas en la estructura y las reglas de la sociedad prevaleciente». Recién estamos comenzando a salir de un colapso social como nunca antes habíamos presenciado.
Todo esto explica por qué este momento de protesta se siente tan diferente de otros en nuestro pasado reciente. Es por eso que la gente que antes fuera sobria ahora dice cosas alocadas. Es por eso que algunos estadounidenses se arrodillan ante otros. Es por eso que los lazos familiares están siendo pospuestos a favor de los objetivos del grupo. Y es por eso que la noble causa de los derechos civiles se está transformando en una teología autoritaria y oscurantista ante nuestros ojos.¶
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Esto es lo que opino de esa «tesis» («la noble causa de los derechos civiles se está transformando en una teología autoritaria y oscurantista»): que está sustentada sobre evidentes exageraciones. No son ciertas afirmaciones como éstas: «una pandemia global ha creado un ejército de zombis», «cien días de agotamiento de todas las verdades conocidas en la vida de las personas», «una conversión nacional a Raëlia», «La pandemia de Covid-19 eliminó toda certeza de la existencia de las personas y las dejó inseguras de todo». El Sr. Greenwald no puede mostrar ninguna medición seria que le permita afirmar que «la gente que antes fuera sobria ahora dice cosas alocadas». Seguramente puede encontrarse gente que antes fuera seria diciendo cosas alocadas, pero no toda la gente, «la gente».
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La escala de esta temporal alteración de la vida cotidiana es planetaria, sin duda, pero en un mundo mucho más poblado—7.700 millones de habitantes en lugar de 1.500 millones—y con mucho más contacto internacional que el de 1918, cuando murieron alrededor de 50 millones de personas (3,3%) por la Gripe «Española» que en verdad fuera gringa**, han muerto de Covid 19 unas 440.000 personas en más de doscientos países, o 0,0057% de la población mundial al 18 de junio de 2020, luego de algo más de medio año de los primeros casos en Wuhan. La tasa de mortalidad de hace un siglo es más de 500 veces la tasa de hoy.
Lo que sí es un factor que marca una gigantesca diferencia es la comunicabilidad actual. No hay servicio de noticias que no traiga, varias veces al día, alguna noticia o cifra relativas a la pandemia de estos días. También, naturalmente, del lado de la recepción hay cifras descomunales; se estima en 5.900 millones el número de teléfonos inteligentes activos en el mundo para este año. En Venezuela, a fines de 2017, se computaba en 16 millones la cantidad de teléfonos inteligentes en uso y a fines del año siguiente casi 19 millones de internautas, según cifras de Tendencias Digitales, filial de Datanálisis. (Ver El demos cabe en la red, 17 de octubre de 2019).
Es natural que la gente, con el marcadísimo aumento del ocio en el mundo, dedique mayor tiempo que el usual a explorar noticieros y redes sociales, y también a la cavilación. Hay mucho más pensamiento en el planeta que en noviembre del año pasado, lo que sin duda introduce con cada día que pasa cambios de importancia en las percepciones. Pero no puede atribuirse a un «culto» o secta la ola de cambios fundados en la toma de conciencia del asesinato de George Floyd; si acaso, son los propios tomadores de decisiones políticas en los Estados Unidos y algunos países europeos a los que se nota apresurados por introducir recientes refuerzos a la protección de los derechos humanos, en particular a los que son vulnerados por causa racial.
El efecto mariposa es un concepto que hace referencia en la noción del tiempo a las condiciones iniciales dentro del marco de la teoría del caos. La idea es que, dadas unas condiciones iniciales de un determinado sistema caótico, la más mínima variación en ellas puede provocar que el sistema evolucione en ciertas formas completamente diferentes. Sucediendo así que, una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, podrá generar un efecto considerablemente grande a mediano o corto plazo de tiempo. Su nombre proviene de las frases: “el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo” (proverbio chino) o “el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un Tsunami al otro lado del mundo” así como también “El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo”. Este nombre también fue acuñado a partir del resultado obtenido por el meteorólogo y matemático Edward Lorenz al intentar hacer una predicción del clima atmosférico. (Wikipedia en Español).
Hoy, cuando las tardes a las tardes son iguales, son miles de millones de mariposas lo que aletea en nuestros cráneos, y ningún comentario en Commentary puede aproximarse a los efectos de ese cambio multimillonario con una teoría sobresimplificada. LEA
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* El Movimiento Raeliano Internacional—también denominado como Raëlismo, Raëlianismo o Raël—, es una religión ovni que explica tras la racionalización de que no estamos solos en el universo ni que somos la raza más avanzada tanto política, social así como económicamente, que somos la creación de seres extraterrestres de una civilización mucho más avanzados que la nuestra llamados Elohim, siendo creada toda la vida sobre la Tierra mediante ingeniería genética. Según el credo raeliano, una combinación entre la clonación humana y la «transferencia mental» es en última instancia la forma de proveer a los humanos del don de la inmortalidad. (Wikipedia en Español).
** La pandemia de gripe de 1918, también conocida como la gripe española, fue una pandemia de gravedad, causada por un brote del virus Influenza A del subtipo H1N1. (…) Se considera la pandemia más devastadora de la historia humana, ya que en solo un año mató entre 20 y 40 millones de personas. (…) Recibió el nombre de gripe española porque la pandemia ocupó una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa, ya que no estaba involucrada en la guerra y por tanto no se censuró la información sobre la enfermedad. Aunque el origen del virus se acepta que fue Estados Unidos—fue el 4 de marzo de 1918 en Camp Funston, uno de los campamentos militares establecidos en Kansas tras el comienzo de la I Guerra Mundial donde se registró el primer caso—, un estudio de 2014 plantea la hipótesis de que el origen de una de las cepas letales del virus pudo estar en Madrid, aunque sin pruebas científicas de que esto fuera así. (Wikipedia en Español).
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 14, 2020 | Notas, Política |

El problema con el que todos convivimos
A Teunis Felipe Stolk
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El problema con el que todos convivimos es una pintura del artista estadounidense Norman Rockwell del año 1964. Está considerada una imagen icónica del Movimiento por los Derechos Civiles en los Estados Unidos. Describe a Ruby Bridges, una niña afroestadounidense de seis años, en su camino a la escuela primaria William Franz, una escuela pública para niños de piel blanca, el 14 de noviembre de 1960, durante la crisis de desegregación escolar de Nueva Orleans. Debido a amenazas y violencia contra ella, está escoltada por cuatro agentes federales. La pintura está encuadrada de tal manera que las cabezas de los agentes están recortadas en los hombros. En la pared detrás de ella está escrito el insulto racial «nigger» y las letras «KKK»; también se ve un tomate aplastado y salpicado lanzado contra la pared. Los manifestantes blancos no son visibles, ya que el espectador está mirando la escena desde su punto de vista. La pintura fue realizada al óleo sobre tela y mide 91 cm de largo por 150 cm de ancho. La pintura fue originalmente publicada el 14 de enero de 1964 en la revista Look.
Wikipedia en Español
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El vestido blanco de la pintura de Rockwell fue escogencia del artista para simbolizar la pureza de la niña, cuya integración en una escuela de Luisiana requirió la protección de los agentes federales. Como muestra una fotografía de la ocasión, Ruby usaba un uniforme distinto a la salida del establecimiento escolar, aunque una flor blanca adornaba su pelo:

Hace 60 años, Nueva Orleans alcanzó su población histórica máxima, como nos informa Google. Entonces la población de tez morena era casi el 60% del total:

Por sugerencia de Ruby Bridges, Barack Obama exhibió la pintura de Rockwell en un pasillo de la Casa Blanca entre julio y octubre de 2011. Tal vez habría hecho eso, en el mismo año de creación del cuadro, John Fitzgerald Keneddy, de no haber sido asesinado un año antes. (Como lo serían, en 1968, su propio hermano Robert y el catire Martin Luther King).

Ruby Bridges y Barack Obama observan el cuadro de Rockwell colgado en la Casa Blanca
Fue, pues, Norman Rockwell quien terminara complaciendo la petición de Andrés Eloy Blanco, que publicara en 1944—veinte años antes de la epopeya de Ruby Bridges—Píntame angelitos negros. Éstas son cuatro de sus estrofas:
Pintor de santos de alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos
no te acuerdas de tu pueblo,
que cuando pintas tus Vírgenes
pintas angelitos bellos,
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro.
Pintor nacido en mi tierra,
con el pincel extranjero,
pintor que sigues el rumbo
de tantos pintores viejos,
aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.
¿No hay un pintor que pintara
angelitos de mi pueblo?
Yo quiero angelitos blancos
con angelitos morenos.
Ángel de buena familia
no basta para mi cielo.
Si queda un pintor de santos,
si queda un pintor de cielos,
que haga el cielo de mi tierra,
con los tonos de mi pueblo,
con su ángel de perla fina,
con su ángel de medio pelo,
con sus ángeles catires,
con sus ángeles morenos,
con sus angelitos blancos,
con sus angelitos indios,
con sus angelitos negros,
que vayan comiendo mango
por las barriadas del cielo.
Acá suena la voz del poeta recitando su inmortal composición:
LEA
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Actualizaciones:
1. José Luis Revenga me ha recordado la canción Angelitos negros—compuesta por Manuel Álvarez Rentería—en la versión de la popularísima cantante Eartha Kitt. Hela aquí:
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2. The New York Times NOTICIA DE ÚLTIMA HORA En un fallo histórico, la Corte Suprema determinó que una ley de derechos civiles de 1964 protege a trabajadores L.G.B.T. de la discriminación. Lunes 15 de junio de 2020 10:22 AM EST El caso se refería al Título VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964, que prohíbe la discriminación laboral por motivos de raza, religión, origen nacional y sexo. El voto fue de 6 a 3, con el juez Neil M. Gorsuch como redactor de la opinión mayoritaria. Se le unió el Presidente del Tribunal Supremo, John G. Roberts Jr.
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