por Luis Enrique Alcalá | Feb 21, 2020 | Notas, Política |

Una etiqueta es siempre una sobresimplificación
A CISA
………
régimen Del lat. regĭmen. 1. m. Sistema político por el que se rige una nación.
Diccionario de la Lengua Española
………
El país, que sufre agudos dolores y privaciones, está atrapado en la tenaza de la perniciosidad del gobierno y la incompetencia de la oposición, mientras ambos se pegan mutuamente etiquetas en las solapas: ¡Dictadura! ¡Fascismo!
Etiqueta negra, 11 de abril de 2016
______________________________________
Ningún medio de comunicación venezolano se atrevió a llamar dictador a Marcos Pérez Jiménez antes del 23 de enero de 1958 pero, poco después de su caída, los periodistas ofrecían todo género de condenas a la glotonería de un pueblo que por mucho tiempo recibió sólo noticias que no disgustaran al oficialismo de la época. Fue por ese tiempo, creo, cuando empezara el empleo periodístico del término «régimen» como sinónimo de dictadura aunque, como muestra el epígrafe, en castellano es una palabra sin carga despectiva, enteramente neutra. Ése es el uso condenatorio que ha resucitado para referirse al gobierno presidido por Nicolás Maduro.
La época parece necesitada de etiquetas, algunas sustantivas (régimen, dictadura, derecha) y otras adjetivas (ilegítimo, fraudulento, golpista). El mecanismo psicológico subyacente al fenómeno ha sido diagnosticado desde hace tiempo:
La ritual execración de la figura presidencial proporciona al opositor adicto un progreso indirecto en la imagen ética que tiene de sí mismo. En efecto, mientras puedo hablar peor del Presidente, mientras más malvado lo encuentro, yo soy por implicación una mejor persona. Como no soy como él—¡Dios me libre!—entonces soy bueno. Mi bondad progresa relativamente, sin que yo haga mérito independiente, porque su maldad crece todos los días. Así obtengo satisfacción moral. (Enfermo típico, 26 de enero de 2006).
Un último comentario (otra reiteración) tomado de Diálogo digital (15 de febrero de 2019), entrada en este blog de hace un año y seis días:
Es frecuente escuchar que Maduro es el jefe de una “dictadura comunista”. Si lo fuera, es de las más benévolas de esa clase. Comparemos con Cuba; en el primer año y medio de la revolución, se había fusilado a unos 700 opositores o antiguos enchufados de Batista, y no quedaba una sola empresa privada en pie. ¿Es ése nuestro caso? Comparemos con Rusia, la soviética, con cifras más altas: se atribuye a Stalin la muerte de 9 millones de prisioneros políticos, sus compatriotas. Comparados con esos casos reales de “dictadura comunista” lo que nos acontece es una verbena. El problema político nacional no es taxonómico, no es uno de nomenclatura. Bautizar un problema no es resolverlo. La cosa no es decidir si Maduro es morrocoy o cachicamo.
El procedimiento de etiquetar es indudablemente cómodo; no requiere mucho análisis. Pero más allá de eso, hay quienes se sienten heroicos patriotas al emplearlo, creyendo que es su deber asumir en su habla cotidiana las etiquetas más reiteradas y ofensivas. Con frecuencia se añade, en referencia a la comunidad socialista que nos gobierna: «¡Esta gente es de lo último!» La cosa sería un problema de «falta de clase», y la solución sería por tanto conseguir, como propugnaba Juan Carlos Sosa Azpúrua en agosto de 2014, unos «militares decentes» que barran con esa gente «de lo último».
¿Es eso una política seria, responsable y eficaz? LEA
___________________________________________________________
por Luis Enrique Alcalá | Feb 6, 2020 | Notas, Política |

seguidor, ra 1. adj. Que sigue algo o a alguien. (Diccionario de la Lengua Española)
Lo que Ud. piensa y dice es formidable, luminoso pero, si me permite que lo diga, su problema es que no tiene un grupo.
Ramón J. Velásquez (citado en Hallado lobo estepario en el trópico, 28 de mayo de 2011)
_____________________________________________________________________________________________
A fines de 1984, el exministro Arturo Sosa me espetó: «Dime, carajito: ¿qué harías tú si tuvieras la fortuna de Rico MacPato y diez carajos que te sigan adonde tú digas?» Claramente, mi contestación no fue la que esperaba, pues le dije que probablemente montaría un periódico aunque hacía poco, el 7 de septiembre de ese año, le había anticipado por carta que me encontraba diseñando una organización política.
Recordé ese intercambio con Arturo Sosa el 10 de noviembre de 2018, en el programa #322 de Dr. Político en Radio Caracas Radio, para comentar la intervención de un oyente que suponía la existencia de «seguidores» míos. Creo que más bien Sosa suponía que pensaba entonces en una candidatura presidencial, a pesar de haberle escrito: «…varios crearemos una nueva sociedad política en y desde Venezuela. Una nueva sociedad política, no un partido. No una organización que sólo acierta a definirse si postula, casi en el mismo instante de su nacimiento, un candidato a la Presidencia de la República». En febrero del año siguiente (1985), el proyecto de asociación hacía eso imposible: «La Sociedad Política de Venezuela en ningún caso postulará a persona alguna para un cargo público electivo». De seguidas se explicaba: «…la Sociedad podrá emplear recursos financieros y técnicos en apoyo a la postulación de miembros suyos a cargos electivos, pero siempre y cuando los miembros en cuestión soliciten los recursos descritos luego de que hayan obtenido el apoyo de un grupo de electores. Este apoyo deberá expresarse en un número de electores aun superior al que determinen las actuales leyes electorales venezolanas como definición de grupo de electores». Poco después, se añadía dos condiciones más: 1. «Los miembros que aspiren al apoyo de la Asociación deberán haber completado un programa de formación análogo al descrito en la cláusula de operaciones estatutarias para autoridades y funcionarios de la Asociación» (esencialmente, en un taller de política clínica). 2. «Quienes aspiren al apoyo de la Asociación en su postulación para cargos públicos, deberán someter sus programas o plataformas a la consideración y evaluación de una comisión técnica provista por la Asociación según reglamentación que ella elaborará al respecto». (¿Ud. quiere ser Alcalde de Humocaro Alto? ¿Qué se propone hacer en ese cargo?)
………
Tampoco pensaba en un medio de comunicación como vehículo de una candidatura. Mientras ejercía como Editor Jefe de El Diario de Caracas, Hans Neumann me refirió cómo le habían visitado Allan Randolph Brewer Carías y Pedro Nikken (recientemente fallecido) para pedirle, en la Navidad de 1999, que «le diera un periódico» a Teodoro Petkoff. Comenté esto a Neumann en tres páginas de notas, de las que guardo imágenes de escáner, no un archivo de texto. Ésta es una de sus secciones:

Fragmento de facsímil de comunicación a Hans Neumann del 9 de enero de 2000
Como es sabido, Neumann fundó una nueva empresa editora que produciría el diario Tal Cual y, a pesar de que me dijo tres veces que estaba «muy satisfecho» con mi gestión en El Diario de Caracas, poco después me comunicó que cerraría este medio—lo que ocurrió en abril de ese año—porque no podía «mantener dos periódicos» y había decidido que la última misión de su vida sería la de derrotar a Hugo Chávez. (Irónicamente, la rotativa de El Diario de Caracas, propiedad de Neumann, había impreso desde sus inicios el desaparecido Correo del Presidente, diario de distribución gratuita que dirigiera Juan Barreto).
………
Cuando planteaba a Arturo Sosa que tal vez crearía un periódico, pensaba más bien en una función pedagógica. El proyecto de asociación que por entonces preparaba tenía como el primero de sus propósitos «Contribuir al enriquecimiento de la cultura y capacidad ciudadana del público en general». Así recordé en Catástrofe anticatastrófica (26 de febrero de 2018):
“…la actual crisis política venezolana no es una que vaya a ser resuelta sin una catástrofe mental que comience por una sustitución radical de las ideas y concepciones de lo político”. (De la presentación del Proyecto SPV). En Krisis – Memorias prematuras (1986), volvería sobre el concepto: “… la revolución que necesitamos es distinta de las revoluciones tradicionales. Es una revolución mental antes que una revolución de hechos que luego no encuentra sentido al no haberse producido la primera. Porque es una revolución mental, una ‘catástrofe en las ideas’, lo que es necesario para que los hechos políticos que se produzcan dejen de ser insuficientes o dañinos y comiencen a ser felices y eficaces”.
Nada de esto dije a Sosa; mi impensada respuesta a su insinuación de abundante apoyo a lo que pudieran ser mis planes políticos fue desechada de inmediato por él con estas palabras: «Eso no funciona; cuando hicimos el diario La Verdad lo que logramos fue un fracaso». (Sosa fue socio de ese periódico, editado en Caracas en la década de los sesenta como apuntara Luis Henrique Ball Zuloaga en una semblanza de Nicomedes Zuloaga hijo: «Fue uno de los grandes promotores de la candidatura presidencial de Arturo Uslar Pietri y ejerció el cargo de diputado en el antiguo Congreso Nacional, desde donde ejerció enérgicamente la defensa de la libertad individual y la libertad económica. Fundó el extinto diario ‘La Verdad’ para defender esos principios y durante años mantuvo una línea editorial que le costó no solo la enemistad de políticos intervencionistas sino también de muchos empresarios, de esos que siempre han vivido del compadrazgo y los subsidios que logran obtener a cuesta de los intereses nacionales»). Claro que una golondrina no hace verano; el fracaso de La Verdad no implicaba que otros intentos tendrían el mismo destino, como pude demostrar como Editor Ejecutivo del diario La Columna en Maracaibo, entre 1989 y 1990:
En un patio dominado por la presencia de Panorama, la hegemonía informativa de este periódico nunca había sido quebrada por otro diario; ni La Columna, que era más antigua, ni El Diario de Occidente, ni Crítica, ni El Nacional de Occidente, ni El Zuliano, habían podido hacer mella en un cuasi-monopolio que decidía el mundo que existiría oficialmente para los zulianos: el registrado en las páginas de Panorama. Pero La Columna nueva ya alcanzaba en febrero de 1990, a seis meses de su reaparición, una circulación pagada que superaba la de ese periódico en unos seis a nueve mil ejemplares diarios en la ciudad de Maracaibo; en abril alcanzaba (en ocho meses) el punto de equilibrio entre costos de operación e ingresos por publicidad (USA Today se conformaba con lograr esa meta en cuatro años) y en junio no hubo más remedio que reconocer su increíble proceso con el premio máximo del periodismo nacional. (La erección de una columna nueva, 27 de junio de 2010).
……
Y es que, además, la constitución de la Sociedad Política de Venezuela no requería la fortuna de Rico Mac Pato, pero mi torpe reacción desperdició el obviamente entusiasta ofrecimiento de Sosa. Creo que ella, más que un desinterés monetario, expresaba cierto desagrado con su prescripción: «diez carajos que te sigan adonde tú digas». Jamás me he visualizado con «seguidores», y si ellos son una condición infaltable del éxito político entonces no lo alcanzaré nunca. No procuro apoyo incondicional de nadie. De nuevo, en el proyecto de la Sociedad Política de Venezuela incluí una sección cuyo título era Consagración de la crítica, donde escribí:
La Sociedad Política de Venezuela realizará operaciones políticas que formen parte de programas establecidos explícitamente por ella. Estos programas surgirán de la inventividad política de sus miembros, no de un proceso deductivo que parta de algún texto supremo. Ya no es posible deducir la solución de los problemas sociales concretos a partir de supertextos cuasibíblicos, sean éstos encíclicas papales o los libros capitales del marxismo. La política no se deduce; la política se inventa y se escoge. La Sociedad Política de Venezuela instrumentará el ambiente necesario para dar alojamiento a la invención política y para que las proposiciones que por ella surjan puedan ser adoptadas luego del más estricto análisis y la consulta más amplia posible. Así, cualquier miembro podrá en cualquier instante elevar proposiciones programáticas a los órganos competentes de la Sociedad Política de Venezuela a fin de que éstas sean evaluadas y convertidas en programas si se las encuentra importantes y conmensurables con los recursos que pueda la Sociedad arbitrar. Cualquier miembro podrá hacer eso en cualquier momento, aún si se trata de proposiciones que aspiren a sustituir a programas vigentes de la sociedad. Para esto se instrumentará una normativa que permita la comparación crítica de proposiciones alternas o competidoras y que asegure un máximo de objetividad política tal como la definimos anteriormente. Por tanto, no será objeto de sanción de ninguna naturaleza aquel miembro que sustente una opinión diferente o aun opuesta a lo que sean los programas corrientes de la sociedad, puesto que creemos que es de la refutación constante de las ideas y las formulaciones de los hombres de donde proviene el progreso, en un incesante proceso de superación de las cotas alcanzadas por anteriores esfuerzos.
En el apéndice de ese mismo texto (Tiempo de incongruencia), se expuso: «El actor político tradicional parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia. El nuevo actor político, en cambio, tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra».
Luego concluía, el 8 de febrero de 1985:
Más de una voz se alzará para decir que esta conceptualización de la política es irrealizable. Más de uno asegurará que «no estamos maduros para ella». Que tal forma de hacer la política sólo está dada a pueblos de ojos uniformemente azules o constantemente rasgados. Son las mismas voces que limitan la modernización de nuestra sociedad o que la pretenden sólo para ellos. Pero también brotará la duda entre quienes sinceramente desearían que la política fuese de ese modo y que continúan sin embargo pensando en los viejos actores como sus únicos protagonistas. Habrá que explicarles que la nueva política será posible porque surgirá de la acción de los nuevos actores. Serán, precisamente, actores nuevos. Exhibirán otras conductas y serán incongruentes con las imágenes que nos hemos acostumbrado a entender como pertenecientes de modo natural a los políticos. Por esto tomará un tiempo aceptar que son los actores políticos adecuados, los que tienen la competencia necesaria, pues, como ha sido dicho, nuestro problema es que «los hombres aceptables ya no son competentes mientras los hombres competentes no son aceptables todavía». Porque es que son nuevos actores políticos los que son necesarios para la osadía de consentir un espacio a la grandeza. Para que más allá de la resolución de los problemas y la superación de las dificultades se pueda acometer el logro de la significación de nuestra sociedad. Para que más allá de la lectura negativa y castrante de nuestra sociología se profiera y se conquiste la realidad de un brillante futuro que es posible. Para que más allá de esa democracia mínima, de esa política mínima que es la oferta política actual, surja la política nueva que no tema la lejanía de los horizontes necesarios.
Seguramente es terquedad que siga creyendo que eso es lo correcto, y que no es correcto nada que sea imposible. LEA
___________________________________________________________
por Luis Enrique Alcalá | Ene 7, 2020 | Notas, Política |

Juan Guaidó, rodeado de diputados, hoy en la sede del Poder Legislativo
La comedia de los errores es una de las primeras obras de William Shakespeare. Es su comedia más corta y una de sus más absurdas, con una gran parte del humor que proviene de la payasada y la identidad equivocada, además de juegos de palabras. (…) En los siglos posteriores a su estreno, el título de la obra ha entrado en el léxico popular inglés como modismo para «un evento o serie de eventos ridiculizados por la cantidad de errores que se cometieron». (…) una serie de percances salvajes basados en identidades erróneas conduce a golpizas injustas, una seducción cercana, el arresto de Antipoles de Éfeso y falsas acusaciones de infidelidad, robo, locura y. posesión demoníaca.
The Comedy of Errors – Wikipedia
____________________________________
Debo admitir un estado anímico poco proclive al juicio clínico, desapasionado, de los últimos acontecimientos políticos nacionales, los que giran alrededor del inicio del último período de sesiones de la Asamblea Nacional elegida en diciembre de 2015. Dos días antes del 5 de enero, un íntimo y queridísimo amigo ha sufrido un accidente cerebro-vascular que lo mantiene inmovilizado en terapia intensiva y eso me ha producido, lo reconozco, un importante grado de angustia; sólo por eso, no estoy totalmente en mis cabales. Luego, los incidentes de esa fecha en el Palacio Legislativo y la sede del diario El Nacional me han causado pena ajena y no poca ansiedad ciudadana. Experimento inquietud y vergüenza por el mediocre espectáculo que escenifica la mayoría de nuestros actores políticos, una verdadera comedia—¿tragedia?—de equivocaciones.
Esto no es nuevo—a lo largo de dos décadas hemos sido testigos de enormes desatinos—y la causa principal del proceso es la abrumadora presencia política del chavismo-madurismo; por ejemplo, nos encontramos ya a casi dieciocho años de distancia del delirio de Pedro Carmona Estanga:
…sobre el 11 de abril hay más de una interpretación y, más fundamentalmente, porque varios procesos coexistieron en paralelo el 11 de abril. Esto es, no hay una explicación lineal, unidimensional, del 11 de abril. Pero aun si lo que hubiera ocurrido fuese tan sólo lo que el gobierno de Chávez pretende vender como única verdad, que el 11 de abril solamente ocurrió un golpe de Estado en Venezuela, esa ocurrencia sería resultado de las pasiones que Hugo Chávez se cuidó muy bien de excitar por todos los medios a su alcance. Hugo Chávez estuvo buscando la fiera atroz que anidaría, según Jardiel Poncela, en el alma de cada venezolano, desde el instante mismo que tomó posesión del gobierno y aun mucho antes. Por mucho menos de lo que ha hecho Chávez, muchos presidentes recibieron un golpe de Estado.
Tragedia de abril (El Carmonazo) – 14 de junio de 2002.
Más tarde sería Nicolás Maduro el principal responsable. A raíz del afortunadamente fallido atentado del 4 de agosto de 2018, comenté tres días más tarde en Nicolás Maduro y los dos drones:
Resulta verdaderamente lamentable que la inepta y desalmada gestión de Maduro haya suscitado la tentación criminal. No dispongo de información suficiente acerca del incidente peligrosísimo para el país—”Es en todo tiempo y lugar moralmente erróneo que cualquiera crea en algo sobre la base de evidencia insuficiente”, asentó William Clifford en La ética de la creencia—, pero tampoco puedo negar la existencia de la locura en focos más o menos autónomos de la oposición. En Huele a humo, 27 de junio de 2017, acerca de los explosivos lanzados por Oscar Pérez desde un helicóptero sobre el techo del Tribunal Supremo de Justicia, opiné: “…lo que es cierto es que esto es el país esculpido por Nicolás Maduro Moros”. En esa misma entrada dejé esta constancia:
…en la quincuagésima emisión del programa Dr. Político por Radio Caracas Radio (29/06/13), sugerí al presidente Maduro la utilidad de verse en el espejo egipcio, cuatro días antes de que los militares depusieran el gobierno de Mohamed Morsi, que el domingo pasado cumplió escasamente un año de haber sido electo. Ayer, diecisiete millones de egipcios protestaban su gobierno en muchas de las ciudades de Egipto, y ese enorme enjambre ciudadano forzó su término y la transición en circunstancias que llaman a la preocupación. Wael Ghonim, un respetado ícono cívico en Egipto que había apoyado a Morsi hace un año, lo acusó de polarizar y paralizar al país, y opinó así: “Ningún país avanza cuando la sociedad está dividida de este modo, y el principal papel del Presidente de la República es unir, pero, desafortunadamente, el Dr. Morsi, el Presidente de la República, ha fracasado miserablemente en este objetivo”.
Es Nicolás Maduro quien no ha dejado de citar al toro del atentado y… los toros embisten.
………
La oposición predominante, atomizada pero reunida en su repudio a Maduro, también ha contribuido muy suficientemente. (Ver en este blog La historia desaparecida, 2 de abril de 2017). Fue Henry Ramos Allup quien desenterrara el hacha de guerra, el mismo día de la instalación de la Asamblea (5 de enero de 2016), al declarar que era propósito del cuerpo legislativo «la cesación de este gobierno». Esa dinámica confrontacional entre los poderes principales de la República existe, pues, desde hace cuatro años, y fue la oposición quien la estableciera, aunque entonces se predicara como una «salida constitucional, democrática, pacífica y electoral». (Los alegatos que Guaidó esgrimiera durante el año recién concluido no se distinguen precisamente por ninguno de esos rasgos).
Es doloroso contemplar la escena de militares que impidieron la entrada de diputados a la sede de la Asamblea, incidente que provocara la pertinente declaración de Juan Guaidó: «No son los militares quienes deciden quién es diputado y quién no, es el pueblo de Venezuela». Pero él no parece tomar en cuenta que es igualmente el Pueblo el que decide quién es y quién no el Presidente de la República. No le toca a la Asamblea Nacional, no le toca al diputado Guaidó calificar falazmente la presidencia de Nicolás Maduro como «usurpación». (Ver Más usurpador será usted, 23 de enero de 2019).
Es el Pueblo, lo diré una vez más, el único actor capaz de disolver tan destructiva dinámica. No puede ser más urgente el llamado a que se pronuncie en referendo; ningún otro agente es capaz de cortar nuestro pernicioso nudo gordiano. LEA
___________________________________________________________
por Luis Enrique Alcalá | Ene 6, 2020 | Notas, Política |

Momentos antes de la evaporación de la Torre Eiffel, inaugurada en 1889
Al más competente de los polemólogos* venezolanos: José Rafael Revenga
_________________________________________________________________________
En su pérdida de propósito, incluso en su abandono de los temas que más sinceramente abrazaron, Gran Bretaña, Francia y sobre todo, debido a su inmenso poder e imparcialidad, Estados Unidos permitieron que las condiciones se formaran gradualmente, las que llevaron precisamente al clímax que más temían. Sólo tendría que repetirse ese mismo comportamiento, bien intencionado pero miope hacia los nuevos problemas que con singular semejanza confrontamos hoy, para provocar una tercera convulsión de la cual ninguno podría vivir para contar la historia.
Winston Churchill –The Gathering Storm, uno de los seis tomos de su historia de la Segunda Guerra Mundial (1948)
………
No sé con qué armas se librará la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta se librará con palos y piedras.
Albert Einstein – Entrevista con Albert Werner (1949)
________________________________________________________
Ayer se publicó en la web de Gentleman’s Quarterly (México y Latinoamérica) una breve nota que comenzaba así:
La Tercera Guerra Mundial es tendencia en Twitter, miles de usuarios han estado hablando de ello, tras el conflicto internacional entre Estados Unidos e Irán, una vez que se diera a conocer que Estados Unidos asesinó al general de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, Qassem Soleimani, por lo que los usuarios de la red social se han encargado de compartir su opinión, sobre todo memes, a través de los hashtags #WWIII, #WorldWar3 y #WorldWarIII, los cuales ocupan las primeras 3 posiciones en tendencias de Twitter. (Tercera Guerra Mundial, ¿por qué todos hablan de ello y es tendencia en Twitter?)
Es esa guerra tema que preocupara a Elon Musk, el empresario tecnológico de automóviles eléctricos conducidos por inteligencia artificial y cohetes y naves interplanetarias, al menos desde hace algo más de dos años:
En las fechas del Día del Trabajo en Estados Unidos, por allá en septiembre de 2017, Elon Musk se encontraba tuiteando, reflexionando sobre la posibilidad de la Tercera Guerra Mundial. El famoso director ejecutivo de Tesla y de SpaceX se encontraba haciendo algunas predicciones de este tema, pues en aquel tiempo se había realizado una prueba con armas nucleares, hechas por Corea del Norte. Aunque en realidad lo que a Elon Musk le preocupaba era una posible guerra mundial gracias a la inteligencia artificial, pues dijo que Corea del Norte “debería estar abajo en nuestra lista de preocupaciones por el riesgo que implica para la civilización”, dijo Musk en un tuit que escribió aquella mañana en Twitter. “En mi opinión, la competencia por la superioridad en la inteligencia artificial a nivel nacional será la causa más probable de la Tercera Guerra Mundial”, expresó Musk en otro de sus tuits. Esta predicción la hizo en respuesta a un comentario hecho en esos días por el presidente de Rusia, Vladimir Putin, en donde dijo que “la inteligencia artificial es el futuro no sólo de Rusia sino de toda la humanidad” y dijo que “quienquiera que sea el líder en este campo será el gobernante del mundo”. En este momento, Estados Unidos, China y la India son los tres países más adelantados en el tema de la inteligencia artificial, según asegura Musk. Sin embargo, decía que otros países tratarán de alcanzarlos por cualquier medio. “Los gobiernos no tienen que seguir leyes normales. Obtendrán inteligencia artificial desarrollada por compañías a punta de pistola, si es necesario”. Musk acostumbra usar mucho Twitter, por lo que en otra ocasión Musk escribió creer que algún sistema de inteligencia artificial podría escoger comenzar una guerra “si decide que un ataque preventivo es el camino más probable para obtener la victoria”. (Elon Musk vio venir la Tercera Guerra Mundial en 2017, Alfonzo Tirado Quezada, 3 de enero de 2020).
Musk no sólo se ha ocupado de diagnosticar y pronosticar, también ha prescrito un tratamiento. Al año siguiente, participaba en el seminario South by Southwest, que tuvo lugar en Austin, la capital de Texas. Allí hizo más explícita la prescripción de una salida: la colonización de Marte para preservar una fracción de raza humana. A partir de ella, podrían regresar los colonizadores para repoblar una Tierra destruida:
«Es probable que haya otra edad oscura… particularmente si hay una tercera guerra mundial», dijo Musk durante las preguntas y respuestas. A corto plazo, una vez que la compañía esté lista con una nave espacial que sea capaz de hacer viajes cortos a Marte, Musk agrega que se necesitarán recursos empresariales para construir una base completa de industria que permita la existencia de la civilización humana. Una colonia en Marte llevaría adelante la cultura humana al mantenerse alejada de cualquier destino final que esté reservado para la Tierra. Musk agrega que la única forma de garantizar que las edades oscuras se acorten es tener humanos en otros planetas que puedan regresar a la Tierra y reconstruirse.
………
Alguien como el muy autorizado policy scientist Yehezkel Dror se ha preocupado del tema con mayor pertinencia científica y refinamiento cultural que Elon Musk:

Dror ha insistido sobre una posible y nueva guerra biológica, así como acerca del uso agresivo de robots:
El tema puede parecernos una exageración y tal vez pensemos que problemas como ésos no nos alcanzarán, así como el continente americano permaneció prácticamente intocado por los conflictos mundiales de 1914-18 y 1939-45. Pero esto es una ilusión:
Mucho se ha pensado, en una especie de convicción de invulnerabilidad final muy acusada en nuestro pueblo, que una conflagración nuclear en países del Hemisferio Norte (OTAN-Varsovia), si bien nos afectaría grandemente por el lado económico, al menos nos sería leve en cuanto a lo físico, a los daños por los efectos mismos de las explosiones, entre otras cosas por distancia y por factores naturales tales como el pulmón del Mato Grosso. Pero los modelos más recientes de meteorología nuclear nos muestran cómo nos veríamos directa e impensablemente afectados por un invierno artificial de proporciones cataclísmicas, que incluiría la traslación, por inversión de los ciclos eólicos normales, de nubes de hollín y polvo que harían barrera a más del 90% de la radiación solar incidente (con lo que muy pronto la superficie terrestre descendería a temperaturas de subcongelación) y de nubes intensamente radiactivas. (Para un caso base de un intercambio de 5.000 megatones, equivalente a la mitad del arsenal actual. Ackerman, Pollack y Sagan, Scientific American, agosto de 1984).
En LA IMPROBABILIDAD DE LAS PROPOSICIONES Respuesta de Luis Enrique Alcalá a Diego Bautista Urbaneja Debate Viso, Urbaneja, Alcalá – Revista Válvula, diciembre de 1984.
Roguemos porque no ocurran locuras, entre otras cosas porque hace nada se incendió una buena parte de la protectora selva amazónica (lo mismo que ahora sufren dramáticamente los australianos) y todavía Elon Musk no puede transportar un millón de terrícolas a Marte, que él estima la mínima población necesaria para repoblar el planeta. La gente del mundo está muy preocupada pues, como dice el refrán, a la tercera va la vencida. LEA
………
* polemología Del gr. πόλεμος pólemos ‘guerra’, ‘combate’ y -logía. 1. f. Estudio científico de la guerra como fenómeno social. (Diccionario de la Lengua Española).
___________________________________________________________
por Luis Enrique Alcalá | Dic 30, 2019 | Notas, Política |

El Poder Legislativo Nacional en sesión
Faltan sólo unos pocos días para que la Asamblea Nacional, elegida el 6 de diciembre de 2015, concluya el penúltimo año de su período constitucional de cinco años (iniciado el 5 de enero de 2016); esto es, para que agote las cuatro quintas partes de su tiempo útil. En este punto conviene preguntarse para qué ha servido; ¿cuáles logros puede exhibir? ¿Es que ha sido benéfica su actuación para el Pueblo de Venezuela?
Primero que nada, vale la pena recordar las expectativas que la oposición, reunida en la Mesa de la Unidad Democrática, vendió entusiasta e irresponsablemente. El archivo de audio siguiente corresponde a tres minutos de un programa especial de Y así nos va, grabado en Radio Caracas Radio el 18 de noviembre de 2014 y puesto al aire por la emisora el 30 de diciembre de ese año. Nehomar Hernández, ancla de RCR que me entrevistaba, hizo inventario somero de las expectativas creadas principalmente por voceros del partido Primero Justicia, luego de mi predicción de que la oposición alcanzaría una mayoría de diputados, un año y 18 días antes de la elección:
Fragmento Y así nos va – 18/11/14
«Haga la última cola»—para votar y elegir una mayoría de oposición en la Asamblea Nacional—fue consigna vendida con la explícita promesa de que la Asamblea en manos opositoras acabaría con las colas de consumidores en tiempos de desabastecimiento. En el primer día de diciembre de 2015, cinco días antes de la elección del cuerpo legislativo, Juan Pablo Olalquiaga, Presidente de la Confederación Venezolana de Industriales, profetizaba: «El reto de la Asamblea va a ser voltear la economía; de no hacerlo, la opinión pública la castigará rápidamente». Así ocurrió, y a estas alturas ese castigo ha alcanzado cotas vergonzantes, como registrara Meganálisis en encuesta recentísima:

Esa medición es explicable para un órgano que, en lugar de seguir lo pautado por el Art. 136 de la Constitución—“Cada una de las ramas del Poder Público tiene sus funciones propias, pero los órganos a los que incumbe su ejercicio colaborarán entre sí en la realización de los fines del Estado”—declaró la guerra frontal al Ejecutivo Nacional el mismo día de su instalación, el 5 de enero de 2016. (En su discurso inaugural como su Presidente, Henry Ramos Allup sostuvo que era un «compromiso no transable» de la Asamblea Nacional encontrar en el plazo de seis meses una forma de lograr «la cesación de este gobierno»). Luego solicitaría a la Organización de Estados Americanos la aplicación de la Carta Democrática Interamericana a Venezuela (siendo la Asamblea Nacional parte del Estado que sería suspendido de su condición de miembro). La siguiente presidencia, de Julio Borges, declaró el «abandono del cargo» (?) por parte de Nicolás Maduro y a mediados de 2017 nombró un Tribunal Supremo de Justicia (pretendidamente «legítimo», que ha hecho vida en el exilio) faltando a lo pautado en la Constitución, la que estipula la participación del Poder Ciudadano en su designación. Omar Barboza no se distinguió por desaguisados como ésos pero, al iniciarse el año que concluye, Juan Guaidó superó tales cotas de desvarío al autoproclamarse Presidente Encargado de la República con una interpretación falaz del Art. 233 de la Constitución, aprobar un inconstitucional «estatuto de transición» y sostener que la Carta Magna confiere a la Asamblea Nacional potestad de solicitar invasiones de fuerzas armadas extranjeras y que el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca no tiene tanto que ver con el uso de la fuerza como ¡con asuntos de ayuda humanitaria!
………
¿Qué ha hecho esta Asamblea Nacional opositora por el Pueblo de Venezuela? ¿Qué hará en el último año de su período de cinco? Ni siquiera ha servido como órgano de control; justamente al comienzo de sus funciones, el presidente Maduro presentó a consideración de la Asamblea Nacional su primer decreto declarativo de emergencia económica. La Asamblea presidida por Ramos Allup ignoró la Ley Orgánica de Estados de Excepción, que establece para la consideración legislativa de un instrumento tal un plazo de 48 horas sin previa convocatoria; tal omisión implicó la aprobación automática del decreto, consagrándose así la teoría de «la guerra económica» como explicación de nuestros males. Ramos Allup y José Guerra ofrecieron la excusa de que se había preguntado a Maduro por el plazo y éste les habría dicho que los diputados tenían ocho días. Bueno, uno no pregunta una cosa así al enemigo; el general Eisenhower no llamó al mariscal Rommel para preguntarle: «Dime, Edwin ¿de cuánto tiempo dispongo para desembarcar en Normandía? Tú sabes, para fines de relaciones públicas necesito avisar a los fotógrafos».
Pero el pretexto universal de impotencia ha sido el tratamiento de camisa de fuerza que el Tribunal Supremo de Justicia ha impuesto a la Asamblea Nacional, por haber desacatado su sentencia sobre los diputados electos por el estado Amazonas:
El TSJ no “impuso” el desacato a la Asamblea Nacional; fue este órgano el que decidiera, bajo la presidencia de Henry Ramos Allup, hacer caso omiso de la Decisión #260 de la Sala Electoral del máximo tribunal, emitida el 30 de diciembre de 2015. Dicha sala tramitó un recurso interpuesto contra la elección de los diputados electos en el estado Amazonas el 6 de diciembre de ese año, sobre la base de una grabación ampliamente difundida en medios de comunicación que presuntamente registró la admisión de la Secretaria de la Gobernación del Estado Amazonas de que “pagaba diversas cantidades de dinero a los electores para votar por candidatos opositores”. Siendo el hecho comunicacionalmente notorio, la sala ordenó “de forma provisional e inmediata la suspensión de efectos de los actos de totalización, adjudicación y proclamación emanados de los órganos subordinados del C.N.E. respecto de los candidatos electos por voto uninominal, voto lista y representación indígena en el proceso electoral realizado el 6 de diciembre de 2015 en el estado Amazonas para elección de diputados y diputadas a la Asamblea Nacional”. (Destacado en cursivas de este blog). Esto es, se trataba de una sentencia razonable, no definitiva, y ni la Asamblea Nacional ni la Mesa de la Unidad Democrática decidieron impugnar la decisión mediante los procedimientos de derecho contencioso electoral contemplados en la Ley Orgánica de Procesos Electorales. La Asamblea Nacional, en cambio, procedió a juramentar a tales candidatos. (Alegatos de diletante, 30 de septiembre de 2019).
Fueron juramentados no una sino dos veces por Ramos Allup. En ocasión de proponer la convocatoria de un referendo consultivo por la Asamblea que pudiera causar inapelablemente una nueva elección presidencial (Prontas Elecciones, 22 de octubre de 2016), este blog anticipaba:
El Tribunal Supremo de Justicia ha ignorado o suspendido las actuaciones del Poder Legislativo Nacional sobre la base de su desacato, al haber incorporado diputados cuya investidura el mismo tribunal declaró suspendida. Que desincorpore esos diputados, pues no son requeridos para formar una mayoría calificada de dos tercios; lo que se necesita es “el voto de la mayoría de sus integrantes”. (Lo más elegante sería que los diputados en cuestión soliciten ellos mismos a la directiva de la Asamblea su desincorporación).
Esto hicieron ellos veinticuatro días después, y la reacción de Ramos Allup fue la de limitarse a pronunciar estas palabras: «Hemos tomado nota»; nunca se ocupó de tramitar el levantamiento de la sanción. (Borges sí lo haría, pero un quisquilloso Tribunal Supremo de Justicia ha sostenido que la desincorporación tuvo que ser hecha por Ramos Allup). En Del armisticio como programa (11 de mayo de 2017), propuse lo siguiente:
El Tribunal Supremo de Justicia levantará las limitaciones impuestas a la Asamblea Nacional como consecuencia de su desacato a sentencia de su Sala Electoral, relativa a los diputados electos en 2015 por el estado Amazonas. Por una parte, esos parlamentarios han solicitado ellos mismos su desincorporación, y el Presidente de la Asamblea Nacional dirigió una sesión del 9 de enero de este año que decidió oficialmente la desincorporación de los mismos. Por la otra, el conjunto de decisiones del Tribunal declarando la nulidad de actos del Parlamento por tal motivo resulta excesivo; en todo caso, hubiera podido restringir su sanción a aquellos actos en los que hubieran participado y votado los diputados en discordia; específicamente, debe admitir como válida la elección del actual Presidente de la Asamblea, por cuanto los parlamentarios objetados no participaron en ella. (…) Adicionalmente, ordenará al Consejo Supremo Electoral la celebración de nuevas elecciones en el estado Amazonas para reparar su situación de representación inexistente.
Por supuesto, la cosa era dando y dando; también propuse allí que la Asamblea Nacional rectificara:
Primero. Así como la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, gracias a la decidida intervención de la fiscal Ortega Díaz, suprimió de sus infames sentencias 155 y 156 las partes más extraviadas y excedidas—que en la práctica significaban la completa anulación de la Asamblea Nacional—, debe ésta suprimir por acto expreso su peregrina declaratoria de abandono del cargo por parte del Presidente de la República del 9 de enero de este año.*
Segundo. La Asamblea Nacional debe retractar explícitamente—en resolución expresa (o al menos en comunicación de su Presidencia)—, del programa delineado por su anterior Presidente el 5 de enero de 2016, que es un “compromiso no transable” del Parlamento “buscar nosotros, dentro del lapso de seis meses a partir de hoy, una salida constitucional, democrática, pacífica y electoral para la cesación de este gobierno”. (“El Poder Legislativo Nacional reconoce que no es una de sus facultades o propósitos la cesación del gobierno presidido por el ciudadano Nicolás Maduro Moros, elegido en libres comicios el 14 de abril de 2013 para completar el período constitucional iniciado el 10 de enero de 2013”. (Plantilla del Pacto, 25 de abril de 2016).
………
En suma, la producción útil de la Asamblea Nacional en manos de los partidos de oposición ha sido poco menos que nula. ¿Pueden en conciencia sus diputados augurarnos un Feliz Año 2020? LEA
………
* Poco después de la supresión parcial de las sentencias 155 y 156, el propio Tribunal Supremo de Justicia e incluso el presidente Maduro excitaron a la Asamblea Nacional a resolver el asunto del desacato. Es interpretación estándar, para la renuencia de la Asamblea a arreglar este asunto, que la suspensión «provisional» de los tres diputados opositores y uno oficialista en Amazonas tenía por propósito—»lo que persigue el TSJ», «lo que busca Maduro»—romper la mayoría de dos terceras partes que permitiría decisiones más poderosas (como una moción de censura al Vicepresidente Ejecutivo de la República, lo que conlleva su remoción). Pero la mayoría opositora fue reducida, por la sentencia sobre la representación de Amazonas, de un total de 167 diputados con 112 de oposición a un total de 163 diputados de los que 109 son de oposición, y éstos siguen siendo las dos terceras partes de esa base reducida. La Asamblea presidida por Henry Ramos Allup nunca quiso probar una votación calificada con esos números.
___________________________________________________________
por Luis Enrique Alcalá | Dic 24, 2019 | Notas, Política |

En su primera presidencia
Hace exactamente diez años de la despedida de Rafael Caldera de este mundo de los vivos, y lo recuerda la mayoría de los venezolanos con agradecimiento. Alguien complicado en actividades subversivas esperó cobardemente hasta el fin de su segundo período presidencial para atreverse a atacarlo, en despreciable artículo del 9 de diciembre de 1998 en el que afirmaba: “el juicio de la historia será muy duro con la ya triste figura de Caldera”. A mi vez, escribí poco más tarde (18 de diciembre) Tiempo de desagravio en El Diario de Caracas. Allí puse entre otras cosas:
Personalmente no creo que tenga que agradecer nada del otro mundo a Caldera. De hecho, en los últimos años transcurrió entre ambos alguna corriente de velados disgustos mutuos. Por eso todo lo que tenga que agradecerle es a título de ciudadano. Acá creo sinceramente, y a pesar de que en mi personal evaluación pudiera tener razones de insatisfacción con él, que en tanto ciudadano tengo que agradecerle bastante. Creo que los ciudadanos de la República de Venezuela tenemos que agradecer mucho a Rafael Caldera.
Se ha celebrado como “justicia histórica” que Rafael Caldera haya sido el Presidente de la República al momento del deceso del Pacto de Punto Fijo. Hoy en día, cuando algunas de las previsiones de este pacto—como la de elegir a un miembro del partido del Presidente Electo como Presidente del Congreso—se han repetido, no es tan claro que Punto Fijo haya muerto, por lo menos no totalmente. Si bien puede hablarse en Venezuela de un deterioro de las élites como causa última del fenómeno chavista, en los comienzos de nuestra democracia sus “componendas” se dieron entre los mejores hombres públicos del país, que asentaron bases democráticas tan firmes que han soportado eventos tan poderosos como el Caracazo, el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992, la deposición constitucional de Carlos Andrés Pérez y la elección de Hugo Chávez Frías. Yo no creo, como se ha dicho, que “el juicio de la historia será muy duro con la ya triste figura de Caldera”. Ni siquiera creo que Caldera exhibe una triste figura; creo que exhibe una figura dignísima. Y creo también que el juicio de la historia le será favorable en general, con una dosis variable de crítica ante algunos de sus procedimientos y algunas de sus decisiones.
Se ha repetido hasta el punto de convertirlo en artículo de fe que Rafael Caldera fue elegido por segunda vez Presidente de la República por el discurso que hizo en el Congreso en horas de la tarde del 4 de febrero de 1992.* Esto es una tontería. Caldera hubiera ganado las elecciones de 1993 de todas formas. Sin dejar de reconocer que ese discurso tuvo, en su momento, un considerable impacto, Caldera hubiera ganado las elecciones porque representaba un ensayo distanciado de los partidos tradicionales cuando el rechazo a éstos era ya prácticamente universal en Venezuela y porque venía de manifestar tenazmente una postura de centro izquierda frente al imperio de una insolente moda de derecha.
De mediados de 1991 data una encuesta que distribuía la intención de voto entre los precandidatos de aquellos días de modo casi totalmente homogéneo. Rafael Caldera, Luis Piñerúa, Eduardo Fernández, Andrés Velázquez, absorbían cada uno alrededor del 20% de la intención de voto (con pequeña ventaja para Caldera) y un restante 20% no estaba definido o no contestaba. Se trataba de una distribución uniforme, indiferente, que a la postre iba a desaguar por el cauce calderista por las razones anotadas más arriba. Las elecciones de 1993 contuvieron dos ofertas sesgadas a la derecha en lo económico, la de Álvarez Paz y la de Fermín, y dos sesgadas a la izquierda, la de Velázquez y la de Caldera. Con este último ganó, si se quiere, una izquierda sosegada, puesto que los candidatos furibundos eran claramente Álvarez Paz y Velázquez, que llegaron detrás de los más serenos Caldera y Fermín. El pueblo no estaba tan bravo todavía.
Se ha dicho que la culpa de que Chávez Frías haya ganado las elecciones es de Rafael Caldera, porque el sobreseimiento de la causa por rebelión impidió la inhabilitación política del primero. Esto es otra simplista tontería. Al año siguiente de la liberación de Chávez Frías se inscribe una plancha del MBR en las elecciones estudiantiles de la Universidad Central de Venezuela, tradicional bastión izquierdista. La susodicha plancha llegó de última. Y la candidatura de Chávez Frías, a exactamente un año antes de las elecciones de 1998, no llegaba siquiera a un 10%. La “culpa” de que Chávez Frías sea ahora el Presidente debe achacarse a los actores políticos no gubernamentales que no fueron capaces de oponerle un candidato substancioso. Salas Römer perdió porque no era el hombre que podía con Chávez, y ninguna elaboración o explicación podrá ocultar ese hecho.
Caldera fue quien rehabilitó a los partidos de izquierda proscritos por Betancourt, con lo que se cerró el capítulo guerrillero de la década de los sesenta. Caldera fue quien sobreseyó la causa de los alzados de 1992, reinsertándolos, ya sin uniforme, dentro de la pugna civil. Caldera fue también quien tomó todas las previsiones para impedir la interrupción de la constitucionalidad, como pretendió hacerse poco antes de las elecciones de 1993.
Caldera fue objeto, al arranque de su gobierno, de los más despiadados y prematuros ataques por su postura en materia económica, resistente a las imposiciones paqueteras que se fundaban—otra vez el simplismo—en el dogmatismo neoliberal imperante. Resulta que ahora, no después que los venezolanos rechazábamos de todas las formas posibles tan simplistas esquemas, sino luego del desplome de las economías asiáticas, incluido el Japón, de la resistente gravedad económica rusa, del terrible proceso argentino, los propios economistas norteamericanos** reconocen que el mundo no es tan sencillo como lo creía Fukuyama y que el Fondo Monetario Internacional ha estado evidentemente equivocado.
………
La mezquindad sigue atacándolo después de muerto, echándole la culpa de nuestros males, como si incluso las patrañas protagonizadas por Juan Guaidó fuesen obra suya. Debe haber sido Rafael Caldera, verdaderamente, muy grande y poderoso para que sus efectos hayan sido tan numerosos como diversos.

De todo parece tener la culpa
Gracias, Dr. Caldera. Estaríamos mucho peor si Ud. no hubiera existido. LEA
………
* En horas de la tarde del 4 de febrero de 1992, Rafael Caldera habló a las cámaras del Congreso de la República en sesión conjunta. Entre las cosas que dijo se le critica este pasaje: “Es difícil pedirle al pueblo que se inmole por la libertad y por la democracia, cuando piensa que la libertad y la democracia no son capaces de darle de comer y de impedir el alza exorbitante en los costos de la subsistencia; cuando no ha sido capaz de poner un coto definitivo al morbo terrible de la corrupción, que a los ojos de todo el mundo está consumiendo todos los días la institucionalidad… El golpe militar es censurable y condenable en toda forma, pero sería ingenuo pensar que se trata solamente de una aventura de unos cuantos ambiciosos que por su cuenta se lanzaron precipitadamente y sin darse cuenta de aquello en que se estaban metiendo”. La misma fauna que cobra odiosamente a Caldera sus palabras, aplaude en Facebook éstas de Nelson Mandela: “La libertad es inútil si la gente no puede llenar de comida sus estómagos, si no puede tener refugio, si el analfabetismo y las enfermedades siguen persiguiéndole”. Manuel Alfredo Rodríguez dijo de ese discurso: “La piedra de toque de los hombres superiores es su capacidad para distinguir lo fundamental de lo accesorio y para sobreponerse a los dictados de lo menudo y contingente. Quien alcanza este estado de ánimo puede meter en su garganta la voz del común, y mirar más allá del horizonte”.
………
** En The End of Poverty (2005), expuso [Jeffrey Sachs, antiguo defensor del Fondo Monetario Internacional y sus amargas recetas]: “De algún modo, la actual economía del desarrollo es como la medicina del siglo dieciocho, cuando los doctores aplicaban sanguijuelas para extraer sangre de los pacientes, a menudo matándolos en el proceso. En el último cuarto de siglo, cuando los países empobrecidos imploraban por ayuda al mundo rico, eran remitidos al doctor mundial del dinero, el FMI. La prescripción principal del FMI ha sido apretar el cinturón presupuestario de pacientes demasiado pobres como para tener un cinturón. La austeridad dirigida por el FMI ha conducido frecuentemente a desórdenes, golpes y el colapso de los servicios públicos. En el pasado, cuando un programa del FMI colapsaba en medio del caos social y el infortunio económico, el FMI lo atribuía simplemente a la debilidad e ineptitud del gobierno. Esa aproximación, por fin, está comenzando a cambiar”. Él mismo era quien había cambiado, luego de que se pusiera de moda criticar al FMI (ver en este blog En el fondo un villano, para constatar la opinión de Joseph E. Stiglitz, Premio “Nobel” de Economía en 2001). (Apostilla a un texto defectuoso, 31 de diciembre de 2010).
___________________________________________________________
intercambios