En Facebook, una vez más

Pero no creen el uno en el otro

 

El amable y bien intencionado Ramón Escovar León inició en Facebook un debate con la siguiente afirmación: «Los errores cometidos por la MUD no se corrigen cambiando a Chúo Torrealba sino modificando la estrategia, lo que que debe ser producto de una serena autocrítica». Varios de sus corresponsales añadieron comentarios tan sinceros como bien encaminados. Entonces intervine, para sugerir primeramente la lectura de ¿Jesús Gorbachov? (1º de octubre de 2014) y Otra confesión de parte (14 de abril de 2016). Luego añadí estas contribuciones adicionales:

Hace muchos años ya que asemejé la MUD a un bote salvavidas según una definición de Enrique Jardiel Poncela. (Carta Semanal #194 de doctorpolítico, 13 de junio de 2006). O, más tarde, en el Post scriptum a Leopoldo è mobile qual piuma al vento (3 de junio de 2015): “La verdad es que López—Primero Justicia Popular, Redes Populares, Voluntad Popular; muy popular el muchacho—juega por su cuenta (también Ledezma y Machado; ver Ma. Corina y Shakespeare), y que sus iniciativas entusiasman a quienes obtienen satisfacción ritual y cotidiana—sobre todo en Facebook con la fórmula consabida: ‘Fulano se las cantó claritas. Excelente artículo. No tiene desperdicio’—en el más agresivo discurso antigubernamental. (Ver en este blog La arrechocracia). La verdad es que no hay unidad opositora, que nunca la ha habido sino circunstancialmente. Ya en 2006 se había recordado acá, en caracterización de la MUD, la definición de bote salvavidas que Enrique Jardiel Poncela propusiera en Para leer mientras sube el ascensor: ‘Lancha que sirve para que se ahoguen juntos los que se iban a ahogar por separado’”.

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De la madre de la Mesa de la Unidad Democrática, la fallecida señora Coordinadora Democrática—ver La torta, 11 de octubre de 2012, para una comparación de su dotación genética—, dije el 19 de agosto de 2004 tras el fracaso revocatorio: «Si tuviéramos, Dios no lo permita, un pariente con tan grave dolencia que ameritara la atención de toda una junta médica; si este cuerpo de facultativos intentase primero una cierta terapéutica y con ella provoca a nuestro familiar un paro cardiaco; si a continuación prescribe un segundo tratamiento que le causa una crisis renal aguda; si, finalmente, aplica aún una tercera prescripción que desencadena en nuestro deudo un accidente cerebro-vascular, con toda seguridad no le querremos más como médicos. Y ésta es la estructura del problema con la Coordinadora Democrática. La constelación que se formó alrededor de ella, no sin méritos que hemos reconocido, nos llevó primero a la tragedia de abril de 2002, luego a la sangría suicida del paro, finalmente a la enervante derrota del revocatorio. (Para no agregar al inventario una nutrida colección de derrotas menores). No hay vuelta de hoja. No podemos atender más nunca a esa dirigencia». (Bofetada terapéutica). Nadie hizo caso; más de uno procedió a condenarme.

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Y para quien pudiera pensar que sólo critico, cotéjese ¿Qué se debe hacer? (I), ¿Qué se debe hacer? (II) y ¿Qué se debe hacer? (y III). Y no se trata de afán destructivo; así concluí Política natural (19 de marzo de 2009): «Una cierta forma de hacer política—reptiliana: agresiva, territorial, ritual, jerárquica—está muriendo ante nuestros ojos. (¿Cómo puede ser uno territorial en Internet? ¿Quién es su jefe?) El anacrónico experimento de Chávez representa los últimos estertores de una política vieja que agoniza. Es la política del poder, que él lleva a su exacerbación; es la autodefinición política sobre un eje izquierda-derecha que ya no existe, a pesar del último pataleo de Bernard Henri-Lévy. (Left in Dark Times, 2008). Pero es la muerte de gigantes, sin los que nunca hubiéramos divisado la tierra prometida. Como tales ¿por qué tendrían que sentirse mal por haber sido enormes e indispensables? Ellos construyeron las posibilidades que hoy tenemos. No se justifica entonces que entorpezcan el progreso, pretendiendo que lo que hacen, cada vez de eficacia menor, es lo único posible. Nos deben la libertad de crear, como ellos mismos en su momento lo hicieron, una cosa distinta».

LEA

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Tres extractos y una premonición

Estamos a punto

 

En química, puede uno disolver más y más sólidos en una mezcla hasta que se alcanza el estado de saturación. Un solo cristal adicional puede entonces precipitar a todos los sólidos fuera de la solución. La historia reciente muestra que los eventos pueden ser precipi­tados en una forma análoga en sociedades en las que se acumulan dema­siadas tensiones. Lo que se requiere entonces es sólo un catalizador.

Bohdan Hawrylyshyn – Road Maps to the Future (1980)

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Desde el punto de vista de las posibilidades que provee una situación turbulenta, es necesario advertir que aumentan las probabilidades de éxito de aventuras que intencionalmente busquen cristalizar a su favor las múlti­ples tensiones existentes, siempre y cuando sean bien ejecutadas y den realmente salida a tales tensiones. (…)

Yehezkel Dror emplea, junto con un análisis riguroso, varias sugesti­vas imágenes para el enfoque del tema en «Cómo sorprender a la Historia» (How to spring surprises on history). Por ejemplo, nos recuerda a Maquiavelo para «considerar la posibilidad de convergencia entre oportuni­dades históricas raras (ocassione), que provee la historia (fortuna) y que pueden ser utilizadas por gobernantes que tengan las raras cualidades ne­cesarias (virtu).

Nuestra percepción popular incluye la expresión «en río revuelto ga­nancia de pescadores». No otra cosa es la percibida por líderes emergentes, distintos a los que militan en los partidos tradicionalmente poderosos de Venezuela. Es lo «revuelto» de la actual situación lo que ha estimulado la emergencia, en proporción jamás vista en Venezuela, de nuevos preten­dientes al trono de la esquina de Miraflores. (…) Es nuestra impresión que la situación actual de la política venezolana corresponde a la situación de saturación descrita anteriormente en los términos de Hawrylyshyn. Por esta razón pensamos que ninguno de los nombrados en esta lista tiene la potencialidad de ser el «catalizador» que cristalice, o mejor, canalice a su favor las tensiones. La gran mayoría de ellos ha tenido ya exposición pública suficiente, por lo que, si hubiera sido percibido alguno como el líder buscado, hace tiempo ya que se hubiera producido la estampida y hace tiempo ya que esto se hubiera manifestado en los registros de opinión pública.

No todas las personas perciben, no obstante, la situación de esa ma­nera, como inminencia de cambio radical. Sobre todo en personas de rela­tiva alta cultura política, y que pertenecen de algún modo a las élites políti­cas o económicas, es marcada la tendencia a considerar la situación como pasajera y resoluble mediante expedientes más o menos tradicionales. Esto es una tendencia relativamente común. Alexis de Tocqueville destaca, en L’Ancien Régime et la Revolution, la paradoja de la presencia evidente de los signos prerrevolucionarios y la ceguera de muchos de los actores socia­les de Francia en 1789: Ningún gran evento histórico está en mejor posi­ción que la Revolución Francesa para enseñar a los escritores políticos y a los estadistas a ser cuidadosos en sus especulaciones; porque nunca hubo un evento tal, surgiendo de factores tan alejados en el tiempo, que fuese a la vez tan inevitable y tan completamente imprevisto. (…) Las opiniones de los testigos oculares de la Revolución no estaban mejor fundadas que las de sus observadores foráneos, y en Francia no hubo real comprensión de sus objetivos aún cuando ya se había llegado al punto de explotar. …es decididamente sorprendente que aquellos que llevaban el timón de los asuntos públicos—hombres de Estado, Intendentes, los magistrados—hayan exhi­bido muy poca más previsión. No hay duda de que muchos de estos hom­bres habían comprobado ser altamente competentes en el ejercicio de sus funciones y poseían un buen dominio de todos los detalles de la adminis­tración pública; sin embargo, en lo concerniente al verdadero arte del Estado—o sea una clara percepción de la forma como la sociedad evolu­ciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro—estaban tan perdidos como cualquier ciudadano ordinario.

(Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, septiembre de 1987).

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La característica general de la política venezolana hasta ahora es que si usted está mejor preparado en el campo de las ideas, es más inteligente a la hora de buscar soluciones y tiene las ideas claras sobre lo que hay que hacer para sacar adelante el país, entonces usted ya perdió las elecciones.

Argenis Martínez

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En Poor Koko, John Fowles relata la violencia aparentemente gratuita que un intelectual hace brotar de un ladrón más bien inculto, provisto tan sólo de un barniz de catecismo marxista, a quien vence en una discusión. Precisamente porque había sido vencido por las palabras del intelectual, el ladrón reaccionó con violencia especialmente cruel. No hay nada tan humillante como una derrota intelectual.

Una vez un politólogo que ahora es político me propuso la siguiente cuestión para debatir: ¿cuál es el deporte más violento? Él proponía que era el fútbol el deporte más violento (él lo practica). Yo le sugerí considerar al ajedrez. En el enfrentamiento igualitario de dos inteligencias no caben las excusas. No se puede diluir la responsabilidad entre los varios miembros de un equipo, ni se puede argumentar que un defensor corpulento, mucho más grande que nosotros, nos ha impedido con tácticas sucias. No hay nada tan humillante como una derrota intelectual, y los intelectuales pueden ser particularmente crueles al infligirla.

Así, pues, hay un trasfondo de miedo en el rechazo a la posibilidad de un gobernante intelectual. Ante él se tiene tanta aprensión como ante la mujer que es la vez bella e inteligente en grado sumo. Mientras más brillante sea el intelectual más se le teme. Esto es hasta cierto punto natural. Puede con facilidad sentirse que una persona así tenderá al totalitarismo, basada en una conciencia egomaníaca que le haga pensarse superior a los demás. Pero si se es un verdadero intelectual se sabe que la inteligencia no es meritoria si no está al servicio de los demás, si no respeta y cree en la sabiduría superior del pueblo—“lo primero que debieran enseñar las escuelas de política es que el pueblo es más sabio y poderoso que el gobierno”—, si se cree inmune al error. Por fortuna, varios siglos de una ciencia más social y menos exclusiva, menos esotérica, han enseñado a quienes emplean sistemáticamente el pensamiento que las mejores teorías no son eternas.

Y si aún persiste la desconfianza puede adoptarse todavía otra estrategia. Puede acotarse y limitarse temporalmente el ejercicio del poder por el brujo. Respecto de los problemas del Estado venezolano “…en un lapso relativamente corto es posible modificar su organización, desencadenar su metamorfosis, para arribar, en un Estado diferente, a una disposición en la que los muy considerables talentos evidentes entre los venezolanos, puestos al servicio de la función pública, rindan resultados mucho más importantes y valiosos que los muy escasos que ahora obtenemos, desde que el paradigma político prevaleciente, la manera ordinaria de entender y hacer la política, los supuestos de nuestra política, comenzaran a ser impertinentes”.

Quizás sea una realidad paradójica que los problemas verdaderamente más fundamentales puedan ser resueltos más rápidamente que los problemas cotidianos de menor nivel. La evidente falla sistémica del Estado venezolano es algo que debe ser ciertamente resuelto con prontitud y en relativo corto tiempo. Creo difícil que los “hombres de acción” sean los llamados a acometer una reingeniería radical del Estado venezolano, obviamente aquejado por un catálogo casi completo de los problemas políticos conocidos en el mundo. El momento actual exige el rediseño de nuestro Estado. Exige, por tanto, pensamiento. Exige una manera diferente de entender la política. Exige, por tanto, un liderazgo ya no solamente programático, sino paradigmático. Y quienes pueden ejercer ese liderazgo no son otros que quienes encarnan el nuevo paradigma, y éstos se hallan entre quienes lo han inventado o ya lo han hecho suyo. Hasta que, reitero, ese nuevo paradigma haya permeado para generalizarse, y pueda confiarse de nuevo el gobierno a un nuevo político convencional

Puede pensarse, por consiguiente, en confiar este momento crucial de la política venezolana a quien «ya haya perdido» las elecciones porque “está mejor preparado en el campo de las ideas, es más inteligente a la hora de buscar soluciones y tiene las ideas claras sobre lo que hay que hacer para sacar adelante el país”. Hay quienes estarían dispuestos a asumir la tarea metamórfica y a completarla en lapso de no mucha duración.

Esto es posible en Venezuela. No digo que probable; afirmo tan sólo que es posible. La probabilidad irá en aumento, como ha venido siendo, con el crecimiento del mal. Pues si el próximo gobierno de Venezuela es un nuevo gobierno convencional o si, peor aún, es un gobierno de vindicta seudo-justiciera que se justifica con una interpretación interesada de los próceres del pasado, el problema político nacional se agravará aún más. Entonces llegará un momento en que Tío Tigre deba dejar el mando a Tío Conejo. Que la mera posibilidad pueda convertirse en realidad efectiva dependerá, a la larga, del ineludible aumento de conciencia de los Electores venezolanos en general. En un cierto punto del futuro forzarán el cambio. Que esto pueda darse en un plazo más corto dependerá de la lucidez de las élites de poder del país: de ésas que asignan oportunidades y recursos, y que podrían, en un salto de conciencia que les justificaría como tales élites, abrir las puertas a la incruenta revolución, a la revolución mental que la magnitud de los problemas exige.

(De héroes y de sabios, junio de 1998).

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Esa nueva manera de hacer política requiere un nuevo actor político. El actor político tradicional pretende hacer, dentro de su típica organización partidista, una carrera que legitime su aspiración de conducir y gobernar una democracia. Sin embargo, el adiestramiento y formación que imponen los partidos a sus miembros es el de la capacidad para maniobrar dentro de pequeños conciliábulos, de cerrados cogollos y cenáculos. Se pretende ir así de la aristocracia a la democracia. El camino debe ser justamente el inverso. Debe partirse de la democracia para llegar a la aristocracia, pues no se trata de negar el hecho evidente de que los conductores políticos, los gobernantes, no pueden ser muchos. Pero lo que asegura la ruta verdaderamente democrática, no la ruta pequeña y palaciega de los cogollos partidistas, es que ese pequeño grupo de personas que se dediquen a la profesión pública sean una verdadera aristocracia en el sentido original de la palabra: el que sean los mejores. Pues no serán los mejores en términos de democracia si su alcanzar los puestos de representación y comando les viene de la voluntad de un caudillo o la negociación con un grupo. No serán los mejores si las tesis con las que pretenden originar soluciones a los problemas no pueden ser discutidas o cuestionadas so pena de extrañamiento de quien se atreva a refutarlas.

Ese nuevo actor político, pues, requiere una valentía diferente a la que el actor político tradicional ha estimado necesaria. El actor político tradicional parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia. El nuevo actor político, en cambio, tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra.

De allí también su transparencia. El ocultamiento y el secreto son el modo cotidiano en la operación del actor político tradicional, y revelan en él una inseguridad, una presunta carencia de autoridad moral que lo hacen en el fondo incompetente. La política pública es precisamente eso: pública. Como tal debe ser una política abierta, una política transparente, como corresponde a una obra que es de los hombres, no de inexistentes ángeles infalibles.

Más de una voz se alzará para decir que esta conceptualización de la política es irrealizable. Más de uno asegurará que “no estamos maduros para ella”. Que tal forma de hacer la política sólo está dada a pueblos de ojos uniformemente azules o constantemente rasgados. Son las mismas voces que limitan la modernización de nuestra sociedad o que la pretenden sólo para ellos.

Pero también brotará la duda entre quienes sinceramente desearían que la política fuese de ese modo y que continúan sin embargo pensando en los viejos actores como sus únicos protagonistas. Habrá que explicarles que la nueva política será posible porque surgirá de la acción de los nuevos actores.

Serán, precisamente, actores nuevos. Exhibirán otras conductas y serán incongruentes con las imágenes que nos hemos acostumbrado a entender como pertenecientes de modo natural a los políticos. Por esto tomará un tiempo aceptar que son los actores políticos adecuados, los que tienen la competencia necesaria, pues, como ha sido dicho, nuestro problema es que “los hombres aceptables ya no son competentes mientras los hombres competentes no son aceptables todavía”.

Porque es que son nuevos actores políticos los que son necesarios para la osadía de consentir un espacio a la grandeza. Para que más allá de la resolución de los problemas y la superación de las dificultades se pueda acometer el logro de la significación de nuestra sociedad. Para que más allá de la lectura negativa y castrante de nuestra sociología se profiera y se conquiste la realidad de un brillante futuro que es posible. Para que más allá de esa democracia mínima, de esa política mínima que es la oferta política actual, surja la política nueva que no tema la lejanía de los horizontes necesarios.

(Tiempo de incongruencia, febrero de 1985).

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Podemos entender por sorpresa la ocurrencia de un hecho improbable, y ya a mediados de la década de los ochenta Yehezkel Dror había advertido: «La sorpresa se ha hecho endémica». Es usualmente lo negativo lo que nos sorprende—Berlusconi, Chávez, Trump—; pero también puede haber sorpresas positivas. Son tan improbables como las negativas; no son imposibles. «El maestro aparece cuando el discípulo está listo», y el Pueblo de Venezuela ha aprendido mucho en los años más recientes; listo está. LEA

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Un compromiso

La música de España

Una nueva proposición que apunta a salir anticipadamente del gobierno de Nicolás Maduro—convocatoria a «elecciones generales»—fue considerada someramente en el programa #233 de Dr. Político en RCR para desecharla. Luego, el suscrito asumió ante los oyentes un compromiso autoimpuesto: el de componer un programa nacional de desarrollo que sea considerado por los Electores (un «Plan de la Patria II»). Durante la transmisión se escuchó Liebestod (Muerte de amor) de Tristán e Isolda, ópera de Ricardo Wagner, y la Danza Ritual del fuego, que compuso Manuel de Falla para su famoso ballet: El amor brujo. He aquí el archivo de audio de la transmisión:

LEA

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El regalo

El libro ante el teclado

 

Hacia la 1:30 de la tarde de hoy recibí en mi casa el volumen Rafael Caldera: estadista y pacificador, por generosa remisión de Andrés Caldera Pietri. La obra de colaboración, editada por la Fundación Konrad Adenauer y la Universidad Metropolitana, es indispensable referencia para calibrar con justicia el significado del gran político venezolano, lo que sí es en verdad un legado. En ella escriben sobre este excepcional venezolano Rafael Tomás Caldera, Abdón Vivas Terán, Guillermo Aveledo Coll, Asdrúbal Aguiar, Tulio Álvarez, Horacio Biord Castillo, Beatriz Rodríguez Perazzo, Jair De Freitas, Rafael Mac Quhae, Tomás Straka, Francisco Javier Pérez, Ramón Guillermo Aveledo, Julio César Pineda, Manuel Donis Ríos, Edgardo Mondolfi Gudat, Hernán Castillo, René De Sola, Fernando Luis Egaña, Paciano Padrón, Laura Febres y Luis Bremo. (Rafael Ángel Rivas Dugarte trabajó la bibliografía, y Andrés Caldera Pietri y Napoleón Franceschi elaboraron otras referencias bibliográficas). Reproduzco a continuación el correo de agradecimiento que envié a los hermanos Caldera-Pietri. LEA

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Queridos Andrés y Rafael Tomás: hoy he recibido por gentil envío del primero de ustedes, el inestimable volumen que lleva por nombre Rafael Caldera: estadista y pacificador. Estoy agradecidísimo del obsequio, que planeo comentar en mi blog. (Les avisaré).

En veinte minutos he leído tres capítulos, en orden peculiar. Fui primero por el último, porque tengo recuerdos muy vívidos del evento que comenta: el debate Caldera-Úslar de la campaña de 1963. Fue bueno refrescar algunos de los puntos, pero para mí el bottom line de esa discusión fue lo que creo determinó el desenlace de la cosa a favor de vuestro padre. Úslar lo fustigaba porque COPEI había participado en el gobierno de Betancourt (un compromiso asumido para el apuntalamiento de una democracia que nacía); según el humanista tal cosa equivalía a haber pactado con el demonio comunista que sería Acción Democrática. Entonces Caldera señaló tranquilamente dos puntos: 1. que el partido de Medina, del que Úslar era líder importantísimo, había pactado con los comunistas en las elecciones municipales de 1941; 2. que durante el gobierno medinista Venezuela había establecido relaciones diplomáticas con la Unión Soviética. Úslar no quiso darse por aludido respecto de lo primero, pero de lo segundo ofreció como excusa esta enormidad: «Las relaciones con la URSS se establecieron por presión abierta y expresa del gobierno de los Estados Unidos». Esto es, Úslar admitía que la política exterior de Medina no se fijaba con autonomía. Inconsistentemente, el partido de la campana iría a hacer lo que criticaba a COPEI, al formar no más concluir las elecciones el «Gobierno de Ancha Base» bajo la presidencia de Leoni, adeco, la encarnación del demonio comunista. El oportunismo es pecado que se consigue en gente cultísima.

Después fui en busca de la claridad doctrinaria de Rafael Tomás en el capítulo primero. Pedagógicamente escrito, con tranquila implacabilidad, expone la constancia en la fe, en una vida consistente como sólo la ha ofrecido entre nuestros políticos Rafael Caldera. En Estudio copeyano escribí en octubre de 1994 (el primer año de su segundo gobierno): «Así, la dimensión ideológica, el compromiso con un código de valores, quedan en la esfera de la persona individual. Rafael Caldera no puede, como no podrían Luigi Sturzo o Konrad Adenauer redivivos, garantizar que un contingente humano heterogéneo, como es la militancia copeyana, va a comportarse ‘socialcristianamente’. Él puede garantizar esa conducta únicamente de sí mismo». En agosto de ese mismo año había puesto en Para entender a Caldera: «…en Caldera se tiene a un político que, junto con muy pocos otros, procede políticamente con arreglo a sus principios doctrinarios. Caldera es un demócrata cristiano auténtico, como hay unos cuantos en COPEI y unos cuantos también fuera de sus filas. (…) La clave para entender a Caldera está en la lectura del muy sencillo código principista de la democracia cristiana original, del que nunca se ha desviado…» Uno de los intertítulos de ese trabajo que inaugura el libro lo dice todo: Una vida coherente.

Por último, mi sesgo profesional me llevó a leer el trabajo de Beatriz Rodríguez Perazzo, Rafael Caldera: científico social. Nadie menos que Georges Gurvitch lo distinguió como el importante sociólogo que era al confiarle uno de los capítulos en su obra en dos tomos: Sociología del Siglo XX, que tuve en la edición castellana de 1965. Como si no hubiera hecho nada en Política y Derecho, fue en una época el primero de nuestros sociólogos, eximio profesor de Sociología del Derecho en la UCV, en brillante papel pedagógico recordado por sus muchos alumnos.

Pero aun antes, sin abrir todavía el volumen, me puse en «plan Balmes». (Una vez me contaron que Jaime Balmes tenía una rutina invariable al enfrentarse a un nuevo libro que alguien otro hubiese escrito. Miraba fijamente el título de la obra antes de apartarla, para decidir qué habría dicho él bajo ese título. Sólo después de esa meditación iba a las páginas, y si el libro no se encaminaba por el rumbo que había pensado lo desechaba). Bueno, no hice eso, pero sí reflexioné sobre el título—Estadista y Pacificador—para decidir que era hasta cierto punto redundante; vuestro padre fue pacificador porque era precisamente un estadista quien nos gobernaba en circunstancias que clamaban por la paz, el más grande, completo, democrático, benéfico, profundo, coherente estadista de toda nuestra historia republicana.

Estoy en deuda con ustedes… y con él.

Abrazos

Luis Enrique

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Criterios inconstantes

¿Alineaditos?

 

Reporta hoy Dick Torres en la web de El Universal:

El secretario general de Acción Democrática, Henry Ramos Allup, dijo que su partido le advirtió a los líderes de la alianza Mesa de la Unidad Democrática (MUD) que no aceptará las propuestas planteadas por el grupo de mediadores para reactivar el diálogo entre el Gobierno y oposición. (…) Ante una multitud de seguidores, Ramos precisó que AD no aceptará las 21 propuestas planteadas por los mediadores por considerar que “la única forma para salir de la actual situación política y económica del país es mediante presión de calle para exigir al Consejo Nacional Electoral, la fecha de las elecciones regionales”. Ramos dijo que el documento entregado por los facilitadores del diálogo es un texto “larguísimo”, y sin precisar detalles de su contenido argumentó que AD no lo va a firmar tras argumentar que son muchas las exigencias de la oposición que, a su juicio, el Gobierno no las va a cumplir.

Quizás resista el dirigente adeco leer textos «larguísimos» aunque sean importantes, pero hace casi un año Ramos Allup postulaba otra «única» salida:

…durante un conversatorio llevado a cabo la tarde de este miércoles en la Universidad Metropolitana, dijo que “La salida de Nicolás Maduro del Poder Ejecutivo sólo es posible mediante una enmienda constitucional“. Allup considera que las opciones de referéndum revocatorio y renuncia son consideradas la primera muy engorrosa y la segunda considera que es imposible que ocurra. (Notitotal, 4 de febrero de 2016).

En aquel momento, coincidía con su posición Jesús Torrealba: “El referendo es muy engorroso (…) la enmienda y la reforma serían los más manejables”. (El Mundo, 3 de febrero de 2016). Cantaban a dúo; ambos torpedeaban entonces la opción revocatoria, pues habiéndose adueñado Henrique Capriles Radonski de la franquicia de la revocación (que en ningún caso inventó), no querían que las acciones políticas de éste subieran de valor. Por esto comenzó tarde la movilización opositora para activar el referendo revocatorio*, perdiéndose tres meses preciosos que a la postre harían mucha falta.

Ya no están tan alineados. Torrealba publicó ayer en la web de la Mesa de la Unidad Democrática 23 notas sobre el 23 de enero; dijo en la 18ª:

18.-Tras todos estos logros del tantas veces despreciado “gradualismo”, llegamos al 23 de Enero de 2017, luego de pasar todo el 2016 sufriendo los efectos de una recaída en el inmediatismo, en la que algunos ofrecieron resultados “en seis meses”, promoviendo la activación de mecanismos que suponían “convocar elecciones en 30 días”. Alguien incluso llegó a decir “si no salimos de esto en 2016, en 2017 no cuenten conmigo”. Se suponía que eso era “radical”.

Los «algunos» que ofrecieron resultados en seis meses no son otros que los siameses Ramos & Allup, por supuesto, el 5 de enero de 2016 en su discurso inaugural como presidentes de la Asamblea Nacional, y es ahora cuando un Torrealba repentinamente locuaz denuncia eso como inmediatista, y quien dijo que no contaran con ella si no se salía «de esto» en 2016 era María Corina Machado. Torrealba parece necesitar, por alguna razón (?), mostrarse como crítico de connotados líderes de la Mesa de la Unidad Democrática. Hace una semana justa declaraba que la situación del país “no se resuelve con un ‘chasquido de dedos’, o con invocar, convocar, impulsar o activar un determinado ‘mecanismo’ (…). Con todo el respeto del mundo, eso es casi pensamiento mágico”. De esta manera criticó las “contradicciones” que se registran en el seno de la oposición, entre quienes aseguran que “esto es dictadura y por otro lado dicen ‘aprobamos esto en la Asamblea Nacional, levantamos la mano y en 30 días hay elecciones”. (El Universal, 16 de enero de 2017). También diría un día después: «la coalición opositora debe fortalecer los partidos políticos y convertirse “en una unidad de propósitos”. (Ramos Allup, el 9 de marzo de 2011 en entrevista del diario Ciudad Ccs, afirmaba sobre la coalición opositora: “La política suele hacer extraños compañeros de cama. Hoy compartimos propósitos, no ideales ni visiones”. Si esto fuera así ¿a qué viene la recomendación de Torrealba?) El Secretario Ejecutivo de la MUD expresó que algo así se requería para «recuperar la confianza»—Torrealba: Restructuración de la MUD busca recuperar la confianza—lo que obviamente es un explícito reconocimiento de la pérdida de confianza en la organización que él mismo coordina.

Ese adelgazamiento de la confianza en la MUD se hizo patente hoy, en la débil manifestación que ella organizara para marchar hasta el Consejo Nacional Electoral. (El Nacional, 11 de enero: Meganálisis obtuvo el dato de que “85% de las personas no confían en que las movilizaciones opositoras permitan cambiar el gobierno”). Reporta El Universal:

«Cívicamente y en paz entregamos un documento exigiendo elecciones de gobernadores, elección de alcaldes y que se avance en la discusión (…) del legítimo pedimento (petición) del pueblo venezolano de un adelanto de las elecciones presidenciales», dijo a los medios el secretario ejecutivo de la alianza opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Jesús Torrealba.

«Se avance en la discusión», le dijeron por escrito a Luis Emilio Rondón (una quinta parte de los rectores del CNE), a quien han podido enviarle la nota por correo electrónico sin necesidad de movilizar gente, que hoy no fue ni la sombra de la que se reunió el 1º de noviembre de 2016. No corresponde a los acompañantes extranjeros, Nuncio Apostólico incluido, hacer las labores de los «dirigentes» de la oposición, que podrían entender que está en manos del Pueblo, convocado por la Asamblea Nacional, forzar el adelanto de elecciones presidenciales. (Ver Prontas elecciones, 22 de octubre de 2016). Ninguna «discusión» puede adelantar elecciones sin una decisión expresa del Poder Constituyente Originario.

En todo caso, Ramos Allup se conforma ahora con una fecha para las elecciones de gobernadores. Citemos de nuevo: “la única forma para salir de la actual situación política y económica del país es mediante presión de calle para exigir al Consejo Nacional Electoral, la fecha de las elecciones regionales”. ¿Cuántos gobernadores creerá qué serían adecos? ¿Cómo piensa que los nuevos gobernadores resolverían «la actual situación política y económica»? Estaríamos dispuestos a escuchar su explicación, aunque fuera larguísima. LEA

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*En respuesta del 4 de octubre de 2014 a un comentario del día anterior por el Sr. Cristian Uzcátegui a ¿Jesús Gorbachov?, ya se advertía acá: «En un año que llegará dentro de menos de tres meses, el reto es conseguir que el oficialismo pierda su control sobre la Asamblea Nacional. Luego, y dependiendo de la marcha de las cosas, puede intentarse la convocatoria de un referendo revocatorio en un año y tres meses, a partir del 10 de enero de 2016″. Poco después, el 15 de noviembre de ese año, se pronosticó en el programa #119 de Dr. Político en RCR que la mayoría de la Asamblea Nacional quedaría en manos opositoras. Lo que fui incapaz de anticipar fue la torpeza estratégica y táctica de la dirigencia de la MUD y la Asamblea, y tampoco el grado de la pugnacidad intestina de ella misma. Vale.

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