El pecado y no el pecador

 

Las personas no son lo mismo que los hechos

 

En un tiempo de oscuridad, es esencial ser cauteloso y reservado. Uno no debiera despertar innecesariamente una enemistad abrumadora comportándose desconsideradamente. En un tiempo así uno no debe incurrir en las prácticas de otros, pero tampoco arrastrarlos a la luz censurándolos. En las relaciones sociales uno no debiera tratar de saberlo todo. Debe dejar pasar muchas cosas sin dejarse engañar.

I Ching – Hexagrama 36. Oscurecimiento de la luz

___________________________________________________

 

En el caso de este comentario, no uno sino dos pecadores permanecerán anónimos, pero creo de considerable importancia clarificar sus errores, dado que lo que dicen afecta a la ya muy atribulada vida de la Nación. El primero ha dicho: «Supraconstitucional son los reyes absolutos, supraconstitucional es Stalin, es Fidel Castro, es Mao Tse Tung, son los dictadores de derecha, por encima de toda Constitución estoy yo. Eso es supraconstitucional».

¿Ha dicho ese pecador algo que no sea cierto? No; los reyes absolutos, Stalin, Castro, Mao Zedong (antes Tse Tung) y los dictadores de derecha se han creído colocados por encima de sus respectivas constituciones; «El Estado soy yo», decía Luis XIV, la cumbre del absolutismo monárquico. El pecado es en cambio de omisión, porque quien dijera lo citado desconoce o ha olvidado o no está de acuerdo con la piedra fundamental de la constitucionalidad venezolana: que el Pueblo, en su carácter de Poder Constituyente Originario, el único con ese carácter, no está limitado por la Constitución. El Pueblo es el único poder supraconstitucional, y no es el Pueblo un rey absoluto ni un dictador de derecha, ni puede asimilárselo a los dictadores de izquierda en la Unión Soviética, Cuba o China. (El Pueblo, sin embargo, está limitado por los convenios con soberanías equivalentes en los que la República haya entrado válidamente y, muy fundamentalmente, por los derechos humanos, que no son únicamente los establecidos en la Constitución; ella misma estipula en su Artículo 23: «Los tratados, pactos y convenciones relativos a derechos humanos, suscritos y ratificados por Venezuela, tienen jerarquía constitucional y prevalecen en el orden interno, en la medida en que contengan normas sobre su goce y ejercicio más favorables a las establecidas por esta Constitución y la ley de la República, y son de aplicación inmediata y directa por los tribunales y demás órganos del Poder Público»).

Quien hablara así de lo que es supraconstitucional ignora o prefirió ignorar tal doctrina de la supraconstitucionalidad popular, que fuera definida decisivamente por la Sala Político-Administrativa de la Corte Suprema de Justicia en su Sentencia #17 del 19 de enero de 1999:

Nuestra Carta Magna, no sólo predica la naturaleza popular de la soberanía sino que además se dirige a limitar los mecanismos de reforma constitucional que se atribuyen a los Poderes Constituidos, en función de constituyente derivado. Así, cuando los artículos 245 al 249 de la Constitución consagran los mecanismos de enmienda y reforma general, está regulando los procedimientos conforme a los cuales el Congreso de la República puede modificar la Constitución. Y es por tanto, a ese Poder Constituido y no al Poder Constituyente, que se dirige la previsión de inviolabilidad contemplada en el artículo 250 eiusdem. De allí que cuando los poderes constituidos propendan a derogar la Carta Magna a través de «cualquier otro medio distinto del que ella dispone» y, en consecuencia, infrinjan el limite que constitucionalmente se ha establecido para modificar la Constitución, aparecería como aplicable la consecuencia juridica prevista en la disposición transcrita en relación con la responsabilidad de los mismos, y en modo alguno perdería vigencia el Texto Fundamental. Sin embargo, en ningún caso podría considerarse al Poder Constituyente originario incluido en esa disposición, que lo hada nugatorio, por no estar expresamente previsto como medio de cambio constitucional. Es inmanente a su naturaleza de poder soberano, ilimitado y principalmente originario, el no estar regulado por las normas jurídicas que hayan podido derivar de los poderes constituidos, aun cuando éstos ejerzan de manera extraordinaria la función constituyente. (…) Ello conduce a una conclusión: la soberanía popular se convierte en supremacía de la Constitución cuando aquélla, dentro de los mecanismos jurídicos de participación decida ejercería.

El suscrito había postulado, el año anterior a la redacción de la crucial sentencia, precisamente esa supremacía popular y encontrado un defecto de redacción de la Constitución de 1961 que, sorprendentemente, había pasado inadvertido hasta entonces:

Es preciso reformar la Constitución de 1961 para que pueda convocarse una constituyente (Brewer-Carías y otros), pues hay que preservar el “hilo” constitucional. Incorrecto. El artículo 250 de la constitución vigente, en el que fincan su argumento quienes sostienen que habría que reformarla antes, habla de algo que no existe: “Esta Constitución no perderá vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o fuere derogada por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone”. El texto de 1961 no dispone de medio ninguno para derogarla. Sólo menciona enmiendas o reforma general. No prescribe medio alguno para sustituirla por conceptos constitucionales cualitativamente diferentes. Además, el Poder Constituyente, nosotros los Electores, estamos por encima de cualquier constitución. Si aprobamos la convocatoria a una constituyente eso es suficiente. (Contratesis, artículo para La Verdad de Maracaibo del 13 de septiembre de 1998).

Hubo quien sostuviera sobre la base de aquel artículo—ver en este blog Lógica anecdótica (17 de mayo de 2017)—que Pedro Carmona Estanga eliminó justificadamente la Asamblea Nacional y el Tribunal Supremo de Justicia porque, dado que la Constitución de 1961 no podía ser derogada por una constituyente que ella no dispuso, esos órganos no existían; la misma Constitución de 1999 ¡no existía!

………

El segundo pecador es reincidente; acaba de decir:

Cuando en enero de 1999 se dictó una sentencia—inspirada en Carl Schmidt—que abrió la puerta, en nombre del poder originario, al referendo consultivo y luego a una nueva Asamblea Constituyente, se dio un golpe de gracia al Estado de derecho en el país. Pocos parecieron advertirlo. Entre ellos, Rafael Caldera, que se opuso públicamente—ya dejada la primera magistratura—a la realización de ese referendo. La muerte del Estado de derecho traería consigo, de manera progresiva, la ruina de las instituciones. (…) Al cortar la raíz del Estado de derecho, la vida social no podía menos que descomponerse, como se descompone cualquier organismo al morir. Una descomposición progresiva que alcanza hoy extremos de verdadera disolución.

Bueno, en primer lugar, cuando se promulgó la sentencia mencionada Caldera no había dejado aún «la primera magistratura»; la decisión del recurso de interpretación acerca de si podía emplearse el novísimo Artículo 181 de la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política para consultar al Pueblo si quería elegir una asamblea constituyente fue tomada, como está dicho, el 19 de enero de 1999, y Caldera entregó la Presidencia de la República el 2 del siguiente mes de febrero; si no habló hasta después de esa transferencia de poder guardó silencio por no menos de dos semanas. (No tengo el dato de cuándo lo hizo al fin). Luego, y apartando ese punto relativamente sin importancia, quien expuso lo que acabo de reproducir quiso sugerir que la «inspiración» de la sentencia en Carl Schmitt la marca como algo reprobable, puesto que Schmitt era de afiliación nazi. En esta insinuación reincide; en enero del año pasado él mismo había expuesto:

El viejo Aristóteles decía un pequeño error en el comienzo se hace muy grave al final. El pequeño error fue que el Estado de derecho, que ahora dicen que está muerto, en realidad, sufrió un infarto grave al que le podría poner fecha: 19 de enero de 1999: la Corte Suprema de Justicia dice que es posible hacer un referéndum consultivo sobre una asamblea constituyente. Eso no tenía nada que ver con la Constitución del momento, ni estaba de acuerdo con las facultades de la Sala Político Administrativa solamente, porque si era un tema constitucional concernía a la Corte en pleno. El argumento que se invoca, sorprendentemente, está inspirado en una tesis de Karl Schmitt—el jurista del régimen nazi—, según la cual el poder originario está en el pueblo. Eso es una verdad del tamaño de una Catedral. Pero lo que no es cierto es que el poder originario sea una especie de magma en permanente fluidez, entre otras cosas, porque el poder originario da lugar a unas instituciones. Si esas instituciones no se han destruido, por una guerra civil o lo que fuera, en principio las tienes que tomar en cuenta para reformarlas a ellas mismas. Si invocas un poder originario para actuar en cualquier momento, es como si una institución no tuviera ninguna consistencia.

En esa ocasión le advertí: «Empiezo por algo más bien accesorio, retóricamente útil pero lógicamente inválido. Es la suave insinuación de que la doctrina asentada por la Corte Suprema de Justicia el 19 de enero de 1999 proviene del ‘jurista del régimen nazi’. Como muy bien sabes, has empleado allí un argumento ad hominem: no tiene que ver en nada la veracidad de una afirmación con el carácter de quien la profiere; si ya no Schmitt sino el mismísimo Hitler declarara ‘el Sol sale por el Este’ diría la verdad. (‘La nieve es blanca’ es una proposición verdadera si y sólo si la nieve es blanca. Alfred Tarski, noción semántica de la verdad)».

A eso repuso: «No me ha gustado nunca la reductio ad hitlerum, como la llamó alguno, para descalificar algo, algún argumento. Mi mención de Carl Schmidt tenía por finalidad identificar la fuente de unas afirmaciones, que no se indica en la sentencia y que debe consultar quien quiera analizarla», Y añadió: «No puede sorprenderte que haya diversas opiniones al respecto». Si uno quisiera imitar su referencia a Aristóteles, podría atender a esta observación:

Es de vieja tradición en la filosofía occidental, dicho sea de paso, el establecimiento de la distinción entre opinión y conocimiento. Aristóteles, por ejemplo, propone que si lo opuesto de una proposición no es imposible o no conduce a la autocontradicción, entonces la proposición y su contraria son asunto de opinión. Este criterio excluye las proposiciones de suyo evidentes, así como las demostrables, y ambos tipos de proposición no expresan opinión, sino conocimiento. (Conocimiento y opinión, 14 de junio de 2007)

No es una mera diferencia de opinión; de lo que se trata, justamente, es del conocimiento de nuestra constitucionalidad, y de su reiterada descalificación de la fundamental sentencia de la Sala Político-Administrativa—a la que se había dirigido el recurso de interpretación, no a la Sala Plena, que no era requerida para decidirlo—por aquello del jurista del régimen nazi. Que haya escogido restregar la referencia luego de un año, sugiere que su propósito siempre fue el descrédito ad hominem, la más primitiva de las falacias inventariadas por la ciencia de la Lógica.

Y es decididamente una afirmación del todo falsa que con la Sentencia #17 se haya asesinado al Estado de derecho. Ella misma había explicado tersamente:

Cuando se admite la plenitud del orden jurídico o las lagunas de la ley, incluida la Constitución como ley fundamental, se reconoce que el Derecho se encuentra en una cierta relación de excedencia respecto a la ley, lo que hace que ésta, por definición, no sea apta para decidir todos los casos que puedan presentarse. La Sala entiende que el llamado problema de las lagunas nace del dogma positivista de identificar derecho y ley, y de la exorbitancia del espíritu de la codificación, que aspira a dotar al derecho positivo de un sentido pleno y hermético por razones de certeza jurídica.

………

Cierto purismo jurídico, cobijado convenientemente bajo el prestigio de Rafael Caldera como jurista—yo mismo escribí en Ahora tiene que consultar (8 de agosto de 1994): «Va a ser muy difícil cazar a Rafael Caldera en un error jurídico»—para regatear al Pueblo su supremacía como poder, escamotea que en aquel año, al estimarse que el Congreso de la República negaría su aprobación al segundo decreto de suspensión de garantías constitucionales, su gobierno amenazó con un referéndum que lo aprobara, aunque no existía tal figura consultiva en nuestra legislación. (No sería creada hasta la reforma a la Ley Orgánica del Sufragio de diciembre de 1997). A pesar de eso, el Ministro de Relaciones Interiores, José Guillermo Andueza, anunció que tenía «listo» el decreto de convocatoria. (Cuando Acción Democrática ofreció su apoyo a la suspensión segunda, el senador Juan José Caldera no perdió un minuto para declarar que ya el referéndum no era necesario. En aquel momento opiné: «Sería una lástima y seguramente, a la larga, un error político, haber mencionado la posibilidad de un referéndum solamente como amenaza hacia el Congreso de la República, o como promesa electoral demagógica»).

Pecados como los referidos, provenientes de una oposición convencional a Maduro y su constituyente, parecieran oponerse con mayor denuedo que el oficialismo a que el Pueblo decida. El Pueblo tiene, incluso, la potestad de disolver esa constituyente y anular todos sus actos, pero no se lo quiere convocar; se prefiere ignorar su poder. La retórica efectista de «la muerte del Estado de derecho» y la repetida y engañosa alusión a Carl Schmitt—más de cien años antes que él (1789) ya Emmanuel Sieyès había postulado que la soberanía residía en el Pueblo—, sumadas al olvido de su carácter supraconstitucional, son estorbos a la solución política que se necesita en Venezuela. El primero de los pecadores dijo a continuación de sus frases citadas al inicio:

La Constituyente, cuando se da—en el marco de la ley—, es por un lapso limitado y con autorización para cambiar la Constitución, que una vez redactada hay que someterla a consideración del soberano. Pero eso no pasó en Venezuela. Hicieron la Constituyente por lo menos para dos años y la pueden prolongar por otros 20 años. Cualquier cosa que no le guste el gobierno lo pasa a la Constituyente y  como está por encima de todo, aténganse a las decisiones. El gobierno se está manejando de esa manera. La Constituyente es poder ejecutivo, poder legislativo, poder judicial y poder electoral, todo a conveniencia del poder.

Tiene razón; el pedagógico obispo que es Ovidio Pérez Morales ha propuesto esta metáfora: que vivir en Venezuela con una constituyente es como pasear con un cocodrilo. Pues bien, a ese saurio se lo elimina únicamente desde el poder del Pueblo y, como ha medido Datanálisis, una clara mayoría de sus entrevistados disolvería la constituyente y anularía sus actos. En diciembre de 2007, los proyectos estratégicos de reforma constitucional socializante fueron derrotados por 1,31% y 2,02%; ahora hablamos de una ventaja que va de 14 a 20 puntos porcentuales.

La pecaminosa y errónea prédica reseñada ancla con facilidad en un pernicioso estado emocional, pues percibe que nada puede hacerse, que sólo nos queda la «ayuda exterior», posiblemente sólo la invasión que vende Ricardo Hausmann o lo que promueve un articulista de ocasión al preguntar: «¿Qué tiene de malo un buen golpe de Estado?» Más de uno, por otra parte, le echa injustamente al Pueblo la culpa de nuestro preocupantísimo estado de cosas, razonando que no hay en él, en triple rima asonante, suficiente gente decente. No logran ver que esa misma depresión es causada en gran medida por la reiteración de las equivocaciones, por la improductividad de estrategias incompetentes repetidas sin imaginación.

Es hora de hacer algo distinto y definitivo: hay que convocar a la Corona para que hable y decida, no sólo para que vote, proteste o ponga víctimas. Ella ha comenzado a percatarse de que mandar es muy preferible a votar, protestar o morir. LEA

________________________________________________________

 

Share This:

Catástrofe anticatastrófica

Sí, en cualquier partido político

 

A José Antonio Gil Yepes

…………………………………..

 

Una cierta forma de hacer política—reptiliana: agresiva, territorial, ritual, jerárquica—está muriendo ante nuestros ojos. (¿Cómo puede ser uno territorial en Internet? ¿Quién es su jefe?) Pero es la muerte de gigantes, sin los que nunca hubiéramos divisado la tierra prometida. Como tales ¿por qué tendrían que sentirse mal por haber sido enormes e indispensables? Ellos construyeron las posibilidades que hoy tenemos. No se justifica entonces que entorpezcan el progreso, pretendiendo que lo que hacen, cada vez de eficacia menor, es lo único posible. Nos deben la libertad de crear, como ellos mismos en su momento lo hicieron, una cosa distinta.

Política natural – Carta Semanal #324 de doctorpolítico, 19 de marzo de 2009

………

Si he visto más lejos es porque subí sobre los hombros de gigantes.

Isaac Newton – Carta a Robert Hooke, 15 de febrero de 1676

_______________________________________________________________

 

Cuando se usa la expresión inglesa nested (anidado), no siempre es referida a un único nido; frecuentemente, la idea alude a una serie de nidos: un nido que tiene dentro un nido menor que a su vez aloja otro nido más pequeño, y así sucesivamente. Por ejemplo, en un manual de Microsoft para su sistema operativo Windows se lee: «You can create nested folders by dragging one folder into another». (Ud. puede crear carpetas anidadas arrastrando una carpeta dentro de otra). Es ésta la estructura de los problemas políticos más persistentes y profundos: una cierta concepción cuya persistencia es responsable de insuficiencia o ineficacia política está alojada en un marco conceptual más básico, que a su vez está incluido en una concepción más general, und so weiter. En un cierto nivel, es aquello a lo que Thomas S. Kuhn llamara paradigmas en La estructura de las revoluciones científicas (1962): «En ciencia y filosofía, un paradigma es un conjunto diferenciado de conceptos o patrones de pensamiento que incluyen teorías, métodos de investigación, postulados y estándares de lo que constituye contribuciones legítimas a un campo». (Wikipedia). Los alemanes tienen incluso un sustantivo singular para referirse a la concepción más general del mundo: Weltanschauung. Es ineludible a los humanos pensar dentro de cajas conceptuales de ese tipo y hacerlo de modo mayormente imperceptible.

Para McLuhan los medios (extensiones del hombre) constituyen un am­biente que modi­fica a su inventor y del que éste no está habitualmente cons­ciente. El mero hecho de tomar con­ciencia de un ambiente crea otro nuevo, y de este nuevo ambiente no poseemos conciencia. Es como si mirásemos hacia arriba a través de una serie de cúpulas transparentes. Sólo podríamos darnos cuenta de la más próxima si subimos sobre ella, pero entonces tampoco po­dríamos per­cibir las que la envuelven por arriba. (Un tratamiento al problema de la calidad en la educación superior no vocacional en Venezuela, 15 de diciembre de 1990).

Nested domes: cúpulas anidadas, pudiéramos concluir.

………

Empaques conceptuales de la acción política

La política, como la ciencia misma—el más autocrítico de los modos de discurrir—, no escapa al encierro de los marcos conceptuales. Así como hay paradigmas científicos, hay paradigmas políticos. Las ideologías son marcos particularmente importantes, y las existentes (con insustanciales variantes recientes, tales como el «progresismo») fueron todas desarrolladas entre los siglos XVIII y XIX. El liberalismo, la más antigua, se la tiene fundada por John Locke en su Segundo Tratado sobre el Gobierno, publicado anónimamente doce años antes de iniciarse el siglo XVII (1689), pero fue la obra de su compatriota John Stuart Mill (1808-1873) el pináculo de la doctrina liberal; el socialismo marxista puede considerarse fundado en 1848, con el Manifiesto Comunista de Carlos Marx y Federico Engels; alrededor de 1890, sobre todo con los trabajos de Eduard Bernstein, se echó las bases de la socialdemocracia o socialismo reformista; en 1891, el papa León XIII establecía las de la democracia cristiana, pues el fundamento de ésta es la Doctrina Social de la Iglesia. (En 1919, el sacerdote italiano Luigi Sturzo, junto con otros, fundaría el Partido Popolare Italiano, del que fuera su Secretario General).

Prácticamente todo partido venezolano esgrime una ideología como tarjeta de visita: Acción Democrática, Alianza Bravo Pueblo, Un Nuevo Tiempo—que hizo un «congreso ideológico» (2008) sobre una ponencia enteramente socialdemócrata que proveyera Demetrio Boersner—y sorprendentemente hasta Voluntad Popular, están inscritos en la Internacional Socialista. (Todavía en 1959, el documento doctrinario central de AD postulaba como afirmación primera: «Acción Democrática es un partido marxista»). COPEI—cuyo precursor congreso ideológico sesionara en 1986—, Proyecto Venezuela, Convergencia (lo que quede de él) y Primero Justicia (que celebró su propio congreso en 2007), conforman la «familia socialcristiana». (El último nombrado se refiere a su ideología como «humanismo cristiano»). El Partido Socialista Unido de Venezuela y, por supuesto, el Partido Comunista de Venezuela, son de corte marxista radical, aunque Hugo Chávez, declarado él mismo un marxista, se ocupó de aclarar que el PSUV no era marxista-leninista. No hay, nunca los ha habido, partidos liberales importantes en Venezuela; en la Mesa de la Unidad Democrática han figurado Fuerza Liberal, Unidad Visión Venezuela y, hasta agosto del año pasado, Vente Venezuela. El «progresismo» ha hecho su aparición con Avanzada Progresista, Cuentas Claras, Partido Progreso y Voluntad Popular (que se define en esa corriente de la socialdemocracia): «Está formado por diversas doctrinas filosóficas, éticas y económicas del liberalismo y el socialismo democrático». (Wikipedia). La mera proliferación de partidos de una misma ideología pone de manifiesto que ella no es en verdad lo importante; si lo fuera ¿por qué no constituyen una sola organización, por caso, AD, ABP, UNT y VP? ¿Por qué la «familia socialcristiana» está dividida en cuatro pedazos?

Las ideologías han perdido su poder de producir soluciones. El registro de la Organización Internacional del Trabajo hace tiempo que superó el millón de oficios diferentes en el mundo. ¿Cómo puede un partido representar en la única categoría de trabajadores una riqueza así, una complejidad de esa escala? Ya no vivimos la Revolución Industrial, cuando toda ideología se inventara; ahora vivimos la de la Internet, la telefonía móvil, las tabletas, las interacciones instantáneas, las enciclopedias democráticas, las apps. La de la biogenética, la cirugía mínimamente invasiva, la posibilidad de introducir al planeta especies vegetales o animales nuevas. La de una sonda espacial posada sobre un cometa, la comprobación experimental de la partícula de Dios o Bosón de Higgs, la fotografía cada vez más extensa y detallada de los componentes del cosmos, la materia oscura, la geometría fractal y las ciencias de la complejidad. La de la explosión de la diversidad cultural, la del referendo, del escrutinio inmisericorde de la privacidad de los políticos y el espionaje universal. La del hiperterrorismo, las agitaciones políticas a escala subcontinental, el cambio climático. Nada de esta incompleta enumeración cabe en una ideología, en la cabeza de Stuart Mill, Marx, Bernstein o León XIII. Cualquier ideología—la pretensión de que se conoce cuál debe ser la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que aún no lo sea—es un envoltorio conceptual enteramente incapaz de contener ese enorme despliegue de factores novísimos y revolucionarios. Ésta es una revolución de revoluciones. (El medio es el medio, 29 de abril de 2015).

………

Pero las ideologías funcionan principalmente como pretexto que autorizaría un elemento paradigmático omnipresente, común a todas las formaciones partidistas ideológicas; la lucha por el poder.

…digamos que una ideología es un sistema de creencias acerca de cuál es la sociedad humana perfecta o preferible. (…) Lo cierto es que todo partido político es, en el fondo, una organización con el pragmático propósito de obtener poder político y, si dispone de ideología, esgrime ésta como justificación (coartada) de su objetivo. Descrita como aglomeración de “principios” y “valores”, la ideología partidista santifica al partido y a sus líderes, pues éstos serían “hombres de principios”. (Panaceas vencidas, Carta Semanal #318 de doctorpolítico, 5 de febrero de 2009).

Satán llega a todas partes

A esto se añade el axioma cuasi-pitagórico de que «no hay democracia sin partidos». A mediados de 1985, «publicó Eduardo Fernández un artículo que llamó ‘La conspiración satánica’, haciendo uso de la frase de Caldera de hacía unos meses. En este artículo, publicado en el diario El Nacional, Eduardo hacía una especie de retrato hablado de los ‘conspiradores’, advirtiendo contra quienes osaran cuestionar a los partidos, puesto que criticar a los partidos equivaldría automáticamente a denigrar de la democracia como sistema. No hacía más, pues, que repetir la falacia de la identificación de partidos concretos con democracia». (Krisis – Memorias Prematuras). Al año siguiente, diría prácticamente lo mismo Pedro Pablo Aguilar al mismo periódico: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder». (El Nacional, 7 de junio de 1986).

¿A qué reaccionaban, uno tras otro, ambos dirigentes socialcristianos? Pues a un diagnóstico del 8 de febrero de 1985, que ya identificaba la causa de la «insuficiencia política» luego descrita en Dictamen (21 de junio de 1986), que reproduciría las palabras de Aguilar: «La exploración de Venezuela pone de manifiesto la coexistencia simultánea—y en gran medida interactuante—de varios síndromes, cada uno de los cuales es la asociación de un conjunto de signos. Los síndromes no son todos de la misma clase, pues corresponden a procesos patológicos de distinta gravedad o se mani­fiestan en distintos componentes o estructuras sociales. Sin embargo, es posible resumir así el problema somático más importante de la actualidad venezolana: Ve­nezuela padece una insuficiencia política grave». El trabajo del año anterior exponía justamente a su inicio:

Intervenir la sociedad con la intención de moldearla in­volucra una responsabilidad bastante grande, una responsa­bilidad muy grave. Por tal razón, ¿qué justificaría la constitución de una nueva asociación política en Venezuela? ¿Qué la justificaría en cualquier parte? Una insuficiencia de los actores políticos tradicionales sería parte de la justificación si esos actores estuvieran incapacitados para cambiar lo que es necesario cambiar. Y que ésta es la situación de los actores políticos tradicio­nales es justamente la afirmación que hacemos. Y no es que descalifiquemos a los actores políticos tra­dicionales porque supongamos que en ellos se encuentre una mayor cantidad de malicia que lo que sería dado esperar en agrupaciones humanas normales. Los descalificamos porque nos hemos convencido de su in­capacidad de comprender los procesos políticos de un modo que no sea a través de conceptos y significados altamente inexactos. Los desautorizamos, entonces, porque nos hemos convencido de su incapacidad para diseñar cursos de acción que resuelvan problemas realmente cruciales. El espacio in­telectual de los actores políticos tradicionales ya no puede incluir ni siquiera referencia a lo que son los ver­daderos problemas de fondo, mucho menos resolverlos. Así lo revela el análisis de las proposiciones que surgen de los actores políticos tradicionales como supuestas soluciones a la crítica situación nacional, situación a la vez penosa y peligrosa. (Proyecto SPV – Documento Base).

En cambio, se escribió con algo de más concisión y caridad dieciséis meses más tarde:

Todo actor político lleva a cabo su actividad desde un marco general de percepciones e interpretaciones de los acontecimientos y nociones políticas. Este marco conceptual es el paradigma político, y del paradigma que se sustente de­pende la capacidad de imaginar y generar las soluciones a los problemas públicos. Es ése el sustrato del problema. La insuficiencia política funcional en Vene­zuela no debe explicarse a partir de una supuesta maldad de los políticos tradi­cionales. Con seguridad habrá en el país políticos “malévolos”, que con sis­temati­cidad se conducen en forma maligna. Pero esto no es explicación suficiente, puesto que en la misma proporción podría hallarse políticos bien intencionados, y la gran mayoría de los políticos tradicionales se encuentra a mitad de camino en­tre el al­truismo y el egoísmo políticos. La explicación última de nuestra insuficiencia política funcional reside, pues, en la esclerosis paradigmática del actor político tradicional.

Ésa era «la conspiración satánica»; la lectura de su presunta inconveniencia sobrevive aún:

Leopoldo Castillo creyó ver—A través de la mordaza—, en la crítica de la sociedad española a los principales partidos políticos de su país, un grave peligro: que España siga un camino parecido al venezolano, en el que el descrédito de Acción Democrática y COPEI habría abierto la puerta a la llegada del chavismo en las elecciones de 1998. Lo malo no fue, según Castillo, que AD y COPEI se portaran mal sino decirlo; no la sordera de los políticos sino la locuacidad de quienes nos atrevimos a criticarlos. (A llorar p’al valle, 8 de agosto de 2013).

………

Política cotidiana

Siendo las ideologías sólo variantes de una coartada para luchar por el poder, y esta actividad el factor constante en la política cotidiana—en Venezuela tanto como en toda nación del mundo—, es ella lo que entienden los políticos como consubstancial a su quehacer: lo que alguna gente llamaría «la dinámica de la política real». Pero a esto puede superarlo una visión transideológica, que entienda la política como el arte clínico de resolver los problemas públicos, sujeto a un código de ética profesional antes que a unos pretendidos «valores». (Ver El lugar de los valores en la política). Tal era el contraste, lucha contra curación, en una discusión a distancia entre Diego Bautista Urbaneja y el suscrito. El 2 de mayo de 2015 hice explícitas nuestras diferencias en el programa #142 de Dr. Político en RCR; he aquí el archivo de audio de esa ocasión:

Claro que a quien pretenda negar que la política sea realmente una lucha por el poder, por más que se la maquille ideológicamente, se le reputa iluso, romántico, comeflor. Hay casos en los que esto no es así:

Esto es el método verdaderamente racional para una licitación política. No se trata de eliminar el «combate político», sino de forzar al sistema para que transcurra por el cauce de un combate programático como el descrito. Valorizar menos la descalificación del adversario en términos de maldad política y más la descalificación por insuficiencia de los tratamientos que proponga. Este desiderátum, expresado recurrentemente como necesidad, es concebido con frecuencia como imposible. Se argumenta que la realidad de las pasiones humanas no permite tan «romántico» ideal. Es bueno percatarse a este respecto que del Renacimiento a esta parte la comunidad científica despliega un intenso y constante debate, del que jamás han estado ausentes las pasiones humanas, aun las más bajas y egoístas. (El relato que hace James Watson—ganador del premio Nobel por la determinación de la estructura de la molécula de ADN junto con Francis Crick—en su libro La Doble Hélice (1968), es una descarnada exposición a este respecto). Pero si se requiere pensar en un modelo menos noble que el del debate científico, el boxeo, deporte de la lucha física violenta, fue objeto de una reglamentación transformadora con la introducción de las reglas del Marqués de Queensberry. Así se transformó de un deporte «salvaje» en uno más «civilizado», en el que no toda clase de ataque está permitida. En cualquier caso, probablemente sea la comunidad de electores la que termine exigiendo una nueva conducta de los «luchadores» políticos, cuando se percate de que el estilo tradicional de combate público tiene un elevado costo social. (Los rasgos del próximo paradigma político, 1º de febrero de 1994. Ver, también, Política natural, 19 de marzo de 2009).

Esa práctica es posible, y sé eso porque es la que mantengo. El 28 de junio de 2015 me entrevistó el periodista Edgardo Agüero para el semanario La Razón. Una de sus preguntas fue la que pongo acá, seguida de mi contestación:

Hay quienes afirman que existen factores dentro de la MUD que en función de sus intereses políticos y pecuniarios, juegan a favor del gobierno. ¿Qué habrá de cierto en ello?

Mi aproximación a la política es clínica. Si un médico intentara curar un hígado enfermo tratando célula por célula se volvería loco; por eso no me intereso por la chismografía política acerca de actores particulares. Si tuviera que descalificar a algún actor político no lo haría por su negatividad, sino por la insuficiencia de su positividad. No me intereso por esa clase de asuntos.

………

Como se insinuara en 1994, una mutación de esa clase en la actividad política se hará realidad a partir de la presión de los pueblos, y ahora es la Internet la mayor de las fuerzas que empujan en esa dirección. De nuevo, no hace falta chuparse el dedo: la red de redes tiene sus propias patologías y su propia vulnerabilidad, desde las noticias falsificadas (fake news) hasta los ataques intencionalmente dirigidos de los hackers, pero ese territorio «virtual» (tan real como cualquier otra realidad) es la «arena política» del futuro; está empezando a ser el asiento de una democracia más desarrollada y completa. Los efectos de tan gigantesca mutación son ya patentes, como la ola de denuncias de acoso sexual lo comprueba o, más recientemente, el cuestionamiento creciente de la sacrosanta National Rifle Association a raíz de la última masacre en un colegio en Estados Unidos. Los políticos no podrán escapar al escrutinio y la exigencia. Una política lúcida estimularía en Venezuela ese proceso:

Esa audacia es necesaria; esa audacia será bienvenida por los venezolanos, que queremos reto y acicate. Nada hay en nuestra composición de pueblo que nos prohíba entender el mundo del futuro. Venezuela tiene las posibilidades, por poner un caso, de convertirse, a la vuelta de no demasiados años, en una de las primeras democracias electrónicamente comunicadas del planeta, en una de las democracias de la Internet. En una sociedad en la que prácticamente esté conectado cada uno de sus hogares con los restantes, con las instituciones del Estado, con los aparatos de procesamiento electoral, con centros de diseminación de conocimiento. (El mes de Jano, 21 de enero de 1995).

Somos una polis interconectada

 

Esa vocación debe ser acompañada

………

Entre las cosas más difíciles de hacer, prácticamente heroicas, destaca como una de las más exigentes el cambio de paradigmas, de percepciones, de marcos mentales. Hace nueve años se delineaba este problema, al comentar la incoherencia de la segunda federación de partidos de oposición al chavismo-madurismo, la muy tenaz y valiente Mesa de la Unidad Democrática:

Para que sea eficaz es necesario trabajar en el logro, justamente, de la coherencia. Tal cosa es imposible de lograr en el promedio de las posiciones de oposición, en la combinación negociada de sus respectivas ideologías. Una cosa así sólo puede provenir de un discurso esencialmente diferente, de una nueva especie de organización política. Pero esto último puede ser alcanzado de dos maneras. La más radical es la construcción de esa nueva opción desde cero, la inauguración de una asociación política fresca. La otra es la metamorfosis de organizaciones existentes, y en principio ésta sería la ruta más económica. (…) Claro está, esta segunda posibilidad sólo es viable—esto sí una “política realista”—a partir de la disposición de los actuales partidos democráticos a transformarse en especímenes políticos inéditos, y entonces tendrían que autorizar que en ellos se practicara lobotomía frontal e implante de nuevos circuitos conceptuales, en los que venga impreso un paradigma clínico de la política. Sería necesaria mucha valentía y una elevación grande, en nuestros políticos convencionales, para lograr lo que se necesita a partir de una metamorfosis de lo existente. Pero ¿quién sabe? A lo mejor el aprendizaje de diez años de sobresaltos y desafueros, de ineficacia y de fracaso, ha puesto las conciencias políticas a punto de caramelo. (En Nacimiento o conversión, 4 de junio de 2009).

La tarea, aunque difícil, no es imposible, especialmente en políticos jóvenes, no totalmente esclerosados. Con menos benevolencia, se comentaba en 1985 (Proyecto SPV) este problema: «Las organizaciones políticas que operan en el país no son canales que permitan la emergencia de los nuevos actores que se requieren. Por lo contrario, su dinámica ejerce un efecto deformante sobre la persona política, hasta el punto de imponerle una inercia conceptual, técnica y actitudinal que le hacen incompetente políticamente». Pero, de nuevo, hace treinta y tres años el país estaba en condiciones muchísimo mejores que las impensablemente desastrosas de estos días; la necesidad de reaprender es hoy una emergencia.

Y el cambio es posible, aunque sea exigentísimo: “…la actual crisis política venezolana no es una que vaya a ser resuelta sin una catástrofe mental que comience por una sustitución radical de las ideas y concepciones de lo político”. (De la presentación del Proyecto SPV). En Krisis – Memorias prematuras (1986), volvería sobre el concepto: “… la revolución que necesitamos es distinta de las revoluciones tradicionales. Es una revolución mental antes que una revolución de hechos que luego no encuentra sentido al no haberse producido la primera. Porque es una revolución mental, una ‘catástrofe en las ideas’, lo que es necesario para que los hechos políticos que se produzcan dejen de ser insuficientes o dañinos y comiencen a ser felices y eficaces».

Los nuevos y más apropiados marcos mentales—teorías de la complejidad, del caos, de las avalanchas, de los enjambres—están disponibles, aunque advierta Wikipedia:

Una revolución científica se produce cuando, de acuerdo a Kuhn, los científicos encuentran anomalías que no pueden ser explicadas por el paradigma universalmente aceptado dentro del cual ha progresado la ciencia hasta ese momento. El paradigma no es simplemente la teoría vigente, sino toda la cosmovisión dentro de la que existe, y todas las implicaciones que conlleva. (Cambio de paradigmaparadigm shift).

Las mencionadas teorías novísimas han sido desarrolladas a partir de la segunda mitad del siglo XX, a pesar de lo cual no hay garantía de que un nuevo paradigma no necesite jamás un reemplazo. Convendrá mantener incólume una sana modestia:

Ese nuevo actor político, pues, requiere una valentía diferente a la que el actor político tradicional ha estimado necesaria. El actor político tradicional parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia. El nuevo actor político, en cambio, tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra. (En Tiempo de incongruencia, febrero de 1985).

Es la modestia intelectual que caracterizó a Ludwig Wittgenstein; en la penúltima proposición de su monumental Tractatus Logico-Philosophicus proclamó lúcidamente:

6.54 Mis proposiciones sirven como elucidaciones del siguiente modo: quienquiera que me entienda llegará a reconocerlas como sin sentido, cuando las haya usado—como escalones—para trepar más allá de ellas. (Debe, por así decirlo, arrojar lejos la escalera después de haber subido por ella).

En el verdadero largo plazo, la «cuenta larga» de los franceses, es cuestión de paciencia (mucha). Thomas Kuhn dijo en su obra magna, citando a Max Planck: «Una nueva verdad científica no triunfa convenciendo a sus oponentes para hacerlos ver la luz, sino más bien porque sus oponentes mueren tarde o temprano y surge una nueva generación familiarizada con aquélla».

Yo prefiero con mucho que no muera ningún gigante, al menos todavía. LEA

………

Para descargar esta entrada (11 páginas) en formato .pdf: Catástrofe anticatastrófica

___________________________________________________________

 

Share This:

Disolución y anulación

La desbandada constituyente

Luego de comentar el tema candidatural, en relación con las elecciones convocadas para el 22 de abril (hasta ahora solamente presidenciales), una medición de Datanálisis de este mes acerca de la posible disolución de la Asamblea Nacional Constituyente en operación y la anulación de todos sus actos, permitió regresar sobre ese tema con la seguridad de que ambos resultados se obtendrían holgadamente en un referendo convocado para decidir esas precisas cuestiones. El Preludio #4 en Mi menor de Federico Chopin y el inicio del 2do. movimiento (Allegro risoluto) de la Segunda Sinfonía de Aram Khachaturian, acompañaron el programa #286 de Dr. Político en RCR, cuyo archivo de audio se pone a continuación:

Hallazgos de Datanálisis (febrero 2018)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LEA

___________________________________________________________

 

Share This:

No va a la fiesta

 

Una música de película

En la reunión #285 con los oyentes de Dr. Político en RCR se comentó el retiro de la invitación a Nicolás Maduro para  la VIII Cumbre de las Américas, que tendrá lugar el próximo mes de abril en la ciudad de Lima. En recuerdo de la III Cumbre (Quebec) de 2001, la prédica de Hugo Chávez a favor de la democracia representativa fue contrastada con su práctica de impedirla. También hubo espacio para una referencia al más reciente tiroteo homicida en un colegio del estado de Florida (EEUU) y otra sobre la posibilidad de que Maduro sea reelecto antes de que renuncie, para propósitos vacacionales, a lo que le resta del período iniciado en enero de 2013, para reasumir su cargo actual el 10 de enero de 2019. Dos compositores ingleses asistieron a la sesión de hoy: Albert Kételbey, con Campanas a través de los prados, y Richard Addinsell con su famoso Concierto de Varsovia. Éste es el archivo de audio correspondiente:

LEA

_______________________________________________

 

Share This:

La caída de las lochas

Hay que meterla para que caiga

 

Así decimos en México cuando por fin logramos entender algo. La expresión tiene origen en la época en que, en México, los teléfonos públicos y otras máquinas de ranura, funcionaban con una moneda de veinte centavos «un veinte». Cuando se lograba la comunicación, la moneda caía en el recipiente del teléfono y entonces se decía: «ya cayó el veinte». (…) De este decir, los mexicanos hicimos metáfora y ahora lo usamos para referirnos a ese momento en que por fin se nos «prende el foco» y logramos entender algo. (…) …no somos los mexicanos, los únicos a quienes una moneda hace clic en el cerebro. En Inglaterra dicen: «the penny has dropped» (el penique ha caído). También en Alemania dicen: «Jetzt ist bei mir der groschen gefallen!», que puede traducirse como «me cayó el groschen» (…) Por si fuera poco, en hebreo existe la expresión «Nafal Ha-asimón» (cayó el asimón ). Y qué creen… resulta que el «asimón» era la moneda que en Israel ¡caía en los teléfonos públicos cuando se hacía una llamada! Y figurativamente, la expresión significa «ya se entendió». Visto lo anterior, ya no me extrañó saber que en Rumania dicen «mi-a picat fisa» (me cayó la ficha); en Argentina «me cayó la ficha»; en Venezuela «me cayó la locha» y en Brasil «caiu a ficha». En todos los casos, hay una moneda que cae a un teléfono público o a una máquina de ranura, y siempre significando ese momento en que por fin se logra entender algo.

¡Ya me cayó el veinte!

_____________________

 

Las soluciones a los problemas del país están en nuestras manos; es cuestión de entender eso. Metamos varias lochas para que caigan una tras otra.

Primera locha: el poder supremo del Estado venezolano reside en el Pueblo. En nuestro carácter de Poder Constituyente Originario—el único; no hay «constituyentes originarias»—, somos un poder supraconstitucional. Ni siquiera la Constitución nos limita.

Toda la estructura del Poder Público venezolano, así como sus atribuciones, descansan sobre una decisión de la Corte Suprema de Justicia del 19 de enero de 1999. Se trata de la decisión sobre recurso de interpretación interpuesto ante la Sala Político-Administrativa sobre la posibilidad de consultar a los Electores si era su voluntad la convocatoria a una Asamblea Constituyente. (…) La Corte contestó, muy acertadamente, que esta consulta sí podía hacerse al Poder Constituyente Originario. Y lo hizo de una vez, al comienzo mismo de la argumentación. La Corte estimó, en perfecta consistencia con la más elemental doctrina de la democracia, que el Pueblo, en su carácter de Poder Constituyente Originario, era un poder supraconstitucional, puesto que es la Constitución la que emana del Pueblo, y no a la inversa. (…) Y es por tal razón que la Corte asentó la doctrina de que, en ese carácter, el Pueblo no está limitado por la Constitución*, la que sólo limita al poder constituido, y por ende podía discutirse sobre una constituyente aunque tal figura no estuviese contemplada en la Constitución de 1961. El desconocimiento de esa doctrina fundamental del acervo constitucional venezolano equivaldría a pulverizar las bases jurídicas del régimen público nacional; la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, por caso, debe su existencia a la Constitución Nacional, que emergiera al mundo de la vigencia cuando el Poder Constituyente Originario la refrendara en referendo aprobatorio del 15 de diciembre de 1999. Y ese referendo fue convocado para decidir sobre el producto de la Constituyente de 1999, que fue elegida en votaciones mandadas por otro referendo, el consultivo del 25 de abril de ese mismo año. (…) …ese referéndum consultivo vinculante fue posible porque la Corte Suprema de Justicia así lo estableció el 19 de enero de 1999. (…) Toda la legitimidad del Poder Público venezolano reside en la invulnerabilidad de esa precisa sentencia y su clarísima doctrina, que permitió decidir sobre un punto no contemplado en la constitución de la época: la elección mandatoria de una asamblea constituyente, pues el Poder Constituyente Originario no está limitado por la Constitución. (Prontas elecciones, 22 de octubre de 2016).

Segunda locha: la iniciativa popular puede convocar al Pueblo para que se pronuncie en referendo sobre «materias de especial trascendencia nacional». (Artículo 71 de la Constitución: «a solicitud de un número no menor del diez por ciento de los electores y electoras inscritos en el registro civil y electoral»). Esto es la mitad del esfuerzo requerido para un referendo revocatorio; con el actual nivel de registro electoral, en términos gruesos se requiere la manifestación de voluntad de 2 millones de electores. El 16 de julio de 2017, votó un total de 7.535.259 ciudadanos, o 38,5% del registro, en el «plebiscito» convocado por la oposición profesionalizada. (Dicho sea de paso, aunque fuera portentosa esa asistencia, ella no fue ni con mucho la mayoría del Pueblo; ni siquiera alcanzó 40%).

Tercera locha: siendo que no somos «los de abajo», puesto que todo otro poder nos está subordinado, podemos contestar con toda legitimidad estas cuestiones: a. si queremos disolver la Asamblea Nacional Constituyente convocada legítimamente el 1º de mayo de 2017, elegida dudosamente el 30 de julio del mismo año sobre bases comiciales viciadas e instalada el 4 de agosto siguiente; b. si queremos anular todos sus actos desde la fecha de su instalación hasta la de celebración del referendo. (Quienes sostienen, por el oficialismo y desde la oposición, la equivocada noción de que la ANC es «originaria», plenipotenciaria, aducen lo establecido en el Artículo 349 de la Constitución: «Los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente». Nosotros no somos un poder «constituido»; somos el Poder Constituyente Originario. Ese artículo no nos obliga).

Cuarta locha: no se necesita que la Mesa de la Unidad Democrática, negada a esa consulta político-jurídica válida—a diferencia de la del 16 de julio—, promueva la convocatoria del referendo requerido. La promoción puede venir de una asociación civil de propósito único, que se extingue automáticamente al quedar convocado el referendo, razón por la cual no es competencia ulterior de la MUD o de ningún partido, ni siquiera del PSUV. (Con algunas personas amigas, me encuentro trabajando en la constitución de la asociación necesaria).

………

Total: cuatro lochas, o lo que había que meter a una rockola para que sonaran cuatro canciones; sólo dos mediecitos: cincuenta céntimos de bolívar, de aquel bolívar «débil». Casi tan viejas como las lochas que ya no se acuña, fueron anticipadas hace catorce años en Salir de la caja (25 de marzo de 2004):

Es preciso salir de la caja de la Constitución de 1999, cayendo en la cuenta de que en realidad estamos por encima de ella. «Gregorovius pensó que en alguna parte Chestov había hablado de peceras con un tabique móvil que en un momento dado podía sacarse sin que el pez habituado al compartimiento se decidiera jamás a pasar al otro lado. Llegar hasta un punto en el agua, girar, volverse, sin saber que ya no hay obstáculo, que bastaría seguir avanzando». (Julio Cortázar, Rayuela).

Aquel tabique era de vidrio, transparente, y por tanto indetectable por los ojos de los peces, que habían aprendido a no darse topetazos. LEA

………

*Sólo está limitado, redactó Humberto La Roche, el magistrado ponente, por los derechos humanos y los convenios válidamente establecidos con soberanías equivalentes de otras repúblicas.

_____________________________________________________

 

 

Share This: