La más reciente novela de Mario VargasLlosa, Premio Nobel de Literatura en 2010, versa sobre la abusiva y criminal intromisión estadounidense en Guatemala para deponer el gobierno presidido por Jacobo Árbenz. El escritor escogió titularla Tiempos recios.
He aquí hechos reportados por Wikipedia en Español acerca de la deposición de Árbenz, Presidente de Guatemala elegido democráticamente en 1950, mediante golpe de Estado urdido por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) a partir del cabildeo de la United Fruit, también conocida como UFCO. («Durante el siglo XX, United Fruit Company se convirtió en una fuerza política y económica determinante en muchos países de dicha región (las llamadas «repúblicas bananeras»), influyendo decisivamente sobre gobiernos y partidos para mantener sus operaciones con el mayor margen posible de ganancias, al extremo de auspiciar golpes de Estado y sobornar políticos»).
La empresa frutera había reportado un valor bajo de sus propiedades ante el fisco guatemalteco, de modo que cuando se implementó la reforma agraria, la indemnización ofrecida estaba basada en esta información y no en el valor real de las propiedades; el gobierno del presidente Dwight Eisenhower consideró un atropello que el gobierno de Guatemala se basara en la información que la UFCO había proporcionado al gobierno guatemalteco para ofrecer la indemnización, y lo hizo saber a Árbenz mediante el embajador Peurifoy. John Foster Dulles, secretario de Estado y miembro del consejo directivo de la UFCO, exigió veinticinco veces más que el valor reportado—que era lo que realmente valían las tierras, pero que no se había informado al gobierno guatemalteco para pagar únicamente la vigésimo quinta parte de los impuestos correspondientes. Paradójicamente, Jacobo Árbenz, acusado de conspiración comunista, no se había inspirado en los trabajos de Lenin sino en los de Abraham Lincoln para impulsar la reforma agraria mediante el decreto 900, el cual se proponía modernizar el capitalismo en Guatemala y era más moderado que las leyes rurales norteamericanas del siglo xix. Ahora bien, los directivos de la United Fruit Company (UFCO) habían trabajado intensamente en los círculos del gobierno de Harry S. Truman y del general Dwight Eisenhower para hacerles creer que el coronel Árbenz intentaba alinear a Guatemala al Bloque Soviético. Lo que ocurría era que la UFCO se veía amenazada en sus intereses económicos por la reforma agraria de Árbenz, que le quitaba importantes cantidades de tierras ociosas, y el nuevo Código de Trabajo de Guatemala, que ya no le permitía utilizar las fuerzas militares guatemaltecas para contrarrestar las demandas de sus trabajadores. Como la mayor terrateniente y patrona de Guatemala, el Decreto 900 resultó en la expropiación del 40 % de sus terrenos. Los oficiales del gobierno norteamericano tenían pocas pruebas del crecimiento de la amenaza comunista en Guatemala, pero sí una fuerte relación con los personeros de la UFCO, demostrando la fuerte influencia que los intereses corporativos tenían sobre la política exterior norteamericana:
-El secretario de Estado norteamericano John Foster Dulles era un enemigo declarado del comunismo y un fuerte macartista, y su firma de abogados Sullivan and Cromwell ya había representado los intereses de la United Fruit y hecho negociaciones con gobiernos guatemaltecos;
-Por su parte, su hermano Allen Dulles era el director de la CIA y además, miembro del consejo directivo de la UFCO. Junto a su hermano, estuvo en la planilla de la UFCO durante 38 años.
-El hermano del subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos John Moors Cabot había sido presidente de la frutera.
-Ed Whitman, quien era el principal lobista de la United Fruit ante el gobierno, estaba casado con la secretaria personal del presidente Eisenhower, Ann C. Whitman.
(…)
Con el apoyo de los Estados Unidos, bajo el mando del coronel Carlos Castillo Armas que se encontraba exilado en Honduras, de Juan Córdova Cerna, director de la CIA en Centroamérica, y El Cristo Negro de Esquipulas como Capitán General de la Cruzada Liberacionista, se inició la invasión.
Invasión
A las 20:00 del 18 de junio [de 1954] las fuerzas del coronel golpista Castillo Armas cruzaron la frontera. Divididas en cuatro grupos de unos 480 soldados, entraron a través de cinco puntos a lo largo de la frontera hondureña y salvadoreña para simular mayor número de soldados de un amplio frente y para reducir la posibilidad de que la tropa entera se encaminara por un único camino desfavorable. Además de estas tropas regulares, diez saboteadores entrenados en Estados Unidos fueron delante explotando los puentes claves y cortando las líneas de telégrafo. Todas las fuerzas de invasión fueron instruidas para reducir al mínimo encuentros reales con el ejército guatemalteco, sobre todo para evitar dañar la imagen del ejército nacional contra los invasores. El desarrollo entero de la invasión fue expresamente diseñado para sembrar el pánico, dar la impresión de poseer fuerzas insuperables, y atraer la población y a los militares a su lado, antes que derrotarlos.
Durante la invasión, la propaganda radiofónica que transmitía Lionel Sisniega Otero desde la embajada norteamericana enviaba falsos informes de enormes fuerzas que se unían a la población local en una revolución popular. Pero casi inmediatamente, las fuerzas de Castillo Armas fracasaron rotundamente: movilizándose a pie y obstaculizados por su pesado equipo no dieron impresión alguna de ser una fuerza poderosa. Esto debilitó el impacto psicológico de la invasión inicial, pues los guatemaltecos comprendieron que no había peligro inmediato; además, uno de los primeros grupos que llegaron a su objetivo —ciento veintidós rebeldes que pretendían capturar la ciudad de Zacapa— fue aplastado por un pequeño contingente de treinta soldados del ejército guatemalteco y sólo veintiocho rebeldes pudieron escapar.
Una derrota mayor sobrevino al grupo de ciento setenta rebeldes que emprendieron la tarea de capturar la protegida ciudad costera de Puerto Barrios: después de que el jefe de policía descubriese a los invasores, rápidamente armó a los trabajadores portuarios locales y les asignó papeles defensivos; en cuestión de horas casi todos los rebeldes fueron muertos o apresados, mientras que el resto huyó de regreso a Honduras. Tras tres días de supuesta invasión, dos de los cuatro grupos golpistas de Castillo estaban vencidos. Intentando recuperar el ímpetu, Castillo ordenó un ataque aéreo sobre la capital al día siguiente, que fracasó puesto que sólo un avión logró bombardear una pequeña cisterna de petróleo, creando un fuego menor sofocado en veinte minutos.
Se formaron las brigadas de sanidad y las brigadas juveniles comunistas que patrullaban las calles por la noche, y que reclamaron infructuosamente al gobierno la entrega de armas.
Después de los rotundos fracasos rebeldes, el presidente Árbenz mandó a su comandante militar que permitiese a los rebeldes adentrarse en el país, ya que tanto él como su comandante principal no temían al ejército rebelde pero estaban preocupados de que si eran aplastados darían un pretexto para una intervención abierta militar norteamericana, como ya había amenazado el embajador Peurifoy. La clase oficial, temerosa del ataque norteamericano, no quiso contraatacar y derrotar a la diezmada tropa de Castillo. Árbenz temió que sus oficiales intimidados pactaran con Castillo; lo cual se confirmó cuando una guarnición entera del ejército se rindió ante Castillo unos días más tarde en la ciudad de Chiquimula; finalmente, el 27 de junio de 1954, los jefes del Ejército de Guatemala decidieron ignorar la autoridad de Árbenz y exigir su renuncia. Árbenz convocó su gabinete para explicar que el ejército estaba en la rebelión y luego anunció su renuncia al pueblo guatemalteco.
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Acá está el video de una presentación de Mario Vargas Llosa en Casa de América (Madrid), introducida y moderada por Pilar Reyes, Directora de la División Literaria de Penguin-Random House. Luego de una introducción por el escritor, quedó registrada una nutrida secuencia de preguntas a Vargas Llosa y sus respuestas.
Karina Sainz Borgo, enviada de la revista Vozpópuli en la que escribe profusamente y, por supuesto, autora venezolana de La hija de la española, hizo una pregunta a Vargas Llosa que suscitó una respuesta de casi diez minutos, la que eludió por completo lo que se le había preguntado. (¿Incomodidad con la pregunta? ¿Olvido senil?) He aquí el audio de esa interacción, entresacado del video precedente:
Bienvenida esta novela del Premio Nobel peruano, cuya lectura recomiendo a Juan Guaidó. LEA
A fines de 1984, el exministro Arturo Sosa me espetó: «Dime, carajito: ¿qué harías tú si tuvieras la fortuna de Rico MacPato y diez carajos que te sigan adonde tú digas?» Claramente, mi contestación no fue la que esperaba, pues le dije que probablemente montaría un periódico aunque hacía poco, el 7 de septiembre de ese año, le había anticipado por carta que me encontraba diseñando una organización política.
Recordé ese intercambio con Arturo Sosa el 10 de noviembre de 2018, en elprograma #322de Dr. Político en Radio Caracas Radio, para comentar la intervención de un oyente que suponía la existencia de «seguidores» míos. Creo que más bien Sosa suponía que pensaba entonces en una candidatura presidencial, a pesar de haberle escrito: «…varios crearemos una nueva sociedad política en y desde Venezuela. Una nueva sociedad política, no un partido. No una organización que sólo acierta a definirse si postula, casi en el mismo instante de su nacimiento, un candidato a la Presidencia de la República». En febrero del año siguiente (1985), elproyectode asociación hacía eso imposible: «La Sociedad Política de Venezuela en ningún caso postulará a persona alguna para un cargo público electivo». De seguidas se explicaba: «…la Sociedad podrá emplear recursos financieros y técnicos en apoyo a la postulación de miembros suyos a cargos electivos, pero siempre y cuando los miembros en cuestión soliciten los recursos descritos luego de que hayan obtenido el apoyo de un grupo de electores. Este apoyo deberá expresarse en un número de electores aun superior al que determinen las actuales leyes electorales venezolanas como definición de grupo de electores». Poco después, se añadía dos condiciones más: 1. «Los miembros que aspiren al apoyo de la Asociación deberán haber completado un programa de formación análogo al descrito en la cláusula de operaciones estatutarias para autoridades y funcionarios de la Asociación» (esencialmente, en untaller de política clínica). 2. «Quienes aspiren al apoyo de la Asociación en su postulación para cargos públicos, deberán someter sus programas o plataformas a la consideración y evaluación de una comisión técnica provista por la Asociación según reglamentación que ella elaborará al respecto». (¿Ud. quiere ser Alcalde de Humocaro Alto? ¿Qué se propone hacer en ese cargo?)
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Tampoco pensaba en un medio de comunicación como vehículo de una candidatura. Mientras ejercía como Editor Jefe de El Diario de Caracas, Hans Neumann me refirió cómo le habían visitado Allan Randolph Brewer Carías y Pedro Nikken (recientemente fallecido) para pedirle, en la Navidad de 1999, que «le diera un periódico» a Teodoro Petkoff. Comenté esto a Neumann en tres páginas de notas, de las que guardo imágenes de escáner, no un archivo de texto. Ésta es una de sus secciones:
Fragmento de facsímil de comunicación a Hans Neumann del 9 de enero de 2000
Como es sabido, Neumann fundó una nueva empresa editora que produciría el diario Tal Cual y, a pesar de que me dijo tres veces que estaba «muy satisfecho» con mi gestión en El Diario de Caracas, poco después me comunicó que cerraría este medio—lo que ocurrió en abril de ese año—porque no podía «mantener dos periódicos» y había decidido que la última misión de su vida sería la de derrotar a Hugo Chávez. (Irónicamente, la rotativa de El Diario de Caracas, propiedad de Neumann, había impreso desde sus inicios el desaparecido Correo del Presidente, diario de distribución gratuita que dirigiera Juan Barreto).
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Cuando planteaba a Arturo Sosa que tal vez crearía un periódico, pensaba más bien en una función pedagógica. El proyecto de asociación que por entonces preparaba tenía como el primero de sus propósitos «Contribuir al enriquecimiento de la cultura y capacidad ciudadana del público en general». Así recordé enCatástrofe anticatastrófica(26 de febrero de 2018):
“…la actual crisis política venezolana no es una que vaya a ser resuelta sin una catástrofe mental que comience por una sustitución radical de las ideas y concepciones de lo político”. (De la presentación delProyecto SPV). EnKrisis – Memorias prematuras(1986), volvería sobre el concepto: “… la revolución que necesitamos es distinta de las revoluciones tradicionales. Es una revolución mental antes que una revolución de hechos que luego no encuentra sentido al no haberse producido la primera. Porque es una revolución mental, una ‘catástrofe en las ideas’, lo que es necesario para que los hechos políticos que se produzcan dejen de ser insuficientes o dañinos y comiencen a ser felices y eficaces”.
Nada de esto dije a Sosa; mi impensada respuesta a su insinuación de abundante apoyo a lo que pudieran ser mis planes políticos fue desechada de inmediato por él con estas palabras: «Eso no funciona; cuando hicimos el diario La Verdad lo que logramos fue un fracaso». (Sosa fue socio de ese periódico, editado en Caracas en la década de los sesenta como apuntara Luis Henrique Ball Zuloaga en unasemblanzade Nicomedes Zuloaga hijo: «Fue uno de los grandes promotores de la candidatura presidencial de Arturo Uslar Pietri y ejerció el cargo de diputado en el antiguo Congreso Nacional, desde donde ejerció enérgicamente la defensa de la libertad individual y la libertad económica. Fundó el extinto diario ‘La Verdad’ para defender esos principios y durante años mantuvo una línea editorial que le costó no solo la enemistad de políticos intervencionistas sino también de muchos empresarios, de esos que siempre han vivido del compadrazgo y los subsidios que logran obtener a cuesta de los intereses nacionales»). Claro que una golondrina no hace verano; el fracaso de La Verdad no implicaba que otros intentos tendrían el mismo destino, como pude demostrar como Editor Ejecutivo del diario La Columna en Maracaibo, entre 1989 y 1990:
En un patio dominado por la presencia de Panorama, la hegemonía informativa de este periódico nunca había sido quebrada por otro diario; ni La Columna, que era más antigua, ni El Diario de Occidente, ni Crítica, ni El Nacional de Occidente, ni El Zuliano, habían podido hacer mella en un cuasi-monopolio que decidía el mundo que existiría oficialmente para los zulianos: el registrado en las páginas de Panorama. Pero La Columna nueva ya alcanzaba en febrero de 1990, a seis meses de su reaparición, una circulación pagada que superaba la de ese periódico en unos seis a nueve mil ejemplares diarios en la ciudad de Maracaibo; en abril alcanzaba (en ocho meses) el punto de equilibrio entre costos de operación e ingresos por publicidad (USA Today se conformaba con lograr esa meta en cuatro años) y en junio no hubo más remedio que reconocer su increíble proceso con el premio máximo del periodismo nacional. (La erección de una columna nueva, 27 de junio de 2010).
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Y es que, además, la constitución de la Sociedad Política de Venezuela no requería la fortuna de Rico Mac Pato, pero mi torpe reacción desperdició el obviamente entusiasta ofrecimiento de Sosa. Creo que ella, más que un desinterés monetario, expresaba cierto desagrado con su prescripción: «diez carajos que te sigan adonde tú digas». Jamás me he visualizado con «seguidores», y si ellos son una condición infaltable del éxito político entonces no lo alcanzaré nunca. No procuro apoyo incondicional de nadie. De nuevo, en elproyecto de la Sociedad Política de Venezuela incluí una sección cuyo título era Consagración de la crítica, donde escribí:
La Sociedad Política de Venezuela realizará operaciones políticas que formen parte de programas establecidos explícitamente por ella. Estos programas surgirán de la inventividad política de sus miembros, no de un proceso deductivo que parta de algún texto supremo. Ya no es posible deducir la solución de los problemas sociales concretos a partir de supertextos cuasibíblicos, sean éstos encíclicas papales o los libros capitales del marxismo. La política no se deduce; la política se inventa y se escoge. La Sociedad Política de Venezuela instrumentará el ambiente necesario para dar alojamiento a la invención política y para que las proposiciones que por ella surjan puedan ser adoptadas luego del más estricto análisis y la consulta más amplia posible. Así, cualquier miembro podrá en cualquier instante elevar proposiciones programáticas a los órganos competentes de la Sociedad Política de Venezuela a fin de que éstas sean evaluadas y convertidas en programas si se las encuentra importantes y conmensurables con los recursos que pueda la Sociedad arbitrar. Cualquier miembro podrá hacer eso en cualquier momento, aún si se trata de proposiciones que aspiren a sustituir a programas vigentes de la sociedad. Para esto se instrumentará una normativa que permita la comparación crítica de proposiciones alternas o competidoras y que asegure un máximo de objetividad política tal como la definimos anteriormente. Por tanto, no será objeto de sanción de ninguna naturaleza aquel miembro que sustente una opinión diferente o aun opuesta a lo que sean los programas corrientes de la sociedad, puesto que creemos que es de la refutación constante de las ideas y las formulaciones de los hombres de donde proviene el progreso, en un incesante proceso de superación de las cotas alcanzadas por anteriores esfuerzos.
En el apéndice de ese mismo texto (Tiempo de incongruencia), se expuso: «El actor político tradicional parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia. El nuevo actor político, en cambio, tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra».
Luego concluía, el 8 de febrero de 1985:
Más de una voz se alzará para decir que esta conceptualización de la política es irrealizable. Más de uno asegurará que «no estamos maduros para ella». Que tal forma de hacer la política sólo está dada a pueblos de ojos uniformemente azules o constantemente rasgados. Son las mismas voces que limitan la modernización de nuestra sociedad o que la pretenden sólo para ellos. Pero también brotará la duda entre quienes sinceramente desearían que la política fuese de ese modo y que continúan sin embargo pensando en los viejos actores como sus únicos protagonistas. Habrá que explicarles que la nueva política será posible porque surgirá de la acción de los nuevos actores. Serán, precisamente, actores nuevos. Exhibirán otras conductas y serán incongruentes con las imágenes que nos hemos acostumbrado a entender como pertenecientes de modo natural a los políticos. Por esto tomará un tiempo aceptar que son los actores políticos adecuados, los que tienen la competencia necesaria, pues, como ha sido dicho, nuestro problema es que «los hombres aceptables ya no son competentes mientras los hombres competentes no son aceptables todavía». Porque es que son nuevos actores políticos los que son necesarios para la osadía de consentir un espacio a la grandeza. Para que más allá de la resolución de los problemas y la superación de las dificultades se pueda acometer el logro de la significación de nuestra sociedad. Para que más allá de la lectura negativa y castrante de nuestra sociología se profiera y se conquiste la realidad de un brillante futuro que es posible. Para que más allá de esa democracia mínima, de esa política mínima que es la oferta política actual, surja la política nueva que no tema la lejanía de los horizontes necesarios.
Seguramente es terquedad que siga creyendo que eso es lo correcto, y que no es correcto nada que sea imposible. LEA
Debe decirse «se puede obtener» y «cómo se resuelve» (ver Crimen y Castilla)
A Delta Pi, Σας ευχαριστώ πολύ
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DesdeTheory of Games and Economic Behavior (1944) de John von Neumann, matemático, y Oskar Morgenstern, economista, disponemos de una técnica formalizada para que los oponentes en una competencia seleccionen una estrategia preferible entre varias a su disposición. Nos explicaWikipedia en Español:
La teoría de juegos es un área de la matemática aplicada que utiliza modelos para estudiar interacciones en estructuras formalizadas de incentivos (los llamados «juegos»). La teoría de juegos se ha convertido en una herramienta sumamente importante para la teoría económica y ha contribuido a comprender más adecuadamente la conducta humana frente a la toma de decisiones. Sus investigadores estudian las estrategias óptimas así como el comportamiento previsto y observado de individuos en juegos. (…) Los conflictos entre seres racionales que recelan uno del otro, o la pugna entre competidores que interactúan y se influyen mutuamente, que piensan y que, incluso, pueden ser capaces de traicionarse uno al otro, constituyen el campo de estudio de la teoría de juegos, la cual se basa en un análisis matemático riguroso pero que, sin embargo, surge de manera natural al observar y analizar un conflicto desde un punto de vista racional. (…) La teoría de juegos plantea que debe haber una forma racional de jugar a cualquier «juego» (o de negociar en un conflicto), especialmente en el caso de haber muchas situaciones engañosas y segundas intenciones…
En teoría de juegos no cooperativos, un juego de suma cero describe una situación en la que la ganancia o pérdida de un participante se equilibra con exactitud con las pérdidas o ganancias de los otros participantes. Se llama así porque si se suma el total de las ganancias de los participantes y se resta las pérdidas totales el resultado es cero. (…) Situaciones donde los participantes pueden beneficiarse o perder al mismo tiempo, como el intercambio de productos entre una nación que produce un exceso de naranjas y otra que produce un exceso de manzanas, en la que ambas se benefician de la transacción, se denominan «de suma no nula».
Pero también se ha abogado acá insistentemente por una estrategia englobante que convendría a los venezolanos como conjunto, sin separarnos en jugadores opuestos. Ella no es otra que la remisión de nuestros conflictos a la decisión referendaria del Pueblo, con fundamento en la crucial sentencia de la Corte Suprema de Justicia del 19 de enero de 1999. (Ver, por caso,Cronología referendaria, 22 de noviembre de 2016). Su basamento carece de misterio, como se asentara enCatecismo constituyente(11 de agosto de 2017):
La piedra angular de la constitucionalidad venezolana reciente fue colocada como cimiento principal de ella por esa sentencia del 19 de enero de 1999. Ella definió la doctrina fundamental de que el Pueblo, por su carácter de Poder Constituyente Originario es el Poder Supraconstitucional, no limitado por la Constitución (que sólo limita a los poderes constituidos); el Pueblo está únicamente limitado por los derechos humanos y por los tratados en los que haya entrado válidamente la República con soberanías equivalentes de otras naciones.
En consecuencia, sólo el Pueblo puede decidir asuntos que contradigan a la Constitución o no estén contemplados en ella. (Como elecciones presidenciales antes de agotarse un período constitucional concreto, por ejemplo).
El desconocimiento de esa doctrina fundamental del acervo constitucional venezolano equivaldría a pulverizar las bases jurídicas del régimen público nacional; la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, por caso, debe su existencia a la Constitución Nacional, que emergiera al mundo de la vigencia cuando el Poder Constituyente Originario la refrendara en referendo aprobatorio del 15 de diciembre de 1999. Y ese referendo fue convocado para decidir sobre el producto de la Constituyente de 1999, que fue elegida en votaciones mandadas por otro referendo, el consultivo del 25 de abril de ese mismo año. (…) …ese referéndum consultivo vinculante fue posible porque la Corte Suprema de Justicia así lo estableció el 19 de enero de 1999. (…) Toda la legitimidad del Poder Público venezolano reside en la invulnerabilidad de esa precisa sentencia y su clarísima doctrina, que permitió decidir sobre un punto no contemplado en la constitución de la época: la elección mandatoria de una asamblea constituyente, pues el Poder Constituyente Originario no está limitado por la Constitución.(Prontas elecciones, 22 de octubre de 2016).
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Retornemos al mundo de los juegos, esta vez de los que conocemos como solitarios, sin contrincantes, pues el Pueblo es una entidad única. Con frecuencia, mientras lidio con algún problema enrevesado, juego automáticamente dos juegos de esa clase en mi computador para estimular un procesamiento cerebral más o menos inconsciente. Son muy distintos: el primero (Klondike Forever) es el clásico de naipes, «cuyo objetivo es utilizar todas las cartas de la baraja, para construir las cuatro pilas de naipes clasificadas por pintas comenzando por los ases en orden ascendente». (Wikipedia en Español). Nada garantiza que todas las manos tengan solución; ésta depende de la distribución de inicio luego de barajar el paquete. El segundo (Moonlight Mahjong) es otra cosa; el computador se ocupa de presentar fichas del juego chino para retirarlas todas tomándolas consecutivamente por pares, y en este caso cada distribución tiene solución si uno no comete errores. (Eficiencia de 100%). Está claro que el éxito en el primer juego sólo depende de la suerte, y la mayoría de las distribuciones no conduce al triunfo. En cambio, es nuestra habilidad, nuestra concentración, en síntesis, nuestra disciplina, lo que permitirá resolver cada nuevo arreglo del segundo, pues el computador sólo sirve distribuciones con solución; depende enteramente de nuestra habilidad resolverlas.
Dos solitarios muy distintos
Tales imágenes emergieron en mi cabeza con la renovación, hoy, del contacto con un investigador académico al que mucho estimo. Hoy me dijo: “En lo político, tanto local como internacionalmente, no se ve nada positivo”. A lo que repuse: “Lo político no debe sorprendernos; hemos visto suficientes demostraciones de mediocridad”, sin que estuviera pensando sólo en la mediocridad local. Entonces mostró su temor: “Ya no veo cómo se puede resolver la cosa en Venezuela; antes estaba pensando en la opción que hemos hablado la última vez que nos vimos… ahora no la veo”. Sólo me quedó proponer que conversemos, adquiriendo de ese modo el compromiso de decirle algo nuevo.
Parte de la novedad es explicarle que el modelo de nuestro problema no es el de Mahjong; en ningún caso está asegurado el éxito si se siguiera una particular operacionalización del tratamiento referendario aunque, por supuesto, debe procurarse una que en principio sea eficaz. Son demasiados factores en juego; la cosa no es un geométrico juego de billar.
Klondike, en cambio, nuestro familiar solitario de cartas, ofrece una simulación que se aproxima más al asunto: («La simulación es el proceso de diseñar un modelo de un sistema real y llevar a término experiencias con él, con la finalidad de comprender el comportamiento del sistema o evaluar nuevas estrategias—dentro de los límites impuestos por un cierto criterio o un conjunto de ellos—para el funcionamiento del sistema».Wikipedia en Español).
El solitario de cartas resulta, ocasionalmente, en una distribución soluble, y por tanto lo que hay que hacer es insistir hasta que aparezca una. No había pensado antes en esa analogía, pero siempre creí que no debe cejarse en el empeño. En algún momento tendremos éxito en convocar al Pueblo para que él decida, como Soberano que es, y así solucione los problemas fundamentales de nuestra crisis. Hay que intentar lo correcto, contando con que en algún momento será posible. Para mí, lo correcto* es ineludible.
Es el Pueblo, lo diré una vez más, el único actor capaz de disolver tan destructiva dinámica. No puede ser más urgente el llamado a que se pronuncie en referendo; ningún otro agente es capaz de cortar nuestro pernicioso nudo gordiano. (Tragicomedia de equivocaciones, 7 de enero de 2020).
LEA
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* Nunca permitas que tu sentido de la moral te impida hacer lo que es correcto. Isaac Asimov
«Una imagen vale más que mil palabras» es un adagio en varios idiomas que afirma que una sola imagen fija (o cualquier tipo de representación visual) puede transmitir ideas complejas (y a veces, múltiples) o un significado o la esencia de algo de manera más efectiva que una mera descripción verbal.
Bits, bytes, kilobytes, megabytes, gigabytes son unidades de información cuyo significado empezamos a entender los comunes mortales hace cuarenta y cuatro años: «Se acostumbra fechar la revolución del computador personal con la aparición del primer computador Apple, en 1976″. (Carta a Arturo Sosa hijo, el padre del Papa Negro, del 7 de septiembre de 1984).
Ocho bits, que componen 1 byte, son la cantidad de información requerida para representar unívocamente una letra o carácter de la escritura, pero un artículo de un poco más de 3.000 caracteres, que en principio requeriría en el orden de 24 kilobytes, genera un archivo almacenable de alrededor de 50 kilobytes (cincuenta millares de bytes), pues un procesador de palabras emplea una buena cantidad de bytes para asignarla a instrucciones de formato. La memoria total del primer computador personal de I. B. M. (fines de 1982), empresa que entró con retraso al mercado personal, era de sólo 256 Kbytes o ¡un cuarto de megabyte! Hace tiempo, sin embargo, que quien no hable en gigabytes (millones de bytes) no está en nada. Ahora se mide en esta gigantesca unidad la memoria y la capacidad de almacenamiento de los computadores personales más modestos y los teléfonos celulares de uso corriente.
Mil palabras, por supuesto, es bastante más que mil letras, y si el proverbio universal que atribuye esa elocuencia a una sola imagen es veraz, entonces la unidad mínima de un discurso visual—una caricatura de Rayma, por ejemplo—es la de una megapalabra. Finalmente, la potencia máxima de una imagen—que no sea transmitida y multiplicada en la red de redes—es la de un mural urbano, puesto a la vista de los habitantes o visitantes de una ciudad. Ése es el caso de esta representación mural—que pudiera ser un montaje pero imagen al fin—en el embaulado del río caraqueño, el venerable Guaire de los indios teques y caracas:
Anoche leí en The New York Times un reportaje acerca de la comparecencia de Juan Guaidó en el Foro Económico Mundial, que se celebra anualmente en el pueblo suizo de Davos. (De allá venía Carlos Andrés Pérez cuando fue recibido por el fracasado intento de deponerlo del 4 de febrero de 1992). Reclutado Google Translate para obtener una versión castellana a la que debí hacer unos cuantos ajustes, el resultado se reproduce acá a continuación y sin comentarios:
Guaidó promete cambio para Venezuela, pero no logra conquistar Davos
Un año después de declararse presidente, el líder de la oposición exhibió una figura emproblemada en el Foro Económico Mundial.
Por Mark Landler
23 de enero de 2020 – Actualizado a las 12:27 p.m. ET
DAVOS, Suiza – Por estas fechas del año pasado, Juan Guaidó habría sido el brindis de Davos. Guaidó, el líder de la oposición venezolana, acaba de liderar una ola de disturbios populares para ganar la Presidencia de la Asamblea Nacional de Venezuela y se declaró el verdadero líder de su país en crisis.
Pero cuando Guaidó hizo la ronda en la reunión de figuras políticas y comerciales de este año, después de haber venido a Europa desafiando la prohibición de viajar fuera de su país, parecía un hombre cuyo momento hubiera pasado.
Con el represivo Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, todavía firmemente arraigado en el poder, y con el presidente Trump, el respaldo más destacado de Guaidó, distraído por su juicio en el Senado y su campaña de reelección, el asediado venezolano pasó la mayor parte de su tiempo respondiendo preguntas sobre por qué no había logrado derrocar al señor Maduro.
«Subestimamos la capacidad del régimen de hacer el mal», dijo Guaidó en una sala a medio llenar donde, dos días antes, Trump había hablado ante una multitud que solo cabía de pie. «Realmente estamos en este momento subiendo una cuesta».
Guaidó insistió en que él y sus seguidores terminarían por desalojar al gobierno de Maduro. Instó a los líderes europeos a tomar medidas enérgicas contra el comercio de oro de Venezuela, el que dijo ayudó a consolidar el control de Maduro al proporcionar un medio de cambio de divisas y asegurar la lealtad de los militares.
Pero el Sr. Guaidó pasaba trabajo para ofrecer nuevas ideas sobre cómo los gobiernos podrían apretar la presión sobre Maduro. Venezuela ya está bajo fuertes sanciones que hasta ahora no han podido desalojarlo. En un año electoral, Estados Unidos tiene menos probabilidades que nunca de considerar opciones más agresivas, como la intervención militar.
En Washington, el principal defensor del señor Guaidó, el ex Asesor de Seguridad Nacional John R. Bolton, dejó la administración. Trump no mencionó a Venezuela durante su discurso en Davos, y salió el miércoles de la estación alpina de esquí sin ver al Sr. Guaidó.
Eso dejó al venezolano con unas pocas reuniones que incluyeron a los líderes de Austria, Grecia y los Países Bajos, así como una sesión con un asistente regular a Davos, Tony Blair, el ex primer ministro británico. El martes, Guaidó se reunió en Londres con el actual Primer Ministro de Gran Bretaña, Boris Johnson.
«La idea detrás de todas estas reuniones es la misma», dijo Guaidó a los periodistas, hablando a través de un traductor. «La gente debería dejar de ver a Venezuela como un problema insoluble».
Pero luego comparó a Venezuela con Siria, Yemen y Sudán del Sur, tres estados devastados por la guerra que a menudo se considera problemas insolubles.
Aunque Venezuela no se encuentra en estado de guerra, Guaidó señaló que millones de personas habían huido del país en busca de alimentos o atención médica. Los que se quedan atrás se encuentran en una pobreza extrema y viven con salarios de tan sólo $ 3,5 al mes, incluso para las enfermeras y otros profesionales. El gobierno ha aumentado su represión, encarcelando y torturando a miembros de la oposición.
El propio Guaidó asumió un gran riesgo al abandonar el país. Se negó a describir cómo evadió las fuerzas de seguridad, excepto para decir que no eran particularmente eficientes y que su equipo logró distraerlas. Aún así, Guaidó enfrenta la posibilidad de represalias severas cuando regrese a casa.
«Volver a Venezuela no será fácil», dijo. «Espero poder llegar a casa sano y salvo».
Justo antes de volar a Europa, el Sr. Guaidó se reunió con el Secretario de Estado Mike Pompeo en Bogotá, Colombia. Estados Unidos es uno de los más de 50 países que reconocen a Guaidó como el líder legítimo de Venezuela. El Sr. Pompeo insistió en que la administración estadounidense no había retrocedido en su determinación de ver expulsado al Sr. Maduro, y expresó la esperanza de que eso aún pudiera suceder.
«Escuché esta idea de que hemos subestimado a Maduro», dijo Pompeo a los periodistas. «Lo que se ha subestimado es el deseo de libertad que descansa en los corazones del pueblo venezolano».
Funcionarios estadounidenses dijeron que la visita de Guaidó a Davos fue valiosa porque puso un rostro humano a la lucha en Venezuela. A pesar de haber aparecido en los titulares durante el año pasado, Guaidó, de 36 años, sigue siendo una especie de abstracción para quienes están fuera de América Latina, según un alto funcionario. Al contar su propia historia, dijo esta persona, Guaidó aún pudiera movilizar apoyo entre los europeos, quienes serían cruciales para imponer sanciones efectivas y detener el comercio de oro.
Mientras el Sr. Guaidó analizaba sus problemas del año pasado, señaló una oferta de amnistía hecha por la oposición a miembros del ejército que aceptaran volverse contra el gobierno de Maduro. La oferta no arrastró a los altos funcionarios, en parte porque Maduro les dio acceso a lucrativas minas de oro. Han seguido siendo un baluarte de apoyo para él.
«Tratamos de hacer eso, pero nos rebotó», dijo Guaidó. «Realmente son los altos mandos del ejército los que están detrás de él». ML
El corresponsal de la ODCA, hijo y ministro deRafael Caldera
Yo no tengo ideología, amigo mío. Yo lo que tengo es biblioteca.
Arturo Pérez Reverte
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Acabo de recibir de Andrés Caldera Pietri el texto de sus palabras en la instalación del Consejo Superior de la Democracia Cristiana ODCA, evento previsto en comunicado que secomentaraacá el 15 de este mes de enero. En ellas encuentro un intento de refutación de mi comentario crítico—»Vamos en el siglo XXI, en el tercer milenio, a un mundo postideológico, transideológico, pero la ODCA no se ha percatado de esa profundísima búsqueda»—, comenzando por esta proposición de Caldera Pietri en el segundo párrafo de su texto: «Por años hemos escuchado hablar del fin de las ideologías, como si pudiera reducirse la política a un mero pragmatismo vacío, enfocado en obtener o conservar el poder».
Tal vez no esperase él una respuesta en andanadas, que transcribo parcialmente a continuación:
Sostener que vamos a un mundo postideológico no es lo mismo que “reducir la política a un mero pragmatismo vacío, enfocado en obtener o conservar el poder”. Esto puse al inicio enEl caso de una licenciatura en Política(19 de septiembre de 2003):
La Política es un arte. A pesar de la legítima existencia de “ciencias políticas”, la Política no es en sí misma una ciencia, sino una profesión, un arte, un oficio. Del mismo modo que la Medicina es una profesión y no una ciencia, por más que se apoye en las llamadas “ciencias médicas”, la Política es la profesión de aquellos que se ocupan de encontrar soluciones a los problemas públicos. Por tal razón, las soluciones a esta clase de problemas no se obtiene, sino muy rara vez, por la vía deductiva. La esencia del arte de la Política, en cambio, es la de ser un oficio de invención y aplicación de tratamientos. En este sentido, hay un “estado del arte” de la Política.
El paradigma así delineado se contrapone a una visión tradicional de la Política como el oficio de obtener poder, acrecentarlo e impedir que un competidor acceda al poder. Esta formulación, que los alemanes bautizaron con el nombre de Realpolitik, es el enfoque convencional, que en el fondo es responsable por la insuficiencia política—exactamente en el mismo sentido que se habla de insuficiencia cardiaca o renal—de los actores políticos tradicionales. El tránsito de un paradigma de Realpolitik a un paradigma “clínico” o “médico” de la política se hará inevitable en la medida en que la sociedad en general crezca en informatización y acreciente de ese modo el nivel general de cultura política de los ciudadanos.
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Ese ejercicio profesional clínico, he argumentado, debe estar sujeto a un código de ética, tal como la Medicina se rige por el Juramento de Hipócrates. Puedes leer el que compuse en 1995 acá: Código de conducta.*
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Las ideologías, como asenté en el material que te enviara al recibir de ti la noticia de la reunión de ODCA, son guías obsoletas que en la gran mayoría de los casos sirven como justificación (o coartada) precisamente para una mera lucha por el poder. Pedro Pablo Aguilar [ex Secretario General de COPEI],** declarando a El Nacional el 7 de junio de 1986: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder».
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También anexé, a una de las respuestas, un texto de veinte páginas que compusiera entre el 18 y el 19 de febrero de 2013 para los amigos Marcel Granier y Luis Penzini, este último dolorosamente fallecido. (El lugar de los valores en la política). Ese documento se inició con esta explicación:
En las últimas dos visitas que he hecho, dos amigos de gran inteligencia y solidez moral me han planteado, con diferencia de unos pocos días, el mismo problema metapolítico: la función de los valores en el ejercicio de la política. No hay razón para sorprenderse de la coincidencia; ambos han compartido importantes pedazos de historia personal y cívica y son, por tanto, espíritus afines. El primero de ellos explicó que ha asumido antes la posición que defiendo acerca de la obsolescencia de las ideologías, pero que más recientemente se pregunta por la conveniencia de su preservación porque este asunto de los valores le parece central al buen ejercicio de la política. El segundo contrastó el discurso de «la Cuarta República» con el actual discurso militarista del hombre fuerte (una particular reencarnación del cesarismo democrático) y cree que el discurso político que podía dejar atrás a ambos es «el discurso de los valores». Este tema del lugar de los valores en el ejercicio político, pues, es tanto importante como recurrente, tal como señala el epígrafe*** que fuera tomado de un texto de hace más de dos décadas.
Y siendo que el caso venezolano que más conozco es el de COPEI, me valí de él en esa comunicación para argumentar mi propia comprensión del tema ideológico:
Antes de la llegada del sistema chavista, fue COPEI la formación del bipartidismo que más tiempo y esfuerzo invirtió en el problema de la ideología, al punto que celebró su «congreso ideológico» en octubre de 1986. (Acción Democrática manejó este asunto de modo más íntimo y discreto, con las tesis internas de su Secretaría de Doctrina. Esta unidad, dirigida a la caída de Pérez Jiménez por Domingo Alberto Rangel, definía en su documento base: Acción Democrática es un partido marxista. Luego aclaraba que su empleo del marxismo era estrictamente para fines analíticos, no terapéuticos. Naturalmente, el Partido Comunista de Venezuela y el Movimiento Al Socialismo tenían una importante carga ideológica, más el primero que el segundo, así como organizaciones como La Causa R—fundada por el marxista Alfredo Maneiro—y Bandera Roja; pero estos partidos, sumados, por mucho tiempo no pasaron del «6% histórico de la izquierda venezolana»).
Fundado en 1946
COPEI, en cambio, se distinguió siempre por su definición ideológica. Rafael Caldera precisó la ubicación del partido en el mitin de cierre de su campaña presidencial en 1963; en su discurso dijo enfáticamente: «COPEI es un partido de centro-izquierda», a pesar de que en su origen admiraba el falangismo español y había establecido su fuerza electoral en los estados andinos, que expresaban su descontento con AD, el partido que había interrumpido la hegemonía andina en 1945. La sección juvenil de COPEI buscó posicionarse al lado izquierdo con su propio nombre: Juventud Revolucionaria Copeyana. Nada de esto impidió que su práctica política se orientara inequívocamente a la búsqueda del poder, como indicó de nuevo Rafael Caldera: «Yo no estoy en las alturas del poder, sino en las arenas de la lucha política…»
Si el estilo inconfundible de la Realpolitik, de la política del poder por el poder, pudo entronizarse en tal grado en la práctica de la dirigencia copeyana, eso fue posible gracias al anquilosamiento de la función ideológica socialcristiana. En términos sobresimplificados, el esquema de actuación del político copeyano, en especial de su dirigencia, consistía en conocer los principios de la democracia cristiana—contenidos, como se ha explicado aquí antes, en el libro de Pérez Olivares y en la obra posterior de Rafael Caldera: Especificidad de la Democracia Cristiana—procurarse un adiestramiento retórico y de oratoria y manejarse dentro de los estatutos y reglamentos del partido, anotándose en alguno de los “ismos” determinados por el liderazgo de alguna figura en particular: calderismo, herrerismo, eduardismo, oswaldismo. El supuesto simplista de este esquema residía en la idea de que los principios funcionarían como axiomas geométricos, a partir de las cuales sería posible deducir la política concreta.
Es así como, tan tarde como en 1985, Eduardo Fernández y Gustavo Tarre Briceño entendían las labores del Congreso Ideológico Nacional como partiendo de un “nivel filosófico-principista” e incluyendo un “nivel de la política concreta”. Ambos niveles, pensaban, requerían un “puente sociológico” que les comunicase, lo que revelaba la dificultad con la que se habían topado: la incomunicabilidad entre principios y práctica política.
El problema era éste: no bastaba reflexionar intensamente sobre, digamos, el principio de la dignidad de la persona humana para extraer deductivamente una solución al problema de la deuda externa que fuese una solución demócrata cristiana.
Esa creencia en una relación deductiva entre principios y política es un rasgo bastante común del paradigma político clásico, y se manifestaba con particular intensidad en el pensamiento de los líderes de la democracia cristiana venezolana. Un destacado ejemplo lo constituyó el debate sobre el “agotamiento del modelo de desarrollo venezolano”, tema de moda por los comienzos de la década de los ochenta y en el que terció el Dr. Rafael Caldera con una tesis bastante típica de las formulaciones clásicas. Caldera argumentó, desde un discurso pronunciado en tierras mexicanas, que no era cierto que el modelo de desarrollo venezolano hubiese caducado; más bien, por lo contrario, el asunto era que no había sido llevado a la práctica, y que debía buscarse la descripción del susodicho modelo en el Preámbulo de la Constitución Nacional de 1961.
Una postura idéntica podía encontrarse en muchos otros discursos como, por ejemplo, en la estereotipada conferencia sobre “objetivos nacionales” del curso del Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional: “Los Objetivos Nacionales se dividen en Objetivos Nacionales Permanentes y Objetivos Nacionales Transitorios. Los Objetivos Nacionales Permanentes están enumerados en el Preámbulo de la Constitución Nacional”.
Vale la pena transcribir acá el texto pertinente del Preámbulo de la Constitución:
“…con el propósito de mantener la independencia y la integridad territorial de la Nación, fortalecer su unidad, asegurar la libertad, la paz y la estabilidad de las instituciones; proteger y enaltecer el trabajo, amparar la dignidad humana, promover el bienestar general y la seguridad social; lograr la participación equitativa de todos en el disfrute de la riqueza, según los principios de la justicia social, y fomentar el desarrollo de la economía al servicio del hombre; mantener la igualdad social y jurídica, sin discriminaciones derivadas de raza, sexo, credo o condición social; cooperar con las demás naciones y, de modo especial, con las repúblicas hermanas del continente, en los fines de la comunidad internacional, sobre la base del recíproco respeto de las soberanías, la autodeterminación de los pueblos, la garantía universal de los derechos individuales y sociales de la persona humana, y el repudio de la guerra, de la conquista y del predominio económico como instrumentos de política internacional; sustentar el orden democrático como único e irrenunciable medio de asegurar los derechos y la dignidad de los ciudadanos, y favorecer pacíficamente su extensión a todos los pueblos de la Tierra; y conservar y acrecer el patrimonio moral e histórico de la Nación…”
Obviamente el texto que antecede es un recuento de valores y criterios más que de objetivos, por lo que difícilmente puede llamarse al Preámbulo de la Constitución de 1961 un “modelo de desarrollo”.
Hoy la casa de Eduardo Fernández y su hijo
Ante tales dificultades llegó a hacerse doctrina del Instituto de Formación Demócrata Cristiana, IFEDEC, fundado por Arístides Calvani, la existencia de unos “planos de mediación”: pisos sucesivos de concreción mediante los cuales sería posible “descender” del techo de los principios hasta la planta baja de las políticas específicas. El invento era una elaboración de tesis formuladas en Chile, hacia la época de los años sesenta, por el padre jesuita Roger Vekemans, de gran influencia ideológica en la democracia cristiana continental.
Tales elaboraciones no hacían otra cosa, por supuesto, que complicar el problema, introduciendo una serie de pasos conceptuales que equivalía a “correr la arruga” una y otra vez. Una formulación alternativa, que les fue ofrecida, no contó con mucha acogida. (En 1985 ya les había sugerido que los valores no debían ser vistos como “objetivos”, sino como criterios de selección de tratamientos políticos. La idea subyacente, en este caso, es que la política no se deduce sino que se inventa. Frente a un determinado problema surge— dependiendo del “estado del arte” de las disciplinas analíticas—un grupo de soluciones diferentes, ante las que los valores son útiles para escoger aquella solución “más democrática” o “más justa” o que mejor parada deje a la “dignidad” o, a lo Moronta, a la “centralidad de la persona humana”).
Pero esta bizantina salida de postular la existencia—inobservable—de unos supuestos “planos de mediación” no obstaba para que en IFEDEC se admitiera que en política era inevitable “derramar sangre”, por lo que además del discurso principista y ético se manejaba una soterrada autorización a la práctica de la Realpolitik.
(EnEstudio copeyano, referéndum, Vol. I, No 8, 19 de octubre de 1994).
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En el estudio sobre el lugar de los «valores» en la política inserté esta observación: «El Movimiento Al Socialismo, Podemos, Patria Para Todos ondean banderas marxistas; Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo son partidos de la socialdemocracia; COPEI, Primero Justicia, Proyecto Venezuela y lo que quede de Convergencia son organizaciones socialcristianas. La misma redundancia de opciones dentro de una misma corriente ideológica ya es signo de que, incluso para ellas, lo ideológico no es lo importante». (Olvidé mencionar en esta enumeración la formación de Henri Falcón, de la corriente «progresista» de la socialdemocracia y Voluntad Popular, partido inscrito en ¡la Internacional Socialista!, algo así como la ODCA adeca).
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Todos los argumentos arriba transcritos están sujetos a la quinta estipulación de miCódigo de Ética Política:
Consideraré mis apreciaciones y dictámenes como susceptibles de mejora o superación, por lo que escucharé opiniones diferentes a las mías, someteré yo mismo a revisión tales apreciaciones y dictámenes y compensaré justamente los daños que mi intervención haya causado cuando éstos se debiesen a mi negligencia.
De antes debiera Andrés Caldera Pietri estar persuadido de que no hablo por la tapa de la barriga; de ahora, que he considerado el asunto ideológico en profundidad. LEA
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* En la comunicación a Granier y Penzini apunté: «Como tal oficio o profesión, debe estar sujeta la Política a uncódigo de ética, algo que es mucho más específico y práctico que una doctrina centrada en valores abstractos, puesto que estipula los comportamientos correctos. En septiembre de 1995, sentí la necesidad de componer uno para la Política y opté por seguir, en su orden expositivo, el manifiesto en el Juramento de Hipócrates, el primer código deontológico de la humanidad. (El 26 de ese mes, juré cumplirlo públicamente en el programa Argumento, un espacio dominical que por entonces conducía en Unión Radio)».
** Aguilar es uno de los firmantes delcomunicadode ODCA, igualmente suscrito por Oswaldo Álvarez Paz, quien compitiera por el poder y perdiera ante Rafael Caldera en 1993 a pesar de ser fiel de su misma ideología—¿misma religión, distinta secta?—, Humberto Calderón Berti (defenestrado por Juan Guaidó), Abdón Vivas Terán (destituido de la Secretaría General de la Juventud Revolucionaria Copeyana por ser demasiado rojito para Caldera), Román Duque Corredor (próximo a Eduardo Fernández, inasistente ¿no invitado?), José Rodríguez Iturbe (fugaz Canciller del efímero Pedro Carmona Estanga), etcétera.
*** Es cada vez más frecuente encontrar (…) en los diagnósticos que intentan establecer las causas de la erosión institucional y la patología de la conducta societal, una referencia a una crisis de los valores. Sería igualmente sorprendente que la solución a esta mentada crisis de los valores (…) fuese a encontrarse en una vuelta a imágenes que fueron funcionales en un pasado. (Un tratamiento al problema de la calidad de la educación superior no vocacional en Venezuela, 15 de diciembre de 1990).
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