Del proverbial baúl…

 

…de los recuerdos. Transcribo acá una entrevista que me hicieran a mi paso como Editor Jefe de El Diario de Caracas (1999-2000), cargo que me confiara mi amigo y empleador—Corimón, Fundación Neumann—, el gran empresario y hombre de cultura checo-venezolano Hans Neumann. El motivo: hoy me ha llegado el video promocional de When Time Stopped, libro escrito por su hija (Ariana Neumann Anzola) con María Cristina Anzola Etchevers, a quien considero la cuarta de mis hermanas. (Estará disponible en 2020). He aquí el video que anticipa al texto:

Y ahora la entrevista. (Releerla ha removido muchísimos recuerdos gratos y agradecidos; también uno doblemente triste: el sepelio de Hans Neumann Haasova tuvo lugar en Caracas el 11 de septiembre de 2001, el mismo día del ataque hiperterrorista contra las torres gemelas del World Trade Center en la ciudad de Nueva York. Ese día, llamé a María Cristina, ya separada de Hans y residenciada en la metrópolis atacada, para asegurarme de que hubiera sobrevivido y recordar a quien quisimos tanto).

………

 

¿Qué está pasando en El Diario de Caracas?

 

Marco Gómez

 

Portada ficticia de El Diario de Caracas, creada por Coromoto Fajardo para mi cumpleaños (11/01/2000; clic amplía)

 

Primero me dejaron ver un video. Un poco más de dos horas de registro audiovisual de un “seminario de pauta trimestral” de El Diario de Caracas. Luego me actualizaron con los cambios más recientes, pues el evento que el video muestra tiene ya un poco más de un mes de haberse celebrado. Después de esto contestaron mis preguntas—las fáciles, que las difíciles iba a hacérselas al Editor, a quien entrevistaría al día siguiente—para finalmente darme un tour por las instalaciones del periódico, paseo que culminó, mi vista abrumada, ante la imponente rotativa Roland de tres pisos, que puede manejar ediciones de hasta 128 páginas en blanco y negro o de 96 páginas con color.

Todo muy organizado y eficiente, pero cuando pretendía indagar cierta clase de cosas la respuesta era invariable: “Pregúntale a Luis Enrique”. Y por Dios que lo haría.

Luis Enrique Alcalá, el nuevo Editor Jefe de El Diario de Caracas, y yo, novel articulista de sus páginas, nos habíamos visto una sola vez antes de nuestra extensa conversación sobre la nueva fase del periódico. Un amigo común permitió el enlace que a su vez me ofreció la oportunidad de enviar un artículo que gustó a Alcalá. Tuvo la gentileza de obtener mis señas a través del amigo y llamarme por teléfono directamente, sin una voz secretarial que mediara en el encuentro de bocinas. De una vez me propuso que continuara escribiendo para sus páginas de opinión. Al tercer artículo que me publicó (este pasado lunes 1º de noviembre [de 1999]) llamé yo para agradecer el espacio y curiosear acerca de cosas que se estaban diciendo del periódico. Inmediatamente me propuso algo mejor: ¿por qué yo no aceptaba escribir, como observador externo, acerca de lo que Alcalá llama la metamorfosis del diario? Me explicó la transformación que CORPUS experimentaría y puso a mi disposición el espacio de varias páginas. Yo riposté que necesitaría entrevistarlo, a lo que accedió, siempre y cuando yo me sometiera al proceso de inmersión preliminar, el que incluyó el mencionado video y el paseo guiado por el edificio.

Es así como estoy ahora frente a Luis Enrique Alcalá, o simplemente Luis Enrique, como lo llaman en la Sala de Redacción sus periodistas o en la nave de Rotativa sus operarios.

Este hombre de periódicos no es periodista de profesión. Una extraña mezcla de media carrera de Medicina y una completa de Sociología le llevaron alguna vez, hace diez años, a Maracaibo. Allí se encargaría de relanzar el diario La Columna que, habiendo cerrado sus puertas en junio de 1988, volvería a la luz el 8 de septiembre de 1989. En seis meses contados desde esa fecha La Columna circulaba 49 mil ejemplares diarios, dos meses más tarde llegaba a punto de equilibrio por la inserción publicitaria y en dos meses más obtenía el Premio Nacional de Periodismo de 1990.

Mucho antes de eso Alcalá había trabajado para Corimón, la empresa que había fundado el actual dueño del periódico, Hans Neumann. Entre 1968 y 1979 ejerció en ese grupo industrial una diversidad de funciones corporativas. “Para mí esto fue otra universidad”, dice.

De modo que cuando a comienzos de septiembre le propusieron asumir el cargo de Editor Jefe no lo pensó dos veces. Su pasión por los periódicos, y su larga relación con el propietario y su total confianza en él se mostraban como factores positivos convergentes y absolutamente convincentes. “A esto se añade que yo fui lector asiduo de El Diario de Caracas desde que salió por primera vez, en 1979. Yo estaba recién casado y mi esposa me trajo el primer número como regalo. Luego escribí artículos en este diario bajo tres directores diferentes: Ball, Urbaneja y Herrera. Entonces, siempre me he sentido muy cerca de El Diario de Caracas. Cuando me ofrecieron este cargo pensé, confieso: lo que es del cura va para la iglesia”.

La entrada de Luis Enrique en el periódico caraqueño no ha pasado desapercibida. Comentaristas de radio y televisión han tenido que hacer con la primera página del periódico, la mayoría para referirse a ella positivamente. Y, tal vez más significativamente, también ha recibido ataques. ¿Qué es lo que hace que tengan que ocuparse de este periódico después de sólo mes y medio de su cambio de dirección? ¿Qué está pasando en El Diario de Caracas?

“No está pasando nada del otro mundo. En el fondo se trata de hacer ciertas cosas elementales del buen periodismo, mezcladas con una buena dosis de sentido común gerencial. Hacer periodismo bueno en Venezuela es posible, aun tomando en cuenta las limitaciones locales y las que vienen de las circunstancias. Pero en realidad lo que hemos hecho es poco. En esencia se trata de haber sentado la orquesta de modo diferente a como lo hacía el anterior director. (Hemos estado usando mucho entre nosotros la metáfora de la orquesta, y tú viste al entrar el afiche de la Sinfónica de Boston). La hemos sentado distinto significa que hemos producido un nuevo esquema de paginación, que comenzó a regir el lunes 18 de octubre y que ya ha sufrido algunas modificaciones y va a sufrir más todavía. El 19 de noviembre, viernes, aprovechando que no salimos, por ahora, los días sábado y domingo, tendremos una evaluación a fondo del esquema que hemos venido usando”.

El esquema, explica Luis Enrique mientras firma algún tipo de recibo, se fundamenta en dos premisas básicas. El caraqueño es una persona que está profundamente interesada en lo que ocurre en su ciudad. Aunque sólo sea por lo que ocurrió aquí el 27 y 28 de febrero de 1989. Pero el caraqueño es también un ciudadano del mundo, un ciudadano del planeta. Por esto la secuencia de páginas arranca por Caracas y continúa con Mundo.

“Pero hay una premisa más fundamental: El Diario de Caracas es, o más exactamente, debe ser el diario de Caracas. Esto refuerza más todavía la conciencia de que debemos pensar en las necesidades de información de los habitantes de Caracas, y se refleja de modo inmediato en que el periódico abre por Caracas”:

Sí, pero ¿por sucesos, por página roja?

“Sí, porque lo que más le interesa a un sistema biológico es que su sistema inmunológico funcione bien. Y los sucesos son el sistema inmunológico de una ciudad”.

Después de las 6 páginas que el periódico dedica a Caracas y el Mundo vienen dos de Opinión—“No debemos tener más por los momentos”, intercala el editor—y luego el periódico se desarrolla por secciones: República, que es una combinación de lo que en muchos periódicos se llama política con lo que se llama país, Indicadores, Economía y Negocios, Economía Personal, Artes, Casa, Espectáculos, Sociales, Deportes. Intercaladas van dos carteleras, una de Servicios y una de Espectáculos, así como una página de Pasatiempos.

 

El resto de la portada (clic amplía)

 

Pero el cambio en El Diario de Caracas es mucho más que un nuevo esquema de páginas. Ha habido cambios en el estado mayor de la Redacción, por ejemplo. Y hubo el seminario cuyo video vi y que bien podría llamarse un seminario estratégico. Hacia el final del video, cuando se discutía la presentación sobre los objetivos de la Redacción, se registra una intervención entusiasmante de Gianpaolo Veronelli, el Gerente General del periódico: “Ahora este periódico tiene un norte claro. Cuenten con todo el apoyo de las unidades de la Gerencia General. Aquí vinimos a ganar”.

Y es que en el seminario del 2 de octubre no sólo participó el grupo de la Redacción, sino que asistieron y participaron activamente los miembros del equipo de Publicación—Ventas, Administración, Producción, etc.—y hasta el nivel corporativo, representado por Alba de Aponte, Coordinadora Ejecutiva de la Junta Directiva del negocio.

“Cuando hacíamos La Columna en Maracaibo entre 1989 y 1990 yo tenía que ejercer la función de editor y también manejar el lado comercial del asunto. Acá tengo la inmensa fortuna de contar con la presencia de Gianpaolo Veronelli, que es un hombre de las nuevas generaciones gerenciales del país y cuenta con una importante experiencia en periódicos, incluyendo, naturalmente, en el propio periódico nuestro y en The Daily Journal, diario en inglés que es nuestra fraterna competencia corporativa. Por esta presencia, y por la de toda la gente que Gianpaolo comanda con gran maestría, tengo la bendición de poder concentrarme en los aspectos puramente editoriales de la empresa”.

Al seminario se incorporó también un grupo de observadores amigos de El Diario de Caracas, y otros importantes asesores se han acercado con un entusiasmo renovado en las posibilidades del periódico. “Debo destacar la visita de Don René Scull. René es una especie de biblia ambulante del mercadeo en Venezuela, y además su familia era la dueña de El Diario de la Marina en La Habana. De modo que sabe mucho de estas cosas. El día que nos visitó escuchó en serena calma y con toda atención mis explicaciones que, en esencia, eran las cosas que habíamos discutido en nuestro seminario del 2 de octubre. Sólo entonces empezó a hablar. Y amigo, yo me puse a tomar apuntes como un alumno de bachillerato ante un profesor estrella. Aprendí mucho ese día. Pero además obtuve una gran dosis de tranquilidad, pues René ofreció su bendición para los lineamientos presentados en el seminario. Así que ahora me siento doblemente seguro de que vamos por buen camino”.

¿Cuál es ese camino?

“En realidad podemos decir que El Diario de Caracas es un equipo doble A en vías de convertirse en triple A. No somos de las Grandes Ligas. El Diario de Caracas lo fue en un tiempo, pero debemos recuperar ese lugar. Grandeligas son El Nacional, El Universal, Ultimas Noticias… En su campo especializado, Meridiano, que ahora hace una potentísima sinergia con su canal de televisión. Luego tenemos al refrescamiento que Teodoro Petkoff ha logrado con El Mundo. Teodoro está haciendo un experimento interesante, en el que su primera página, o más propiamente, su noticia de abrir, es un editorial. En mi opinión personal El Mundo debiera llevarse el Premio Nacional de Periodismo del año 2000”.

Uno no sabe sí creer este posible exceso de modestia con eso de doble A y triple A. A fin de cuentas, El Diario de Caracas tiene un posicionamiento privilegiado en la memoria de los caraqueños, y con sus capacidades técnicas y la sabiduría industrial de Neumann debiera ocupar muy pronto una posición preeminente. “Bueno, yo creo que Hans Neumann se merece un triunfo con El Diario de Caracas. No sólo por lo que él ha entregado al país como industrial y como promotor de cultura en 50 años de dedicación, sino porque Hans tiene una inocultable vocación comunicacional. Fue miembro de la Junta Directiva de El Nacional, estuvo involucrado en las revistas Semana y Número y, por supuesto, es el factor principal en The Daily Journal desde hace mucho tiempo. Hasta llegó a considerar, unos cuantos años atrás, la posibilidad de comprar El Nacional. Quita eso, que me lo van a cobrar como indiscreción”. Lo siento por ti, Luis Enrique, el desliz de la lengua se copia. Tú me prometiste libertad y yo estoy entregando acá información veraz, oportuna y sin censura. Se encoge de hombros.

“El Sr. Neumann, que está complacido con la dirección de los cambios, me ha instruido con mucha claridad. No te apures, me ha dicho, prefiero que hagas las cosas sólidamente y buscando la calidad. Así que tampoco me preocupo por los temas de la capitalización del periódico. Ahora lo posee íntegramente Hans Neumann, luego de una amistosa adquisición de todo el capital que antes no poseyera”. (Luis Enrique deslizó comentarios elogiosos sobre aciertos de la administración de las Empresas 1BC, y recordó momentos estelares del periódico de esa época bajo sus distintos directores, como la mezcla de articulistas que logró ensamblar Diego Urbaneja, o aún más atrás, las estelares direcciones de Rodolfo Schmidt y Tomás Eloy Martínez).

El concepto estratégico para El Diario de Caracas reserva para el 2000 desarrollos más importantes. En el último trimestre del año se propuso obtener logros significativos sin pretender la conquista del planeta prematuramente. “Pero en el 2000 completaremos la metamorfosis para aumentar el número de páginas y servir la semana completa, de lunes a domingo. Hans Neumann me dijo, este periódico ni es diario ni es de Caracas, yo quiero que sea el diario de Caracas. Bueno, estamos empezando a ser de Caracas. El año que viene seremos diario”.

El aumento del número de páginas está entendido por Luis Enrique como una evolución perfectamente natural.

“Lo que tratamos de hacer es servir con información básica al Lector de Caracas—pidió la mayúscula para Lector—en nuestras 32 páginas. No es que no nos interese el Lector del interior de la República. Por lo contrario, nos interesa mucho. Pero creo que si hacemos un buen periódico pensando en el Lector de Caracas, el Lector de Barquisimeto nos querrá leer también, porque él también es, como el caraqueño, ciudadano del planeta. Y en esto no hacemos otra cosa que seguir la lógica de los grandes periódicos del mundo. Si apartamos el caso de USA Today, que es una incorporación relativamente reciente, los grandes periódicos norteamericanos son todos periódicos metropolitanos: The New York Times, The Philadelphia Enquirer, The Los Angeles Times… Y Los Angeles Times se lee en Nueva York y se lee en Berlín. Caracas es una entidad política, social y mercadológica de 6 millones de habitantes, diez veces lo que era cuando en primaria estudiaba geografía de Venezuela. Caracas merece un periódico pensado para ella. Ahora bien, si servimos bien a los Lectores, inevitablemente aumentará nuestra circulación—ya lo está haciendo: en las últimas semanas la circulación del periódico ha llegado a incrementarse en porcentajes de hasta 12% intersemanal—y cuando aumente la circulación inevitablemente aumentará el flujo de publicidad. Entonces chillará algún periodista porque le hemos mochado un trabajo que estuvo construyendo desde la mañana para insertar un aviso, y cuando los chillidos sean muchos sabremos a ciencia cierta que necesitamos más páginas”.

El cambio de CORPUS es otra evolución interesante. Era un suplemento que circulaba encartado los días martes, y que desde esta edición circulará los días viernes de cada semana. “Por ahora es un experimento. Se trata de sólo 16 páginas y, por supuesto, queremos hacer más. Pero el asunto surgió porque el Sr. Neumann no estaba conforme con el producto, y preguntó si no debiéramos más bien concentrarnos en nuestras 32 páginas diarias, sin necesidad de apuntalarnos con suplementos. Como se trata de un hombre con criterio abierto y flexible le solicitamos autorización para repensar totalmente a CORPUS. Autorización concedida y hemos convertido a CORPUS en una oferta variada que sustituye a la muy digna versión anterior, que se limitaba al importante campo de la salud integral, pero que es, a fin de cuentas, un campo limitado. Así que CORPUS es ahora un proyecto en gestación y evolución, que querremos hacer crecer y transformarlo de la mano de los Lectores. Tiene por misión, además, ser el germen de lo que será nuestro suplemento de fin de semana una vez que estemos saliendo todos los días”.

No puede ocultarse que han circulado rumores de que el periódico está a punto de ser cerrado, o que algún comentarista de televisión parece tener por el periódico cierta animadversión. Luis Enrique se ríe.

“Estos rumores tienen interesados detrás. El Diario de Caracas es un fruto muy apetecible. Tan sólo el nombre vale centenares de millones, y hay quienes quieren ponerle la mano y poseerlo. Razonan que sí logran dañar al periódico conseguirían, a la postre, un precio de gallina flaca por él. Pero voy a desilusionarlos. El Diario de Caracas ni va a cerrar ni está a la venta. Por lo contrario, el accionista principal ha fortalecido su posición de capital.

Mira, cuando en Maracaibo La Columna que dirigí se encontraba todavía en fase de proyecto, un miembro del mismo me dijo: Luis Enrique, yo estoy seguro que Fulano de Tal (un competidor) está grabando tus conversaciones telefónicas para saber qué te traes entre manos. Yo creo que tú debes grabar las conversaciones de él. Entonces le dije lo siguiente: mira Mengano, poco antes de venir a Maracaibo mi señora y yo habíamos comenzado a escalar hasta un punto del Avila que es muy popular. Bueno, al comienzo yo me sentía muy avergonzado, porque mientras yo lograba llegar boqueando a Sabas Nieves, un señor, que obviamente tenía más de 70 años de edad, subía, bajaba, volvía a subir y volvía a bajar. Hasta que me di cuenta de que mi problema no era con el señor sino con la montaña. Cuando dejé de preocuparme por él y comencé a oler montaña, a respirar y sudar montaña; cuando obtuve mi ritmo de la propia montaña, ese ritmo mejoró y ya el viejo atleta no me sacaba tanta ventaja. Y nuestra montaña son los Lectores. De ésos nos preocuparemos. Yo no voy a grabar las conversaciones de nadie.

Con esto te quiero decir que tampoco pongo mucha atención a los rumores. Ni siquiera cuando son más que rumores y pasan a ser pretendidas noticias. Por ejemplo, una conocida columnista llegó a publicar que el cambio en la dirección significaba que El Diario de Caracas cerraría muy pronto. Me limité a enviarle un correo electrónico donde le aseguraba que estaba mal dateada y me ponía a su orden para explicarle los planes de futuro desarrollo. Muy divertidamente contestó por la misma vía con la siguiente explicación: que como no había conseguido el periódico en el kiosco, había llegado a pensar que lo que había escrito en su columna era cierto. Tengo copia de esa perla de información veraz a buen resguardo, con una copia en las bóvedas del Banco Central y otra guardada en Fort Knox. Ante estas cosas, Marco, me rijo por el más sabio de los proverbios árabes: la mejor venganza es ser feliz. Por lo que respecta a otros comentarios, que no sé con qué interés o con qué grado de temor quieren asociarnos con algún partido político y con esperanza de rayarnos, lo que tengo que decir es que, como me ha dicho sin que quepa duda el Sr. Neumann, éste no es un periódico de oposición al Gobierno, como tampoco se trata de un periódico partidario del Gobierno. Nuestro periódico tiene por misión, me dijo, servir a las necesidades de información del Lector de Caracas. Punto. Esa es la línea política de El Diario de Caracas. Es una línea que el Gobierno respetaría, como el Canciller ha reafirmado ante la SIP por el respeto gubernamental a la libertad de expresión y como el propio Presidente de la República ha enfatizado. Queremos hacer, si quieres un calificativo, un periodismo clínico y certero”.

Luis Enrique me advierte que no puede darme un minuto más. Tiene un “cochino” (retraso o empelotamiento) en marcha, por un cuello de botella que tiene en corrección de textos. Recojo mis cosas y salgo con la cinta y mis notas de su oficina. Salgo a la Sala de Redacción, donde el enjambre se encuentra en plena faena. Caras alegres, animadas. Rostros de gente que se sabe perteneciente a un proyecto ganador. Y es que, verdaderamente, ahora El Diario de Caracas es otra cosa. MG

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Apostilla 1: en abril de 2000 cerró operaciones El Diario de Caracas. Hans Neumann pidió que le visitara en su casa—en ese entonces estaba confinado a una silla de ruedas a raíz de un accidente cerebro-vascular—y me explicó que Allan Randolph Brewer Carías y Pedro Nikken (recientemente fallecido) le habían solicitado un periódico para que que lo dirigiera Teodoro Petkoff; de allí surgió su compromiso de financiar Tal Cual. Neumann me explicó que no podía soportar dos periódicos; luego vendería El Diario de Caracas, ya cerrado. El 27 de ese mes y ese año, asistí, por invitación de Gustavo Ghersy, a una reunión en casa de su suegro donde expondría Francisco Arias Cárdenas, a la que asistió un buen número de figuras importantes: «Lo más interesante que recuerdo de esa cita es la presencia de Teodoro Petkoff, quien se había acercado al cónclave con una copia del número cero o ensayo de su nuevo periódico. Sentado a su lado, pude examinarla. Me gustó el nombre del proyectado vespertino—Petkoff venía de un notorio éxito en la Dirección de El Mundo, del que fue despedido por presiones gubernamentales contra la sucesión de Miguel Ángel Capriles—y su lema: Claro y raspao». (Las élites culposas).

Apostilla 2: pensando en Hans Neumann, recordé una pieza hermosísima de Antonin Dvorák, el más grande los compositores checos: Canciones que me enseñó mi madre. Acá está interpretada por la estupenda soprano estadounidense Renée Fleming:

Když mne stará matka zpívat učívala

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Cita complementaria

 

Ingredientes para la cocción de un nuevo paradigma político

 

 

El 26 de diciembre de 1985 concluí la escritura de Krisis – Memorias prematuras, mi primer libro, el que sería impreso al año siguiente por Editorial Ex Libris, excelente imprenta que recién iniciaba operaciones. (Fue el segundo libro que ella imprimiera y—según Javier Aizpúrua, amigo y factor principal de Ex Libris—el primer libro venezolano escrito y diagramado en un computador personal). Pudo ver la luz gracias al financiamiento de mi gran amigo Gerd Stern. Reproduzco de seguidas, de ese texto, la relación de un intercambio con Alfredo Keller a comienzos de octubre de 1984.

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A los pocos días tuve contacto con un capaz trabajador de la periferia copeyana: Alfredo Keller, Director de Conciencia 21, centro de análisis político que sirve a COPEI. Su visita, y la que yo hice poco después a sus oficinas, sirvieron para que, al exponer, yo pudiera asentar, con mayor precisión, algunas formulaciones más explícitas de lo que se venía configurando como mi comprensión de lo político y que había venido exponiendo ante el auditorio unipersonal de Diego Urbaneja.

Ante Alfredo esbocé una caracterización del liderazgo político clásico, y comparé varios de sus rasgos con el de un nuevo liderazgo que a mi juicio era posible y era mejor. Por ejemplo, dije que el liderazgo tradicional operaba por oposición, mientras que el nuevo liderazgo debía actuar por “superposición”, al traer un nuevo paradigma político que cubría y hacía prescindible el anterior. Hasta eché mano de Max Weber para discutir una diferencia en la “legitimación” del liderazgo clásico y el liderazgo más moderno que era posible. Max Weber es uno de los grandes de la sociología de fin de siglo. Al estudiar las formas de la legitimación del poder describió tres “tipos ideales”: tres formas cualitativamente diferentes y que podían ser estudiadas con cierta abstracción. El poder puede legitimarse por la vía carismática: el de un liderazgo que tiene poder de conectar alógicamente, influyendo fuertemente de modo afectivo sobre un gran conjunto de personas. Fidel Castro, Adolfo Hitler, John Fitzgerald Kennedy, Renny Ottolina, José Luís Rodríguez, son personas con carisma. Se da también la legitimación tradicional, referida a un largo pasado de unión con una vieja fuente originaria o fundadora: la de Isabel II de Inglaterra o la de Caldera. Y también se establece legitimación para el poder por razones burocráticas: se controla un aparato poderoso. Es el caso de Eduardo Fernández, de Talleyrand, de López Contreras, de Manuel Peñalver.

Había que añadir, le decía a Alfredo Keller, una vía más pertinente al problema. Los próximos líderes se legitimarán porque traerán soluciones que sí sean suficientes, y será posible esto porque enfocarán la política de un modo diferente. La legitimación será programática, porque se establecerá más racionalmente por aquellos que suministren metas con mayor sentido, y será paradigmática, porque aportará una nueva arquitectura para nuevas interpretaciones de los hechos políticos.

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La cita precedente complementa a Una metamorfosis preferible, entrada en este blog que fuera publicada hace dos días. LEA

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Una metamorfosis preferible

Un libro* que conviene considerar

 

Creo que Venezuela es un país que está atravesando un proceso de metamorfosis muy profundo. No sé si para bien o no, pero creo que estamos ante un momento que puede ser un gran reto moral como sociedad, que es aprender de este terrible proceso, de este desierto tan grande al que hemos entrado, o quedarnos aislados, dando vueltas alrededor de nuestro propio eje. Hay un justo equilibrio y la oportunidad de saldar cuentas con muchos fantasmas, entre ellos “los hombres fuertes” y los militares. Para mí Venezuela es una proposición, una oportunidad, y esta es una visión que he ido ganando con el tiempo. Yo antes era mucho más dura con el país y creo que, en buena medida, la reconstrucción pasa por pensar el país de otra manera.

Karina Sainz Borgo (conversación con Dalila Itriago)

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El lector entenderá que me hayan impresionado las palabras del epígrafe, tomado de una inteligente entrevista que Dalila Itriago hiciera a la autora venezolana de La hija de la española, novela traducida «a 15 idiomas distintos, distribuida en 22 países, considerada uno de los 100 mejores libros de este año, según la revista Time». Entenderá aun mejor con el siguiente registro de lo que yo mismo escribiera veinticinco años atrás:

El país está atravesando, en estos mismos momentos, por lo que tal vez llegue a ser la más importante transición en nuestra historia. No hay que perdérsela. Por lo contrario, es la hora de quedarse a producir y contemplar un soberbio espectáculo: el de un país que ha venido asimilando sufrimiento, creciendo en conciencia, aprendiendo serenamente de la adversidad, y que puede convertir ese doloroso proceso en una metamorfosis de creación política. (…) No es el momento de negarnos. Todo país próspero conoció la penuria primero que nada. Nos toca ahora a nosotros comprobar que no somos menos, no somos raza, ni cultura, ni pueblo inferior. A quienes piensan resolver sus problemas en tierra ajena y distante, queremos llamar a la reflexión. Tampoco encontrarán, salvo casos muy específicos y particulares, la vida fácil en ningún país. Todo el planeta vive ahora un inmenso ajuste, que naturalmente invalida o hace obsoletos a más de un modo de vida o producción. La inteligencia está en adaptarse a esta grandísima transformación de la humanidad, aprender y hacer cosas nuevas. (In memoriam Augusto Mijaresreferéndum #6, 8 de agosto de 1994).

Ese artículo, que anticipó en un cuarto de siglo la interpretación de Sainz Borgo, fue redactado en una situación bastante distinta de la actual; aún no teníamos una crisis de la magnitud alcanzada por estos días. Fue publicado (y leído por muy pocos) a mediados del primer año del segundo gobierno de Rafael Caldera y, claro, ya habían mediado el Viernes Negro (1983)—cuando naciera, sin que los venezolanos lo supiéramos, el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200—, el Caracazo (1989), el fallido intento golpista de aquel MBR200 (4 de febrero de 1992) y al año siguiente la defenestración constitucional de Carlos Andrés Pérez, a quien Karina Sainz absuelve sumariamente y en cuyo segundo gobierno se diera el crecimiento tumoral de un sector financiero que explotó a fines de la presidencia pro tempore de Ramón J. Velásquez y condicionó el inicio de la segunda de Caldera. Entre el Viernes Negro de Herrera Campíns y el Caracazo de Pérez presidió la República Jaime Lusinchi, el que admitió en 1985, ya en el segundo año de su período, severas dificultades del sistema político venezolano:

…la insuficiencia política funcional se manifiesta en Venezuela como enfermedad grave y, lo que es peor, con tendencia a un progresivo agravamiento. Es importante notar que la insuficiencia del sistema político es recono­cida por los miembros más conspicuos del mismo. Por citar el caso más notorio, vale la pena recordar una cruda frase del Primer Magistrado Nacional, Dr. Jaime Lusinchi, en ocasión de contestar a las Comisiones del Congreso de la República que fueron a participarle la instalación del período legislativo de 1985. En esa oportunidad el Presidente de la República confesó: “…el Estado casi se nos está yendo de las manos”. (Dictamen, junio de 1986).

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La siguiente pareja conceptual viene al caso:

Es una distinción francesa la idea de una cuenta corta y una larga de la historia. Ésta última es el tiempo lento, secular o milenario, de las sociedades. A su ritmo, las naciones experimentan fases felices o infelices de su existencia; algunas hasta su aniquilación. El progreso de las sociedades, o su declive, no son procesos rápidos. Esta característica de la cuenta larga puede desesperar a los miembros concretos de una comunidad, que quisieran ver la cesación de un mal o una gran necesidad social consumarse en el curso de sus propias vidas de cuenta corta. La lentitud metamórfica de la cuenta larga puede ser tolerada por el filósofo idealista, pero suscita la rebelión del existencialista que se ocupa del aquí y del ahora. ¿De qué me sirve un mapamundi—diría un Kierkegaard caraqueño—si lo que quiero es saber cómo llegar de la parroquia de La Candelaria a la urbanización de La Urbina? (Lecciones disponibles. Carta Semanal #260 de doctorpolítico, 25 de octubre de 2007).

Luego de más de treinta años de la admisión de Jaime Lusinchi la situación es bastante peor, pero una consideración de cuenta larga previene que desahuciemos al país, a pesar de la longevidad de los desarreglos. Por otra parte, en toda latitud de la actualidad es posible registrar crisis políticas, económicas y culturales, como se anticipara ya en el inventario parcial de La médula del problema (4 de octubre de 2019):

¿Será que la raíz de tales procesos es común? Bien pudiera ser que esos casos clínicos de enfermedad política, en apariencia dispares, tengan que ver con cosas como éstas: «En situaciones muy críticas, en situaciones en las que una desusada concentración de disfunciones públicas evidencie una falla sistémica, generalizada, es posible que se entienda que más que una crisis política se está ante una crisis de la política, la que requiere un actor diferente que la trate». (De héroes y de sabios, 17 de junio de 1998).

Pero las personas, así como las sociedades y de modo más rápido, también pueden experimentar cambios metamórficos. Naturalmente, para que esto sea posible tienen que estar dispuestas a un aprendizaje que en gran medida es una desintoxicación, pues la advertencia de Sainz Borgo no deja lugar a dudas: «la reconstrucción pasa por pensar el país de otra manera».

El país que sufre agudos dolores y privaciones está atrapado en la tenaza de la perniciosidad del gobierno y la incompetencia de la oposición, mientras ambos se pegan mutuamente etiquetas en las solapas: ¡Dictadura! ¡Fascismo! Pobre país. (Etiqueta negra, 11 de abril de 2016).

Es preciso dejar atrás las ideologías—liberalismo o socialismo, socialdemocracia o socialcristianismo, progresismo o cualquier otro agregado conceptual con la desinencia ismo—, guías políticas inventadas en el siglo XIX que sólo sirven hoy como coartada de la mera lucha por el poder.** Una ideología es, esencialmente, «la pretensión de que se conoce cuál debe ser la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que aún no lo sea». (El medio es el medio, 29 de abril de 2015). Lo que la sociedad puede hoy exigir de los políticos es su dedicación a solucionar concretamente los problemas de carácter público. Un cambio a favorecer, por tanto, es el tránsito de una política de poder a una política clínica, y esto será posible sólo desde organizaciones que alojen esa búsqueda de soluciones en vez de la mera acusación ritual del adversario. Por ejemplo, en una organización que se defina de este modo:

La Asociación tiene por objeto facilitar la emergencia de actores idóneos para un mejor desempeño de las funciones públicas y el de llevar a cabo operaciones que transformen la estructura y la dinámica de los procesos públicos nacionales a fin de: 1. Contribuir al enriquecimiento de la cultura y capacidad ciudadana del público en general y especialmente de personas con vocación pública; 2. Procurar la modernización y profesionalización del proceso de formación de las políticas públicas; 3. Estimular un acrecentamiento de la democracia en dirección de límites que la tecnología le permite; 4. Aumentar la significación y la participación de la sociedad venezolana en los nuevos procesos civilizatorios del mundo. (Sociedad Política de Venezuela – Proyecto de Acta Constitutiva, junio de 1985).

Pénsum de un taller suficiente para el político profesional

Así que la superación de nuestra castrante circunstancia requiere la lobotomía ideológica en los actores políticos vocacionales, y también el aprendizaje de la sociedad misma. Esto es posible, pues están disponibles nuevas nociones que sustituirían con ventaja la idea de política como lucha por el poder, el mecanicismo newtoniano de «fuerzas» y «espacios» políticos, el reflejo corporativista de entender a la sociedad como dividida en «sectores» y la peregrina idea de un «proyecto país» (los países se construyen a sí mismos).

Para los más jóvenes debe pensarse en una escuela universitaria de Política, no de Ciencias Políticas:

A pesar de la legítima existencia de “ciencias políticas”, la Política no es en sí misma una ciencia, sino una profesión, un arte, un oficio. Del mismo modo que la Medicina es una profesión y no una ciencia, por más que se apoye en las llamadas “ciencias médicas”, la Política es la profesión de aquellos que se ocupan de encontrar soluciones a los problemas públicos. Por tal razón, las soluciones a esta clase de problemas no se obtiene, sino muy rara vez, por la vía deductiva. La esencia del arte de la Política, en cambio, es la de ser un oficio de invención y aplicación de tratamientos. En este sentido, hay un “estado del arte” de la Política. El paradigma así delineado se contrapone a una visión tradicional de la Política como el oficio de obtener poder, acrecentarlo e impedir que un competidor acceda al poder. Esta formulación, que los alemanes bautizaron con el nombre de Realpolitik, es el enfoque convencional, que en el fondo es responsable por la insuficiencia política—exactamente en el mismo sentido que se habla de insuficiencia cardiaca o renal—de los actores políticos tradicionales. El tránsito de un paradigma de Realpolitik a un paradigma “clínico” o “médico” de la política se hará inevitable en la medida en que la sociedad en general crezca en informatización y acreciente de ese modo el nivel general de cultura política de los ciudadanos. (El caso de una Licenciatura en Política, 19 de septiembre de 2003).

Este aprendizaje del Pueblo es tanto o más esencial que el descrito para los profesionales de la Política, y nada tan fundamental como cobrar conciencia de que él es el Poder Supremo del Estado; en nuestra raíz constitucional, que el Pueblo no está limitado por la Constitución. Y es con la conjunción de ambos aprendizajes como la metamorfosis entrevista por Karina Sainz Borgo será exitosa.

¿Es esto posible? Para que algo sea un deber tiene primeramente que ser posible; nadie está obligado a hacer lo imposible. Estoy convencido de que tal programa de toma de conciencia y educación es perfectamente posible, aunque no sea lo que se predique convencionalmente. Nuestra «clase política», por supuesto, aún se guía por la declaración de Pedro Pablo Aguilar, antiguo Secretario General de COPEI, al diario El Nacional el 7 de junio de 1986: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder”.

Pero ¿no se trata de una metamorfosis?

…el cambio es posible, aunque sea exigentísimo: “…la actual crisis política venezolana no es una que vaya a ser resuelta sin una catástrofe mental que comience por una sustitución radical de las ideas y concepciones de lo político”. (De la presentación del Proyecto SPV). En Krisis – Memorias prematuras (1986), volvería sobre el concepto: “… la revolución que necesitamos es distinta de las revoluciones tradicionales. Es una revolución mental antes que una revolución de hechos que luego no encuentra sentido al no haberse producido la primera. Porque es una revolución mental, una ‘catástrofe en las ideas’, lo que es necesario para que los hechos políticos que se produzcan dejen de ser insuficientes o dañinos y comiencen a ser felices y eficaces”.

Un año más tarde insistía:

…el obstáculo principal consistirá en salvar la diferencia entre una percepción de improbabilidad y una de imposibilidad. Ni aún el menos conservador de los hombres dará un céntimo a una campaña de este tipo si considera que todo el esfuerzo sería inútil, si piensa que un resultado exitoso es, más allá de lo improbable, completamente imposible. El análisis que hemos hecho indica que, si bien el éxito de una aventura así es por definición improbable—a fin de cuentas, se trataría de una sorpresa—no es ne­cesariamente imposible y que, por lo contrario, la dinámica del proceso po­lítico venezolano hace que esa baja probabilidad inicial vaya en aumento. (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, septiembre de 1987).

¿Quién dijo miedo? ¿No le tenemos más miedo a lo que ahora vivimos? LEA

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* Nos dice Wikipedia en Español sobre el libro de Polanyi. «El libro publicado en 1944—La gran transformación: Crítica del liberalismo económico – (Texto completo)—intenta explicar la gran crisis económica y social con la que, desde principios del siglo XX, concluyó en Occidente un periodo relativamente largo de paz y confianza en el librecambio. Concretamente, Polanyi busca las causas profundas de una amplia serie de conflictos y turbulencias que incluye dos guerras mundiales, la caída del patrón oro o el surgimiento de nuevos proyectos políticos totalitarios. En último término, La gran transformación caracteriza el liberalismo económico como un proyecto utópico cuya puesta en práctica habría destruido los cimientos materiales y políticos de la sociedad moderna. Metodológicamente, La gran transformación une datos económicos, sociológicos y antropológicos para analizar acontecimientos históricos de gran magnitud». (Enlace para descargar el libro como archivo de formato pdf: Polanyi, Karl – La gran transformación).

** «No se trata de eliminar el «combate político», sino de forzar al sistema para que transcurra por el cauce de un combate programático como el descrito. Valorizar menos la descalificación del adversario en términos de maldad política y más la descalificación por insuficiencia de los tratamientos que proponga. Este desiderátum, expresado recurrentemente como necesidad, es concebido con frecuencia como imposible. Se argumenta que la realidad de las pasiones humanas no permite tan «romántico» ideal. Es bueno percatarse a este respecto que del Renacimiento a esta parte la comunidad científica despliega un intenso y constante debate, del que jamás han estado ausentes las pasiones humanas, aun las más bajas y egoístas. (El relato que hace James Watson—ganador del Premio Nobel por la determinación de la estructura de la molécula de ADN junto con Francis Crick—, en su libro La Doble Hélice de 1968, es una descarnada exposición a este respecto). Pero si se requiere pensar en un modelo menos noble que el del debate científico, el boxeo, deporte de la lucha física violenta, fue objeto de una reglamentación transformadora con la introducción de las reglas del Marqués de Queensberry. Así se transformó de un deporte «salvaje» en uno más «civilizado», en el que no toda clase de ataque está permitida. En cualquier caso, probablemente sea la comunidad de electores la que termine exigiendo una nueva conducta de los «luchadores» políticos, cuando se percate de que el estilo tradicional de combate público tiene un elevado costo social». (Los rasgos del próximo paradigma político, 1º de febrero de 1994).

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La falta de imaginación al poder

 

Lo contrario se exigía en el Mayo Francés (1968)

 

Es de esperar que La Patilla—sitio web cuyo jefe es Alberto Federico Ravell, el mismo que dirige el Centro de Comunicación Nacional del «gobierno» de Juan Guaidó—se refiera a éste como protagonista de la ficción que lo tiene por Presidente de la República de Venezuela:

El Presidente (E) de Venezuela, Juan Guaidó, propuso una agenda de lucha para el año 2020, donde los partidos políticos estuvieron respaldando una salida política a la gran crisis humanitaria que atraviesa Venezuela. El plan establecido por el Jefe de Estado busca reunificar, rectificar y alinear las visiones de todos los sectores sociales y políticos del país que hacen falta para lograr los objetivos planteados durante el nuevo ciclo. Los liderazgos políticos, estudiantes, universidades y academia, liderazgo sindical, iglesias, sector empresarial, chavismo disidente, el Frente Amplio e incluso fuerzas independientes como Soy Venezuela, son los que formarán parte de la agenda. El mandatario aseguró que el llamado es a convocar un proceso de encuentros y conversaciones abiertas con los principales liderazgos y sectores de las fuerzas democráticas del país, con el único objetivo de incorporar y asignar responsabilidades, con la intención de definir una única hoja de ruta que confrontará directamente a la dictadura desde distintos flancos.

Ya habíamos visto esa película. El 13 de febrero de 2015 se publicaba en este blog Dos cepas del virus salidista, nota en la que se daba cuenta de lo siguiente:

Athos Ledezma, Porthos López y Aramís Machado—quizás es más apropiado Juana de Arco en lugar de Aramís—proponen luego tres agendas bastante completas para un “gobierno de transición”: agenda política-institucional, agenda de atención a la emergencia social y agenda económica. No es esa enumeración, por archiconocida, lo que interesa en el documento, sino esta prescripción:

Asumiendo ese compromiso hacemos un llamado, sin distingos políticos y trascendiendo las diferencias, para que pongamos en marcha, con la urgencia del caso, un Acuerdo Nacional para la Transición en el que esté representada la Unidad de todos los ciudadanos de Venezuela, a través de las visiones de los trabajadores, los jóvenes, los empresarios, los académicos, los políticos, los miembros de las iglesias y de la Fuerza Armada, en fin, de todos los sectores nacionales. Los consensos y compromisos del Acuerdo Nacional le darán solidez a las decisiones que deberán ser adoptadas para salir de la crisis en todos los ámbitos; para armonizar socialmente al país y para asegurar la estabilidad política en su paso por un proceso que experimentará riesgos, turbulencias y acechanzas de diverso orden.

Una vez más, se cuela el concepto corporativista en el modo propuesto para la aprobación del tal “acuerdo nacional para la transición”. Esto es, el Pueblo no hablaría desde su propia esencia, sino fraccionado en “sectores” (como pedazos de la “torta social”). Cuando Chávez enarbolaba la bandera de la asamblea constituyente en su primera campaña electoral (1998), el artículo Contratesis refutaba esa noción que ahora comparten los comunicadistas à trois:

La constituyente debe componerse, a lo Mussolini, corporativamente. (Chávez Frías et al). Esto es, que debe estar compuesta por representantes de distintos cuerpos o unidades sociales: obreros, empresarios, militares retirados, profesionales colegiados, eclesiásticos, etcétera. Muy incorrecto. Nuestra condición de miembros del Poder Constituyente no nos viene de pertenecer a algún grupo o corporación, sino de la condición simple y original de ser ciudadanos.

(…)

Quien debe hablar en esta crisis es la Corona en estado puro, no sus fragmentos “sectoriales».

Esto es, lo que se necesita desde hace tiempo y cada vez con mayor urgencia es una gran consulta al Pueblo como único poder capaz de resolver nuestros graves problemas: «Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional». (Gran Referendo Nacional, 5 de febrero de 2003).

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Por su parte, Noticiero Digital registra hoy declaraciones de Gerardo Blyde que traslucen la prefabricación de la figura política de Guaidó (énfasis añadido acá):

El 5E debe resurgir un mensaje de esperanza y debemos trazarnos un camino (…) mi recomendación sería no manejar expectativas muy grandes con respecto a lo que realmente se puede lograr. (…) Tenemos un líder que además tiene un soporte parlamentario importante y reconocimiento internacional, tanto la AN como ese líder son importantes para buscar el cambio. (…) Yo no digo que no haya críticas, pero no destructivas, y en el momento que ataquen a uno, nos unamos. No hay tiempo para crear otro líder, no podemos esperar cinco años más.

Guaidó, admite descuidadamente Blyde, es una creación, un producto de laboratorio o, más bien, de libretistas de una telenovela política. Luego de diecinueve años de marchas para protestar, todavía ese liderazgo fabricado reitera la inexacta e inconveniente comprensión sectorial de la Nación. Carece de la imaginación necesaria para asumir la noción simple y fundamental de que el Pueblo es el poder supremo de nuestra República. Es la contumacia al ignorar tan sencilla y poderosa verdad lo que hace repetir al muy poco imaginativo liderazgo opositor que «debemos trazarnos un camino» (Blyde), que hay que tomar «decisiones que deberán ser adoptadas para salir de la crisis en todos los ámbitos» (Ledezma, López & Machado), que se convoca a «todos los sectores» a «un proceso de encuentros y conversaciones abiertas con los principales liderazgos y sectores de las fuerzas democráticas del país, con el único objetivo de incorporar y asignar responsabilidades, con la intención de definir una única hoja de ruta que confrontará directamente a la dictadura desde distintos flancos» (Guaidó).

Todo permanece, se nos dice, aún en el futuro: el camino que hay que trazar, decisiones que deberán ser adoptadas, la definición de una única hoja de ruta. Pero debemos ser comprensivos; tales cosas requieren un esfuerzo de imaginación y ésta no se compra en botica. Hasta ahora, la poca imaginación exhibida es mentirosa: Guaidó no es el Presidente de Venezuela, la Asamblea Nacional no puede autorizar la ocupación de nuestro territorio en aplicación del Numeral 11 del Art. 187 de la Constitución y el TIAR no es «un tratado interamericano, en sus grandes líneas, de asistencia humanitaria. Dicen que tiene que ver con el tema del uso de la fuerza. No es así. Principalmente afecta a cuestiones de asistencia humanitaria”. (Juan Guaidó, El Nacional, 22 de julio de 2019).

No sé si crear otro líder es lo indicado, Dr. Blyde, pero el actual es muy malo. La manifiesta perniciosidad del régimen presidido por Nicolás Maduro no debe ser superada con la mentira. Eso es, además, una falta de respeto al Pueblo. LEA

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Los científicos del Kalahari

 

Un investigador destacado en su hábitat

 

Los !Kung, también escrito !Xun son un pueblo San, que viven en el desierto de Kalahari entre Botsuana, Namibia y Angola. (…) Históricamente, los !Kung vivían en campamentos semipermanentes de entre 10 y 30 personas, dispuestos generalmente cerca de una extensión de agua. Una vez que el agua y los recursos se agotaban en el entorno del poblado, el grupo o banda se trasladaba a nuevas zonas ricas en recursos por explotar. Vivían en una economía basada en la caza-recolección, siendo los hombres los responsables de proveer de carne, producir herramientas y mantener una provisión de flechas y lanzas envenenadas. Las mujeres proporcionaban la mayor parte de la comida, pasando entre dos y tres días a la semana forrajeando raíces, frutos secos y bayas en el desierto de Kalahari. Como sociedad de cazadores-recolectores, eran muy dependientes entre ellos para sobrevivir. El acaparamiento y la tacañería estaban mal vistas. El énfasis de los !Kung estaba puesto en la riqueza colectiva de la tribu, y no en la riqueza individual.

Wikipedia en Español

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Lo que sigue es una traducción de porciones del capítulo 18 de una obra de Carl Sagan, El mundo y sus demonios. La ciencia como una luz en la oscuridad (1995), de la que dijera The Sciences (la extinta revista de la Academia de Ciencias de Nueva York): «Es un testimonio del poder de la ciencia y una advertencia contra los peligros de una credulidad sin límites». En efecto, el propósito de Sagan no es otro que el paciente, ameno e informado desmontaje de aseveraciones falsas que un gentío traga vorazmente, crédulamente, sin el menor análisis crítico. (Conozco una dama caraqueña que vendió todos sus enseres y su apartamento para mudarse a una granja «protegida» de cataclismos en Argentina, y así escapar al fin del mundo «predicho» por los mayas para el solsticio de invierno de 2012. Claro, si los mayas lo dijeron tenía que ser verdad, pues fueron gente «muy avanzada», pero eso no impidió que ella tuviera que regresar con las tablas en la cabeza y muy empobrecida).

En el fondo de todo está una particular disposición, una postura que caracteriza a la actividad científica: el examen paciente y crítico de la evidencia experimental. En el capítulo que nos ocupa—El viento hace polvo—se lee:

El impedimento al pensamiento científico no es, creo, la dificultad de su objeto. Las hazañas intelectuales complejas han sido alimento habitual de, incluso, culturas oprimidas; los chamanes, los magos y los teólogos son altamente competentes en sus intrincadas y arcanas artes. El impedimento es político y jerárquico. En aquellas culturas que carecen de retos poco usuales, externos o internos, donde no se necesita un cambio fundamental, no es necesario estimular ideas nuevas. (…) Pero bajo circunstancias ambientales, biológicas o políticas variadas y cambiantes, la mera reproducción de las viejas costumbres simplemente ya no funciona. (Pág. 311).

Siguiendo la lógica de Sagan, los venezolanos necesitamos ideas políticas nuevas; es decir, necesitamos una política basada en la ciencia, no ideológica, no de mera lucha por el poder. Dejémosle la palabra, para que nos enseñe que esa disposición analítica es una postura que gente muy «primitiva» es perfectamente capaz de asumir en lo cotidiano. LEA

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The Wind Makes Dust

La pequeña partida de caza sigue el rastro de huellas de pezuñas y otros indicios. Se detiene por un instante al lado de un grupo de árboles. En cuclillas, examina la evidencia con mayor cuidado. El rastro que ha venido siguiendo ha sido cruzado por otro. Rápidamente, se pone de acuerdo acerca de los animales responsables, cuántos son, de qué edades y sexos, si algunos están heridos, cuán rápidamente viajan, hace cuánto tiempo pasaron, si otros cazadores los persiguen, si la partida puede alcanzar las presas y, de ser así, cuánto tiempo sería requerido. Se toma la decisión, chasquean sus manos sobre el camino que seguirán, producen un sonido como el viento con sus dientes y arrancan. A pesar de sus arcos y flechas envenenadas, continúan a velocidades de maratón durante horas. Casi siempre, han leído correctamente el mensaje del suelo. Los ñus, los antílopes o los okapis estaban donde creían, en la cantidad y condiciones que habían estimado. La cacería es exitosa. La carne se lleva de regreso al campamento provisional. Todo el mundo festeja.

Esta viñeta de cacería más o menos típica es provista por el pueblo !Kung San del Desierto del Kalahari, en las repúblicas de Botsuana y Namibia, que ahora está trágicamente a punto de extinción. Durante décadas, ellos y su modo de vida han sido estudiados por los antropólogos. Puede que los !Kung San sean típicos del modo de existencia de cazadores y recolectores en el que los humanos hemos pasado la mayor parte del tiempo—hasta hace diez mil años, cuando se domesticara las plantas y los animales y la condición humana comenzara a cambiar, quizás para siempre. Ellos eran seguidores de rastros de tan legendaria competencia que fueron alistados en el ejército de la Sudáfrica del apartheid, para cazar presas humanas en sus guerras contra los «estados fronterizos». Este encuentro con los militares de la Sudáfrica blanca aceleró de diversas maneras la destrucción de la forma de vida de los !Kung San que, en todo caso, había venido deteriorándose poco a poco, a través de los siglos, con cada contacto con la civilización europea.

¿Cómo lo hacían? ¿Cómo podían saber tantas cosas con una sola mirada? No explica nada decir que eran agudos observadores. ¿Qué hacían en realidad? Según el antropólogo Richard Lee, escrutaban la forma de las depresiones. Las huellas de un animal que se mueve rápidamente muestran una simetría más alargada. Un animal cojo favorece la pata afectada, pone menos peso sobre ella, y deja una impresión más débil. Un animal más pesado deja una hendidura más profunda y ancha. Las funciones de correlación residen en las cabezas de los cazadores.

En el curso de un día, las huellas sufren algo de erosión. Las paredes de la depresión tienden a desplomarse. La arena que es soplada por el viento se acumula en el fondo de la hendidura. Tal vez trozos de hojas, pequeñas ramas o hierba son soplados dentro de ella. Mientras uno más espera, más erosión se encuentra.

El método es esencialmente idéntico al que los astrónomos planetarios emplean para analizar los cráteres que dejan los impactos de meteoritos; apartando otros factores, mientras más llano es un cráter más antiguo es. Los cráteres con paredes más hundidas, con una proporción modesta entre profundidad y diámetro, con partículas finas acumuladas en su interior, tienden a ser más antiguos, puesto que tuvieron que existir lo suficiente como para que tales procesos erosivos se pusieran en juego.

Las causas de la degradación pueden variar de un mundo a otro, de desierto a desierto, de época a época. Pero uno puede determinar bastantes cosas de lo preciso o borroso de un cráter. Si hay trazas de insectos u otros animales superpuestas sobre las huellas de pezuñas, esto también niega que sean frescas. La humedad bajo el suelo y la velocidad con que éste se seca luego ser pisado por una pezuña, determinan cuán propensas a desplomarse son las paredes del cráter. Todos estos asuntos son cuidadosamente estudiados por los !Kung.

Un rebaño galopante detesta el Sol caliente. Los animales usan toda la sombra que puedan encontrar. Cambiarán de dirección para aprovechar la sombra de una aglomeración de árboles. Pero la localización de la sombra depende de la hora del día, puesto que el Sol se desplaza por el cielo. Por la mañana, cuando el Sol nace al este, las sombras están al oeste de los árboles. Después, por la tarde, cuando el Sol se pone al oeste, las sombras se proyectan al este. Del viraje en las huellas, es posible decir hace cuánto tiempo pasaron los animales. Tal cálculo varía en diferentes estaciones del año, así que los cazadores deben llevar en sus cabezas una especie de calendario astronómico que prediga el movimiento solar aparente.

Para mí, todas esas formidables habilidades de seguimiento forense son ciencia en acción.

No sólo son los cazadores-recolectores expertos en las huellas de otros animales; asimismo conocen muy bien las huellas humanas. Cada miembro de la banda es reconocible por sus huellas; son tan familiares como sus rostros. Laurent van der Post refiere:

[M]uchas millas lejos de su hogar y separados del resto, Nxou y yo, tras la pista de un astado herido, encontramos de repente otro juego de huellas y rastros que se unían a las nuestras. Él soltó un profundo bufido de satisfacción y dijo que eran las huellas de Bauxhau, dejadas hacía pocos minutos. Declaró que Bauxhau estaba corriendo rápidamente y que pronto le veríamos a él y al animal. Superamos la duna que teníamos enfrente y allí estaba Bauxhau, ya desollando a su presa.

(…)

No hay el menor indicio de que los protocolos de caza de los !Kung se basen en métodos mágicos—el examen de las estrellas la noche anterior o las entrañas de un animal, o el lanzamiento de dados, o la interpretación de sueños, o la conjura de demonios o nada de la miríada de espurias pretensiones de conocimiento que los humanos han considerado intermitentemente. Aquí hay una pregunta específica y bien definida: ¿adónde fue la presa y cuáles son sus características? Se necesita una respuesta precisa que la magia y la adivinación simplemente no pueden ofrecer, o al menos no con la suficiente frecuencia como para eludir la inanición.

Carl Sagan

 

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